Corpus, Vol 5, No 1 - OpenEdition Journals

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Corpus Archivos virtuales de la alteridad americana Vol 5, No 1 | 2015 Enero / Junio 2015 Édition électronique URL : http://journals.openedition.org/corpusarchivos/1343 DOI : 10.4000/corpusarchivos.1343 ISSN : 1853-8037 Éditeur Diego Escolar Référence électronique Corpus, Vol 5, No 1 | 2015, « Enero / Junio 2015 » [En línea], Publicado el 30 junio 2015, consultado el 07 mayo 2020. URL : http://journals.openedition.org/corpusarchivos/1343 ; DOI : https://doi.org/ 10.4000/corpusarchivos.1343 Ce document a été généré automatiquement le 7 mai 2020. Licencia Creative Commons: Atribución-NoComercial 2.5 Argentina (CC BY-NC 2.5 AR)

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CorpusArchivos virtuales de la alteridad americana 

Vol 5, No 1 | 2015Enero / Junio 2015

Édition électroniqueURL : http://journals.openedition.org/corpusarchivos/1343DOI : 10.4000/corpusarchivos.1343ISSN : 1853-8037

ÉditeurDiego Escolar

Référence électroniqueCorpus, Vol 5, No 1 | 2015, « Enero / Junio 2015 » [En línea], Publicado el 30 junio 2015, consultado el07 mayo 2020. URL : http://journals.openedition.org/corpusarchivos/1343 ; DOI : https://doi.org/10.4000/corpusarchivos.1343

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SOMMAIRE

Registros

Las tentativas coloniales francesas en Florida en el siglo XVI a través de la Narrativa deJacques Le Moyne de MorguesMalena López Palmero

Reglamento para el regimiento, servicio y gobierno del cuerpo de pardos de San JuanBautista de Mazatlán, 1792Wilfrido Llanes Espinoza

La “cédula real de los Amaycha”. Contextualización, análisis y transcripción de undocumento controversialJorge Sosa

Un diario de viaje inédito de Basilio Villarino y el mapa de la travesía: más de un siglo deperiplo por los archivosLaura Aylén Enrique

Crítica

Indígenas, Borbones y enclaves coloniales. Las relaciones interétnicas en el fuerte San Josédurante su primera década de funcionamiento (Chubut, 1779-1789)Silvana Buscaglia

DebatesLa guerra en los márgenes del estado: aproximaciones desde la arqueología, la historia y la antropología

Presentación: La guerra en los márgenes del Estado, simetría, asimetría y enunciaciónhistóricaNicolas Richard

El estudio de la guerra en la arqueología sur-andinaAxel E. Nielsen

Cuatro destinos del guerrero: teorías de la guerra indígena en las tierras bajassudamericanasDiego Villar

De la historia militar a la historia de la guerra. Aportes y propuestas para el estudio de laguerra en los márgenes Alejandro Rabinovich

La Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) y la Guerra del Chaco (1932-1935). Dos guerrasinternacionales en un marco colonialLuc Capdevila

DiscusiónAlejandro M. Rabinovich, Nicolas Richard, Diego Villar, Axel Nielsen et Luc Capdevila

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ConclusionesAlejandro M. Rabinovich

Tesis

Deslizándose en las fisuras de la utopía: los Toba en las fronteras del Estado NaciónargentinoCarlos Salamanca

Reseñas

Reseña de Tratados de paz en las pampas: los ranqueles y su devenir político, 1850-1880, deGraciana Pérez Zavala. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Aspha, 2014. 218 p. ISBN978-987-45321-6-9Aldana Calderón Archina

Reseña de Los militares y el desarrollo social: frontera sur de Córdoba: 1869-1885, deErnesto Olmedo. Buenos Aires: Aspha, 2014. 236 páginas, ISBN 978-987-45321-2-1Margarita Gascón

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Registros

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Las tentativas coloniales francesasen Florida en el siglo XVI a través dela Narrativa de Jacques Le Moyne deMorguesMalena López Palmero

EDITOR'S NOTE

Fecha de recepción del original: 15/09/2014Fecha de aceptación para publicación: 27/04/2015

Introducción

1 Los frustrados intentos de colonización de los hugonotes franceses orquestados por

Gaspard de Coligny en Florida (entre 1562 y 1565) condensan una serie de importantesfenómenos culturales, políticos y religiosos de la temprana modernidad europea, queeste trabajo pretende ilustrar a partir de la referencia directa a la Narrativa de JacquesLe Moyne de Morgues, de 1591. Considerado desde la perspectiva analítica de lasrepresentaciones, este texto, junto con los relatos de viajeros protestantes al NuevoMundo en el siglo XVI, aunque no exclusivamente, forma parte del corpus de la LeyendaNegra1. Precisamente es este plano de las representaciones el preferido por lahistoriografía y los estudios culturales en general. Sin embargo, los relatos de viajesagrupados en torno a la Leyenda Negra no se agotan en sus expresiones antiespañolas yreformadas, sino que también contienen información valiosa sobre el tipo de contactointerétnico, la construcción de la otredad americana y los condicionamientosmateriales que contribuyeron decisivamente a los amargos desenlaces de estasexperiencias entre las cuales se destacan, además del caso que aquí se presenta, laempresa de colonización francesa en Bahía de Guanabara entre 1555-1560 y la

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abandonada colonia inglesa de Roanoke, en la actual costa del estado de Carolina delNorte, entre 1585-1586.

2 Ahora bien, ¿cuáles han sido las principales líneas de interpretación de la historiografía

sobre la colonización francesa de Florida del siglo XVI? El antecedente historiográficomás temprano corresponde a uno de los fundadores de la Real Academia Española,Gabriel Cárdenas y Cano, quien publicó en 1723 su Ensayo cronológico para la historia

general de La Florida desde el año 1512 hasta el de 1722. Esta ambiciosa obra, que concentrótemas tan diversos como las exploraciones, las costumbres de los indígenas, y losdiversos frentes de conflicto, ha conservado su autoridad hasta nuestros días.

3 Fue precisamente durante la denominada “Era del Imperio” (1875-1914) cuando la

producción académica se concentró en la historia de la expansión colonial europea, enun clima intelectual dominado por la competencia imperialista y la construcción de lasidentidades nacionales. En lo que concierne a la colonización de Florida, se constatauna notable actividad académica durante esos años, tanto en la edición de documentoscomo en la elaboración historiográfica. Los aportes más significativos son originariosde Estados Unidos y Francia y, en menor medida, de España. Si bien se destacan losimperativos nacionalistas de estas producciones, existen interesantes matices. Lahistoriografía estadounidense se caracteriza por la apropiación de ciertos elementos dela ocupación francesa de Florida del siglo XVI que abonarían a la identidad nacional,tales como el énfasis en el proyecto religioso hugonote (Baird 1885), o la exaltación dela determinación con la que los franceses enfrentaron las adversidades, una cualidadque habrían de heredar los estadounidenses (Parkman 1865). Los planteos de francesesy españoles, por su parte, expresan en general argumentaciones justificatorias oapologéticas de su propio pasado imperial, en una evidente confrontación discursivacon sus contrapartes europeas. El trabajo de Paul Gaffarel (1875) es representativo delesfuerzo francés por reconocer los errores y debilidades de la colonización de Floridadel siglo XVI con vistas a constituir un dominio colonial de bases sólidas.

4 La renovación historiográfica que tuvo lugar desde mediados del siglo XX y que

acompañó el proceso de descolonización, proporcionó un notable impulso a los estudiossobre colonización, que con un enfoque crítico respecto de sus fundamentoseurocéntricos y contando con propuestas provenientes de diversas disciplinas como laantropología y la crítica literaria, avanzaron en aspectos relacionados con larepresentación, y en particular sobre el análisis del discurso colonial. En esta línea seinscriben, en lo concerniente a la experiencia francesa en Florida, el completo análisisiconográfico del inglés Paul Hulton (1977) sobre las acuarelas elaboradas por Jacques LeMoyne de Morgues en Florida, entre 1564 y 1565, así como los aportes de los francesesMichèle Duchet (1987) y Jean-Paul Duviols (1985) sobre la recreación y difusión de estasimágenes a instancias de Theodoro de Bry.

5 El quinto centenario de la colonización de América concitó un nuevo interés

historiográfico por la expansión ultramarina. A principios de la década de 1990aparecen reediciones de fuentes canónicas sobre la Florida francesa, muchas de ellastraducidas al español por primera vez, como la selección de América de Theodoro deBry, realizada en Madrid en 1994, o valiosos testimonios de los aventureros franceses(Gómez Tabanera 1991). Respecto de las producciones historiográficas propiamentedichas, se destaca el aporte de Frank Lestringant sobre las expediciones hugonotas delsiglo XVI (Lestringant 1990, 1993), con una fuerte valoración de los contextos políticos yreligiosos en los que se desenvolvieron. Las contribuciones españolas, tales como el

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trabajo monográfico de María Antonieta Sainz Sastre (1992) o la introducción de JoséManuel Gómez-Tabanera, se destacan no tanto por su rigor histórico sino más bien porsu preocupación por atenuar o justificar las masacres cometidas por los españoles en1565.

6 La línea de investigación que aquí se sigue recoge parcialmente las contribuciones de

Hulton, Duchet y Duviols, las cuales ofrecen elementos interpretativos importantespara la comprensión de la representación europea del mundo americano durante laEdad Moderna y sus proyecciones de dominio colonial. Lestringant, por su parte,analiza la colonización de La Florida en línea de continuidad con el frustrado intento decolonización francés en Bahía de Guanabara, actual Río de Janeiro, entre 1555 y 1560,continuidad signada por las tentativas de instalar un refugio para los hugonotes enAmérica. Ello resulta objetado por el estadounidense John McGrath, quien sostiene queel principal interés por la “Francia Antártica”, como llamaban al asentamiento enBrasil, fue la construcción de un fuerte para impulsar los intereses comerciales yestratégicos franceses (McGrath 1996, p. 391). Respecto del proyecto de Coligny de 1562,McGrath alega que este buscaba más bien instalar una avanzada colonial en nombre dela Corona francesa (McGrath 2000, p. 18).

7 La colonización de Florida resulta de especial interés por tratarse de un caso

particularmente complejo, en la medida en que concitó la intervención de miembrosprominentes de la corte de Inglaterra, que veían al emprendimiento colonial de loscalvinistas franceses como una avanzada de la fe reformada en detrimento del católicoimperio español. La actuación de los ingleses fue decisiva para la ejecución del proyectoultramarino de los hugonotes, sus “correligionarios” continentales, y a pesar delrotundo fracaso de esa experiencia, cobró una importancia sustantiva en laproliferación de los discursos que pocos años más tarde constituyeron la llamadaLeyenda Negra. Entre las principales colaboraciones de los ingleses se cuentan elrescate naval de 1563, el posterior apoyo financiero de la propia reina Isabel al capitánJean Ribault, el auxilio que el pirata John Hawkins brindó a los desesperados hombresde René Laudonnière en Florida en 1565, y las publicaciones londinenses del testimoniode Ribault, en 1563, y del relato de Laudonnière, en 1586, este último a instancias delgran geógrafo y editor de relatos de viajes de la Inglaterra isabelina, Richard Hakluyt.

Las tentativas coloniales francesas en Florida(1562-1565)

8 Los dos intentos de colonización de Florida llevados a cabo por los hugonotes franceses

entre 1562 y 1565 han permanecido por siglos en las sombras de la historiografía acausa de su resonante fracaso en términos concretos. Una compañía de hugonotesfranceses, patrocinados por Gaspard de Coligny y autorizados por el joven rey Carlos IX,se lanzó a la aventura colonial de Florida en un contexto de fuertes cimbronazospolíticos y religiosos en Francia. La compañía colonizadora, compuesta principalmentepor soldados y gentilhombres, estaba comandada por el capitán Jean Ribault. El 18 defebrero de 1562 la compañía partió desde el puerto de Le Havre en dos grandes navíoscon ciento cincuenta personas a bordo, y tras dos meses de navegación dieron con lacosta de la Florida, a la cual exploraron, en amistosa relación con los indígenas, hastaque hallaron un puerto propicio para fundar el asentamiento al cual denominaronCharlesfort (actualmente Parris Island, Carolina del Sur), en honor al joven rey Carlos.

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Ribault ordenó construir un fuerte y dejó a un grupo de 28 hombres a cargo del capitánAlbert de la Pierría, mientras él y el resto de la expedición retornaban a Francia enbusca de hombres y provisiones para reforzar la flamante colonia.

9 Pero las guerras de religión desatadas en Francia en marzo de 1562, a partir de la

masacre de casi un centenar de hugonotes en Vassy, obstaculizaron las tentativascolonizadoras. Algunos meses después, Ribault debió refugiarse en Inglaterra, dondefue recibido por la propia reina Isabel, quien se interesó en el proyecto colonial de losprotestantes del otro lado del Canal de la Mancha y ofreció ayuda financiera parareforzar el asentamiento. De esa manera, los españoles encontrarían una primeralimitación a sus ambiciones coloniales en el Caribe. Florida, que desde sudescubrimiento en 1513 se había vuelto un desafío imposible para los conquistadoresespañoles, se mostraba ahora como una base estratégica para los enemigos de España.Pronto Ribault fue apresado en la Torre de Londres acusado de conspiración, aunqueello no impidió que en mayo de 1563 se publicara en Londres y en inglés su reportesobre el descubrimiento de Florida, titulado The Whole and true Discovery of Terra Florida2.

10 La Paz de Amboise de marzo de 1563, que permitía la celebración del culto hugonote

fuera de las ciudades, dio un nuevo impulso a la empresa colonizadora de Coligny.Entretanto, el experimento de Charlesfort había fracasado por completo debido alhambre y la lucha de facciones, que provocó el asesinato de De la Pierría y el posteriorabandono del asentamiento. Los colonos se hicieron al mar en una precaria pinaza,cuyas velas fueron confeccionadas con tela de camisa y cuerdas vegetales, y regresarona Francia después de una travesía de épicas proporciones.

11 El segundo intento colonizador de Coligny fue encomendado a René Goulaine de

Laudonnière, quien había acompañado a Ribault en el viaje de 1562. Al mando de 300hombres en tres barcos, Laudonnière partió desde Le Havre el 22 de abril de 1564. Enmayo y junio de ese año, mientras la expedición francesa cruzaba el Atlántico, unaescuadra española enviada desde Cuba destruyó el abandonado Charlesfort3. Esto llevóa Laudonnière a fundar un nuevo asentamiento, el Fuerte Carolina, cerca de ladesembocadura del río Mayo (como llamó Ribault al actual río Saint John, a razón de sudescubrimiento el 1° de mayo de 1562). Laudonnière pronto trabó una alianza con latribu liderada por Saturiba, quien a cambio de provisiones solicitó a los franceses ayudamilitar contra sus enemigos locales del margen occidental del río Mayo, encabezadospor Utina.

12 La relación con los nativos se tensó rápidamente, debido a que Laudonnière cambió

alianzas en apoyo de Utina, con la expectativa de que este le facilitara el acceso a unaspresuntas minas de oro y plata. Esto provocó un duro golpe para el asentamiento acausa del cese de la entrega de alimentos de los indígenas vecinos al fuerte lideradospor Saturiba. Sin embargo, el mayor problema que debió enfrentar Laudonnière fue lacrisis de autoridad entre sus propios hombres, lo cual produjo una notable inestabilidadde la colonia. Aunque Laudonnière envió de regreso a Francia a un grupo de colonosdesafectos, esa iniciativa no llevó la paz interna que requería el proyecto colonial parasu desarrollo. Muy pronto otra facción abandonó el Fuerte Carolina para cometer actosde piratería en el Caribe, lo cual fue advertido por los españoles apostados en Cuba, apartir de lo cual comenzaron a preparar su ofensiva para recuperar Florida,considerada un legítimo dominio español.

13 La carestía agravó aún más la situación. Los colonos, no habiendo recibido los refuerzos

prometidos ni disponiendo de producción propia, optaron por obtener los alimentos

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por la fuerza a costa de las comunidades indígenas. En el invierno de 1565 tomaroncomo rehén a Utina, su antiguo aliado, para lograr una recompensa en alimentos,desatando así una guerra que coronó el fracaso del proyecto colonial. A fines de julio de1565 el corsario inglés John Hawkins hizo una aguada en el río de Mayo, guiado por unmarinero francés, Martin Atinas, que había participado del viaje de 1562 con Ribault.Hawkins auxilió con provisiones a los desesperados franceses y pactó venderle a cuentauno de sus barcos para que pudieran regresar a Francia4. Pero a fines de agosto, cuandoestaban listos para partir rumbo a la metrópoli, arribó la tan esperada flota enviada porColigny con el propósito de reforzar la colonia hugonota. La flota, bajo las órdenes deJean Ribault, consistía en siete barcos y transportaba, además de un buen número desoldados, unos seiscientos nuevos colonos, mayormente protestantes. Tales refuerzosresultaron insuficientes a la hora de enfrentar a la escuadra española.

14 El golpe decisivo al asentamiento francés estuvo a cargo del adelantado Pedro

Menéndez de Avilés, quien detentaba una patente de colonización de Florida y ademásfue encomendado por Felipe II para destruir la colonia francesa, a sabiendas de losrefuerzos que Coligny había despachado. A finales de agosto Menéndez de Avilés, almando de una flota de ochocientos soldados, recorrió la costa de Florida y el 8 deseptiembre fundó San Agustín, sobre el litoral atlántico, al sur de la desembocadura delrío Mayo. La armada de Ribault no logró enfrentar al ejército de Menéndez de Avilés, yaque el 11 de septiembre un huracán desvió y destruyó sus barcos, dejando a cientos denáufragos en la costa, unas leguas más al sur de San Agustín. Menéndez de Avilés tomóventaja de la desgracia de Ribault y el 20 de septiembre cometió un atroz ataque alFuerte Carolina, del que resultaron unos pocos sobrevivientes que lograron huir, entreellos Laudonnière y Jacques Le Moyne de Morgues, mientras un número incierto demujeres y niños fue trasladado a Cuba. El 12 de octubre los náufragos también fueronalcanzados por el ejército de Menéndez de Avilés y, aunque ofrecieron su rendición,más de un centenar de hugonotes fueron asesinados, incluido Ribault. El lugar de lamasacre pasó a ser conocido como Matanzas.

15 Tomando en cuenta las desgraciadas circunstancias que contribuyeron al fracaso de la

colonia hugonota en América, se tornan especialmente llamativas las representacionesde los colonos franceses sobre esta experiencia. Como se analizará en el apartadosiguiente, los textos y las imágenes que se publicaron en el siglo XVI mostraron consobresaliente optimismo las bondades de esa tierra exuberante y poblada por indígenasque, además de su belleza física y sus peculiares costumbres, consentían la colonizaciónpacífica de los franceses. Esta imagen idílica, tantas veces evocada en los testimonios delos viajeros franceses, contrastaba fuertemente con la dinámica de contacto violentoque prevaleció durante la corta vida del asentamiento galo en Florida.

Textos e imágenes de la colonización francesa deFlorida

16 Las representaciones francesas del proyecto colonial hugonote en Florida se inscriben

en unos pocos testimonios escritos de viajeros y las acuarelas elaboradas por Jacques LeMoyne de Morgues durante la segunda expedición de 1564-15655. Entre los testimoniosescritos se encuentran la carta de Jean Ribault dirigida a Coligny sobre el viaje de 1562,publicada en Londres en 1563 bajo el título The Whole and True Discouerye of Terra Florida.

Allí Ribault informó sobre las “ventajas y comodidades” de esa “incomparable región” y

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exaltó las virtudes de sus habitantes nativos y el trato amistoso recibido en cada tribuque recorrían. Según Ribault, las condiciones geográficas y naturales se presentabanóptimas para establecer una colonia permanente, para lo cual insistió en la necesidadde ejercer un dominio pacífico sobre los indígenas. De esa manera, pensaba el capitánfrancés, se lograría un mejor aprovechamiento de las riquezas naturales:

…el clima es bueno, saludable, templado y placentero; los nativos, agradables de unnatural pacífico y amable [sic], y asimismo obedientes y aun se sentirían dichososde servir a aquellos que vinieran a ellos con dulzura y humanidad, para civilizarlos;aquellos que desde ahora vengan a ultramar deberán, realmente, tratarlos así, y yohe aconsejado a los hombres que dejé allí que se comporten así, con objeto de quepuedan informarse por este medio y de los mismos indios de los lugares donde seprocuran su oro, su cobre, sus turquesas y otras cosas aún desconocidas pornosotros (Ribault 1991, p. 51)..

17 Estas informaciones resultaron especialmente atractivas a la reina Isabel y a los

cortesanos precisamente interesados en la expansión ultramarina, aunque noprosperaron las tentativas de colaboración al proyecto hugonote en vistas a ejercer unaprimera influencia colonial inglesa en América. Las sucesivas publicaciones de relatossobre la experiencia francesa en Florida impactarían decisivamente en la formulaciónde un programa colonial genuinamente inglés, en las más seguras costas del norte, enun sitio estratégico donde no llegara la influencia militar de los españoles apostados enSan Agustín, pero lo suficientemente cerca como para atacar sus barcos. De este modose concibió inicialmente el programa de colonización de Virginia.

18 Otro importante testimonio, relativo a la segunda expedición de 1564, es el de su

comandante René Laudonnière, que fue publicado recién en 1586 con el título La

Histoire notable de la Floride. Al año siguiente, el clérigo y geógrafo inglés RichardHakluyt el Joven, publicó su propia traducción de este testimonio. Hakluyt fue, en rigor,quien reveló el manuscrito de Laudonnière, a partir de que el reconocido cosmógraforeal francés André Thevet, que lo había conservado, se lo facilitara en uno de losencuentros que mantuvieron en París mientras Hakluyt cumplía servicios diplomáticos.De ese modo, le encomendó a un editor parisino, Martin Basanier, que lo publicara ensu idioma original, mientras se afanaba en la traducción para una pronta publicación enLondres. Hakluyt incluyó el reporte de Laudonnière también en la primera edición dePrincipall Navigations, en 1589, que incluía su dedicatoria dirigida a Walter Ralegh, elpromotor de la colonización de Virginia. Allí Hakluyt resaltaba las cualidadesinstructivas del material de Laudonnière:

… a partir de la lectura de mi traducción tu podrías advertir como así también tenercuidado de la negligencia en el aprovisionamiento de vituallas, la seguridad, losdesórdenes y motines que surgieron entre los franceses, junto con los grandesinconvenientes que sobrevinieron, para que ellos puedan conocer otros percances,para prevenir y evitar otros semejantes y para que también sea tenido en cuenta, apartir de la lectura de las diversas mercancías y la gran fertilidad de los lugares aquídescriptos en toda su extensión, y que son tan vecinos de nuestras colonias quedeben ser tenidos en cuenta y suscitar la observación diligente de cada cosa quepueda volverse a favor de la acción en la que están tan entusiastamenteinvolucrados (Hakluyt 1904, p. 440)6.

19 El reporte de Laudonnière incluía sus propias descripciones sobre el primer y segundo

viaje a Florida, como así también las informaciones provistas por terceros testigos,como el relato del penoso viaje de retorno de los franceses que abandonaronCharlesfort a fines de 1562, o el relato del viaje a Florida al mando del capitánDominique De Gourges en el año 1568, cuyo objetivo fue atacar a los españoles en San

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Agustín7. Además de exaltar las cualidades naturales de la región de Florida,Laudonnière prestó especial atención a los nativos: sus alianzas y rivalidades, susjerarquías tribales, sus costumbres y creencias, y también dio cuenta de la toma deposición de los franceses a favor de los grupos timucua encabezados por el “paracusi”Utina. Esto se dio a pesar de que primeramente Laudonnière se había comprometidocon Saturiba en combatir a su enemigo, precisamente Utina. Sin embargo, laexpectativa de que este último lo condujera hasta las fuentes de oro y plata derivó enesa nueva alianza que terminó por erosionar el vínculo con los habitantes nativos de laregión del fuerte Carolina y, en consecuencia, debilitar al asentamiento colonial. Otrotópico importante de la narrativa de Laudonnière concierne a la crisis de autoridad queafectó seriamente al fuerte. Para defender su posición como líder colonial, el capitáncargó las tintas sobre las conspiraciones y sediciones que debió soportar yeventualmente castigar, como lo fue la ejecución de cuatro cabecillas que retornaron alfuerte después de fracasar en un intento de asalto a un barco en Cuba.

20 La desventurada experiencia colonial de Laudonnière también fue recogida por uno de

los sobrevivientes del fuerte de Carolina, Jacques Le Moyne de Morgues. Sucontribución es especial porque además de exponer por escrito sus memorias, describióvisualmente a la naturaleza y a los hombres de Florida en cuarenta y dos acuarelas.Estos testimonios fueron elaborados muchos años después, mientras Le Moyne vivía enLondres al amparo de Walter Ralegh8. La distancia temporal entre la experienciacolonial y la elaboración de sus testimonios, dos décadas después, tiene marcasconcretas. Por un lado, se constata la copia de ciertos pasajes de textos publicados,como el reporte de Laudonnière y el de un carpintero llamado Nicolas Le Challeuxcentrado en las masacres de Menéndez de Avilés (Le Chaulleux 1991). Por otro lado, ladistancia temporal —que implica en este caso nuevas preocupaciones ligadas alescenario bélico europeo— influyó sensiblemente en la recreación artística de lossucesos coloniales. Tomando como premisa que toda representación es unaconstrucción y responde, según el criterio analítico adoptado por Marta Penhos (2005),a un “tipo de visualidad” sujeto a condicionamientos históricos de diverso tipo(políticos, éticos, estéticos, religiosos, técnicos, etc.), se destaca, a priori, la predilecciónde Le Moyne por los motivos celebratorios de la empresa colonial francesa.

21 El texto y los dibujos de Le Moyne fueron impresos en 1591 a instancias del célebre

grabador flamenco, Theodoro de Bry, como material para el segundo tomo de Grandes

Viajes (o Americae, por su título en latín), publicado en el prestigioso formato folio, enlatín y seguidamente en alemán (De Bry 1977. Facsimilar). De Bry había comprado laspinturas a la viuda de Le Moyne en Londres, en 1588, y las tomó como modelo para laelaboración de sus grabados. La única acuarela que se conserva actualmente de LeMoyne9 muestra una notable semejanza con el grabado, el cual respeta con fidelidad losmotivos y su disposición sobre el plano. No obstante, se destaca en de Bry un deliberadoesfuerzo por embellecer los cuerpos de los nativos, siguiendo los patrones estéticos delRenacimiento. Esto se traduce en cuerpos más estilizados y robustos, con musculaturasbien marcadas, y en las poses y actitudes altivas de los nativos, especialmente cuando setrata de una autoridad como Utina.

22 En cuanto a los motivos elegidos por Le Moyne, se dividen en dos grupos: los relativos a

la exploración del territorio y construcción del fuerte, con diez composiciones, y losconcernientes a los indígenas, con treinta y dos. Este segundo y más numeroso grupoincluye escenas de guerras tribales, ceremonias, fiestas y rituales, como así también

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actividades que demuestran un alto grado de organización comunal, ligadas a laagricultura, caza, conservación y almacenamiento de alimentos. También se cuentan ladescripción de un poblado fortificado, una escena de “ejercicios físicos de la juventud”y otra concerniente a los “paseos recreativos del rey de la reina”10. Tal vez la másllamativa es la ilustración de los “hermafroditas”, que son representados ejerciendo sustareas especiales, que son la de llevar carga, ya sea el aprovisionamiento para lasguerras o los heridos en combate. Asimismo, Le Moyne incorpora la representación deuna escena en que los indígenas se encuentran extrayendo oro de aluvión, algo que secomprueba —por la inexistencia de este preciado metal en la península de la Florida—fue producto de su imaginación o quizá la expresión de un arraigado deseo de lacompañía francesa entera.

Un texto eclipsado por lo visual

23 Si bien Jacques Le Moyne de Morgues ha cobrado celebridad por ser el autor de los

testimonios visuales que sirvieron de inspiración a Theodoro de Bry para la ilustraciónde la empresa colonial hugonota en Florida, ha sido también el autor de un testimoniomenos conocido y trabajado por los historiadores, el cual recoge sus impresiones,algunas de las cuales fueron escritas algunos unos años después de esa experiencia,sobre las dificultades que afrontaron los pioneros franceses durante 1564 y 1565. Lareferencia directa más temprana sobre la obra de Le Moyne proviene de la citada cartade Hakluyt dirigida a su amigo Ralegh. Allí, Hakluyt reconoce cuestiones “de sumaimportancia”, sobre el viaje de Laudonnière a Florida, que “han sido dibujadasvívidamente en colores” por “el experimentado pintor James Morgues [sic], mientrasresidió algún tiempo en el Blackfriars de Londres”. Hakluyt también aludió a que estasacuarelas se hicieron bajo el patronazgo de Ralegh, ya que seguidamente le reconoceque estas fueron posibles a expensas de “tus no menores cargos”. Seguidamente, lacarta expresa que Le Moyne “fue un testigo directo de las bondades y fertilidad de esasregiones, y ha puesto por escrito muchas singularidades que no han sido mencionadasen este tratado”, en referencia al de Laudonnière que él mismo publicó (Hakluyt 1904,p. 440).

24 Nacido en Dieppe, cerca de 1533, obtuvo probablemente su nombre Morgues de su lugar

de origen y sus tres primeras décadas de vida son desconocidas. Su participación en laempresa colonial de Coligny, se debió, según sugiere Hulton, a sus servicios comopintor de la corte del rey Carlos IX (Hulton 1977, p. 4), aunque tampoco se descartan lasrelaciones personales con otros agentes coloniales oriundos, como él, de Dieppe. Lainformación disponible acerca de los años posteriores al viaje de Florida permitensuponer que a mediados de 1580 se radicó en Inglaterra y que allí mantuvo una fluidarelación con John White, artista y viajero como él, con quien intercambió ideas ydibujos, influenciando decisivamente a este último en la confección de algunas motivos,como el de un guerrero y una mujer timucuas11. El círculo de relaciones personales deLe Moyne en Inglaterra se extendió primero hasta Ralegh, como patrón, y por suintermedio a Hakluyt y a Theodoro de Bry, quien hizo su primera visita a Londres en1587. La introducción que de Bry escribió —en tercera persona— prologando al texto deLe Moyne, permite reconstruir el derrotero de sus testimonios:

Él fue conminado por el Rey, a quien le había relatado los sucesos completos unavez que retornó a Francia, para que lo pusiera por escrito en papel, y eso hizofielmente en su propia lengua. Pero lo mantuvo en privado, para él y sus amigos, y

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no estaba dispuesto a publicarlo. Pero unos años atrás, cuando el buen Theodor deBry de Lieja estaba visitando Londres en Inglaterra [sic], hizo una amistad firme conMorgues y recogió información sobre una gran cantidad de cuestiones para hacercon esa historia. Ellos también llegaron a un acuerdo sobre la publicación. PeroMorgues falleció y el dicho Theodor lo adquirió para sí en 1587, comprándoselo a laviuda (De Bry 1977, p. 118)12.

25 Los últimos años de vida de Le Moyne estuvieron dedicados a la pintura naturalista bajo

el patronazgo de Lady Mary Sidney, a la sazón madre de Sir Philip Sidney, del círculosocial de Ralegh y otros personajes emblemáticos de la colonización inglesa de Virginia.Así fue que Le Moyne se dedicó, como dice Hulton, “a cultivar, hacia el fin de su vida, loque estaba más cerca de su corazón, la descripción de plantas” (Hulton 1977, p. 11)13. En1586 apareció la primera publicación en vida de Le Moyne, La Clef des champs, quecontenía sus dibujos sobre plantas y pájaros, junto con un soneto dedicado a Lady MarySidney, quien había fallecido ese año.

26 La mayor repercusión de la obra de Le Moyne fue, sin dudas, para sus pinturas. Le

Moyne no solo trazó los motivos que de Bry puso a disposición de los lectores ávidos denoticias sobre el Nuevo Mundo, en el siglo XVI, sino que también inspiró a otrosagentes coloniales, como John White o su compatriota y cosmógrafo real André Thevet.Los vínculos que Thevet tenía con la corte le permitieron acceder a los dibujos de LeMoyne ni bien este retornó a Francia en 1565, y se inspiró en ellos para hacer grabar losretratos de dos jefes indígenas para su publicación en Pourtraits et vies, de 1584 (Hulton1977, p. 15).

27 Tan deslumbrante fue la obra plástica de Le Moyne que su testimonio escrito

permanece eclipsado. Al haber sido publicado por primera vez en latín y en alemán, laversión original en francés se perdió para siempre. La primera edición de la Narrativa deLe Moyne en inglés se hizo en 1875 para la edición de Fred Perkins (Bennett 2001, p.viii). Entre las notables ediciones posteriores se encuentran las de Stefan Lorant, The

New World, de 1946, y la que aquí se toma para la traducción al español, preparada porPaul Hulton en 1977 y cuya traducción del latín estuvo a cargo de Neill M. Cheshire. Larazón por la cual se ha elegido esta traducción inglesa y no la de Lorant reside en queesta última presenta el texto de una manera muy coloquial y concisa. La traducción deCheshire, en cambio, mantiene el registro y el vocabulario típico de la época, con laventaja adicional de que contiene más información en las descripciones y por lo tantoresulta más rica para el análisis.

28 Resta incluir algunas apostillas sobre la presente traducción que es, hasta donde llega el

conocimiento de la autora y traductora, la primera disponible en español. Si bien JeanPaul Duviols (2012) ha publicado una edición crítica en español, con inclusión de loscuarenta y dos grabados en una delicada impresión a color, el texto que presenta nocorresponde precisamente a la Narrativa de Le Moyne sino a los epígrafes queacompañaban a cada una de las imágenes y cuya autoría es dudosa, ya que muyprobablemente, como era frecuente en la colección de los Grandes Viajes, esos epígrafespodrían haber sido escritos por el propio de Bry.

29 Se ha procedido a traducir la Narrativa de Le Moyne completa, exceptuando un extracto

que el autor incluye promediando el relato, cuya autoría corresponde a Laudonnière yconcierne a las complejas y cambiantes alianzas y confrontaciones entre los franceses ylos nativos (Laudonnière 1991). Se ha cotejado la fidelidad de la transcripción de LeMoyne, que por un lado delata cierta despreocupación en lo referido a los indígenas,que ya no representaban una amenaza cuando completó su narrativa, y por otro lado,

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su interés por denunciar las atrocidades de los españoles, que provocaron el fracaso delproyecto colonial hugonote, y que para finales del siglo XVI eran efectivamenteinterlocutores válidos en tanto enemigos.

30 La traducción que se despliega abajo procura mantener con fidelidad las construcciones

gramaticales, la estructura de los párrafos, la puntuación y ciertas palabras que hansido intencionalmente resaltadas en la versión inglesa mediante el uso de cursivas,como por ejemplo algunos nombres propios de barcos o términos timucua.

Traducción de la fuente seleccionada

Narrativa de Jacques Le Moyne de Morgues14

31 El Rey Carlos IX de Francia, habiendo sido advertido por el Almirante de Châtillon15 de

no demorar demasiado el envío de refuerzos para aquellos franceses que habían sidodejados por Jean Ribault en Florida para servir allí a los intereses del Rey, ordenó alalmirante equipar la flota necesaria para tal propósito. Mientras tanto, el almiranterecomendó al rey a un hombre de la nobleza, René de Laudonnière, un amigo de sufamilia y sin dudas un hombre de muchas virtudes, aunque no tan experimentado enteoría y práctica militar, como lo era en cuestiones navales. A ese hombre el Reydesignó como su representante o lugarteniente y le asignó la suma de cien mil francospara la expedición. El Almirante, que estaba dotado de innumerables buenas cualidadesy se distinguía por su sentido del deber cristiano, deseó que los negocios del rey seanadministrados fielmente. Él instruyó a Laudonnière sobre su comisión y le encomendóque sea completamente leal en el cumplimiento de su deber. Sobre todo, debía elegir loshombres más apropiados y temerosos de Dios como compañeros de su expedición, yaque él profesaba la religión cristiana [hugonota]. Le dijo, además, que reúna tantoshombres con habilidades inusuales en todos los oficios como le fuera posible, y para quelo pudiera hacer más fácilmente, le fue dada una carga con el sello del Rey.

32 En consecuencia, Laudonnière fue a Port Gracious16, el cual los franceses llaman Havre

de Grace, supervisó la preparación de los barcos y recorrió el reino entero en labúsqueda más escrupulosa de hombres experimentados (tal como había se le habíaencomendado), con el resultado, que puedo aseverar sinceramente, de que seaprestaron al viaje hombres de inusuales habilidades en todos los oficios. Gran cantidadde nobles y jóvenes de familias establecidas se unieron a ellos, incitados simplementepor cierta ansiedad de explorar tierras remotas, por lo que emprendieron el viaje aexpensas propias y sin paga. Los soldados fueron elegidos entre experimentadossoldados, tanto es así que no había entre ellos ninguno que fuera indigno de comandarlas filas. De Dieppe fueron convocados dos de los más celebrados comandantes navalesde nuestro tiempo, Michel Le Vasseur y el capitán Thomas Le Vasseur, su hermano,ambos al servicio del Rey en la flota real. A mí me fue ordenado unirme a esos hombresy dirigirme por mis medios hasta Laudonnière. A nuestro arribo, él nos recibióamablemente y con espléndidas promesas, siendo bien conscientes de que loscortesanos tienen el hábito de prometer profusamente, quise saber qué es lo querealmente intentaban y por qué motivo el Rey deseaba, como dijo, tomar ventaja de milealtad. Él entonces me aseguró que no requerían de mi obediencia sino de mipredisposición. Mi rol preciso debía ser, una vez en las Indias, trazar el mapa de la costamarítima y observar la ubicación de los pueblos y la profundidad y curso de los ríos y

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también de los puertos, las casas de la gente, y todo lo nuevo que hubiera en esaprovincia. Llevé a cabo ese encargo lo más fielmente que pude, tal como le mostré a sumajestad, cuando después de haber escapado a la extrema traición y crueldad atroz delos españoles, retorné a Francia.

33 Después de eso, el 22 de abril de 1564, nuestros tres barcos desplegaron sus velas y

navegaron desde Port Gracious directamente hacia las Islas Afortunadas, las cuales sonusualmente llamadas las Canarias por los marineros. Entonces, permaneciendo cercadel Trópico de Cáncer, alcanzamos las Islas de las Antillas, una de las cuales, llamadaDominica, nos proveyó agua fresca, aunque perdimos a dos de nuestros hombres.Seguimos navegando hasta que desembarcamos en la costa de Florida, que ellos llamanNueva Francia, el domingo 22 del siguiente mes de junio.

34 Cuando fue avistado el río, nombrado Mayo por Ribault y el cual está muy bien ubicado

para albergar barcos y donde se podía construir un fuerte, Laudonnière empeñó todossus esfuerzos en conseguir que se hiciera. Envió de regreso a Francia el barco másgrande, el Elizabeth de Honfleur, con Jean Lucas como capitán. Mientras tanto, la líneade la costa fue acosada por una gran asamblea de hombres y mujeres encendiendofuegos, por lo que comprensiblemente pensamos que debíamos tener cuidado de ellos.Sin embargo, de a poco nos dimos cuenta que ellos no intentaban hacernos daño, dadoque veíamos que mostraban muchos signos de amistad y benevolencia. Ellos sedesconcertaron en cierto modo cuando notaron la diferencia entre la suavidad yblandura de nuestros cuerpos y los suyos, y la ropa desconocida que vestíamos. Desdeluego, las mercancías que recibimos de parte de esos nuevos comerciantes consistíanprincipalmente en cosas que ellos valoran altamente, en efecto, cualquier cosaconcerniente a la alimentación o la salud del cuerpo humano, como granos de maíztostado o en forma de harina, o mazorcas enteras de eso. Además, lagartijas asadas yanimales salvajes que son exquisiteces para ellos, y también raíces de varios tipos,algunas de las cuales son comestibles y otras tienen propiedades medicinales.Finalmente, cuando supieron que a los franceses los satisfacía más el metal y laspiedras, incluso algunos trajeron [algo de] eso. Pero Laudonnière reconoció la avariciade nuestros hombres y, decretándolo una ofensa capital, prohibió cualquier comercio ointercambio de oro, plata o piedras preciosas con los indios, excepto si todo eraalmacenado en común.

35 Mientras tanto, algunos jefes de las tribus que se acercaron a nuestro capitán le dieron

a entender que ellos estaban sujetos a cierto jefe más poderoso, llamado Satouriwa17, encuyo territorio nos adentramos y cuya residencia estaba cercana a la nuestra, y quepodía disponer de muchos miles de hombres para la guerra. Por esa razón pensamosque la construcción de nuestro fuerte debía ser inminente. De hecho, ese jefeSatouriwa, por ser un hombre prudente, envió centinelas cada día para ver lo queestábamos haciendo. Cuando él supo, por ellos, que la tierra estaba siendo excavada a lolargo de un contorno delimitado por cuerdas figurando un triángulo, él deseó venir yobservar en persona. Pero dos horas antes de su llegada, envió anticipadamente a unoficial con ciento veinte hombres fornidos, haciendo gala de sus arcos, flechas, garrotesy lanzas, y cargados con sus objetos de valor (a la manera india), tales como plumas dediversos tipos, collares hechos de un tipo especial de concha, brazaletes de dientes depescado, cinturones que constan de bolas plateadas, tanto largas como redondeadas, ymuchas perlas sujetadas a sus piernas. Algunos también tenían discos de oro, plata ycobre colgando de sus piernas, de modo que al caminar producían un sonido semejante

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al de unas campanitas. Cumpliendo con su misión, el oficial ordenó construir un refugiocon ramas de palmeras, laureles, lentiscos y otros árboles aromáticos, a lo largo de unaparticular colina, con el fin de acomodar al jefe bajo cubierta. Además, el jefe pudo verdesde esa colina todo lo que ocurría dentro de nuestras defensas y las pocas tiendas yequipamiento de los soldados que todavía no habían sido puestas bajo techo, por lo cuallo más importante era terminar la estructura defensiva antes que invertir esfuerzos enconstruir cabañas que de todas maneras se construirían más velozmente.

36 Cuando escuchamos venir a la partida, Laudonnière dispuso a sus hombres de tal modo

que (si tenía que librar una batalla) él pudiera tener confianza firme en aquellos que laconducirían, a pesar de que los arcabuceros no tenían municiones para su protección.Además, como él había visto al mismo jefe en el primer viaje, cuando Ribault habíadesembarcado en el mismo lugar, y había conocido ciertas palabras de su lengua,entendió que las ceremonias de recibimiento eran habituales para ellos. Lo mismo cabíapara uno de los soldados, un hombre sagaz e inteligente que había acompañado aRibault en ese viaje y que ahora era uno de los capitanes. Laudonnière decidió quenadie debía ir al pabellón del jefe excepto él mismo, el Señor d’Ottigny, sulugarteniente, y el capitán La Caille.

37 El jefe estaba escoltado por setecientos u ochocientos hombres hermosos, fuertes,

resistentes, atléticos y muy entrenados corredores, portando sus armas de la manera enque usualmente lo hacen cuando están por ir a la guerra. Él estaba precedido porcincuenta jóvenes que llevaban jabalinas o lanzas en sus manos. Cerca de él habíaveinte flautistas que tocaban algo primitivo de forma discordante y desordenada, másbien soplando las flautas tan fuerte como podían. Esas flautas no eran más que unascañas extremadamente gruesas con dos agujeros, uno arriba donde ellos soplan y otroabajo desde donde sale el aire, al igual que los tubos de los órganos. Al costado derechodel jefe estaba el hechicero, y a su izquierda su consejero principal, sin los cuales él notoma iniciativa alguna. Habiendo entrado solo al lugar que ya habían dejado listo, sesentó a la manera de los indios, esto es, en el propio piso, como un mono u otro animal.Luego, mirando alrededor suyo notó que nuestra pequeña compañía hizo una pausa yordenó a Laudonnière y a Ottigny, su lugarteniente, que fueran al pabellón, y allí les dioun largo discurso, que ellos solo entendieron en parte. Pero finalmente preguntóquiénes éramos, por qué habíamos entrado en su territorio y no en otro, y cuáles erannuestras intenciones. Laudonnière contestó por intermedio del capitán La Caille —quehabía aprendido algo de la lengua de la región, como hemos dicho arriba— que habíasido enviado por un rey muy poderoso, que se llamaba el rey de Francia, para invitarloa hacer un pacto con él, por el cual sería su amigo y aliado, y enemigo de sus enemigos,y esta idea le complació mucho. A continuación, se presentaron regalos de ambos ladoscomo una promesa de amistad y alianza perpetua. Luego de transcurrido eseprocedimiento, el jefe se acercó a nosotros y admiró nuestras armas, especialmentenuestros arcabuces, y habiendo avanzado hasta la zanja de nuestro fuerte, le exploró elexterior y el interior, y cuando vio la tierra removida de la zanja y el banco [elevacióndel terreno], preguntó para qué servían esas cosas. Recibió como respuesta que unaedificación estaba siendo construida para hospedarnos a todos nosotros, y que se iban aconstruir muchas cabañas en ella. Impresionado por esto, dijo que deseaba que esaedificación nuestra fuera pronto terminada. En consecuencia, accedió a nuestrasolicitud de proveernos algunos de sus hombres para ayudarnos con la construcción y acontinuación envió a ochenta de sus hombres más fuertes y bien acostumbrados al

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trabajo, cuyos esfuerzos nos aliviaron enormemente. Nuestro fuerte fue construidorápidamente y las cabañas terminadas pero Satouriwa, por su parte, nos dejó.

38 Al tiempo que se hizo eso, todos nosotros pusimos nuestras manos a la obra, nobles,

soldados, artesanos, marineros y otros, con el propósito de fortificarnos contra elenemigo y protegernos contra el clima, cada uno prometiéndose a sí mismo (confiandoen lo que se había entregado y adquirido por el trueque) que pronto seríamos ricos.

39 Una vez que el fuerte fue construido, y terminaron los cuarteles y el edificio más

grande en donde el maíz y el resto de las cosas necesarias para la guerra eranalmacenadas, Laudonnière empezó a racionar la comida y la bebida de cada uno, a talpunto que después de tres semanas cada hombre recibía diariamente una taza de vinodiluida mitad y mitad con agua. En cuanto a los alimentos, de los cuales teníamosgrandes esperanzas en ese nuevo mundo, no había más que un bocado, y si los nativosno nos hubiesen compartido su comida cada día, no hay duda que alguno de nosotroshabría muerto de hambre, especialmente aquellos que no sabían cómo usar armas defuego para cazar.

40 Mientras tanto, Laudonnière ordenó a su artesano principal, Jean des Hayes de Dieppe,

que construyera dos botes con un casco de, según puedo recordar, treinta y cinco ocuarenta pies de largo, en los cuales fuese posible remontar los ríos y también navegara lo largo de la costa. Estos estuvieron casi completos en un corto espacio de tiempo.

41 Pero los nobles, que habían cruzado desde Francia a ese nuevo mundo [guiados por] sus

propios intereses y equipados muy ostentosamente, se afligieron extremadamentecuando observaron que no habían encontrado allí ninguna de las cosas que se habíanprometido a sí mismos e imaginado, por lo que las quejas de muchos de ellos seescuchaban cada día. Por otro lado, Laudonnière era demasiado despreocupado, yestuvo influenciado por tres o cuatro parásitos. Y menospreció a los soldados,especialmente a quienes tendría que haber valorado. Lo que es peor, mucha de esagente que profesaba que querían vivir de acuerdo con la enseñanza del Evangelio másgenuina, estaban muy disgustados con él porque estaban privados de un ministro de laPalabra Sagrada. Pero volvamos al jefe, Satouriwa.

42 Este envió mensajeros a Laudonnière, no meramente para confirmar el tratado que

habían celebrado entre ellos, sino también para que este último cumpliera los términosdel acuerdo, específicamente probando que era amigo de los amigos del jefe y enemigode sus enemigos, dado que Satouriwa estaba planeando una expedición contra susenemigos. Laudonnière le dio al mensajero una respuesta adecuadamente ambigua enese caso, ya que por ese entonces habíamos descubierto, por un largo viaje arriba delcanal más largo del río Mayo, que nuestro vecino enemigo de Satouriwa era mucho máspoderoso que él.

43 Habiendo recibido tan fría respuesta, el jefe Satouriwa vino en persona a nuestro

fuerte, que había sido llamado Carolina, con doce mil o quince mil hombres.Sorprendido al ver que el sitio estaba tan modificado que no pudo más saltar al otrolado de la zanja, sino que había una entrada extremadamente angosta hacia el fuerte, sedirigió a ella y encontró allí al capitán La Caille quien, como representante del Rey, leanunció que la entrada al fuerte no estaba permitida para una entrevista, a menos quedejara sus hombres atrás o trajera no más de veinte con él. Desconcertado por dichaestipulación, disfrazó sus sentimientos y entró al fuerte con veinte de sus hombres. Unavez allí, se le mostró de todo. Cuando se atemorizó por completo por el estruendo de lostambores y trompetas y por los informes sobre los cañones de bronce que habían sido

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disparados en su presencia, se le dijo que todos sus hombres habían sido vencidos por elmiedo y habían huido, lo cual pudo bien haber creído, ya que él mismo habría preferidoestar muy lejos de nosotros. Fue así que nuestro nombre se hizo conocido en lasprovincias vecinas y se exageraron creencias sobre nosotros. Al final, le recordó aLaudonnière la promesa que le había hecho y le dijo que su ejército estaba preparadopara partir, las provisiones de alimento estaban listas y los jefes que le obedecían yahabían llegado. Pero cuando no pudo obtener satisfacción, partió solo con sus hombresa esa aventura.

44 Mientras ocurría esto, Laudonnière envió un segundo barco, con el capitán Pierre al

mando, de regreso a Francia. En este punto, me gustaría pedirle al lector queconsiderase cuántos estaban impacientes por volver a casa. Entre otros, un jovenaristócrata de nombre Marillac estaba tan ansioso por escapar que prometió revelar aLaudonnière cuestiones que afectaban seriamente su seguridad y reputación, pero conla condición que él [Marillac] no revelaría nada mientras estuviera a bordo, lo cualaceptó el crédulo Laudonnière.

45 El mismo día en que el barco debía partir, un cierto noble llamado el Señor de Gièvre,

de distinguida familia, buena naturaleza, temeroso de Dios y muy querido por todos,fue advertido, cinco o seis horas antes de que alguna acusación fuera hecha anteLaudonnière, de que se hiciera aparte porque Marillac estaba fabricando algo dañinocontra él. Él siguió esta recomendación y se marchó hacia el bosque para escapar de lafuria de Laudonnière, dado que Marillac le había entregado a este último ciertasacusaciones infames, alegando haber sido escritas por mano de Gièvre, en el modo quese sigue: Laudonnière había malversado los cien mil francos otorgados por el rey, yaque no había traído ninguna provisión de grano a ese continente, no había contratado aningún ministro de la Palabra de Dios (tal como le había ordenado hacer el almirante),había mostrado demasiado favoritismo hacia charlatanes y holgazanes, al tiempo quemostraba desprecio por los hombres de real habilidad, y mucho más que ahora no meviene a la mente.

46 Muchos hombres buenos se angustiaron por el exilio de Gièvre, pero todos se

mantuvieron en silencio. Gradualmente, sin embargo, algunos se empezaron a resentirde tan mezquinos suministros de alimento y del hecho de que individuos estabansiendo agobiados con trabajo excesivo y difícil, ciertos nobles en particular,considerando que se le debía mostrar más respeto a ellos. Eventualmente, tan prontocomo uno reveló sus sufrimientos a otro, empezó a haber reuniones secretas, primerode cinco o seis personas, a las que se sumaron luego otras más hasta llegar a treinta,antes de iniciar alguna acción. Entre esos que primero comenzaron sus reuniones habíaun particular íntimo de Laudonnière, y es bastante cierto que los soldados y nobles másdistinguidos tomaron parte en las reuniones y persuadieron a los demás de hacerlo,excluyendo de su compañía a aquellos que ellos menospreciaban por no ser losuficientemente astutos.

47 Cuando consideraron oportuno, fueron hasta el capitán La Caille, a quien no habían

todavía revelado su plan porque sabían que este era un hombre recto y que demandabacompleta honestidad de todos en el cumplimiento de los deberes oficiales. Ellos lepidieron, por su condición de capitán principal, que se uniera a su causa común y queno se amilanara por elevar a Laudonnière sus reclamaciones, las cuales habían puestopor escrito. La Caille emprendió la tarea oficialmente y dijo que, como lo habían elegidoa él para darle curso, la presentaría ante Laudonnière en nombre de ellos, aun si este

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quisiera tomar represalias por ello, o aun cuando la propia vida de La Caille estuvieraen peligro, porque él consideraba que sus demandas eran justas. Al día siguiente, queera el Día del Señor, se dirigió temprano a los cuarteles de Laudonnière y le preguntóen nombre de ellos si podía salir hasta el lugar de la asamblea porque había un mensajepara él. Cuando todos estaban reunidos en asamblea Laudonnière llegó con sulugarteniente Ottigny, y cuando prevaleció el silencio el capitán La Caille pronunció undiscurso sobre estas líneas: “Señor, los que estamos reunidos aquí afirmamosprimeramente que lo reconocemos como el representante de nuestro señor el Rey,quien es supremo en esta provincia, y en cuyo nombre nuestro reclamo se afirma.Nosotros seguiremos su liderazgo en esta valiosa aventura aun si en nombre de suMajestad debemos renunciar a nuestras vidas ante sus ojos, ahora que usted ha logradocrear una situación peligrosa para la mayoría de los que están aquí presentes,incluyendo algunos de rango noble que le han seguido voluntariamente y a sus propiasexpensas, descuidando su propio beneficio. Primeramente le recuerdan, con debidorespeto, que mientras estaban en Francia, les fue prometido a cada uno queencontrarían aquí las provisiones para el año entero y que recibirían suministrosfrescos para reponer sus existencias antes de que se agotaran. Lejos de tener suficientealimento por ese período, hay apenas suficientes para un mes. En segundo lugar, losindios están empezando a dilatar los envíos porque se dieron cuenta de que la mayoríade nosotros nos hemos quedado sin artículos para intercambiar, y no le habrá escapadoque esos hombres incivilizados no proveen nada que no sea por algo a cambio. Porúltimo, cuando ellos sepan que a nadie le quedan artículos y cuando los soldadosquieran presionarlos por comida a los golpes (lo cual algunos ya empezaron a hacer,para gran disgusto de los hombres más razonables), entonces ellos despoblarán el áreacircundante y de esta manera quedaremos privados de la ayuda que hemos tenido hastaahora. Si esto ocurre, debemos esperar hambruna. Por ello, y con el propósito deenfrentar esas dificultades, le solicitan a usted urgentemente que encare la reparacióny equipamiento del tercer barco, el cual arribó aquí desde Francia y que se encuentrahasta el día de hoy en el río, y poner a bordo a los hombres que usted juzgue apropiadospara despacharlos a Nueva España, la cual limita con esta provincia, con el fin deobtener provisiones por medio de la compra o de otra manera. Porque ellos estánconvencidos de que podemos ser auxiliados por estos medios. Pero si hubiera ideas másviables, ellos las recibirán con gusto”. Esta fue la sustancia del discurso que fueproferido en esa reunión.

48 Laudonnière contestó a ello brevemente. No les concernía a ellos demandar las razones

de lo que él había hecho. Respecto de las provisiones, podía dar cuenta de ellas, ya queaún disponía de cierto número de barriles llenos de artículos con los que él podríacontribuir a las existencias comunes, de manera que los indios pudieran traer alimentoen intercambio por estos. Respecto de enviar a Nueva España, [dijo] que nunca lo haría,pero que a cambio les daría dos botes, que por un largo tiempo estaban siendoconstruidos para ellos para el reconocimiento de veinte o treinta millas de costa, lo cualles permitiría obtener provisiones más que suficientes para sus necesidades. Con estoconcluyó la reunión.

49 Mientras tanto, Laudonnière estaba despachando hombres para explorar las áreas más

distantes, especialmente aquellas cercanas al enemigo de nuestro vecino, el gran jefeOutina, que estaba enviando una cantidad de oro y plata, con perlas junto con otrascosas raras, a nuestro campamento por medio de algunos de nuestros franceses queestaban en contacto con ellos. Pero esta misión fue asignada discrecionalmente y por

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esta razón muchos estaban celosos de ellos, pensando que se estaban enriqueciendorápidamente. Y a pesar de que Laudonnière prometió que todo sería compartido encomún, había mucho rencor. Para uno, llamado La Roche-Ferrière, cuya verborrea diola impresión de que sabía todo, había ganado tal reputación con Laudonnière que esteúltimo tomaba su opinión como si fuera un oráculo. No quisiera negar, por supuesto,que tenía cierta dote intelectual. Él se esmeró especialmente en esa nueva empresa,pasó mucho tiempo con el jefe Outina y negoció acuerdos para los productos que seenviaron a nuestra base, por lo cual cinco o seis arcabuceros fueron enviados conOutina, ya sea como un intercambio específico, o porque el propio jefe los necesitaba.Para decirlo brevemente, sus esfuerzos fueron tan exitosos que Outina hizo un pactocon su enemigo en las montañas vecinas, y consecuentemente La Roche-Ferrièreescribió a Laudonnière para que le enviara un reemplazo, ya que tenía algo importanteque decirle, concerniente al servicio del Rey y de la reputación y beneficio de todos.

50 Habiendo oído esto, Laudonnière envió de inmediato un reemplazo para La Roche-

Ferrière, quien regresó a la base y le informó que él había constatado quedefinitivamente todo el oro y la plata que había sido enviado al fuerte provenía deciertas montañas llamadas el “Apalatci” [Apalache], y que los indios que lo habíanentregado provenían de ese mismo lugar. Pero que todo lo que hasta entoncesrecibieron en posesión, lo habían adquirido en una guerra contra tres jefes: Potanou,Onatheaqua y Oustaca, que estaban obstruyendo los intentos de ese poderoso jefeOutina de anexar esas montañas. Además, La Roche-Ferrière trajo una pieza de rocaextraída de esas montañas, que contenía una considerable cantidad de oro y cobre. Estele solicitó a Laudonnière autoridad para hacer una expedición, por la cual tomaría elriesgo de tan largo viaje con la esperanza de poder llegar hasta esos tres jefes y haceruna estimación de sus fuerzas, y cuando hubo recibido el permiso de Laudonnière,partió.

51 Cuando La Roche-Ferrière se fue, aquellos treinta hombres que habían instigado la

manifestación o petición arriba mencionada irrumpieron en la organización del fuerte,del cual planearon tener el control para organizar las cosas de un modo diferente. Deesa manera todo podría funcionar más fluidamente [si] los elegían como sus líderes: elSeñor de Fourneaux, un gran hipócrita y un hombre extremadamente avaro; un talStephen de Genoa, un italiano; y un tercero llamado La Croix, así como también uncapitán de los soldados llamado Seignore, un gascón [occitano]. Además, ellos habíanconvencido a todos los oficiales del ejército, con tres excepciones: Ottigny, ellugarteniente, el Seigneur d’Alac, un noble suizo que era nuestro alférez, y el capitán LaCaille. El resto de los soldados estaba tan influenciado por ellos [los rebeldes], quesesenta y seis de los hombres más experimentados y cuidadosamente elegidosprestaron su apoyo. Ellos intentaron convencerme por medio de mis amigos máscercanos, mostrándome una lista de los que habían dado su nombre e inclusoamenazando con consecuencias nefastas para aquellos que no hicieran lo mismo. Peroyo les pedí que no me molestaran, ya que les confesé que estaría en contra de ellos enese asunto. Laudonnière se había percatado de que una conspiración estaba en marcha,pero no sabía quiénes eran sus cabecillas. Alguna corazonada tenía Ottigny, perovagamente. Al atardecer de la noche en la cual los conspiradores decidieron llevar acabo sus planes, fui informado por un noble normando, llamado De Pompierre, que losconspiradores habían decidido estrangular a La Caille, con quien yo compartíacuarteles, esa noche, por lo que yo debía irme a cualquier otra parte si valoraba mi vida.Pero como me fue imposible irme a otro lugar ante esa breve notificación, volví a mis

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cuarteles y le dije a La Caille lo que sabía. Él se fue inmediatamente por la entrada deatrás hacia el bosque para esconderse allí mientras yo, encomendándome a laprotección de Dios, me dispuse a esperar eventualidades.

52 En plena noche Fourneaux, líder de los conspiradores, vistiendo una coraza y portando

un arcabuz, fue con treinta arcabuceros hasta los cuarteles de Laudonnière, y ordenóque los abrieran. Avanzando derecho hacia su cama, le puso el arcabuz en la garganta yagraviándolo con el abuso más terrible, le exigió las llaves del arsenal y del depósito demaíz. Cuando lo hubo desarmado completamente y encadenado sus pies, ordenó que lollevaran como prisionero al barco que se hallaba en el río frente al fuerte, escoltado pordos soldados que debían custodiarlo. Al mismo tiempo, otro de los suyos, La Croix,encaró armado, con quince arcabuceros, para los cuarteles del lugarteniente Ottigny,pero no lo hirieron, solo lo desarmaron y le prohibieron bajo pena de muerte quesaliera antes del amanecer, lo cual prometió. Stephen de Genoa hizo lo propio en loscuarteles de nuestro alférez Arlac, y fue obligado a lo mismo. Simultáneamente, elcapitán Seignore, acompañado por los restantes soldados que se habían lanzado aldestino de la mayoría, se dispuso a buscar a La Caille con la intención de entregarlopara que fuera asesinado porque se había opuesto abiertamente a sus esfuerzos, cuandole revelaron los planes. Pero a pesar de que se lo buscó por todas partes, ni él ni sushermanos fueron encontrados. Sin embargo, se llevaron sus armas, junto con la mía, eincluso dieron la orden de que me llevaran a las barracas como prisionero. Pero por losbuenos oficios de ciertos individuos honorables entre los nobles, que no simpatizabancon la conspiración pero que se habían impuesto sobre otros, mis armas me fueronrestituidas con la condición de que no dejara mis cuarteles antes del amanecer, a lo cualaccedí. Entonces él [Signore] visitó las cabañas del resto de los soldados que no habíandado su apoyo y confiscó sus armas, y de esta manera los conspiradores se hicieron conel control.

53 Con Laudonnière preso, como hemos dicho, su lugarteniente Ottigny y el alférez Arlac

confinados a los cuarteles sin armas, el capitán La Caille vagando por el bosque yconfraternizando con bestias salvajes, y el resto de los hombres de confianza privadosde sus armas, los conspiradores pusieron la organización de todo patas para arriba,incluso usurpando el título y el puesto de Laudonnière. Para llevar a cabo el objetivo delos conspiradores más fácilmente, Fourneaux, su líder, supervisó la inscripción enpergamino de un certificado o permiso bajo el nombre de Laudonnière, en la cual esteúltimo, como representante del rey de Francia, concedió autoridad a la mayoría de sushombres (que por entonces sufrían la escasez de maíz) a hacer una expedición a NuevaEspaña en busca de provisión de alimentos, y solicitaba a todos los oficiales, capitanes yotros que tuvieran cargos oficiales bajo los auspicios del rey de España, que colaboraranamablemente con ellos en ese propósito. Laudonnière fue forzado a firmar esedocumento que ellos habían preparado. Luego ellos equiparon los botes más grandes,los cuales he mencionado antes, con todos los artículos necesarios de la armería real ycon provisiones, y eligieron capitanes y tripulación para emprender la expedición aNueva España. A cargo de uno de los barcos pusieron al viejo capitán Michel Le Vasseurde Dieppe, y en el otro a un capitán llamado Trenchant, y entonces equipadosnavegaron desde Fort Caroline el 8 de diciembre, acusándonos de reclutas cobardes yamenazándonos de que si rehusábamos aceptarlos en el fuerte cuando retornaranenriquecidos de Nueva España, nos aplastarían.

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54 Sin embargo, mientas esos hombres persiguen la riqueza a través de la piratería,

viremos nuestra atención a La Roche-Ferrière. Este había partido para las montañas yse las ingenió cuidadosamente para ganarse la amistad de los tres jefes nombradosarriba, que eran los enemigos más acérrimos del jefe Outina (con quien él había estadoen contacto por algún tiempo). Asombrado por lo que vio de la organización de ellos ysu riqueza, envió a Laudonnière, al fuerte, muchos presentes que esos jefes le habíanentregado. Entre ellos había discos planos de oro y plata, tan grandes como un plato detalle mediano, con los cuales ellos están acostumbrados a cubrir sus pechos y espaldacuando van a la guerra, una buena cantidad de oro impuro aleado con cobre, y de platapobremente refinada. Además envió aljabas cubiertas con una variedad de pieles y conpuntas de oro en sus flechas, una gran cantidad de material hecho de plumas y conterminaciones entretejidas con juncos teñidos en diferentes colores, también piedrasverdes y azules (que algunos juzgaron ser esmeraldas y zafiros) con forma de cuña, queellos utilizan en lugar de hachas para cortar madera. Laudonnière les envió a cambio loque pudo, por ejemplo, canastas de mimbre algo más bien gruesas, un número dehachas y sierras y otras mercancías parisinas baratas, y ellos se vieron ampliamenterecompensados por esas cosas.

55 A causa de esos tratos, La Roche-Ferrière se ganó el intenso rencor del jefe Outina, y

especialmente el de todos sus súbditos, que le tenían tal aversión que no soportabansiquiera escuchar el sonido de su nombre, pero lo llamaban Timogua, esto es, enemigo.No obstante, La Roche-Ferrière retuvo la buena voluntad de los otros jefes y pudoretornar a nuestra base por otra ruta, ya que muchos arroyos desembocan en canal másgrande que el río Mayo, quince o dieciséis millas por debajo del dominio del jefe Outina.No creo que divague demasiado si menciono que un cierto soldado fue influenciado porel ejemplo de La Roche-Ferrière y solicitó permiso para dejar a Laudonnière y así poderhacer sus negocios en otra región. Ciertamente lo obtuvo, pero se le advirtió quepensara seriamente de antemano lo que estaba por emprender, ya que era posible quepagase con su vida por ese negocio en el que se involucró, que resultó ser lo queocurrió. Entonces, cuando se le concedió el permiso, ese joven soldado fuerte yentusiasta, que había sido criado desde corta edad en la casa del almirante de Chatillon[sic] y cuyo nombre era Pierre Gambié, dejó el fuerte solo, sin un asistente y, cargadocon mercancías baratas y con sus armas, comenzó a comerciar a través de la provincia.Tanto éxito tuvo en sus transacciones que alcanzó cierto poder sobre los nativos, aquienes con frecuencia forzaba a que transmitieran mensajes para nosotros.Eventualmente llegó hasta cierto jefe, Adelano, que vivía en una pequeña isla en el río,y entabló una relación tan cercana que se convirtió en íntimo amigo y el jefe incluso lehizo entrega de su hija. Si bien estaba conmovido por tan grande honor, él sin embargodedicó sus energías a acumular riquezas. De hecho, cuando quedó en completo controldurante la ausencia del jefe, trató de forma tan tiránica a los propios hombres del jefeque los forzó a buscar lo que no podían encontrar, y al final se hizo odiar por todosellos, pero como era el estimado por el jefe nadie osó quejarse. Ocurrió que él pidiópermiso del jefe para viajar al fuerte, dado que hacía doce meses que no veía a susamigos. Obtuvo su permiso con la condición de que regresara dentro de unos pocosdías. Él recogió la riqueza que había adquirido y la cargó en una canoa o esquife que ledieron, junto con los dos indios que lo conducirían, [y] se despidió del jefe. En eltranscurso del viaje, uno de sus compañeros, meditando sobre el recuerdo de habersido golpeado un tiempo atrás por ese soldado y tentado por su botín, llegó a laconclusión de que una oportunidad semejante para vengarse y saquear no podía ser

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desechada. En consecuencia, mientras el soldado estaba inclinado con la guardia baja, elindio agarró un hacha que estaba apoyada cerca del hombre y le partió la cabeza.Tomando sus riquezas, huyó en compañía del otro indio, como veremos más adelanteen la ilustración final.

56 Debemos volver ahora a la liberación de Laudonnière y al reporte de lo que ocurrió

después de la partida de nuestros hombres, que incluso se habían llevado algunospequeños barriles de fino vino español traído por Laudonnière y a su criada, la cualestaba siendo reservada para el uso de los enfermos. Mientras el capitán La Caillevagaba por los bosques, supo a través de su hermano menor, de quien recibía la mayorcantidad de cosas posibles, acerca de la partida de aquellos que habían planeado sumuerte, y regresó de inmediato al fuerte. Puso su corazón en los que quedaban y losinstó a tomar las armas nuevamente (ya que aquellos que se habían ido no habíanresultado necesarios). Estos lo sacaron del barco y liberaron a Ottigny, el lugarteniente,y a Arlac, el alférez, de sus cuarteles con total seguridad. Se pasó lista y cada uno fueobligado a prestar un nuevo juramento, tanto de lealtad hacia el Rey como deresistencia al enemigo, que incluía a aquellos que habían abusado de nosotros tanescandalosamente. Se apuntaron cuatro comandantes sobre cuatro compañías, en lasque se dividió a la asamblea entera, y cada uno retornó, así, a sus propias tareas.

57 Mientras ocurría esto, un joven noble oriundo de Poitou llamado Señor de Groutaut,

vino al fuerte. Este fue enviado por La Roche-Ferrière, con quien había estado enconstante compañía, incluso en la expedición hasta los tres jefes que vivían cerca de lasmontañas “Apalatci”. Este trajo la noticia de que uno de esos tres jefes era muy devotode los cristianos, que era rico y poderoso, y que disponía de cuatro mil hombrespermanentes en armas, y que le solicitó a La Roche-Ferrière que le hiciera llegar aLaudonnière su oferta para concertar (si este último lo deseaba) un trato permanenteentre ellos. Dado que él entendía que ellos [los franceses] estaban en la búsqueda deoro, el podía dar su palabra, en cualquier condición, de que si recibía un centenar dearcabuceros de parte de Laudonnière, él ciertamente los haría retornar como amosvictoriosos de las montañas “Apalatci”. Desconociendo los disturbios que se habíansuscitado en el fuerte, La Roche-Ferrière le prometió hacerse cargo de esas cuestiones,y no puede haber duda de que, si no hubiésemos sido tan vergonzosamenteabandonados por la mayoría de nuestros hombres, habríamos tomado el riesgo de esaaventura y finalmente habríamos conocido la actitud de ese jefe hacia nosotros. PeroLaudonnière reflexionó que si permitía irse a un centenar de nuestros hombres, nohabría quedado nadie para vigilar el fuerte, y postergó la expedición hasta que llegasenrefuerzos desde Francia. Él razonablemente no confiaba demasiado en los indios,especialmente desde que los españoles le advirtieron que no lo hiciera. Pienso que noserá irrelevante que en este punto sobre la discusión de los indios, cite extractos de lahistoria de Florida compilada y publicada por Laudonnière18. […]

58 Volvamos ahora a nuestros nobles y soldados que habían partido para Nueva España

para adquirir provisiones. Habiendo desembarcado en la isla de Cuba, capturaron unacantidad de barcos, algunos sin mucha dificultad, completos de toda clase deprovisiones, como mandioca, aceite de oliva y vino español. Ellos se apropiaron de esosbarcos para su propio uso, abandonando sus propias embarcaciones. No contentos conese botín, desembarcaron en otros varios puntos de la isla y saquearon, con el resultadode que creían que volverían con un botín valuado en dos mil coronas por cabeza.Después capturaron, no sin lucha, un barco veloz de tesoro, y en este al gobernador de

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cierto puerto de la isla llamado La Havana [sic]. El gobernador les ofreció una largasuma de dinero para que lo liberasen a él y a sus dos hijos. Ellos acordaron en el preciopero estipularon que debía agregarse a esa suma cuatro o seis monos pequeñosllamados sagoins [mono tití], que son muy graciosos, y el mismo número de loros, de loscuales se encuentra una gran variedad en la isla, y el gobernador seguiría cautivo en elbarco hasta que se pagara el rescate. El gobernador aceptó y para que se diera curso a latransacción con rapidez, pidió permiso para mandar a uno de sus hijos con su esposa,con una carta que contenía los términos del rescate.

59 Nuestros franceses leyeron y aprobaron la carta como estaba escrita, sin notar nada

mal en ella, y fue enviada a La Havana [sic] con la pinaza del barco. Sin embargo,aunque ellos pensaban que estaban siendo astutos y cautelosos, no escucharon laspalabras que el gobernador le susurró al oído a su hijo, a saber, que su mujer no debíahacer nada de lo que estaba escrito en la carta, sino que por medio de los jinetesapostados en todos los puertos de la isla, debía hacer correr la voz de que debíanenviarle ayuda. La mujer llevó a cabo las instrucciones de su marido tanconcienzudamente que al atardecer nuestros agresivos franceses estaban rodeados pordos grandes barcos, muy bien equipados con buena cantidad de cañones de broncedispuestos en ambos lados, y por un enorme barco de embestida. Considerando queestaban encerrados por la estrechez de la boca del puerto, se alarmaron en extremo,pero algunos de los soldados, concretamente veintiséis, saltaron a un pequeño botepara reconocimiento que se hallaba en el puerto, con el propósito de huir másfácilmente y con menos peligro del cañón, cortaron la soga del anglo y combatieronmientras se hacían paso por el medio de los enemigos. Pero el resto de los soldados (queestaban en el barco veloz con el gobernador) fueron capturados y conducidos a tierrafirme (aparte de los cinco o seis que fueron asesinados en la refriega) y encadenados,algunos de ellos vendidos y deportados a otros lugares, incluso tan lejanos como Españay Portugal.

60 Entre los que escaparon estaban tres de los conspiradores principales, Fourneaux,

Stephen de Genoa y La Croix. El piloto Trenchant, quien había sido abducido por lafuerza, también estaba entre ellos, junto con cinco o seis marineros. Estos al darsecuenta de que no había provisiones en el bote de reconocimiento y que tampoco teníanninguna esperanza de obtenerlas, decidieron retornar a Florida mientras los demásestuvieran dormidos, y de hecho lo hicieron. Mientras navegaban hacia el norte, lossoldados estaban indignados en extremo porque tenían miedo de Laudonnière.Finalmente decidieron dirigirse a la boca del río de Mayo en búsqueda de provisiones,ya que conocían muchos indios de los cuales obtener provisiones, y luego encarar almar nuevamente y probar suerte, sin que lo supieran los del fuerte. Entonces, cuandoalcanzaron la boca del río, anclaron y comenzaron la búsqueda de provisiones, por locual algunos indios fueron directamente a informarle a Laudonnière. Enterado de esto,Laudonnière requirió que el barco se presentara enfrente del campamento y que fuerana encontrarse con él, pero el capitán La Caille le suplicó que pensara mejor la cuestión,porque era posible que ellos no obedecieran sus instrucciones y que por el contrariohuyeran, por lo cual se frustraría la oportunidad de un castigo ejemplar sobre ellos.Laudonnière preguntó “¿entonces qué propone usted que deba hacerse?”, y La Cailledijo “Permítame, por favor, veinticinco arcabuceros, que yo los pondré en nuestrapinaza ocultados con sus velas, y al atardecer me acercaré bastante al barco dereconocimiento, a una distancia desde donde verán solo dos o tres de nosotros con unpar de timoneles, y no le prestarán demasiada atención aunque nos aproximemos

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bastante cerca. Pero cuando estemos al lado del bote mis soldados se incorporarán degolpe y los abordará”. Este plan fue aprobado y los soldados embarcaron en la pinaza,que fue avistada al amanecer del día siguiente por el guardia del bote, quien despertó ala compañía entera. Cuando ellos vieron nuestra pinaza y reconocieron a la distancia aLa Caille con dos soldados más, le permitieron acercarse sin tomar sus armas, perodespués de que nuestra pinaza se puso al lado de su bote, nuestros soldados saltaron derepente y los abordaron. Tomados por sorpresa, ordenaron a sus hombres empezar adisparar y correr por sus armas, pero demasiado tarde, porque les fueron privadasinmediatamente. Estos fueron notificados de que debían presentarse ante ellugarteniente del Rey, lo cual los consternó porque se dieron cuenta de que sus vidasestaban en grave peligro. Una vez que se los escoltó hasta el fuerte, se dictó sentencia alos tres conspiradores principales, y los condenados fueron ejecutados. El resto delgrupo fue perdonado, aunque fueron antes relevados del servicio, y no huboposteriormente ninguna otra sedición.

61 Después de que se resolvió ese asunto siguió una gran hambruna porque los indios,

tanto los cercanos como los lejanos, cortaron vínculos con nosotros por muchasrazones. En primer lugar, porque no se les daba nada a cambio de provisiones. Luego,porque muy a menudo habían sido tratados violentamente por nuestros hombres en susintentos de obtener provisiones —de hecho, algunos habían sido tan insensibles, y casipodría decir perversos, como para incendiar sus casas, pensando que así podríanextorsionarlos más fácilmente para obtener provisiones—. Pero las cosas se pusierontanto peor, que había que recorrer tres o cuatro millas para poder encontrar a algúnindio. Sumado a esto, la guerra contra el poderoso jefe Outina, que no mencionaréporque Laudonnière lo ha descripto en el libro que ha compilado sobres sus viajes19.Para resumirlo, si alguien quisiera describir en detalle las privaciones a las queestuvimos reducidos, sería una historia muy triste. Mi propósito es solamente escribirlo que sucedió de la forma más breve posible.

62 En consecuencia, cuando algunos hubieron muerto de hambre y el resto estaba tan

raquítico que la piel colgaba de los huesos, e incluso Laudonnière desesperaba porrecibir ayuda de Francia (ya que habíamos venido aguantando en ese lugar dieciochomeses), por común acuerdo se resolvió buscar el modo de retornar a Francia. Al final sedecidió que el tercer barco que había llegado desde Francia debía ser reacondicionadolo más posible y la estructura sobre cubierta agrandada con tablones, y que mientraslos carpinteros se dedicaban a ese trabajo, los soldados debían ir a lo largo de la costapara buscar comida.

63 Sin embargo, mientras nos estábamos poniendo fuertes para el trabajo, un cierto

capitán inglés de nombre Hawkins desembarcó luego de una larga distancia de viaje yse presentó a nuestro fuerte en una pinaza. Viéndonos en tal miserable estado, nosofreció sus servicios en cualquier cosa que pudiera hacer para asistirnos, e inclusosuperó sus ofrecimientos, ya que le vendió a Laudonnière uno de sus barcos por unprecio extremadamente razonables y algunas tinajas de harina con los cuales sehicieron bizcochos para nosotros, y habiendo obsequiado un número de tinajas confrijoles y guisantes, aceptó algún cañón de bronce —como promesa de pago— y partió.

64 Satisfechos en extremo como estábamos por haber adquirido un barco adicional al que

los carpinteros había reacondicionado, además de provisiones suficientes para nuestroviaje de regreso, se decidió destruir nuestro fuerte antes de nuestra partida, por dosrazones. Primero, para que no fuera de utilidad para los españoles (quienes, nosotros

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sabíamos, querían venir a ese lugar) después de que lo hubiéramos dejado, si ellosvolvían contra los franceses. Segundo, para que Satouriwa no se apoderase de él cuandofuese abandonado. Por lo tanto, lo destruimos.

65 Pero cuando estábamos preparados para el viaje y por tres semanas esperando viento

favorable para navegar fuera de la provincia, arribó una flota de siete barcos, contratoda esperanza, comandada por el famoso y muy talentoso Jean Ribault, quien habíasido enviado como sucesor de Laudonnière para llevar a cabo lo que el Rey ya habíacomenzado. En consecuencia, los inesperados refuerzos trajeron la más grande alegríapara todos. Cuando tiraron las anclas, Ribault llegó a la costa con un número deoficiales y muchos nobles y otros, y dio gracias a Dios por habernos encontrado convida y satisfacer nuestras necesidades, ya que se le había dicho que estábamos todosmuertos. Así fue que Dios nos concedió felicidad, en lugar del largo sufrimiento quehabíamos padecido. Para cada uno de ellos fue generoso en compartir la comida y otrascosas buenas que habían traído en abundancia. Y todos ellos hicieron un esfuerzo paracomplacer a sus amigos o parientes o compatriotas, de cualquier modo que pudieran,para que todo resonara con alegría. Pero tuvo muy corta vida, como veremos después.Dado que Ribault deseaba descargar en tierra sus mercancías, provisiones de alimento yotras necesidades militares, dio órdenes de sondar la profundidad del estuario del ríocon una plomada, pero encontrándolo demasiado poco profundo para que pudiesenentrar los barcos más grandes, ordenó que solo los tres más chicos entraran en el río. Elmás grande, llamado Perla, estaba capitaneado por su propio hijo, Jacques Ribault, aquien se le asignó como lugarteniente al capitán Vallard de Dieppe. El capitán Maillard,también de Dieppe, comandaba el segundo, y el capitán del tercero era cierto noble,Machonville. El cuarto barco estaba en alta mar —porque lejos de la costa el mar estabaextremadamente calmo— y fue descargado por chalupas y botes.

66 Siete u ocho días después del arribo de Ribault, cuando todos los nobles, soldados y

marineros estaban en tierra (además de los pocos que habían quedado de guardia en loscuatro barcos más grandes) y deliberando entre ellos sobre la construcción de edificiosy la reconstrucción del fuerte, algunos soldados que habían ido a la playa para dar unpaseo vieron cerca de las cuatro de la tarde a seis barcos acercándose a nuestro cuarto[barco] que estaba anclado. Los soldados ordenaron reportar inmediatamente a Ribaulty cuando llegó algo después se le informó que seis barcos grandes habían tirado anclacerca de los nuestros y que por eso estos cortaron sus sogas y se dieron a la fuga contodas las velas desplegadas, y los seis barcos que habían anclado los persiguieron (yRibault, junto con muchos otros, llegó a tiempo para ver esa persecución). Peronuestros cuatro barcos, estando equipados con mejores velas que los otros seis, prontose nos perdieron de vista. En el siguiente cuarto de hora los otros seis tambiéndesaparecieron —un hecho que nos preocupó extremadamente toda la noche, durantela cual Ribault ordenó que todos los botes y embarcaciones menores fuesen preparadasy también hizo desplegar quinientos o seiscientos arcabuceros en la costa listos paraabordar los botes si era necesario—. Después que pasamos la noche de esta manera, elmás grande de los cuatro barcos (que llevaba el signo de la Trinidad) comenzó aavistarse cerca del siguiente mediodía, dirigiéndose directamente hacia nosotros.Entonces vimos al segundo, comandado por el capitán Cossette, y por fin al tercero ymuy poco después al cuarto, y nos hicieron señas de que fuéramos hasta ellos. Perotemiendo que algún enemigo hubiese capturado nuestros barcos y que estuvieran

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haciendo eso para atraernos, Ribault se negó a exponer a sus soldados al peligro,aunque ellos hubiesen embarcado los barcos de muy buena gana.

67 Como los barcos no podían acercarse más a la costa por los vientos adversos, el capitán

Cossette escribió una carta a Ribault. Un marinero la agarró y se zambulló en el mar,con gran riesgo de su vida. Después de que hubo nadado por un largo tiempo nuestroshombres lo vieron y enviaron en seguida un bote para que lo recogiera y lo llevarahasta Ribault. Y esto es lo que decía la carta: “Capitán Ribault, señor, ayer cerca de lascuatro de la tarde avistamos una flota española de ocho barcos, seis de los cualesanclaron cerca nuestro, pero habiendo notado que eran españoles, cortamos nuestrassogas y desplegamos las velas. Ellos inmediatamente desplegaron las suyas y nospersiguieron durante toda la noche, disparando muchos tiros contra nosotros, peroviendo que no nos pudieron atrapar, echaron amarras cinco o seis millas costa abajo,sacando de los barcos una gran cantidad de negros armados con espadas y azadas. Eneste asunto usted decidirá de acuerdo con su buen juicio”.

68 Una vez que leyó la carta, Ribault reunió a sus hombres principales en una asamblea

que consistía en casi treinta oficiales, además de los nobles, funcionarios y otrosadministradores. La parte más razonable de este consejo era de la opinión de que elfuerte debía ser reconstruido y fortificado lo antes posible y que una gran parte de lossoldados, bajo el liderazgo de Laudonnière, hombres que conocían las rutas, debían serdespachados al lugar donde estaban los españoles, y por lo tanto se esperaba que con laayuda de Dios la cuestión se resolviera rápidamente. Dado que esa provincia no estababajo jurisdicción española, las fronteras más cercanas estaban trescientas ocuatrocientas millas de distancia. Pero Ribault se dio cuenta que todos se inclinabansobre este punto de vista y dijo: “Caballeros, habiendo escuchado su opinión, megustaría proponer también la mía, pero pienso que primero deben saber que antes dedejar Francia recibí de parte del almirante una carta, cuya última parte dice, escrito porsu propia mano: ‘Ribault, hemos sido advertidos que los españoles quieren atacarte, sino cedes ni un palmo, estarás haciendo lo correcto’. Por eso les digo francamente que siseguimos su plan, es probable que los españoles no esperen nuestro ataque y que huyany se embarquen nuevamente, y de esta manera nos perderíamos la oportunidad deliberarnos de los que deseaban destruirnos. Pero me parece un plan más efectivoembarcar a todos nuestros soldados en los cuatro barcos que tenemos anclados e irdirectamente a atacar sus barcos que todavía están anclados en el sitio dondedesembarcaron. Cuando los hayamos tomado, iremos a la costa y les daremos batallacon mucha más confianza, en donde ellos desembarcan, ya que no tendrán más refugioque la empalizada que los negros acaban de hacer”.

69 Por entonces Laudonnière, que estaba bien informado acerca del clima en esa región, le

dijo que primero era necesaria una cuidadosa observación, antes de que los soldadosembarcasen nuevamente, ya que para ese tiempo del año los tornados o tifones,llamados huracanes por los marineros, brotan de repente y combaten la costa entera enun grado asombroso, y por esa razón prefería el primer plan. Por esa y otras razones elresto dijo que también lo apoyaba. Ribault, solo, rechazando la opinión de los demás, semantuvo firme en su plan, del que deseó que fuese aprobado por Dios, para que Élenseñe a Su propio pueblo una lección y destruir al impío enemigo. Y además, nosatisfecho con sus fuerzas, le solicitó a Laudonnière sus capitanes y alférez y este no seatrevió a negarse. Entonces todas las tropas de Laudonnière, viendo que sus líderes seiban, los siguieron. Incluso yo, cuando los vi a todos preparándose para partir,

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embarqué con los demás, aunque estaba rengo, todavía sin haberme recuperado de unaherida en la pierna recibida en la batalla librada contra Outina.

70 Cuando todos los soldados estaban a bordo, solo necesitábamos buen viento por una

hora o dos para alcanzar al enemigo, pero cuando estábamos a punto de zarpar elviento cambió y sopló en nuestra contra, desde el punto hacia el cual nos dirigíamos,por lo que debimos esperar un viento más apropiado por dos días con sus noches. Dadoque el cambio de viento parecía ser inminente al tercer día, Ribault ordenó a todos loscapitanes que inspeccionaran a sus tropas. Cuando inspeccionaban las tropas deLaudonnière, Ottigny encontró que yo no estaba bien recuperado, y por lo tanto mepusieron en un bote junto con otro soldado, un sastre, que le estaba haciendo ropaspara el regreso a Francia, y me hicieron retornar al fuerte en contra de mi voluntad.Luego, cuando levaron anclas, se desató de repente una tormenta tan temible que losbarcos fueron forzados por su propia seguridad a dirigirse al mar abierto de inmediato.Pero el viento no amainó y fueron llevados por el huracán hacia el norte, más decincuenta millas del fuerte, y los barcos dieron contra las rocas costeras y se partieron.Sin embargo todos los hombres se salvaron, excepto un noble de la familiar delAlmirante de Châtillon, cuyo nombre era La Grange, un capitán y hombre de granexperiencia, dotado de muchas cualidades, que se ahogó. Los barcos españoles tambiénnaufragaron y quedaron partidos y destruidos.

71 Mientras la tormenta continuaba, los españoles, sabiendo que los franceses habían

embarcado y suponiendo que habían sido destruidos por el naufragio en esa tormenta,pensaron que podían capturar nuestro fuerte con facilidad. Aunque la lluvia era tanfuerte y continua que parecía que la inundación fuera a destruir todo, los españoles nose abstuvieron de marchar toda la noche hacia nuestro fuerte. Esa misma noche,aquellos que sabían cómo portar un arma, se mantuvieron en vigilia continua, porquede los ciento cincuenta aproximadamente que permanecíamos en el fuerte, escasosveinte estaban en condiciones de defenderlo, ya que Ribault, como he dicho, se habíallevado a todos los soldados más capaces y dejado a cuarenta o cincuenta que estabanenfermos, mutilados o heridos por las batallas contra el jefe Outina. El resto erancriados o artesanos (quienes nunca habían oído el disparo de un arcabuz), o comisariosdel rey más capaces para empuñar la pluma que la espada. Asimismo, había algunasmujeres cuyos maridos, en su mayoría, se habían ido en los barcos. Incluso Laudonnièreyacía enfermo en cama.

72 Cuando se hizo de día y no se divisaba a nadie desde el fuerte, el Señor de la Vigne, a

quien Laudonnière le había delegado el comando de la guardia, apiadado por lossoldados que se habían empapado y estaban exhaustos por su vigilia incesante, lesordenó que tomaran un pequeño descanso. Apenas habían dejado de lado sus armas ydirigido a sus cuarteles cuando los españoles, conducidos por un francés, François Jean,que había traicionado a sus propios camaradas, irrumpieron en el campamentosimultáneamente en tres puntos y sin encontrar resistencia. Haciéndose del control delas barracas, impusieron sus normas y luego recorrieron los cuarteles de los soldados,asesinando a cuantos encontraron, y los gritos y quejidos aterradores de los queestaban siendo masacrados se escuchaban desde donde estábamos.

73 Por mi parte, siempre que me viene a la mente el fabuloso milagro que Dios (para quien

seguramente nada es imposible) hizo en mi nombre, me pierdo en la maravilla y mesuspendo como en un sueño. Al regreso de mi deber de guardia, y habiendo dejado a unlado mi arcabuz, me eché en mi hamaca, que había colgado a la manera de Brasil,

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completamente mojado con la esperanza de dormir un poco. Pero escuchando losgritos, los choques de las armas y el sonido repetido de los golpes, pegué un salto y medirigí hacia fuera para ver qué pasaba, cuando me encontré en la propia puerta con dosespañoles con sus espadas desenvainadas en sus manos que se dirigían a los cuarteles,sin arrimarse a mí (aunque yo los había rozado). Pero yo seguí adelante y no viendootra cosa que una carnicería y que incluso los españoles habían tomado el control de lasbarracas, retrocedí y me fui directo a la tronera (donde el cañón estaba disparando),sabiendo que podía saltar más fácil desde ahí. Ahí encontré a cinco o seis de miscamaradas que habían sido asesinados, dos de los cuales yo conocía, llamados La Gaule yJean du Den. Entonces salté a la zanja, la crucé e inicié solo mi camino en subida hastallegar a un bosque. Después de descansar en un lugar prominente en una colina dondeDios primero me devolvió mis sentidos, porque ciertamente lo que ocurrió durante mihuida de los cuarteles ocurrió como si hubiese estado fuera de mí. Sin embargo,habiendo suplicado a Dios que me aconsejara lo que debía hacer en esa situación tandesesperante, a instancias de Su Espíritu me adentré en un bosque cuyas pistas me erancompletamente familiares por haberlas frecuentado en el pasado. No recorrí muchohasta que encontré, para gran deleite de mi corazón, a cuatro franceses, y luego deconsolarnos mutuamente empezamos a discutir qué hacer. Algunos eran de la opiniónque debíamos quedarnos en ese punto hasta el día siguiente, cuando posiblemente sehubiera aplacado la furia de los españoles, y ponernos en sus manos antes quequedarnos allí expuestos al apetito de bestias salvajes o a la muerte por hambre, quehabíamos aguantado tanto en otras ocasiones. Otros no estaban de acuerdo con estaopinión y decidieron ir en búsqueda de un poblado indio distante donde pudiéramosvivir hasta que Dios nos mostrara otro camino. “Hermanos”, les dije, “no acuerdo conninguna de sus opiniones, pero si confían en mí, yo los puedo guiar a través del bosquehasta la costa del mar, donde posiblemente sepamos algo de los dos barcos más chicosque entraron al río con instrucciones de Ribault de descargar las provisiones traídas deFrancia”. Ellos consideraron impracticable mi plan y partieron hacia [donde habitan]los indios, dejándome solo. Pero Dios, apiadándose de mis infortunios, me proveyó deotro compañero, llamado Grandchemin, un soldado que fue enviado por Ottigny alfuerte, como dije arriba, para coser ropas para él. Le propuse mi plan a ese hombre,como había hecho con los otros, esto es, buscar la costa para descubrir los dos barcosmás chicos. Mi plan fue aprobado, y después de andar todo el día, finalmente salimosdel bosque. Pero para alcanzar nuestro destino todavía tuvimos que cruzar pantanosdensamente cubiertos de juncos altos (una ruta extremadamente difícil), y agotadoscomo estábamos por tales esfuerzos, la noche nos agregó la carga de su continua lluviacayendo sobre nosotros, y con el agua de los pantanos de juncos por la cintura, debido ala marea alta. La primera noche transcurría así con tales infortunios.

74 Cuando salió el sol no avistábamos todavía la costa del mar, el soldado me dijo

indignado que prefería abandonarse en manos del enemigo y que debíamos retornarcon ellos, ya que se iban a dar cuento de que al ser artesanos ellos podrían admitirnos, oincluso si lo hacían, que era mejor ser asesinados por ellos que languidecer en esemiserable estado. Intenté persuadirlo de tales intenciones pero mis esfuerzos fueron envano. Al contrario, cuando estaba a punto de dejarme, accedí a prometerle que volveríacon él hasta donde estaban los españoles. Entonces, cuando habíamos retrocedido hastael bosque, y ya avistando al fuerte, pude oír el ruido de los festejos de los españoles yme perturbó tanto que le dije al soldado: “amigo y compañero, te ruego que no vayamosallí, sino que nos quedemos un poco más aquí, ya que Dios nos mostrará algún camino

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para nuestra seguridad, ya que Él tiene tantas maneras desconocidas para nosotros, ynos liberará de esas dificultades”. Luego me abrazó y me dijo “Yo me voy, me despido”.Yo subí a un punto apenas más elevado para ver que pasaba con el. Los españoles lopillaron cuando bajaba de la colina y seguidamente una banda de soldados se dirigióhacia el, y cuando estuvieron cerca el se arrodilló, suplicando por su vida, pero loatacaron con tanta furia que con hachas lo cortaron en pedazos, a los cualesatravesaron con sus picas y lanzas. Yo me escondí en el bosque y recorrí una milla hastaque me encontré con alguien de Rouen, cuyo nombre era La Crete, y un isleño deFlandes, Eli des Planques, junto con la criada de Laudonnière que había recibido unaherida en el pecho. Entonces, nos dirigimos hacia la llanura costera y antes de emergerdel bosque encontramos a Laudonnière y otro hombre llamado Bartholomew, quienhabía sido seriamente herido en el cuello por una espada. Finalmente, cuando sumamostodavía más gente, nuestro número aumentó hasta catorce o quince. Sin embargo, yaque uno de nuestra compañía, un carpintero llamado Le Challeux, ha descriptobrevemente el desastre, no diré nada al respecto20. Solo agregaré que después de haberpasado dos días con sus noches en pantanos y juncales, con el agua hasta la cintura, yjunto a Laudonnière, que era buen nadador y estaba acompañado por un joven deRouen, cruzamos a nado tres ríos grandes hasta que fuimos capaces de ver nuestrosbarcos. Al tercer día, por la gracia de Dios y el esfuerzo de los marineros, losalcanzamos a salvo.

75 Ya he dicho arriba que por las aguas poco profundas Ribault no pudo llevar los cuatro

barcos más grandes hasta el estuario del río para descargarlos, sino que únicamente lostres más chicos entraron al río. El más grande de estos21 estaba comandado por su hijoJacques Ribault, quien había llevado su barco directo hacia el fuerte, y aunque estuvoanclado allí mientra los españoles perpetraban su matanza, no dio orden de disparar(cuando no había escasez de munición). Él en cambio quiso llevar el barco hasta la bocadel río, pero los vientos fueron contrarios durante todo ese día. Mientras tanto, norespondió a los españoles que lo presionaban para que se rindiese, ya que, según estosdecían, querían hacer la paz en buenos términos. Cuando vieron que se esforzaba parallevar el barco hasta el mar, enviaron en un bote que se utilizaba en el fuerte altrompetista con el traidor, François Jean (el que había conducido a los españoles hastael fuerte), para invitarlo a negociar un acuerdo. Y pese a que el traidor era tandesvergonzado como para no vacilar en subirse al barco de Jacques Ribault, este notuvo coraje para arrestarlo, y lo dejó libre, aun contando con sesenta soldados ademásde los marineros. Pero tampoco los españoles osaron atacar a Ribault, aunque teníanbotes y esquifes en abundancia.

76 Finalmente, al día siguiente Jacques llevó el barco hasta la boca del río, donde encontró

a los otros dos más pequeños casi desprovistos de tripulación porque la mayoría, y losmejores hombres, habían seguido a Jean Ribault. Cuando se percató de esto,Laudonnière decidió que uno de los barcos debía ser provisto con la tripulación yequipamiento de los otros dos, que serían desmantelados. Luego conferenció conJacques sobre la posibilidad de ir en busca de su padre, y sobre el mejor modo dehacerlo. Este le contestó que quería volver a Francia, y esta fue la opinión queprevaleció. Después, como las únicas provisiones que había eran los bizcochos del barcomás pequeño y el agua se había acabado, Laudonnière ordenó rellenar una cantidad dejarras de almacenamiento. Jacques hizo lo propio y pasaron dos días en esta operación yen la reposición de lo que era escaso. Y todo ese tiempo nuestros barcos estuvieronamarrados juntos porque pensábamos que los españoles querían atacarnos, ya que

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vinieron en repetidas ocasiones a observarnos en los botes, pero sin acercarse al ladistancia de tiro. Y ciertamente, sabiendo lo que ellos habían perpetrado a nuestroscamaradas, estábamos resueltos a defendernos vigorosamente.

77 Antes de partir Laudonnière le solicitó a Jacques Ribault que nos proveyera uno de sus

cuatro pilotos, porque ninguno de los nuestros era particularmente hábil ennavegación, pero se encontró con un rechazo. Luego propuso que hundieran los barcosque se hallaban en la boca del río para prevenir que los españoles los tomasen cuandopartiéramos y que los usaran para bloquear la entrada de Jean Ribault al río, sipretendían hacerlo (porque no sabíamos que había naufragado), pero Jacques no quisohacer nada de eso. Viendo la obstinación de ese hombre, Laudonnière envió a uno delos suyos a que hundiera al barco que había navegado desde Francia, al que había traídoel capitán inglés Hawkins y al más pequeño que había traído Ribault. Y zarpamos desdeFlorida pobremente equipados con marineros y provisiones. Pero Dios nos concedió tanfavorable viaje que (aunque sufrimos mucho en la expedición) arribamos a la costa deInglaterra en una bahía que comúnmente llaman Canal de St. George22. Esto es lo que yopensé que vale la pena decir sobre lo que observé en nuestra expedición, la cualevidencia que la victoria no proviene de los hombres sino de Dios, cuyas maneras seajustan a Su Voluntad. De acuerdo al razonamiento humano, cincuenta de los peoressoldados de Ribault habrían aplastado a todos los españoles, cuya mayor parte estabacompuesta por mendigos y lo peor de su pueblo. Mientras que Ribault tenía más deochocientos arcabuceros fuertes y experimentados con armadura dorada. Pero si fue lavoluntad de Dios, entonces debemos decir “bendito sea el nombre de Dios eterno”.

78 Como no estuve allí no puedo decir nada de lo que ocurrió posteriormente a Ribault

luego de su naufragio, excepto lo que supe de parte de cierto marinero de Dieppe que seescabulló de manos españolas, como será dicho después. Así que voy a repasar losacontecimientos brevemente. Cuando Ribault pasó lista de sus hombres y encontró queno había ninguna pérdida excepto la del capitán La Grange, [y] aunque todas las armasse habían perdido en el naufragio, Ribault profirió un espléndido discurso a sushombres, afirmando que ellos debían tomarse con calma el desastre, ya que les habíasucedido por la Voluntad de Dios, porque él era un hombre verdaderamente devoto ydotado con un buen dominio de la palabra. Luego de ofrecer unas plegarias a Dios,decidieron que debían dirigirse hacia nuestro fuerte (del cual distaban cincuentamillas). En ese trayecto indudablemente soportaron muchas privaciones y sesometieron a mucho sufrimiento, dado que el terreno que tuvieron que recorrer estabaatravesado por cursos de agua, y no estaba ni habitado ni cultivado por los indios.Entonces se vieron obligados a comer plantas y raíces, lo cual fue objeto de muchaansiedad para la mayoría de ellos. No obstante, superaron todos los obstáculos con ungran espíritu y se acercaron a cuatro o cinco millas de nuestro fuerte, tal como lossoldados de Laudonnière pudieron juzgar por sus observaciones del territorio. En estainstancia Ribault se negó a continuar el viaje y llamó a un consejo para decidir quédebía hacerse. Finalmente llegaron a la conclusión de que debían enviar a Le Vasseur,que era un navegante muy experimentado y familiarizado con todos los arroyos queconfluían en el río Mayo, con cinco o seis hombres en una canoa india, con el objetivode investigar y averiguar cómo estaban los franceses que habían dejado en el fuerte.Cuando alcanzó el canal principal del río, se acercó lo suficiente al campamento comopara reconocer la norma española, y sin ser advertido por los españoles, volvió hastadonde estaba Ribault y le informó lo que había visto. Es fácil imaginar que Ribault y sugrupo se desesperaron cuando escucharon la noticia y no supieron qué decir ni qué

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hacer. Ribault previó el salvajismo de los españoles pero también consideró que muchosde sus hombres podrían morir de hambre y necesidad en las profundidades del bosque,pero antes de tomar alguna decisión ellos decidieron que alguien debía ser enviado alfuerte para averiguar si los españoles estaban dispuestos hacia ellos y qué había pasadocon aquellos que estaban en el fuerte. En consecuencia, Nicolas Verdier, capitán de unode los barcos, fue enviado acompañado por el magistrado de Laudonnière, La Caille (alcual mencioné antes), en un bote con cinco o seis soldados. Siguiendo las instrucciones,se hicieron ver a una distancia y los españoles al verlos fueron hasta la orilla del río enun bote y comenzaron a parlamentar con nuestros hombres. Los franceses inquirieronseriamente dónde estaban los hombres que habían dejado en el fuerte. Los españolesrespondieron que su humano y piadoso líder los había enviado de vuelta a Francia enun barco grande espléndidamente equipado con todos los requisitos, y que al propioRibault y a sus soldados le daría un trato no menos humano que a los otros, lo cualpodían transmitirle a él. Al escuchar esto, los franceses volvieron. Ribault creyó muyprecipitadamente que sus hombres habían sido enviados de regreso a Francia y cuandoel consejo fue convocado nuevamente la mayoría de los soldados comenzó a gritar“Vamos, vamos, por qué dudamos en ir con ellos, aun si nos tratan de acuerdo con sucapricho, ¿no es mejor morir directamente que soportar tantas miserias? No hayninguno de nosotros que no haya sentido la muerte en su corazón un centenar de veceshabiendo enfrentado tantas dificultades”. Otros más sabios dijeron que nunca pondríansu confianza en los españoles “porque —argumentaban— aun si no hubiera otra razónque el odio con el que ellos nos persiguen en materia religiosa, es cierto que no nosperdonarían”.

79 Pero cuando Ribault vio que la mayoría de sus hombres eran de la opinión de que

debían entregarse a los españoles, decidió que La Caille fuese ante el comandanteespañol y si este se avenía a un trato piadoso, le solicitaría en nombre del representantedel rey de Francia una promesa y hacer claro mediante juramento que les perdonaría lavida, y de ese modo ellos se arrojarían a sus pies. Este plan fue aprobado por la mayoríay La Caille volvió al fuerte y fue conducido hasta el comandante, a cuyos pies cayó ytransmitió el mensaje. Cuando hubo escuchado el discurso de La Caille, el comandanteno solo le prometió en forma verbal y le ratificó con repetidas señales de la cruzconfirmadas por un beso, sino que también se mostró dispuesto a escribir la promesajurada y endorsarla con su sello en presencia de todos los hombres de su compañía. Enese documento él nuevamente juró y prometió que preservaría la vida de Ribault y desus soldados, fielmente y sin engaño, a la manera de un hombre de honor. La carta fuepresentada, pero una hoja en blanco hubiese valido mucho más que esa promesa depapel. Entonces La Caille trajo esa fina promesa que a muchos hizo feliz pero que aotros le inspiró desconfianza.

80 Sin embargo Ribault estimuló a sus hombres con un excelente discurso, y cuando la

asamblea completa había ofrecido sus plegarias a Dios, decidió partir y fue con sushombres hasta la orilla del río en las proximidades del fuerte. Estos fueron divisadospor los españoles, que estaban alertas, y recogidos en botes. Solamente Ribault yOttigny, el lugarteniente de Laudonnière, fueron llevados al campamento. El resto fueexpulsado por un tiro de lanza desde el fuerte y fueron atados por los brazos de a dos,espalda con espalda, como evidencia de que sus vidas estaban perdidas. Ribault suplicóreiteradas veces poder hablar con el comandante para recordarle su promesa, pero suspalabras cayeron en oídos sordos. Ottigny escuchó gritos provenientes de susdesdichados soldados e invocó el juramento que habían hecho, pero se rieron de él.

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Como Ribault insistió en su demanda, un soldado español se le acercó y le preguntó enfrancés si el era el comandante Ribault, y el dijo que sí. Después preguntó si él noesperaría obediencia de sus soldados, a lo cual contestó Ribault que sí otra vez. “Yotambién intento”, dijo el español, “obedecer las instrucciones de mis comandantes. Misórdenes son matarlo”, y de ese modo hundió una daga en el pecho de Ribault, y luegomató a Ottigny del mismo modo. Luego se les detalló a unos hombres que mataran a losque estaban atados golpeándolos en sus cabezas con garrotes y hachas, lo cual hicieroninmediatamente, mientras repetidamente los llamaban Luteranos y enemigos de Dios yde la Virgen María. De esta manera todos fueron violentamente masacrados enviolación a un juramento, con excepción de un cierto tamborilero llamado Drouet yalguien más oriundo de Dieppe llamado Masselin, que era un flautista y laudista. Esosdos fueron perdonados para tocar música para ellos en sus juergas. Un marinerotambién pudo escapar y fue quien me relató lo sucedido de esta manera:

81 Como había un número de ellos que habían sido atados juntos con sogas y destinados a

la ejecución, el recibió, como los otros, golpes que lo dejaron inconsciente, y cuando sustres camaradas cayeron encima suyo, el fue considerado muerto como los demás. Losespañoles estaban intentando construir una pira funeraria para incendiarlos a todos,pero como se estaba haciendo tarde pospusieron la tarea para la mañana siguiente.Durante la noche, cuando el marinero, que solo estaba aturdido, se encontró entre loscuerpos desparramados sobre el piso, recobró la conciencia y recordó que tenía unpequeño cuchillo en una funda de madera. Este se retorció por un buen rato hasta quepudo sacar el cuchillo de la funda con su mano y cortó las sogas que lo ataban. Luego seincorporó y huyó de ese lugar sin hacer ruido, viajando todo el resto de la noche.Cuando el sol cayó se encontraba lo suficientemente lejos como era posible, ya quehabía seguido los trazos del sol (ya que los marineros poseen la habilidad de marcar ladirección a la que quieren ir por la posición del sol), y después de recorrer tres díasenteros sin descanso alguno, dio con un gobernante indio, a cuarenta millas dedistancia del fuerte, y allí permaneció escondido por ocho meses hasta que se entregó alos españoles.

82 Aproximadamente ocho meses después de la captura del fuerte los españoles supieron

que un número de franceses estaban dispersos por la provincia. El comandante de losespañoles, temiendo que estos pudieran unirse con los nativos para tramar algo encontra de ellos, demandó mediante amenazas a los jefes vecinos que le devolvieran a losfranceses que tenían refugiados. El jefe, con quien estaba el marinero, le dijo que teníaque dejarlo ir con los españoles porque de otro modo lo atacarían y quemarían susposesiones. El marinero intentó buscar refugio en otros gobernantes pero recibiórespuestas similares a la mencionada arriba. Entonces, no sabiendo qué hacer, se dirigióhasta el fuerte pero cuando se encontraba a apenas dos millas desistió de continuar y sedejó vencer por el dolor, la preocupación y el hambre, perdiendo toda esperanza desalvación, y esperó la muerte. En este estado permaneció por cuatro o cinco días. Fuedescubierto por uno de los tres españoles que habían salido de caería, y viendo quetenía más el aspecto de un cadáver que de una persona viva, fue dominado por lacompasión (algo que escasamente se podría encontrar en uno entre mil españoles) y elmarinero cayó a sus pies y le imploró que tuvieran piedad de él. El español le preguntócómo había llegado hasta ahí y el le contestó todo el asunto tal como había ocurrido.Ablandado por lo que le dijo, el español le prometió que no lo llevaría al fuerte (porquetemía que lo mataran inmediatamente) pero que hablaría con el comandante parasuavizar su ira, y que haría lo posible por ayudarlo. Una vez que supiera la actitud del

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comandante, volvería a verlo. Entonces dejó al hombre y partió el soldado al fuerte,donde dio tal impresión al comandante que este prometió que el marinero no moriría, ypor la persuasión del soldado fue condenado a servir como esclavo. Al día siguienteretornó el soldado español al fuerte con el infeliz marinero y allí sirvió un año comoesclavo. Luego fue enviado a un puerto en la isla de Cuba llamado Havana [sic], dondefue encadenado por otro francés, un noble llamado Señor de Pompierre, quien habíasido capturado en el puerto de Havana [sic] junto con otros soldados de Laudonnière,luego de haber sido llevado en contra de su voluntad, tal como he revelado arriba eneste breve reporte de la expedición completa. Pompierre y el marinero finalmentefueron vendidos y embarcados en un barco con dirección a Portugal. Pero cuando esebarco se encontró con un navío francés, cuyo capitán se llamaba Bontemps y venía depuerto francés, hubo una batalla entre ellos y el francés, que encontró que esos doshombres estaban prisioneros, los liberó y los llevó de regreso a Francia. Así el Señorbusca caminos, de acuerdo a Su Voluntad y más allá de toda esperanza, para liberaciónde los desafortunados.

83 Esto es lo que yo supe de parte del marinero acerca de la muerte de Ribault y de sus

hombres. Resta que nos culpemos a nosotros mismos y a nuestros pecados por eldesenlace, no a los españoles a quien el Señor usó como la vara para castigarnos por loque nos merecíamos. Y que Dios Todopoderoso, Su Hijo, Jesucristo nuestro Señor, y elEspíritu Santo sea honor y gloria por siempre. Amen.

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NOTES

1. Para un análisis de las ambiciones coloniales de Francia e Inglaterra entre los siglos XVI y XVIII

ver López Palmero y Martínez (2012).

2. D. Quinn esclarece los tensos vínculos entre Ribault y la Corona inglesa, arguyendo que Ribault

participó en la defensa de Dieppe, desde su llegada el 22 de junio de 1562. Allí debió haber

tendido influencias con los ingleses que la Corona había enviado como soporte militar a los

hugonotes, a cambio de la ocupación transitoria de Le Havre, que se hizo efectiva en octubre de

ese año. Posiblemente, dice Quinn, Ribault viajó a Inglaterra en enero de 1563. Su manuscrito

sobre la experiencia colonial francesa en Florida circuló entre cortesanos y posiblemente alcanzó

el interés de Isabel, quien instó a Thomas Stukeley, un acaudalado cortesano, a que prestara

apoyo financiero a la empresa hugonote en América. Así fue que Stukeley, que ya detentaba una

licencia real para el viaje a ultramar, armó 5 barcos y preparó a 300 hombres. En Francia, la Paz

de Amboise de marzo de 1563 llevó a una ruptura entre los ingleses, que detentaban la concesión

de Le Havre, y los hugonotes que se aliaron con el ejército regular francés para despojarlos. Esto

llevó a que la reina de Inglaterra acusara a Ribault de conspirador y lo mandara apresar en la

Torre de Londres, donde permaneció hasta fines de julio de 1564. Stukeley, por su parte, fue

advertido por el embajador español de mantenerse lejos de Florida. En julio de 1563 partió con su

flota y un único objetivo: atacar a los barcos de los enemigos españoles en el Atlántico. (D. Quinn

1977, pp. 20-22).

3. La expedición estuvo a cargo de Fernando Manrique de Rojas. Si bien este cumplió

satisfactoriamente con la orden de destruir todo vestigio de ocupación francesa en Florida, Felipe

II decidió enviar una flota más poderosa para atacar al nuevo contingente de franceses

comandados por Laudonnière y que se dirigía rumbo a Florida con intenciones de fundar una

colonia permanente.

4. Según el informante de la expedición inglesa, John Spark, Hawkins “ordenó que separaran de

su barco veinte barriles de alimento [maíz] y cuatro pipas [dos barriles] de guisantes, junto con

diversas vituallas y pertrechos que podría convenientemente dar; y para ayudarlos mejor en su

camino a casa, lo cual estaban por hacer antes de nuestra llegada, ante su petición le ofrecimos

uno de nuestros barcos de cincuenta toneladas” (J. Sparke 1959, p. 124).

5. Tal como afirma Milles Harvey (2008), Jacques Le Moyne de Morgues fue el primer artista

europeo en Norteamérica, ya que previo a su arribo las imágenes sobre los habitantes y los

paisajes de esa porción del continente habían sido elaboradas por aventureros amateurs o por

dibujantes que trabajaban con modelos importados o información de segunda mano desde sus

seguros estudios europeos. Le Moyne, insiste el autor, fue el primer artista profesional conocido

por haber visitado los actuales Estados Unidos con el expreso propósito de hacer un registro

visual (p. xvii).

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6. La traducción de esta y todas las citas posteriores del inglés me pertenecen.

7. Este viaje, financiado por el propio capitán De Gourgues, se llevó a cabo con el objetivo de

atacar a San Agustín, en venganza por las masacres perpetradas en 1565 por Menéndez de Avilés.

Al mando de ciento veinte soldados en dos barcos medianos, De Gourgues viajó a Florida y

concertó una alianza con los nativos de la tribu de Saturiba para atacar a los españoles de San

Agustín. La colaboración de los nativos fue decisiva para lograr la destrucción de los fuertes de

San Gabriel, San Esteban y San Mateo, como así también para el exterminio de la mayoría de los

soldados españoles (D. Gourgues 1991).

8. Siguiendo a Oberg, “Ralegh proveyó de un subsidio así como también de respaldo al artista

francés Jacob Le Moyne du Morgues, un sobreviviente de la efímera colonia hugonote en Florida”.

(Oberg 2003, p. 20)

9. La imagen de los indígenas venerando la columna erigida por los franceses durante la primera

expedición es la única que se conserva del corpus iconográfico de Le Moyne. Esta fue casualmente

descubierta en 1901, en la residencia particular de la condesa de Ganay, cerca de París, por un

miembro de la Académie des Inscriptions et Belles-Lettres, Monsieur G. Schlumberger. Pintura

sobre vitela de 18 x 26 cm, en posesión de la New York Public Library.

10. Se sigue aquí la traducción al español de los epígrafes recientemente realizada por J-P.

Duviols (2012).

11. Estas imágenes han sido reproducidas en Lorant (1946, pp. 100-101)

12. La referencia al año 1587 es imprecisa, ya que de Bry hizo su segunda visita a Londres en 1588,

y fue entonces cuando pudo conseguir los trabajos completos de Le Moyne, fallecido ese mismo

año, a su viuda.

13. La serie de acuarelas sobre plantas se encuentran actualmente en el Museo Británico. Para un

análisis de la obra naturalista de Le Moyne ver W. Stearn (1977).

14. Le Moyne de Morgues (1977). Traducción de Neill Chesire, tomada a su vez de la versión latina

de Americae (1591, pp. 6-30).

15. Gaspard de Coligny.

16. Le Havre.

17. Saturiba.

18. El fragmento omitido corresponde a una transcripción textual del testimonio de R.

Laudonnière (1991: 178-187).

19. Le Moyne se refiere al texto de Laudonnière citado anteriormente.

20. Le Moyne se refiere al reporte de Le Chaulleux (1991).

21. La Perle

22. Bahía de Swansea

INDEX

Keywords: Florida, 16th Century, Colonization, Jacques Le Moyne de Morgues

Palabras claves: Florida, Siglo XVI, Colonización, Jacques Le Moyne de Morgues

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AUTHOR

MALENA LÓPEZ PALMERO

Universidad de Buenos Aires, Argentina.Correo electrónico: [email protected]

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Reglamento para el regimiento,servicio y gobierno del cuerpo depardos de San Juan Bautista deMazatlán, 17921

Regulations for the regiment, service and governing of the Pardo militia of San

Juan Bautista de Mazatlán, 1792

Wilfrido Llanes Espinoza

EDITOR'S NOTE

Fecha de recepción del original: 15/09/2014Fecha de aceptación para publicación: 20/04/2015

1. Introducción

1 Resultado de la geopolítica internacional, las posesiones españolas en zona de frontera,

como fue el caso de la frontera norte de la Nueva España, se hallaron ante un constanteestado de tensión. Potencias como Francia, Rusia e Inglaterra se convirtieron en unpeligro constante para los intereses de la Corona española. La preocupación ante esteescenario se revela en el sentir del virrey Juan Vicente de Güemes Pacheco de Padilla,mejor conocido como segundo conde de Revillagigedo —en adelante sólo Revillagigedo—, quien llamó la atención de forma significativa sobre el tema; al virrey le inquietabanespecialmente los intentos de los ingleses por debilitar a los franceses en la América delNorte, su objetivo había sido intervenir en las posesiones españolas. Por otro lado elvisitador José de Gálvez entendía que “si los ingleses conseguían expulsar a losfranceses de América, se convertirían en los dueños de México” (Stein y Stein 2005, p.66).

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2 Existía la inquietud extendida de una posible invasión de franceses, rusos e ingleses;

particularmente el Alto Mississippi significó un botín importante para conquistar. Alempezar la dominación española de la Luisiana (1763) no tenía límites ni fronteras fijasen el norte, convirtiéndose así en un espacio disputado por las tres potencias europeascon interés en la región: España, Francia y Gran Bretaña, las tres se atribuían suposesión (Din 2008, pp. 83-98, Porro 2013, pp. 55-79). En la segunda mitad del sigloXVIII, justo cuando se desarrollaba la etapa más amplia y profunda de las reformasborbónicas en América, la preocupación en los administradores de la Corona se acentuóante el acecho de las potencias extranjeras en territorios fronterizos.

3 Si bien este contexto resultaba inquietante, más al noroeste la preocupación se

combinó con otros desvelos; a las autoridades locales les inquietaba, sobre todo, elriesgo latente de los alzamientos indígenas y las incursiones de los grupos multiétnicos.No obstante lo anterior, esto no significa que los litorales de la región no fueranmerodeados por las potencias europeas, inclusive desde antes2.

4 Esta preocupación por la presencia de extranjeros en el noroeste se expresa con

claridad en el Discurso y reflexiones de un vasallo sobre la decadencia de nuestras Indias

Españolas de José de Gálvez (ca.1760). El futuro visitador entendía que los enemigospodían intentar establecer un punto de avance en Sonora, para, desde allí, dominar lazona septentrional de la Nueva España. Ya en América, Gálvez se dio cuenta de que nopodía convertir a Sonora en un centro vital para la defensa sin antes resolver elproblema que representaba la hostilidad de los pimas y seris (Weber 2007, p. 215;Borrero y Velarde 2011, pp. 45-64; Galaviz 1966, pp. 187-213).

5 De igual forma inquietaba la posibilidad de que los nativos “pudieran aliarse con el

principal rival europeo de España, Inglaterra, y facilitar la expansión inglesa en tierrasdesde hacía tiempo reclamadas pero nunca ocupadas por España” (Weber 1998, p. 150).La incertidumbre la avivaban los rumores de una virtual expedición inglesa aterritorios americanos, los cuales progresaron ágilmente no solo en esta parte de laAmérica española, sino también en el sur, particularmente en el Río de la Plata (Elliott2009, p. 405)3. Ante este escenario, el marqués de Cruillas, Joaquín de Monserrat,ordenó se expidiera una instrucción donde se compendiaran las medidas precautoriasque debían de atenderse ante la situación de riesgo señalada. El documento sintetiza enseis puntos las indicaciones establecidas:

“1. Tendrán cuidado de que los presidios fronterizos se hallen bien completos desoldados y equipados con armas de fuego, espada y lanza, para obrar cualquierainvasión que se ofrezca. 2. Que en las costas del mar haya especial vigilancia paranotar cualquier embarcación inglesa, que intente acercase a tierra, para que seembarace la introducción a canales, radas o ensenadas, que no sean Acapulco oVeracruz. 3. Que se observe e inquiera de los indios gentiles cualquier movimiento,así de ellos mismos, por impulso de nación extranjera o por estar inmediatamentepara introducirse al reino. 4. En cualquiera de estos casos se pedirá auxilio a losgobiernos y presidios inmediatos, para que unidas las fuerzas se resista todaintroducción de indios o extranjeros ingleses. 5. Deberá dase el auxilio pronta yefectivamente, teniendo para este fin no sólo los presidios en la mejor disposición,sino también las milicias de cada jurisdicción, bien equipadas de armas de fuego,espada, lanza y caballos. 6. De todo lo que se ofrezca notable en este punto, se medará cuenta prontamente con la individualidad que conviene de todoacontecimiento y, desde luego, aviso que corresponde del recibido de estainstrucción para su debido cumplimiento, cuidando de aprovechar todas [las]ocasiones de darme las noticias del estado de cada gobierno y su jurisdicción”(AGN, Indiferente Virreinal, caja 3458, exp. 30, 1772, f.1).4

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6 Como se observa, procurar la defensa de los grandes espacios durante el siglo XVIII, así

como de las franjas costeras más aisladas, representó un desafío importante para lasautoridades virreinales. En el caso de las costas del Pacífico novohispano “la presenciacada vez más frecuente de navegantes extranjeros obligó a las autoridades hispánicas atomar conciencia de los expuestos que estaban sus litorales” (Pinzón 2008, p. 64; Kuethe2000, p. 325; Porro 2011, pp. 19-50).

Mapa 1. Frontera norte de la Nueva España, 1786 (Adaptado de Gerhard 1996, p. 28).

2. Mazatlán y su milicia de pardos

7 El contexto histórico del surgimiento de la compañía de milicianos pardos de Mazatlán

es bastante claro, no obstante el contexto historiográfico presenta un reconocimientoinsuficiente de su presencia. Particularmente en México la temática ha llamado laatención y las compañías de pardos y morenos surgidas en la Nueva España se hanestudiado desde numerosos ángulos, sin embargo el cuerpo de milicianos pardos deMazatlán ha permanecido ausente en estas pesquisas5.

8 Como en muchos otros lugares, la milicia de pardos de la cual me ocupo se localizó en

las costas. Mazatlán era —y hasta la fecha lo es— un puerto localizado en la zona sur deSinaloa (véase mapa 2 y 3) es una región que escasamente figura en los estudios delsistema defensivo novohispano. Entre las referencias conocidas sobre el Masatán(Mazatlán) del siglo XVIII, destaca la de José Antonio Villaseñor y Sánchez —quien seencargó de elaborar la recopilación de noticias de los reinos la Nueva España, Perú yNuevo Reino de Granada entre 1746-1748—. Villaseñor registró en su obra Theatro

americano que se ubicaba a poca distancia de la costa, “[…] habitado de mulatos, queviven con obligación de guardar su puerto, que varias veces ha[bía] sido asaltado [por]

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enemigos hasta penetrar la población, insultándola con hostilidades […]” (Villaseñor1992 [1746-1748], p. 501)6.

9 Los pardos residían en Mazatlán desde finales del siglo XVI, Luis Antonio Martínez Peña

fecha las primeras noticias de su presencia y actividad en la zona en 1565, cuandoFrancisco de Ibarra, gobernador y fundador de la Nueva Vizcaya, ordenó elestablecimiento de una guarnición militar (Martínez 2002, p. 122). Históricamente,Mazatlán ha sido celebre por el valor de sus habitantes, “cuando Hernán Cortés iba areconocerlo se encontró con centinelas avanzadas, armadas de arcos y flechas, queestaban en atalaya conforme a su costumbre, para que sus enemigos, que teníanmuchos por la comarca, no llegasen al pueblo sin ser sentidos, y hacer daño en laslabranzas […]” (PARES/AGI, SGU, LEG, 7038, 7, 1785-1797, Carpeta tercera, f. 3r).

10 Desde entonces Mazatlán ha sido distinguida como una comunidad de mulatos

acreedores a beneficios por su oficio táctico. Hernando Bazán, gobernador de la NuevaVizcaya, les había otorgado una merced real en recompensa a su participación en elcombate a la rebelión de los indios Tepustla en 1576 (Martínez 1996/1997, pp. 99-129).Los mulatos estuvieron sujetos a la autoridad de los capitanes españoles de Maloya,Copala y Chametla, sin embargo, con frecuencia se mostraban renuentes a permitir lasintromisiones de las autoridades en los asuntos internos del presidio, como es el caso dela negativa de entregar a dos reos (Francisco Vital de Inda y Francisco Zamora) que serefugiaron en el pueblo, acusados de asesinar a dos personas.

11 Se habían ganado una reputación ambivalente, se les consideraba buenos militares y

aprovechados de la situación para defender a “indeseables” de la sociedad. Losinformes sobre la tarea realizada por los mulatos confirman este caráctercontradictorio, por un lado, las autoridades subrayaban las bondades de los serviciosprestados, la fidelidad a su labor y, por otro, la falta de subordinación a las autoridadesexternas a su “pequeña república parda”, como la denominó el brigadier EnriqueGrimarest.

12 En el mismo tenor se expresó Pedro Garrido y Durán. El intendente y gobernador

interino de Sonora y Sinaloa describió a los pardos como “revoltosos y protectores decriminales fugitivos de la justicia de la provincia” (Martínez 1996/1997, p. 114). A estaopinión se sumaría la del conde Revillagigedo, quien señalaba que:

“[Los milicianos carecían] de todos los conocimientos necesarios, y en una palabra,sólo servían para privar al rey del tributo que debían satisfacer los milicianos yestorbar la buena administración de la justicia, con el fuero que reclamaban ydisputaban continuamente, gravándose, además, la real hacienda, con los sueldosque sin fruto alguno, ni esperanza de él, pagaron a los individuos que lo gozaban”(Revillagigedo 1831, p. 144).

13 Las preocupaciones expresadas por Garrido y Duran y el conde Revillagigedo no eran

improvisadas, desde el principio habían sido una inquietud latente para los oficiales decarrera; el sentir lo había avivado el derecho de exención de impuestos concedido a lospardos, esta medida desagradó a los funcionarios, quienes recelaron la posibilidad deuna merma en los ingresos a la Real Hacienda. Si bien la preocupación era genuina,realmente el daño que este privilegio pudo haber ocasionado en las arcas —señala LyleMcAlister— no era mayor y probablemente no excedió los 12.500 pesos anuales(McAlister 1982, p. 55).

14 Ben Vinson ha documentado ampliamente el temor que los administradores

provinciales tuvieron al respecto. Al parecer de éstos, una interpretación muy estrecha

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de las leyes de exención estimuló la idea de que los pardos y los morenos libres nocumplirían sus obligaciones militares, especialmente las de centinela y cuidador,dejando importantes regiones sin defensa y expuestas a ataques. De igual forma teníanmiedo a la explosión de disturbios civiles y al surgimiento de rebelión en susjurisdicciones (Vinson III 2005, p. 57).

15 Las inquietudes expuestas, como se puede observar, estuvieron muy presentes en los

funcionarios, sin embargo, la otra cara de la moneda permite reconocer el buendesempeño de los milicianos. Como lo ha consignado José Garibay, sargento mayor de lacompañía de pardos de Mazatlán, en el informe que dirigió a Pedro de Nava,Comandante General de las Provincias Internas. Los pardos de Mazatlán participaron envarias operaciones antes de su reglamentación, la primera de ellas fue cuandoacudieron a Acaponeta a contener la incursión de un grupo de indígenas en 1706;atendieron el llamado para complementar la defensa contra la sublevación de los indiosNío, Mochicahui y Charay en 1740 (Navarro 1966, pp. 11-115); auxiliaron a EusebioVentura Beleña (funcionario cercano a José de Gálvez y entonces Regente de la RealAudiencia de Guadalajara) a quien habían sitiados los indígenas de Nío en 1769;posteriormente, aprovechando la cercanía, acudieron a remediar la irrupción en elpueblo de Zavala (inmediato al presidio Buenavista, Sonora) donde un indiofraudulento se hacía pasar por rey Tlaxcalteco en 1770; del mismo modo apoyaron enlabores de resguardo al custodiar los caudales de la Corona cuando pasaron por Arizpe,Sonora, en 1790 (Saravia 1993, pp. 266-267)7.

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Mapa 2. Puerto de Mazatlán, 1794 (Adaptado de Gerhard 1996, p. 313).

Mapa 3. Principales puertos novohispanos, 1789 (Pinzón 2011, p. 24).

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3. Localización y valor del reglamento

3.1. Localización

16 Como parte de este escenario se ha recuperado el Reglamento para el regimiento,

servicio y gobierno del cuerpo de pardos de caballería ligera del pueblo de San JuanBautista de Mazatlán, con el interés de insertar esta pieza en el amplio rompecabezaspolítico-militar de la época. Para esto se han retomado varios documentos, uno inéditoy otros publicados en ocasión de la historia de la fundación de la ciudad de Mazatlán(México).

17 El original del Reglamento se encuentra en el Archivo General de Simancas, puede ser

consultado de manera abierta y gratuita a través del Portal de Archivos Españoles(PARES)8, una plataforma que ha favorecido ampliamente, y cada vez más, el oficioinvestigativo del historiador, como sucede en este caso.

18 En las últimas dos décadas, las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones

(TIC) han evolucionado tanto que han permitido computarizar de forma gradual tareasque anteriormente se ejecutaban manualmente o de forma más tradicional. Lo queinicialmente era una simple sistematización de tareas y tratamiento de la información,ahora se ha convertido en una optimización en el manejo de los recursos, así como enuna mejora de los métodos de búsqueda y acceso a la información (García 2010, p. 2). “Aprincipios del siglo XXI, la generalización de Internet, favorecida por la banda ancha,constituye una mutación técnica de gran importancia que entraña nuevas prácticas enel seno de la comunidad de historiadores” (Poirrier 2014)9.

19 Bajo esta nueva modalidad de indagación se localizó el Reglamento. Desde un ordenador,

en forma remota, pude realizar la búsqueda de contenidos en el PARES. La “voz guía”fue Mazatlán; el resultado de la exploración arrojó información ubicada en tresarchivos (Archivo Histórico Nacional, Archivo General de Indias y Archivo General deSimancas), sobre el nombramiento de José Garibay, como comandante militar y políticode las milicias de Mazatlán; información relacionada con la negación de grado y sueldoal citado Garibay; así como sobre el despacho de ayudante a favor de Domingo Espinosay, por su puesto, referente a la propia ordenanza.

20 Cabe destacar que la posibilidad de su consulta completa se debe a la modalidad de

acceso al documento —el portal no ofrece esta posibilidad todo el tiempo, gran parte delas veces únicamente se dispone de la referencia y ubicación— esto es posible cuando,en el compartimiento que indica título, signatura, fecha de creación y fecha deformación del documento, aparece la figura de una cámara fotográfica indicando que eldocumento dispone de imágenes digitalizadas.

3.2. Valor y contenido del reglamento

21 Como lo he señalado, ante la intranquilidad generada por el acecho y potencial

incursión de franceses, rusos e ingleses en dominios españoles, principalmente en lafrontera norte de la Nueva España y las costas del Pacífico, así como las condicionesbélicas provocadas por los grupos nativos, hubo la necesidad de reorganizar el sistemadefensivo —la perdida de La Habana y Manila reforzaron esta necesidad—; en esteescenario surgieron algunos regimientos militares que apoyaron en las tareas de

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resguardo. Esta situación incentivó la puesta en marcha de un amplio programa deactualizaciones y reformas de las milicias novohispanas.

22 En la Nueva España fue Revillagigedo quien promovió acciones orientadas a la

organización militar y al resguardo del territorio novohispano (Barney 2006)10; noobstante que el virrey habría preferido alistar en las compañías de milicias a personalde raza blanca, esto no fue posible, mucho menos en las costas, en donde había másmezcla en las “calidades” socio-raciales que al interior del virreinato, de modo quedebió conformarse con lo que había.

23 Como parte de este proyecto, le merecieron gran atención las fuerzas militares de las

fronteras del reino y las de los lugares alejados de los grandes centros de población(Velázquez 1997 [1950], p. 136), muestra de ello es el caso que me ocupa.

24 En este mismo tenor el Reglamento obedece indiscutiblemente a las necesidades antes

citadas. En él se da cuenta, en ocho títulos, de los requerimientos para pertenecer alcuerpo de milicias de Mazatlán, el sueldo que percibirían, los servicios a prestar, losbeneficios a que serían merecedores, así como también un listado de sus integrantes almomento de conformarse en 1792, entre otras cuestiones. El Reglamento se liga, como hemencionado antes, a las exigencias que presentaba la defensa de las costasnovohispanas, particularmente el Pacífico sur del actual territorio de Sinaloa, acechadopor las potencias europeas (Francia, Rusia e Inglaterra) y las insurrecciones de losgrupos nativos de la región.

25 Estas preocupaciones y otras más fueron integradas al Reglamento como parte de las

funciones primarias de los pardos custodiar el puerto distante nueve leguas al ponientedel pueblo, mantener constantemente en él un destacamento de un sargento, cabo ocarabinero y nueve hombres, uno o dos centinelas vigilar y recorrer la costa.

26 En su capítulo sexto, la instrucción contempla la participación de los pardos (todo o

parte del cuerpo, dependiendo las circunstancias) en la guarnición de los presidios deSonora, así como en la contención de los alborotos que pudieran haber causado losindios Pimas, Mayos y Yaquis.

27 Debían emplearse en la escolta de los caudales de la Corona, en la conducción de reos y

su custodia mientras permanecieran en la cárcel de Mazatlán, esto sin derecho a exigirsueldo, ni gratificación alguna.

28 No todo fueron obligaciones, los pardos eran conscientes del valor de sus servicios; a

decir de González Aizpuru, “ninguna sociedad vive sin reglas, y siempre hay quienconsigue escalar posiciones de privilegio gracias a ellas […]” (Aizpuru 2013, p. 147). ElReglamento es parte de esto, es una síntesis de lo antes dicho. 1° del Reglamento abundasobre este punto: “Exonerados perpetuamente del pago del real derecho de tributo lasfamilias radicadas de diez años a esta parte en el pueblo de Mazatlán y ranchos de sujurisdicción, deberían proveerse entre ellas los remplazos, bien sea con gentevoluntaria o por elección […]”; el título 5°, dedicado a las provisión de empleos, fuero ygoce de los milicianos”, destaca la exención de impuestos que fueron merecedores lospardos: “Todo miliciano estará exento de pagar el tributo mientras sea individuo delcuerpo”.

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3.3. El Reglamento para el regimiento, servicio y gobierno delcuerpo de pardos de caballería ligera del pueblo de San JuanBautista de Mazatlán, 179211

[f.1 recto] Chihuahua, 28 de octubre de 1794El comandante general nº. 148Acompaña el reglamento para el régimen, servicio y gobierno del cuerpo de pardosde caballería ligera del pueblo de San Juan Bautista de Mazatlán, creado en virtudde real orden de 23 de marzo de 1792.[f. 3recto] Reglamento para el regimiento, servicio y gobierno del cuerpo de pardosde caballería ligera del pueblo de San Juan Bautista de Mazatlán, creado en virtudde real orden de 23 de marzo de 1792.Título 1ºPie y fuerza de esta milicia, su remplazo y mando inmediatoArtículo 1ºConforme a lo mandado por su majestad, contará el cuerpo de doscientos veintehombres, divididos en cuatro compañías de cincuenta y cinco plazas, compuestas decapitán, teniente, alférez, dos sargentos, dos cabos, dos carabineros, un tambor otrompeta y cuarenta y cinco soldados.2ºVerificado ya el alistamiento de las compañías por el sargento mayor, don JoséGaribay, gobernador político y militar de la jurisdicción de Mazatlán, y [f. 3verso] suayudante, don Domingo Espinoza de los Monteros, se remplazarán las vacantes demilicianos que ocurrían prefiriendo siempre los de más robustez, y talla,disposición, y particularmente a los que estén montados y armados de lanza.3ºExonerados perpetuamente del pago del real derecho de tributo las familiasradicadas de diez años a esta parte en el pueblo de Mazatlán y ranchos de sujurisdicción, deberían proveerse entre ellas los remplazos, bien sea con gentevoluntaria o por elección, pero si no bastaren a llenar las bajas, se ocuparían conindividuos de las que tuvieren menos tiempo de establecidas, quedando estosrelevados de pagar el tributo durante su alistamiento y después, si permanecierenquince años en el servicio, extendiéndose en este caso la gracia o privilegio [f.4recto] a toda su familia ínterin viva el miliciano.4ºSería comandante y subinspector de este cuerpo el gobernador político y militar dela jurisdicción de Mazatlán, y por su falta, ausencia o enfermedad, su ayudante,reconociendo entera dependencia a mis órdenes y a las de los que me suceden en elempleo de comandante general.Título 2ºVestuario, armamento y montura, sueldos y haberes, que han de gozar los oficialesde tropa.Artículo 1ºCuando precedida orden mía o de mis sucesores se ocupe en funciones del servicioalguna tropa del cuerpo o toda él, se asistirá al capitán empleado con cincuentapesos mensuales, disfrutará veinte y cuatro el teniente, veinte el alférez, quince lossargentos, [f.4 verso] once los carabineros y a diez los soldados y tambor.2ºPor Real hacienda se abonarán al capitán Mateo Ortega, ocho pesos mensuales quele ha concedido su majestad durante du vida, pagándoseles por los ministros de lacaja del Rosario desde el día primero de diciembre próximo.3ºEl vestuario de los milicianos será el corriente del país que costea cada uno,distinguiéndose de los paisanos por la escarapela o pluma encarnada que han de

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llevar en el ala izquierda levantada del sombrero blanco y un ligero escudo en lamanga con las armas reales.4ºLos oficiales y sargentos, llevarán las divisas correspondientes a su clase, sobrecasaca corta de paño o género ligero azul, con vuelta collarín y solapa encarnada,armador del propio color, calzón azul y botón blanco.[f.5 recto] 5ºLa montura de oficiales, sargentos, cabos y soldados será de su cuenta, y la mismaque usan n el país.6ºPor cuenta de Real Hacienda se proveerá este cuerpo de armamento, compuesto deescopeta y pistola, como las que usa la tropa presidencial de estas provincias, paraveinte plazas por compañía, de igual número de cartucheras y de cuatro cajas deguerra. La demás plazas deberán proveerse de lanza y machete largo, costeando unoy otro cada miliciano.7ºLas escopetas, pistolas y cartucheras han de conservarse con el debido aseo, enpoder del comandante sub-inspector de este cuerpo, para repartirlas a su tropa,cuando haya de emplearse en salida u otra facción, pero si entonces las inutilizanlos milicianos, pierden o extravían maliciosa y culpablemente, les exigirá sulegítimo valor, para entregarlo a los ministros de Real Hacienda del Rosario, dandoaviso a esta superioridad.[f.5 verso] 8ºCuando haya necesidad de remplazar al todo o parte del armamento se me darácuenta o a mi sucesor a fin de disponerlo.Título 3ºInstrucción de los milicianos: gratificación para atender a la recomposición dearmas y costear el papel y plomo para cartuchos: asignación y pólvora.Artículo 1ºComo todos los individuos de que se compone, tienen bastante destreza en elmanejo del caballo, se reducirá su instrucción a marchar en columna y batalla, altrote y golpe, desplegar en esta, enristrar su lanza, encadenar los caballos y hacer eldebido uso de las armas de fuego, cargar con ligerezas a pie, apuntar con acierto yvolver a montar violentamente.2ºPara esta enseñanza juntarán los capitanes sus compañías dos domingos de cadames, y [f.6recto] si estuvieran divididas en los ranchos, lo harán los subalternos, enla parte respectiva que le encarguen aquellas.3ºEn los mismos días se les leerán sucesivamente las leyes penales y las obligacionesrespectivas a cada clase, enterándoles de la fuerza de la subordinación y demásreglas instructivas para su acertado proceder.4ºEl papel para cartuchos y balas se cargará al fondo de gratificación de sesenta pesosanuales que señalé, y entregarán los ministros de Real Hacienda del Rosario alcomandante subinspector para atender estos gastos, y al de recomposición dearmas.5ºSufrirá igualmente el costo de conducción de ocho arrobas de pólvora fina queseñalo en el primer año para ejercicios instructivos, y [6verso] y demás objetos enque se empleen los milicianos, las cuales se entregarán por el factor de la renta deltabaco, pólvora y naipes del Rosario, a disposición del comandante, ciñéndose estaasignación en lo sucesivo a seis arrobas.6ºAnualmente se me pasará noticia exacta de los consumos y existencia de pólvora ycuenta del fondo de gratificación, cuidando el comandante subinspector y su

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ayudante de que los milicianos no consuman en usos propios y arbitrariamente loscartuchos de que se les provee para las salidas, y de evitar todo abuso en esta parte.Título 4ºServicio ordinario que debe hacer el cuerpo por constitución, y extraordinario aque podrá ser destinado temporalmente.Artículo 1ºSin embargo de que ninguno de los [f.7recto] individuos del cuerpo provincial deMazatlán, ha de gozar sueldo no haber en tiempo de paz, a excepción de los ochopesos mensuales asignados al capitán Mateo Ortega en el artículo 2º, tít. 2º, será desu obligación custodiar el puerto distante nueve leguas al poniente del pueblo,manteniendo constantemente en él un destacamento de un sargento, cabo ocarabinero y nueve hombres, con los cuales se proveerán una o dos centinelas quevigíen [ronden] y observen la costa, dándose parte al gobernador subinspector, delas novedades que merezcan su conocimiento.2ºEn los mismos términos tendrán obligación de emplearse por partidas cortas en laescolta de caudales pertenecientes a su majestad, conducción de reos hasta lasjurisdicciones inmediatas, y su custodia ínterin [mientras tanto] permanezcan en lacárcel de Mazatlán, sin derecho a exigir sueldo, ni gratificación alguna.[f.7verso] 3ºEl comandante subinspector del cuerpo distribuirá estas fatigas entre los individuosde él, ejecutándose por rigurosa escala.4ºAsí, para el destacamento del puerto como para lo demás prevenido, se proveerá alos milicianos de las armas de fuego indispensables, cuidando el gobernadorsubinspector de recogerlas concluida la acción.5º En un caso ejecutivo de invasión de enemigos sobre el puerto, podría elsubinspector comandante del cuerpo, el todo o parte sobre las armas, para acudir asu defensa o la desde la costa próxima, donde intenten desembarcar; pero fuera deél, nunca se tomará semejante providencia sin preceder orden de esta superioridad,a la cual se dará cuenta sin dilación [retraso] de la novedad que obligue a ello, para[f.8recto] que prevenga lo demás que puedan exigir las circunstancias.6ºTambién se destinará el todo o parte del cuerpo a guarnecer los presidios deSonora, su hubiera urgencia grave que estreche [obligue] a ello o fuere precisoemplearlo en contener alborotos que sobrevengan en los indios Pimas, Mayos yYaquis, precedida resolución mía o de mis sucesores, gozando en tal caso y en el delartículo antecedente, los oficiales y tropa, los sueldos y haberes señalados en elprimero del título 2º, los cuales se pagarán por Real Hacienda.7ºSi concurriere a estas salidas el capitán Mateo Ortega, disfrutará la paga asignada alos demás oficiales de su clase, pero cesándole ínterin este empleado en ella losocho pesos mensuales que le ha concedido su majestad.8ºSin conocimiento del comandante no podrá [f.8verso] emplearse esta tropa encomisión alguna a excepción del auxilio a la justicia, bien que aún en este casosiempre se dará noticia sino fuere muy ejecutivo franquearlo.9ºSi el auxilio pasase de un día, deberá, el que lo pidiere, socorrer a los milicianos contres reales diarios, con cuatro a los cabos y carabineros, y con cinco a los sargentos.Título 5ºProvisión de empleos, fuero y goces de los milicianos.Artículo 1ºEn vacante del gobernador, se dará cuenta a esta superioridad por el tenienteayudante veterano, para que se provea interinamente el empleo, y en la de este por

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el primero, a fin de que se nombre alguno de los tenientes retirados si hubiera apropósito o se ejecute de los contario en el alférez vivos, según convenga optando,[f.9 recto] si recayere el empleo en oficial de esta guarnición a la de tenienteveterano.2ºCuando vacare alguna compañía, formará el subinspector la propuesta en la clase detenientes dirigiéndola triplicada a esta superioridad, para que se expida el despachoal más benemérito, pero las de subalternos se harán por los capitanes.3ºLa provisión de sargentos se ejecutará a propuesta que pasará el capitán de lacompañía, donde ocurriere la vacante, al comandante subinspector del cuerpo, yesta aprobará el que le parezca. Las plazas de cabos las nombraran por sí loscapitanes.4ºLos oficiales sargentos, tambores, cabos carabineros y soldados de estas milicias,gozarán el fuero militar en los términos que lo disfrutan los demás de su clase,conociendo de su causas [f.9 verso] el comandante subinspector de ellas y por sudefecto el ayudante.5ºSi determinadas las civiles en primeras instancias, apelasen las partes, se lesadmitirán los recursos que interpongan en los casos que hubiere lugar en derechopara esta comandancia general, remitiéndose a la misma las criminales en estadopara su sentencia y determinación del rey, explicada en la real orden de 23 demarzo de 1792, que así se verifique por lo que respecta a las primeras.6ºTodo miliciano estará exento de pagar el tributo mientras sea individuo del cuerpo.7ºDel mismo privilegio gozarán los que habiendo permanecido sirviendo quince añosusen de licencia, siendo trascendental esta gracia a [f.10 recto] sus familias, durantela vida del miliciano y además se le expedirá cédula de preeminencias.8ºPara que el goce de estas exenciones y privilegios, no recaigan en individuos que nolas merezcan, deberá el subinspector comandante, no admitir a la clase de milicianoa ninguno que tenga delito o nota fea, procurando que las vacantes se ocupen congente de honrado modo de pensar y buenos procedimientos.9ºTodo oficial que se retirare del servicio, después de haber servido veinte años, seráacreedor del retiro con goce de fuero y uso de uniforme, pero el que lo ejecute porenfermedad u otra causa justa, haciéndola constar obtará [sic] a los quince a la misagracia.10ºA los individuos de esta milicia, no podrá echárseles repartimiento ni oficio que lessirva [f.10 verso] de cargo, ni tampoco tutelas contra su voluntad, y gozarán de losaprovechamientos comunes a los demás vecinos de la jurisdicción.11ºSerán tratados con la mayor equidad, en los repartimientos de realescontribuciones que se les hagan por sus haciendas y tráficos, y de sus testamentos yabintestatos, sólo podrá conocer el comandante del cuerpo y por su ausencia,enfermedad o comisión, su ayudante veterano.Título 6ºFunciones del comandante del cuerpo y su ayudante, licencia que deberán obtenerlos oficiales y tropas, para mudar de domicilio y salir a diligencias propias, y penasen que incurren los que lo ejecuten sin ella.Artículo 1º

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El comandante hará anualmente la revista general del cuerpo, examinando elestado de [f. 11 recto] la tropa en razón de su instrucción y disciplina, y expedirá laslicencias a los inútiles y viciosos.2ºDe resultas de ella, dirigirá a esta superioridad estado en que se hallare cadacompañía, expresando la alta y baja ocurrida en todo el año y motivos que la hayancausado, con las demás notas que juzguen oportunas a dar cabal idea en que existael cuerpo.3ºLas compañías han de estar siempre completas, y para que se verifique, cuidará elcomandante subinspector de que cada cuatro meses le pasen revista sus capitanes yde que le presenten las correspondientes relaciones, haciendo se remplacen lasvacantes.4ºTendrá el comandante en el cuerpo la jurisdicción y autoridad que su majestadconcedió a los coroneles de las milicias provinciales, por la real declaración [f.11verso] de 30 de mayo de 1767, a la cual deberá arreglarse en los puntos que no vanprevenidos en este reglamento.5ºPor ausencia, enfermedad o muerte del gobernador de Mazatlán, lo sustituirá en susfunciones y las de comandante subinspector de estas milicias, el teniente ayudanteveterano.6ºEste tendrá en su poder el libro de filiaciones de todos los individuos del cuerpo dealta y baja, hojas de servicios de los oficiales y demás documentos correspondientes,filiando los remplazos que se alisten.7ºSin licencia del comandante, solicitadas por conducto del capitán, no podrá ningúnmiliciano pasar a domiciliarse a otras jurisdicciones, y el primero concederá elpermiso siempre que haya justa causa, procediendo a remplazar la vacante.[f.12 recto] 8ºPara las diligencias que se les ofrezcan dentro de la jurisdicción no necesitanlicencia alguna, pero si hubieren de salir de ella, la pedirán al comandante, quien sela dará por escrito, por todo el tiempo que la necesitaren, sin llevarles cosa alguna.9ºDel mismo modo podrá concederla con causa legítima a los oficiales, pero si algunode estos pidiere para territorio que no esté comprendido en las provincias de micargo o para venir a presentarse en esta superioridad, deberá solicitarla de ella porconducto del comandante.10ºEl miliciano que se ausentare sin licencia sufrirá dos meses de prisión. Si reincidiereen esta falta, se le impondrá el mismo castigo y perderá todo el tiempo que hubieraservido, empezándolo de nuevo de último soldado.[f.12 verso] 11ºLos sargentos y cabos, serán mortificados en iguales casos por la primera vez conlos mismos dos meses de arresto, y por la segunda, depuestos de la gineta oescuadra, continuando de últimos soldados.12ºEl oficial que se viere en necesidad de mudar de domicilio, lo hará presente a estaComandancia General, por conducto del comandante del cuerpo, quien informará loque le constase y, cuando el motivo fuere legítimo, se le concederá el permiso y suretiro con goce de fuero y uso de uniforme, si hubiere servido veinte años, pero sino tuviere este tiempo, quedará sin el carácter de oficial en el paraje donde seestablezca.Título 7

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Sobre casamientos y penas en que incurren los que la ejecutaren sin la licenciarespectiva.[f. 13 recto] Artículo 1ºEl gobernador de la jurisdicción de Mazatlán, su teniente ayudante mayor veterano,no podrán casarse sin licencia de esta superioridad como oficiales veteranos,solicitada con las formalidades prevenidas en el reglamento del monte pío militar yposteriores reales órdenes.2ºLos oficiales milicianos deberán pedirla al subinspector comandante del cuerpo,quien la concederá constándole la buena opinión del contrayente, y que uno y otrotienen el respectivo consentimiento de sus padres, mayores o tutores, conforme a loque su majestad tiene mandado observar en esta parte, y los sargentos, cabos ysoldados, han de obtenerlas de sus respectivos capitanes.3ºEl que casare faltando a estos requisitos [f.13 verso] será depuesto inmediatamentedel empleo si fuere oficial, si sargento o cabo, sufrirá dos meses de prisión,quedando de último soldado, imponiéndose la misma al miliciano que incurriere ensemejante delito.Título 8ºSobre diversos puntosArtículo 1ºEn este cuerpo no ha de haber cadete alguno, y todos los individuos pasarán por laescala de cabos y sargentos a oficiales, a excepción de que por servicios distinguidosse haga acreedor de preferencia.2ºLos oficiales que por sus desordenes o mala conducta no merecieren continuardisfrutando este honroso carácter, serán separados de sus empleos por mi o sussucesores, previa la correspondiente sumaria que les formará el comandante delcuerpo para justificar [f. 14 recto] sus delitos, y serán castigados con proporción aellos.3ºEl mismo jefe será responsable de que no se abriguen malhechores y prófugos enesta jurisdicción y cuerpo de su cargo, vigilando que ninguno de sus súbditos losoculte o proteja, y que no falten al respeto debido a la justicia, bajo el concepto deque calificada la contravención serán severamente castigados.4ºCuando por mi o mis sucesores, se destine el todo o parte de las milicias fuera de lajurisdicción, se señalará el número de caballos que hayan de tener entonces susindividuos con reflexión a las distancias en que hubieren de hacer el servicio, y a laclase de fatigas en que fueren empleados, considerándose a las plazas de prestigio,la gratificación mensual proporcionada para que subvengan [f. 14 verso] a lacompra de dichos caballos o proveyéndolas de ellos de cuenta de Real Hacienda.Chihuahua 28 de octubre de 1794Manuel Merino [Rúbrica]

4. Comentarios finales

29 Tomo prestadas dos interrogantes de varias que se hace Ben Vinson trata el tema de las

relaciones entre el Estado colonial y las milicias de pardos y morenos en la NuevaEspaña, para ejercitarlas sobre el caso atendido ¿cuál era el significado del serviciomilitar en sus vidas?, ¿mejoraría su situación social? (Vinson 2005, p. 47).

30 Ambas preguntas implican, con escasa diferencia, una misma respuesta. Integrase a la

milicia significó para los pardos una gran oportunidad, les permitió atenuar lasbarreras que imponían la raza y origen social, al mismo tiempo que les permitió

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mejorar su estatus jurídico, puesto que una de las estrategias que implementó la Coronapara “asegurar” su lealtad y cooperación fue exentarlos del pago de tributo y otorgarlesel privilegio del fuero.

31 En el caso particular de los pardos que integraron el cuerpo de caballería ligera de

Mazatlán, se confirma lo antes dicho, basta con observar el rango de edad en el que seintegraban y jubilaban de la corporación (véase Tabla 1).

32 ¿Por qué incorporarse tan jóvenes a la milicia?, ¿por qué permanecer tantos años en

ella, hasta casi perpetuarse?, como se puede observar en algunos casos: Lázaro Ybarra(87), Domingo Lobato (88); Diego Gamboa (80), Juan Santos Herrera (79). La respuesta seencuentra líneas arriba, los milicianos supieron aprovechar las dinámicas políticas de laépoca, conocieron y supieron sortear las opiniones en su contra y ejercer su derecho12.

33 El Reglamento nos permite acercarnos a este mundo de “marginales”, quienes tuvieron

la oportunidad de encauzar su labor en beneficio de su corporación, pudiendo serobservados ahora, desde lo que Juan Manuel de la Serna denomina “cultura jurídica”(Serna 2012, pp. 101-119).

Clase Nombres Edad de retiro Servicios Años de entrada al servicio

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Sargento

Ídem otro

Ídem otro

Ídem otro

Ídem otro

Tambor

Cabo 1°

Soldados

Francisco Xavier Morales

Pedro Ramón Moraira

Juan de Mata Ibarra

Manuel de Ibarra

Juan Ramos

Nicolás Rodríguez

Cristóbal Moraira

Lázaro Ybarra

Guadalupe Aranguren

Diego Gamboa

Agustín López

Adriano Ibarra

Patricio Ibarra

Miguel Aranguren

Alberto Morales

Clemente Rodríguez

Ventura de Osorio

Severiano de Ureña

Matías Hernández

José Miguel Rodríguez

Francisco Pereda

Ramón de Ortega

José Aguilar

Fermín Samudio

Domingo Lobato

Juan José Bastidas

José Rodríguez

Juan Santos Herrera

Tomas Moraira

Vicente Ibarra

José Irive

Rafael Moreira

Leonardo Ibarra

Patricio González

Luciano Espinoza

Matías Pardo

Alejandro García

Sebastián de Peraza

Bernardo de Lugo

Alejandro Vásquez

Atanasio de Ibarra

José de Ureña

Juan Antonio de Ureña

Francisco de Ibarra

Vicente Cañedo

José Calderón

Domingo Cañedo

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Tabla 1. Relación de los individuos de la compañía provincial de caballería ligera del pueblo de SanJuan Bautista de Mazatan, con expresión de clases, nombres, edades y servicios acreedores a suretiro, 179413.

4. Fuentes

34 Archivo Histórico Municipal de Parral (Chihuahua), Invasiones, Caja 1, Expediente 1,

1689-1690.

35 Archivo General de la Nación, Argentina, Guerra y Marina, L. 2, Exp. 6. 1768-1774.

36 Archivo General de la Nación, México, Indiferente Virreinal, caja 3458, exp. 30, 1772.

37 Biblioteca Nacional de México/Archivo Franciscano, Fondo Reservado, Rollo 11, 1793.

38 Portal de Archivos Españoles. Archivo Histórico Nacional, España, Diversos-Colecciones,

32, n.11, 1636.

39 Portal de Archivos Españoles. Archivo General de Simancas, SGU, LEG, 7023, 13, 1794.

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NOTES

1. La parte introductoria del presente ensayo se retoma de una investigación más extensa que he

realizado recientemente, intitulada: “Privilegios de una minoría. Los milicianos pardos de San

Juan Bautista de Mazatlán (segunda mitad del siglo XVIII)”, en donde se exploran, más allá de la

valía del documento base, las motivaciones para alistarse en el cuerpo de defensa. También se

expone el uso que dieron al derecho los milicianos siendo una minoría, lo que posibilitó a los

pardos integrarse a la milicia y atenuar las barreras que imponían la raza y origen social,

mecanismo claramente identificable en otras latitudes de la América española.

2. La presencia de naves europeas en la costas de la zona del Pacífico datan del siglo XVII, así lo

denotan las cartas que don Pedro Arteaga envió al marqués de Cadereyta, virrey de nueva

España, comunicando la posible presencia de naves enemigas en las costas de la Purificación y

Compostela. (PARES/AHN, España, Diversos-Colecciones, 32, n.11, 1636, ff. 1r-4r). En 1687

arribaron a Mazatlán embarcaciones de piratas, “echándose a tierra más de cien hombres que se

apoderaron de este pueblo, en que estuvieron alojados tres años, y a su retirada incendiaron el

templo y las casas…” (Saravia 1993, p. 266). Véase al respecto el “Testimonio de las diligencias

para el auxilio por la invasión de piratas en las costas de Chiametla y cuyo objetivo era invadir

Mazatlán, el Real del Rosario, Tepique, Compostela y Yacatula”. (AHMP, Invasiones, Caja 1,

Expediente 1, 1689-1690).

3. Había que estar pendientes de las operaciones que los ingleses realizaban en las costas

americanas debido a las “sospechas de la ruptura de relaciones [con] la Corte de Londres.”

Diciembre 8, 1771. (AGN-A, Guerra y Marina, L. 2, Exp. 6, 1768-1774, f. 5).

4. Instrucción de lo que hasta nueva orden deben practicar los gobernadores de las provincias,

fronteras de este reino de Nueva España. AGN-M, Indiferente Virreinal, caja 3458, exp. 30, 1772, f.

1.

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57

5. Véase al respecto el conjunto de importantes trabajos de (McAlister 1963 y 1953, Archer 1971,

1974, [1977], 1983; Kuethe 1979; Vinson III 2000, 2001; Barney 2007).

6. En su informe…de 1750, el visitador Rafael Rodríguez Gallardo, ubica dos compañías de pardos

más en Sinaloa, en el Rosario y Culiacán. (Informe sobre Sinaloa y Sonora, 1750, 1975, p. 61).

7. El Informe del gobernador militar y político D. Joseph Garibay al Comandante General D. Pedro de Nava

…, se puede consultar también en (BNM/AF, 2274, caja 36/796.1, ff. 1-12 y García 1992, pp.

199-233).

8. El Portal de Archivos Españoles es un proyecto del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

destinado a la difusión en Internet del Patrimonio Histórico Documental Español conservado en

su red de centros. Disponible en http://www.mecd.gob.es/cultura-mecd/areas-cultura/archivos/

portal-de-archivos-espanoles-pares.html

9. Las sensaciones son diferentes bajo esta modalidad de investigación ese gesto artesano de

sentir la “tela entre los dedos” se suprime. No hay olores, no hay forma de pedir consejo al

archivero o al colega de al lado. Resulta sugerente confrontar esta forma —complementaria— de

investigar con la descrita por Arlette Farge sobre la atracción del archivo (Farge 1991).

10. A decir de Omar Guerrero, Revillagigedo fue parte integral de esta nueva clase de

gobernantes, estadistas nacidos y formados con y por la modernización, y que proyectaron a la

modernidad como un concepto de gobierno (Guerrero 1995, p. 232).

11. “Milicias de Pardos de Mazatlán”. PARES/AGS, SGU, LEG, 7023, 13, 1794. 18 fs.

12. A decir de Garibay, había sido un error otorgar poder a los mulatos de Mazatlán, pues su

‘grosero estilo’ había provocado una importante desorganización en la administración del

presidio (Altable, 2000, p. 85).

13. Cuadro elaborado por el autor con información tomada del Reglamento. El original no incluye

la columna donde se establecen los años de entrada al servicio. PARES/AGS, SGU, LEG, 7023, 13,

1794.

ABSTRACTS

The text “Reglamento para el regimiento, servicio y gobierno del cuerpo de pardos de San Juan

Bautista de Mazatlán 1792”, is included in a set of regulations that were established in New Spain

since the mid eighteenth century, as part of a restructuring of the viceroyal army.

In eight titles, the text briefly explains about the requirements for enlisting in Mazatlan’s

military force, the income they would perceive, their duty inside the army, the benefits they

would get there; inter alia, it also has a list of the members of the militia at the moment of its

formation in 1792.

The regulations are related to a well known context: the demanding defense and guard of the

new Spanish seashores, specifically the Pacific coasts to the south of Sinaloa, from the European

powers (France, Russia and England) and the insurgence of the aborigine groups of this area.

El documento “Reglamento para el regimiento, servicio y gobierno del cuerpo de pardos de San

Juan Bautista de Mazatlán, 1792”, se inscribe dentro de la serie de reglamentos formados en la

Nueva España a partir de mediados del siglo XVIII, como parte de la reestructuración del cuerpo

militar del virreinato.

En ocho títulos, el documento da cuenta de los requerimientos para pertenecer al cuerpo de

milicias de Mazatlán, el sueldo que percibirían, los servicios a prestar, los beneficios conseguidos;

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también contiene un listado de sus integrantes al momento de conformarse en 1792, entre otros

aspectos.

El reglamento se liga a un contexto bien reconocible, las exigencias que presentaba la defensa de

las costas novohispanas, particularmente las del Pacífico sur de Sinaloa, ante el acecho de las

potencias europeas (Francia, Rusia e Inglaterra) y las insurrecciones de los grupos nativos de la

región.

INDEX

Keywords: Militia, Pardos, jurisdiction, privileges, Mazatlan.

Palabras claves: Milicia, pardos, fuero, privilegios, Mazatlán.

AUTHOR

WILFRIDO LLANES ESPINOZA

Facultad de Historia, Universidad Autónoma de Sinaloa, México.

Correo electrónico: [email protected]

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59

La “cédula real de los Amaycha”.Contextualización, análisis ytranscripción de un documentocontroversialThe “Amaychas´s Royal Decree” Contextualization, analysis and transcription of

a controversial document

Jorge Sosa

EDITOR'S NOTE

Fecha de recepción del original: 07/04/2014Fecha de aceptación para publicación: 15/12/2014

Introducción y objetivos

“Al Sr. Juez de Primera Instancia.Juan Solis Ovando en las diligencias que ha iniciado contra Don Filemon Palavecino sobre entrega de la cédula real de los indios de Amaicha, y la protocolizacion de la expresada cédula, ante su señoría como mejor prueba expongo: ”1

1 En el contexto de mi investigación doctoral 2 hube de enfrentarme con lo que

comúnmente se conoce como la “Cédula Real de los amaichas” con la intención degeorreferenciar la misma, es decir poder hacer un mapa del territorio cedido a los“amaichas”3.

2 Tratar con documentos antiguos suele representar un dolor de cabeza por distintas

razones, pero en el caso de esta “cédula” el problema parecía zanjado ya que el texto deeste documento había salido a la luz tempranamente de la mano de investigaciones

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folclóricas (Carrizo 1937, Cano Vélez 1943, Reyes Gajardo 1966) y sociológicas (Román yMullet 1949, Isla 2002). Sin embargo, a poco sondear estas versiones de la cédula, notéciertas deficiencias —algunas de las cuales se podrían deber al problema que generatoda copia de copia— que me llevaron a sospechar de la confiabilidad de estas versionespara entender el contenido de la cédula4. No quedaba más remedio entonces querecurrir al documento “original” y hacer una transcripción, pero ¿cuál original?

3 Si bien desde un principio sabía que esta búsqueda estaba condenada al fracaso (ya

varios investigadores pasaron por archivos nacionales e internacionales buscando lacédula de 1716), con probar nada se perdía, y, por el camino, seguro aparecerían otrosmateriales de interés. En base a una nota de Reyes Gajardo (1966, p. 53), a la lectura dedos folletos (uno impreso y hecho por Amaicha en 1996 y otro más rústico hecho enbase a fotocopias por parte de Quilmes en 1998), en donde supuestamente se reproducíala “Cédula Real”, más los datos aportados por Lorena Rodríguez5 y los del “IngenieroMedina”6, finalmente di con el Protocolo 36 (Figura 1), que contiene la protocolización dela “cédula”. Si bien nunca di con la cédula original, trabajar con el material de laprotocolización permitió confirmar que tratar con documentos antiguos representasiempre una oportunidad de descubrir pistas encadenadas que llevan a re-interpretarlo que parecía ya fundado y replantearse los problemas originales de investigación.

4 En este cas, el título mismo con que es mencionado el texto (“cédula de los Amaichas”)

comenzaba a ser cuestionado por la misma “cédula”, ya que el documento a tratar esuna copia de una merced de tierras hecha a favor no solo de los amaichas, sino de unconjunto de pueblos: los “Pueblos del Bañado de Quilmes, San Francisco, Tio Punco,Encalilla y Amaicha”, en la persona de quien sería el cacique de todos esos “pueblos”,por entonces “Don Francisco Chapurfe”. Evidentemente se trataba de un texto máscomplejo de lo que en un principio podía parecer, y a la vez controversial.Tempranamente, Reyes Gajardo (1966) había señalado puntos de no concordancia entrelos personajes mencionados y las cronologías implícitas, y la dificultad de entenderidiomática y geográficamente ciertos pasajes del texto. En base a estas dificultades ydiscordancias se ha llegado a plantear la imposibilidad de entender el texto y no hafaltado incluso quien sospechara de la autenticidad del mismo.

5 En base a estas primeras consideraciones, los objetivos que nos propusimos desarrollar

aquí son: a) ofrecer una transcripción textual de la “cédula”, b) hacer una comparacióncon las versiones históricas conocidas y analizarlas, y c) discutir sobre ciertosacontecimientos del contexto histórico inmediato previo (1872-1892) al que se llevó acabo la protocolización de la cédula, que pueden ser considerados claves para laconsecución de la misma. Evidentemente queda como trabajo pendiente tanto unanálisis diplomático del documento (actualmente en curso) y el análisis integral delcontenido del mismo, que dada su extensión reservamos para otra oportunidad7. Porello, a pesar del gran abanico de temas conexos que abre la discusión del textocedulario, pero por razones lógicas de adecuación al espacio y temática de esta secciónde Registros, aquí no se hablará de oralidad, ni de etnogénesis, ni simbolismo, etc., nopor desconocerlos o restarles importancia (ver Sosa y Lenton, 2009), sino porque dadala complejidad de su manejo, los mismos son abordados en la tesis de doctorado8.

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Qué es qué

6 Antes de pasar al tema principal, es necesario hacer ciertas precisiones respecto al

documento que se presentará y definir de qué se estará hablando cuando se mencionentérminos como “cédula”, “original”, “copias” y “transcripción”.

7 Si bien el texto es conocido ampliamente como “Cédula Real”, la lectura del documento

permite establecer la categoría de intervinientes y el asunto que se trata: oficialesespañoles ratificando una donación de tierras; por lo que podemos afirmar que el textocorresponde a una merced de tierras antes que a una Real Cédula ya que esta, como señalaReal Díaz (1970, p. 225) era “un documento eminentemente dispositivo y se convierteen el vehículo normal de relación entre el rey y las autoridades indianas. Encierrageneralmente un precepto de gobernación”.

8 El documento, según se lee, se trataría de un testimonio de una merced de tierra, hecho

en Buenos Aires durante el siglo XVIII9. Los testimonios o traslados son un tipo de “copia autorizada en que además del documento reproducido se añade cierta fórmula queacredita su autenticidad como tal copia, y la reviste de la fe pública”. Están validadascon la fe notarial “la cual le hace suplir con toda su fuerza jurídica al original” (RealDíaz 1970, pp. 30-38).

9 Establecida esta diferenciación, podemos decir que el documento que analizaremos es

un Testimonio fechado en 1753 y por lo tanto sería el documento escrito más antiguoconocido hasta el momento en donde se refiere el texto que años más tarde sedifundiría bajo el rótulo de “la cédula real”. Es en base a este reconocimiento depreexistencia cronológica documental que nos referiremos a él como original, auncuando el verdadero “original” sería el documento cedulario que hasta ahora no ha sidoencontrado, ya sea por estar perdido, destruido o traspapelado10.

10 Como se verá en detalle luego, en 1892, por pedido del representante de los amaichas,

se realizó la protocolización del testimonio. La protocolización es un procedimientoadministrativo mediante el cual se incorpora un documento al libro de protocolos, el cualno es otra cosa que una colección de documentos que reúnen ciertas característicasreguladas por ley (en este caso, escrituras de Gobierno de Tucumán), ordenadoscronológicamente, encuadernados y numerados correlativamente. Dichos documentossuelen denominarse matrices por ser a los que se recurre en caso de necesitar copiaspara distintos procesos legales. La importancia del acto de protocolización de undocumento radica en que tiene como efecto directo dar certeza y constancia anteterceros sobre la existencia y legalidad del documento. En el caso que nos ocupa, elproceso de protocolización para lo cual se hace una escritura, prácticamente convirtió altestimonio en un documento indubitable.

11 Habiendo quedado el testimonio incorporado al acto protocolar, el representante de los

amaichas solicitó se le hiciese copia del mismo y de la escritura de protocolización, lascuales le fueron hechas en papel timbrado. Dichas copias fueron a manos de lacomunidad, concretamente a las del entonces cacique Timoteo Ayala, y son las quesirvieron muchos años después para ilustrar los folletos a los que hicimos referenciapreviamente. En base a esto y a ciertos detalles del texto de la “cédula”, proponemosque estas copias otorgadas por el gobierno de Tucumán a la comunidad a través de surepresentante fueron el origen de las posteriores transcripciones aparecidas en trabajosacadémicos. Si bien aún debemos plantear esto a modo de hipótesis, creemos haber

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identificado así la fuente que originó una tradición de copias de copias o versiones ,generando (en algunos casos por errores en la copia) una información distorsionadaque, al ser retomada por autores posteriores que confiaron en su fuente, generó erroresde interpretación. Una de las formas de guardar este tesoro enviado por el gobierno hade haber sido su ocultamiento físico, y otro paralelo parece haber sido sumemorización11, lo cual colaboró para crear un halo de misterio en torno a la “cédulareal”12.

Presentación de la fuente

12 El documento que aquí se presenta forma parte del acervo del Archivo Histórico de

Tucumán13 y se encuentra inserto en un tomo correspondiente a la Sección Protocolos14,Protocolo 36, Tomo 3º, Serie C, año 1892, folio 1417 (r/v). El tomo ingresó al AHT desdeel Archivo Intermedio, el día 7 de octubre de 2011, y fue fotografiado el 5 de octubre de2012. El documento se compone de un folio (recto y verso) de papel sellado con elprecio determinado por la ley del timbre. De aspecto amarronado, se encuentra enestado regular de conservación, mostrando bordes rotos, una rajadura en sentidohorizontal que atraviesa y casi corta por la mitad al documento, y manchas residualesde pegamento de cinta adhesiva transparente (dispuestas vertical y horizontalmente)colocada con mucha anterioridad al ingreso del Protocolo al AHT.

13 La letra utilizada es cursiva, compacta y sin ornamentaciones, sin embargo el trazo de

los caracteres revela cierta sobrecarga de tinta que con el tiempo transcurrido seconvirtieron en manchas que en algunos casos, como el fin de palabras con vocales,dificulta su lectura. La estructura del texto es en bloque, sin tabulaciones y conmárgenes ajustados. En el recto, el margen izquierdo es de aproximadamente 2 cm,mientras que el derecho es el mínimo, estando afectada ese lado de la hoja por unproceso de destrucción del borde (ver Figura 2), el margen inferior es deaproximadamente 1,5 cm. En el verso el margen superior es de unos 2 cm, mientras queel izquierdo y derecho son los mínimos hasta pasada la mitad de la foja a partir de lacual se deja un margen de unos 2 cm.

14 La tinta15 presenta cierta decoloración hacia un tono café, no presenta halos pero sí

claras evidencias de transminado o migración (que a veces entorpecen la lectura deltexto), con escasas afectaciones mecánicas (perforado) sobre el papel. Lascaracterísticas generales señaladas apuntan a que se trata de una tinta ferrogálica,desbalanceada tipo II (Odor Chávez 2009). Solo análisis no destructivos mediante tirasreactivas u otros más avanzados como los planteados por Mendoza Cuevas et al. (2009)permitirían conocer mayores detalles sobre la tinta.

15 Los folios fueron fotografiados usando una cámara compacta Sony, con una resolución

de 3167 x 4828 píxeles, lo cual permitió trabajar con ampliaciones sin cuadriculaciones.

16 El documento fue transcripto literalmente, siguiendo las Normas de Edición y

Transcripción de los Documentos sugeridas por Corpus16, publicación electrónicadependiente de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de laUniversidad de la República de Uruguay. Estas normas, más modernas y con algunasdiferencias respecto de las Normas para la Transcripción de Documentos HistóricosHispanoamericanos de 1961(Ver PRIA 1974 y Tanodi 1992), más frecuentemente usadas,ha sido preferida por cuanto minimizan la intervención del transcriptor, alientan lastranscripciones que respetan la ortografía original y desalientan las normalizaciones

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modernas del texto. Por otra parte las normas de 1957 y 1961, si bien gozan de un usomás amplio localmente, han sido cuestionadas casi desde el comienzo de las mismas(Garcés 1961), y hasta se ha propuesto que “la posible sustantividad de las normas detranscripción parece que debería exigir un anticuado objetivo” (García Lagarreta 1979,p. 182), ya que como formuló Floriano Cumbreño

17 El criterio para la realización de las transcripciones dista mucho de estar unificado. La

causa de ello es bien conocida: cada uno transcribe los documentos con arreglo a losfines que se propone llevar a cabo con su transcripción, y como estos fines son muydiversos, claro es que los procedimientos de transcripción habrán de ser por completodiferentes. (1946, p. 99)

18 Si bien, como señalaba López Villalba (1998), parecería una paradoja encontrar

múltiples normas contraviniendo así la esencia misma del término norma, recientestrabajos modernos de otras latitudes muestran también esta necesidad de flexibilidad yadecuación al material particular que se trabaje, sin que por ello no se tome en cuentalo ya formulado o se incurra en una anarquía que imposibilite compartir método yresultados (Romero Andonegi 2006). De hecho, las mismas Normas de transcripción y

edición de textos y documentos del C.S.I.C. de 1944, se presentaban a sí mismas “más biencomo consejos y recomendaciones que como reglas rígidas e inalterables” (p. 3).

19 Entendemos que por el tipo de contenido del documento (en donde abundan

toponimias, gentilicios y expresiones anacrónicas) era menester tratar de mostrar elmismo de manera cruda, para comparar el material resultante con las versionesmodernas que se conocen del mismo. De esta manera el rol del transcriptor se limita alimpiar visualmente el documento de origen, sin intervenir, en primera instancia, conel significado de los grafemas. Por otra parte encontramos sumamente útil la propuestade las Normas de Corpus, respecto a la numeración de los renglones ya que facilita latarea de verificación de los eventuales lectores. Por último, mantener el estilo deexpresión utilizado por el escribiente del documento puede ser útil para objetivos deanálisis distintos a los seguidos en este artículo.

20 Si bien en el documento analizado la letra utilizada corresponde a una bastardilla

(sensu Tanodi 1992), para algunas partes de su interpretación se recurrió a la consultade algunos manuales de paleografía y abreviaturas (Silva Prada 2001, Tanodi 2001,Carlin 2003), aunque con escasos resultados.

21 El documento se estructura siguiendo el formato de las mercedes de tierra, en donde el

escribano interviniente nombra a los actuantes, el lugar geográfico en donde se realizala merced, algún ritual asociado a la posesión de la tierra, acto de fe y cierre.

El contexto documental

22 El documento que nos ocupa es el puesto como cabecera de un oficio que va desde la

foja 1417 hasta la 1426, aunque podría llegar a hablarse de 3 documentos:

23 a) el Testimonio de 1753 que ocupa la foja 1417 (r-v);

24 b) los antecedentes, contingencias y pasos seguidos para lograr la protocolización, que

van de las fojas 1418 (r) a 1426 (r); y

25 c) la escritura de protocolización en la foja 1427 a 1428 (r).

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26 No obstante esta división, solamente el análisis del contenido de las tres partes permite

tener una idea completa de la significancia de este proceso.

27 Según se lee en los antecedentes, existe una demanda interpuesta contra Don Filemón

Palavecino, sobre “exhibición de una cédula real”. El representante de los “indios de lacomunidad de Amaichas y Colalao”, el Sr. Juan Solís Ovando, manifiesta mediante notadel 30 de junio de 1892 la necesidad de protocolizar la “cédula” que expone y que se ledé copia, por ser esta “muy antigua y de mucha importancia de los intereses” querepresenta. Con algunos escollos menores, finalmente la “cédula” exhibida esprotocolizada el 30 de noviembre de 1892 mediante Escritura número 582, fojas 1427 y1428, por el escribano de gobierno Maximio (sic) Sánchez. En la misma se hacereferencia a la relación entre esta escritura y los juicios que Sigifredo Brachieri teníainiciados contra los amaichas, de los que Ovando solicita ser parte representante.Finalmente el 7 de diciembre de 1892, se le entregan a Ovando las copias de la escritura,de la cédula y demás escritos, para que “surjan los efectos que en derecho haya lugar”.

28 Esta protocolización prácticamente significó el cierre de un largo pleito iniciado en

1796 a través de una demanda interpuesta por el “juez y cacique” del pueblo de losamaichas, don Lorenzo Olivares, contra Nicolás Aramburu (vecino de Cafayate,provincia de Salta). Este pleito, que ha sido ya trabajado en detalle por Rodríguez (2009)se prolongó durante todo el siglo XIX, cambiando (por razones de fallecimientos yherencias) de representantes en ambos bandos y matizado por una serie de avances yretrocesos a favor de unos u otros litigantes; pero tuvo un punto de inflexión en 1872,cuando el gobierno de Tucumán dictó una sentencia a favor de Brachieri17.

29 El 30 de junio de 187218 “Balentin Armella”, por entonces comandante militar del

departamento de Encalilla19, envía desde Colalao (donde residía) una carta al ministrode gobierno Eudoro Avellaneda20. Gracias a esta nos enteramos que el gobierno de laprovincia había ordenado se le dieran en posesión a Brachieri los terrenos en litigio, locual se vio frustrado por el “motín” de los amaichas. El motín, como lo denominaArmella en su carta, no pasa a mayores, pero la decisión del gobierno, que contraría lassentencias de primera y segunda instancia del año 185021 y 1858, provoca que un vecinode Encalilla, Juan Pablo Pastrana, haga un viaje hasta Buenos Aires, para buscar elexpediente que a fines del siglo XVIII había tramitado Olivares ante la Audiencia. Al noencontrar dicha documentación, Pastrana presenta una carta el 28 de septiembre de1872 al Poder Ejecutivo Nacional para obtener ayuda, con la suerte (?) de que en esemomento el ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública de la Nación, NicolásAvellaneda (hermano de Eudoro), también ostentaba el cargo de Ministro de Interior22.Como sostiene Herrera (2009, p. 3), este era uno de los ministerios más importantes porsus funciones de “agencia de desarrollo” y a través del cual el gobierno de Tucumánobtuvo numerosos favores del gobierno nacional. Como sabemos, quien se hallaba en lapresidencia en ese momento era Domingo Sarmiento, quien no se caracterizabajustamente por su simpatía hacia las poblaciones indígenas. Es de presumir que elasunto que proponía Pastrana fue tratado sólo por Avellaneda, ya que es elDepartamento de Justicia el que se encarga de transcribir la carta y responderle aPastrana. Las transcripciones de la carta y la respuesta fueron enviadas al gobierno deTucumán el 1º de octubre de 1872. De la respuesta entregada a Pastrana se rescata queel Departamento de Justicia aclara que el Poder Ejecutivo Nacional no podía interferiren cuestiones administrativas propias de la provincia, pero que con esta nota se dirigíaal gobierno de Tucumán “recomendando a su equidad este asunto, a fin de que haga lo

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que sea legalmente posible en su favor”23. Si bien parece una contestación de rutina, lastres últimas palabras “en su favor” son todo un guiño a favor de los intereses de losindios de Amaicha. Y para que quede clara cuál era la visión que se tenía del conflicto eldía 2 de octubre, el mismo Nicolás Avellaneda envía una carta en papel sellado de supropio ministerio al gobernador de Tucumán, Federico Helguera, de cuyo contenido sedesprende que el ministro había tenido oportunidad de obtener más detalles que losexpresados en la propia carta de Pastrana, por lo que no sería raro que este hubiesetenido la oportunidad de hablar personalmente con el ministro24.

La suerte de 300 familias indígenas que ocupan terrenos poblados por sus abuelos, ya lo que tienen vinculados sus afecciones, sus intereses y sus tradiciones, no puedeser indiferente. Si ofrecemos nuestro suelo con anhelo al extrangero, si fomentamos la formaciónde colonias ¿cómo no mirar con interés esos grupos de poblaciones pacíficas ylaboriosas que la mano del tiempo ha arraigado en medio de nuestro campo?Aparte de estas consideraciones de equidad, hay otras de distinto género que noescaparán a la ilustración de V.E.Así el PEN ha creído que debía interesar a VE en su favor, pidiéndole que por losmedios legales que repute conveniente, acoja y favorezca a los peticionarios.25

30 Si bien el texto da lugar a numerosas reflexiones, solo me limitaré a señalar aquellas

específicas al tema. ¿De dónde obtiene el número de 300 familias? El censo de poblaciónde septiembre de 1869 nos informa de 1439 habitantes pero no señala número defamilias.

31 En primer lugar es remarcable el hecho de la premura con que fue tratado todo. El

“motín de Amaicha” fue el 30 de junio, Pastrana viaja y el 30 de septiembre presenta lacarta, al día siguiente tiene respuesta del gobierno y, al otro, Avellaneda escribe surecomendación. ¿Cuáles son los resortes que supo o pudo activar Pastrana para recibiresta atención?

32 Es interesante cómo en la defensa que hace por los peticionarios, Avellaneda apela no

solo al aspecto económico de la ocupación del terreno (“sus intereses”) que es el temaque se explicita siempre en los oficios judiciales de los pleitos, sino a cuestioneshumanísticas como los afectos y la tradición, introduciendo así en el área discursivaelementos que en el futuro formarían parte del discurso indígena a la hora de plantearla defensa de un territorio26.

33 Llama la atención también como posiciona Avellaneda (quien 4 años después

promoverá la sanción de la Ley de Inmigración) a los amaichas, al colocarlos en unplano opuesto a lo extranjero, y cuidándose de considerarlos un grupo distinto a unacolonia. Por otra parte, a pesar de las advertencias de Armella (el motín de Amaicha),Avellaneda los califica como pacíficos y laboriosos27. Esta imagen de los “indígenas” deAmaicha es fundamental a la hora de prestar su apoyo al pedido, lo cual contrasta conla visión que expresará pocos años más tarde (1878) al hablar de los “indios de laPampa”28.

34 Si bien el final de la carta es contundente (dice el Presidente que por la forma que

pueda favorezca a los peticionarios), en el párrafo anterior queda suspendida unasugerencia más que intrigante y creo que aún es necesario trabajar para encontrar suclave, ¿cuáles son las otras consideraciones “de distinto género” que el gobernadorconoce y que Avellaneda le recuerda al oído para que no podamos escuchar?29

35 En contraste con la premura demostrada por el gobierno nacional en tratar el asunto, el

provincial acusa recibo de la carta de Avellaneda recién el 21 de noviembre. Sin

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embargo los problemas entre los amaichas y Brachieri parecen haber entrado en unimpasse, o al menos los archivos no muestran nuevos movimientos al respecto sinohasta el 20 de diciembre de 1883 cuando el Supremo Tribunal de Justicia publica unalista de las causas seguidas por él entre las que se cuenta, en la categoría de “Enrevisión”, la de “Los indios de Amaicha, Encalilla y Colalao, con los herederos deSigisfredo Brachieri, sobre la posesión de unas tierras” (El Orden , 20/12/1883, p. 1 col.6).

36 Sin embargo lo que sí se nota en ese período (1872-1883) es un cambio a favor del

representante de los amaichas y el estatus de estos, ya que a partir del 29 de julio de1881, a través de una carta del ministro Sisto Terán, Pastrana es nombrado “Capitán yrepresentante general de la Comunidad de Amaycha”30, y pocos meses después apareceya nombrado como “juez de paz”31. Así, Pastrana pasa a ostentar un prestigio que lodistingue de los anteriores “representantes” y a su vez el colectivo “indios” retoma ladesignación de “comunidad”, que si bien había sido utilizada en documentos de 1845 32,a posteriori había sido abandonada. La reintroducción del colectivo comunidad, auncuando por unos años más convivió con el de “indios de”, me parece sumamenteinteresante por cuanto es esta categoría la que se usará luego para interactuar con elEstado, y sobre la que se montó y recreó a través de los estudios folclóricos de fines delXIX y principios de XX (Quiroga 1992 [1929], Carrizo 1937) una imagen romántica de loshabitantes de esa zona.

37 Respecto a la nueva investidura de Pastrana, su período duró poco ya que en octubre de

1882 es destituido de los cargos de juez de paz y comisario por quejas de los vecinos quelo acusan de abuso de autoridad. Esta clase de superposiciones de funciones, quejas ydestituciones era algo frecuente (no solo en la campaña tucumana33), y público34, demodo tal que los que le precedieron35 y los que le sucedieron36 cayeron bajo la mismavara37. De todos modos, gracias a ese viaje fue recompensado con las tierras de ElParaíso (en donde hoy viven sus descendientes), y el lustre del “patriarca” Pastrana hatrascendido en el tiempo gracias a los relatos que aún se transmiten oralmente de él38.

38 Ahora bien, desde el estado de “en revisión” de 1883 hasta la protocolización de 1892

hay un período de 9 años, que puede o no ser demasiado tiempo para sostener unestado de equilibrio, pero que sin lugar a dudas aún es un vacío que requiere trabajo dearchivo si se quiere llegar a explicar: ¿cómo se sostuvo este impasse?, ¿cómo y por quéaparece esta cédula en 1892?, ¿quién y cómo consiguió la cédula?, ¿quién era JuanOvando39 y por qué aparece representando a los “indios de la Comunidad de amaicha”?

39 Para ir cerrando, existe una pregunta que aunque parezca obvia, no es menor: ¿por qué

con la protocolización de la cédula se terminó con un conflicto que había demostradoser tan persistente que superó generaciones de contrincantes (desde Aramburu hastaBrachieri, desde Olivares hasta Ovando), sistemas políticos y revoluciones (desde laColonia a la República pasando por una revolución y guerras civiles)? Creo que granparte de la respuesta está relacionada con cambios macro en el sistema económico de lazona.

40 Si bien la zona vallista durante el período colonial y de transición al republicano habían

resultado ser un ámbito de gran tránsito y de engorde de ganado gracias al comerciocon las minas de Bolivia y Chile (Bazán 1987, Conti y Sica 2011), la re-estructuraciónpolítica del territorio (y con ella la de fronteras) y la apertura de nuevas rutas por elllano (Santamarina 1945) dejó a esta zona apartada del circuito comercial provincial.Hacia fines del siglo XIX las cosas habían cambiado para mal como consecuencia de las

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nuevas políticas de aduanas de Chile, Bolivia y Perú en donde se colocaba el ganado40, alo cual se sumaban los efectos negativos de heladas, granizos y sequías en añossucesivos, algunas epidemias y emigración de la mano de obra local atraída por el augede los ingenios azucareros en Tucumán y Salta (Meister et al. 1963, pp. 31-32).Demográficamente las cosas han cambiado; si el censo de 1862 arrojaba para la zona deEncalilla-Amaicha 1439 habitantes, para 1895 arroja 767 habitantes41.

41 Paralelamente a esto, y fruto de la transformación económica y el régimen de

propiedad de la tierra latifundista en la zona salteña del valle, en Cafayate (de dondeera el litigante original Aramburu) la industria de la vid ya se estaba desarrollando ysacaba su producción a través de Salta. Es decir que hacia el año de protocolización dela cédula, la zona que había sido el escenario de la larga disputa, aparentemente habíaperdido su razón de ser. Si a esto le sumamos la información histórica (Carrizo 1937,Cano Vélez 1943, Bruno 1976, Rodríguez Espada 1984) referida al éxodo de la poblaciónde Encalilla a partir de 1884 debido a la falta de agua, tal vez podamos decir que nosquedamos sin elementos que justifiquen seguir el pleito.

42 Por último, recordando la sugerencia del ministro Avellaneda al gobernador Helguera

en 1872, cabe preguntarse ¿qué motivos podía tener el gobierno tucumano para apoyara los amaichas en sus reclamos? A modo de hipótesis42, es posible plantear que losproblemas de jurisdicción heredados de la época colonial tenían aún tanta vigenciacomo la habían tenido a mediados del XVII con la creación de la ciudad de SanFernando del Valle de Catamarca, y que por ello resultaba conveniente hacer acto depresencia en la zona. El fin de las luchas civiles, permitió que los viejos conflictosterritoriales entre las provincias de Catamarca, Tucumán y Salta volvieran a ser unacuestión a tratar, por lo que tempranamente, en1862 Tucumán se encargó de formarunilateralmente una comisión para el estudio de los “Límites de la Provincia”(Gobierno de Tucumán 1916, p. 64) con la intención de llegar a generar un mapa de suslímites. La población más importante del Valle, Santa María, si bien respondíapolíticamente a Catamarca, en términos prácticos se relacionaba con Tucumán a puntotal de llegar a plantearse la posibilidad de anexión “pacífica” del departamento deSanta María a la provincia de Tucumán43, a diferencia de la que ya había sucedido endiciembre de 1835 bajo el gobierno de Heredia (Zavalía 2003, p. 170)44. Estaconflictividad entre Tucumán y Catamarca, sumada a cierta desconfianza hacia elcomandante Armella (quien tenía lazos comerciales con Salta) promovió que elrepresentante de los amaicha, Pastrana, fuese nombrado en 1881 “Capitán” por elgobernador de Tucumán, y que cuidase las fronteras por “la parte de Santa María”45.

43 No podemos explayarnos más sobre el tema, pero queremos cerrar esta sección

notando que los pedimentos mineros en el Aconquija que existen en los archivoshistóricos de Tucumán y Catamarca, demuestran que los sueños de oro y plata quehabían motivado a los españoles del XVI y XVII aún estaban vivos en las autoridadestucumanas y catamarqueñas, y tal vez explican en parte la conflictividad respecto a loslímites y el compromiso por parte de Tucumán para apoyar argumentos que estuvierana favor de sus pretensiones.

La “Cédula Real” en el siglo XX

44 Hasta no hace mucho, la versión más antigua que se conocía de la cédula era la que

publicara Carrizo (1937), la cual, según comenta en su libro, “algunas personas de la

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localidad saben de memoria” (p. 35) y le fuera dictada por el maestro Ramón CanoVélez46. Algo a remarcar en esta obra es la apreciación respecto a la extensión de los“dominios” de los amaichas, ya que sostiene que esta cédula seguramente los“agrandaba”, y que si bien no da los límites territoriales prehispánicos “es de creer quelos límites de esta merced reproduzcan en gran parte el de sus dominios anteriores…”(p. 36). El mismo Cano Vélez años más tarde en su libro Amaicha (1946) aclara que eltexto que reproduce lo obtuvo de “una copia de la CEDULA REAL, que obra en poder deun vecino” (p. 22), es decir que su fuente de información es escrita y no oral.

45 La siguiente mención de la cédula sería la de Román y Mullet (1949), quienes la publican

en forma de apéndice bajo la designación de “Título originario de la Comunidad deAmaicha del Valle” (p. 47), y si bien no especifican la fuente, el texto es exactamente elmismo que el de Cano Vélez.

46 La única diferencia entre estos tres primeros textos es que Carrizo no incluyó la

presentación que hace el escribano de Buenos Aires, y que entre los firmantes de lacédula, Carrizo escribió “Nievas” mientras que Cano Vélez escribió “Nievar”, lo cual fuecopiado por Román y Mulet pero con un error de cambio de una letra, “Neivar” enlugar de “Nievar”.

47 Posteriormente, Reyes Gajardo (1966) también reproduce el texto citando como fuente

la versión de Román y Mullet, pero agrega como al pasar que “el texto de Cédula real dela Comunidad de Amaicha ya transcripto por varios autores, que lo han tomado de unacopia,…”. Páginas más adelante llamativamente agrega a su fuente una nota que remitea la copia existente en el Archivo Histórico de Tucumán (aun cuando Román y Mulletno consultaron este archivo), de la que menciona que no tuvo tiempo de consultar, perono dice de dónde sacó dicha referencia. Es posible que haya podido ver la carátula de lascopias autenticadas en donde se remite la ubicación del original en el AHT. En 1972,Zerda de Cainzo también reproduce la cédula pero no menciona su fuente ni reproduceel protocolo del testimonio, por lo cual es de suponer que su reproducción parcial lahace desde la copia “que posee Mamaní”47 ya que dice haberla comparado con la deRoman y Mullet.

48 Finalmente tenemos el conocido trabajo de Isla (2002) quien, a pesar de decir que “Dada

la importancia del documento para el entendimiento de la historia amaicheña, como delas prácticas y discursos actuales, lo transcribo a continuación según una presentaciónrealizada ante un ministerio público de la ciudad de Buenos Aires en 1853” (p. 52),reproduce la copia de Román y Mulet, cayendo así en el mismo error que introdujoCano Vélez Vélez desde el principio, ya que el año de entrega del testimonio en Buenos

Aires es 1753, y no 1853 como bien lo señaló quien en realidad es el primero en rescatarel texto íntegro del testimonio: Adrián Canelada48.

49 Pero antes de describir el rol de Canelada en esta cronología, debemos decir que en

realidad la existencia de la “cédula real” entra en la bibliografía académica casiinmediatamente de producida su protocolización. Adán Quiroga y Samuel LafoneQuevedo, dada su prolongada estancia en los alrededores de Amaicha, tuvieron ocasiónde interactuar con los amaicheños de entonces y plasmar tempranamente algunoscomentarios respecto al conflicto por la tierra y a la existencia de la “cédula”. LafoneQuevedo49 (1904, p. 124) dirá:

50 Estos Hamaichas han pleiteado durante un siglo con los ocupantes del Bañado de

Quilmes, y hasta el día de hoy conservan la pretensión de reivindicar parte, sino el todo

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de aquella propiedad. Según los documentos, la familia de Aramburu la ocupaba conpermiso de los Indios Hamaichas.

51 Mientras que Quiroga50 (1912, p. 156) agrega al respecto

52 Por un título otorgado en Buenos Aires, que posee en copia el cacique Timoteo Ayala, de

mayo de 1753, ante el escribano de cabildo, hacienda y guerra, vése que los dominiosdel cacique Francisco Chapurfe se extendían mucho, comprendiendo los siguientespueblos, de los que se le da posesión: Bañado de Quilmes, San Francisco, Tiopunco,Encalilla y Amaycha, de acuerdo con la cédula de abril de 1716.

53 Esta primera mención de la Cédula es importante en cuanto la extrae del ámbito

puramente jurídico (que es en donde fue presentada y validada por el gobiernotucumano mediante su protocolización) y le otorga un carácter semipúblico. Digosemipúblico, por cuanto el público lector de las obras científicas era reducido, pero laposición política que ocupaban algunos de estos lectores jugaría en el futuro un papeldecisivo en el apoyo que brindarían a la comunidad. No obstante esta primera menciónde Quiroga, habrá que esperar hasta el trabajo de Canelada para conocer el texto de lacédula.

54 En 1921, en su carácter de maestro en la escuela de Calimonte, a Canelada le cupo la

tarea de llevar a cabo las entrevistas para colaborar con la Encuesta FolclóricaNacional51. Motivado por un gran interés en la cultura vallista, aportó (a diferencia desus otros colegas provinciales) más de 350 páginas con valiosa información52 sobre losmás diversos temas. En una de las páginas de la encuesta bajo el título “Cédula Real”señala como “narrador” al por entonces cacique “Timoteo Ayala, de 66 años” y escribela siguiente advertencia:

55 Por si pudiera ilustrar algo estos conceptos o encerrara algún interés que yo no alcanzo,

como un dato curioso, tomo copia del documento llamado Cédula Real, en donde constala concesión hecha a los ascendientes de estos habitantes de Amaycha, Calimonte y TioPunco (Canelada 1921, p. 296).

56 Dado que Canelada señala a su fuente de información como “narrador” pero también

usa la expresión “tomo copia” queda la duda de si en realidad el texto que escribe de lacédula es copiado desde una fuente escrita (la copia del testimonio) o dictado. Dada ladiferencia en el texto que él escribe y la que publicara años después Cano Vélez, solopuedo decir que me inclino por la opción del dictado (ver luego nota 53). Ahora bien,dado que la transcripción que hiciera Canelada no ha sido publicada aún, dado que es lamás antigua, y dado es que es la única que originalmente señala correctamente la fechade entrega de 1753, aprovechamos la ocasión para transcribirla literalmente tomandocomo fuente el microfilm del manuscrito.

57 "En esta ciudad de Buenos Aires, a los seis días

58 del mes de Mayo de 1753, ante mi el Escri-

59 bano de Hacienda, Cabildo y Guerra, se pre-

60 sentó un indio de edad como de 75 años,

61 con orden de su Exmo. Sr. Gobernador y

62 Capitán General Don Antonio de Andomaqui,

63 para que le diese Testimonio de los ti-

64 tulos de las tierras de sus indios; dicha orden,

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65 la agrego a los títulos de su referencia, etcr.

66 __ "Nos, los Gobernadores Don Francisco de Nievar,

67 Gerónimo Luis de Cabrera y los Jefes del Ejér-

68 Cito de S.M. Real, Don Pedro Díaz Doria y

69 Don Francisco de Lamercado de Villacorte,

70 reunidos en este paraje de Encalilla para dar

71 la posesión Real al cacique de los pueblos llama-

72 dos “-El Bañado de Quilmes, -San Francisco, -

73 Tio-Punco, Encalilla y Amaycha, Don

74 Francisco Chapurfe, quien nos manifestó la

75 Cédula Real que antes dimos en el año de 1716, en el

76 mes de Abril, en la que se manifiesta que al ser

77 bautizado su padre, el cacique de las ciudades

78 de Quilmes y de todos estos pueblos, Don Diego

79 Utibaitina, se labró y selló con nuestros

80 nombres un algarrobo grande y estando

81 reunida toda la gentilidad de Vacamaca y

82 Lagunas,53 actos en señal de la posesión de tierras

83 de dichos pueblos, entrepasándose estas tus

84 tierras quedó en nombre del rey y Nuestro

85 Señor amparado y ampara es entre dos

86 depas y que en ningún tiempo os han de qui-

87 tar persona alguna omeos han dado los

88 españoles estas tierras y antes si fueren

89 amparadas dichas tierras, que son desde el al-

90 garrobo sellado, línea recta al Naciente has-

91 ta dar con una loma picaza en el Puesto de

92 Masao y de allí por la cuchilla de Aguila

93 Huaci hasta dar con la cima de Los Lam

94 pazos, y de allí, tomando para el Sud, el

95 cordón que bota las aguas para el Valle has-

96 ta dar con el Nevado, y se vuelve para el No-

97 ciente por el cordón que vota las aguas para

98 Tafí hasta llegar a la abra que forma el cami-

99 no que va para este punto y de allí se mira

100 al cerro que está entre N.O. hasta dar con

101 el cordón que vota las aguas para el Tucu

102 mán, y volviendo por este rumbo para

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103 el Poniente, se toma la linea del algarrobo

104 escrito al abra del sud del Morro de San

105 Francisco que mira directamente a la

106 puerta el Chiflón del Río de Vacamaca y

107 por el Norte hasta el Neayacocha y

108 de allí, línea recta al Naciente a un morro

109 alto y siguiendo la línea hasta el cordón

110 que vota las aguas, para el Tucumán y

111 volviendo al Neayacocha linea recta

112 al campo del Mollar en donde plantamos

113 una cruz grande, y de allí se tira línea recta

114 al Poniente al Cerro Grande que está frente

115 a Colalao, quedando este punto y Tolombón

116 y el paraje del Sud de estos pueblos llamados

117 “-El Puesto”- prestados por el tiempo de seis

118 años en poder de Don Pedro Díaz Doria, para

119 hacer pastear, y invernar tropas de mu-

120 las del Ejercito real, gracia que se hizo por

121 haberse empeñado en cuidado con toda su

122 pía armada a nombre de S.M. Real y el para-

123 je de Tafí arrendado a Don Francisco de

124 la Mercado de Villa-corte, para cabras y ovejas

125 de Castilla, bajo cuyos límites damos la posesión

126 Real, temporal, y corporal al susodicho

127 cacique, para él y su indiada, sus here-

128 rederos y sucesores y ordenamos al Gran

129 Sanchez que está a siete leguas del

130 Tucumán abajo, deje venir a los in

131 dios que se le recomendaron por

132 _ _ _ _54 peredo tiempo de diez años

133 para que instruidos volviesen todos a sus casas,

134 como dueños legítimos de aquellas tierras

135 para que las posean ellos y sus descendientes.

136 Así firmamos este acta de posesión real

137 en el referido paraje de Encalilla en dicho día,

138 mes y año=Francisco de Nievar=Gerónimo

139 Luis de Cabrera=Pedro Díaz Doria=Fran-

140 cisco de la Mercado de Villa-Corte=" Es copia

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141 fiel de su original, al que me refiero en caso

142 necesario,= En fe de ello firmo la presente

143 fecha ut supra=año de 1716, mes de

144 Abril=Martín Rodríguez=, firmado_

145 Escribano de Hacienda Cabildo y Guerra.-

146 La segunda transcripción de la cédula es de Cano Vélez, pero en realidad aparece por

primera vez el 30 de marzo de 1924 en una nota de página entera de la edicióndominical de La Gaceta, mas quién se encargó de que esta y otras notas aparecieran fueel abogado Carlos Heller (que años después llegaría a ser presidente de la CorteSuprema de Justicia provincial), quien a su regreso de una excursión por los valles endonde conoció a Cano Vélez, y por su amistad con el director del diario, se encargó deque las notas del maestro fueran publicadas. Sin embargo la versión publicada adolecede errores de armado de imprenta (renglones intercambiados) y como año de entregade la cédula figura “1953” (sic).

147 Unos años más tarde, Mena (1930) transcribe esta versión de Cano Vélez publicada en

La Gaceta, pero corrigiendo la fecha de otorgamiento por 175355.

148 Tenemos en definitiva solo dos versiones de la cédula: la primera es la de Canelada de

1921, y luego la de Cano Vélez de 1924, que en definitiva fue la que sirvió de base a laspublicadas posteriormente.

149 Lamentablemente no sabemos quién exactamente le permite a Cano Vélez obtener su

versión de la cédula, pero se podría decir que la debe haber tomado a posteriori de 1921(ya que no la menciona en los textos que remite a la encuesta folclórica56) pero antes de1924, cuando se publica en La Gaceta. Dadas estas fechas, es de presumir que quien lehaya permitido obtener copia fuese Timoteo Ayala y no Agapito Mamaní (con quientenía una fluida relación según comenta Cano Vélez en su libro), quien sucedió en elcacicazgo a la muerte de Timoteo en 1938, hasta su propia muerte en 196457. Es desuponer que más o menos hasta 1938 Timoteo haya conservado las copias, y que luegopasaran a Agapito. De haber sido Agapito quien le facilitase la copia no se entenderíaqué hacían en poder de él entre 1921 y 1924 y es de suponer que Cano Vélez lo hubiesenombrado en su libro cuando dice

150 como puede verse en una copia de la CEDULA REAL, que obra en poder de un vecino de

esta y que por amistad, conseguimos nos permitiese sacar la copia que va enseguida yque a nuestro juicio tiene cierta importancia. (1943, p. 22).

151 Lo que queda claro de este último párrafo es que a Cano Vélez no le fue dictado el texto

de la copia sino que lo transcribió de la misma. Esta transcripción es la que puede haberservido de fuente a Carrizo y a Heller para sus publicaciones. Lo que no queda claro esel porqué de la equivocación de Cano Vélez respecto al año de 1753. Si bien no he tenidola oportunidad de conocer en persona la copia, en las reproducciones de los folletosmencionados se lee claramente “mil setecientos cincuenta”, por lo que no se puedeadjudicar a un problema de legibilidad.

152 Existe una versión que dice que existían “copias” de la cédula en manos de otros

vecinos de Amaicha. De ser cierta esta versión, no sería ilógico pensar que se tratase decopias manuscritas hechas desde la copia entregada por el gobierno. O podría tratarsede copias facsimilares, pero para este caso ya tendríamos que estar hablando de por lomenos la década de 1960. En este caso también podrían aparecer copias del testimonio

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pero no obtenidas en el ámbito de la comunidad, sino que estas habrían sido obtenidasdel protocolo del archivo de San Miguel de Tucumán donde fue depositado en 1892. Untrabajo de encuesta entre los comuneros podría ayudar a echar luz al respecto.

153 En resumen, existe un testimonio (Figuras 2 y 3) obtenido en Buenos Aires, que data de

1753, que junto a otros papeles y una escritura de protocolización fueron depositadosen el Archivo Histórico en 1892. De este conjunto, el gobierno de Tucumán por pedidode Ovando hizo una copia certificada por el escribano Sánchez, la cual fue a manos delcacique de la comunidad Timoteo Ayala. De esta copia, Quiroga (1912 [1900]) hace unamención resumida, y la primera transcripción (¿dictada?) de la copia la hace Canelada(1921). La segunda transcripción la hace Cano Vélez (1924) desde la copia. Latranscripción de Cano Vélez es copiada o reproducida por Mena (1930), Carrizo (1937) ypor Román y Mullet (1949). Finalmente la copia de Román y Mullet es copiada por ReyesGajardo (1966) y por Isla (2002). Cerramos esta sección con una Tabla Resumen y unDiagrama de estas fuentes, para pasar luego a la transcripción del testimonio depositadoen el AHT.

Fuente bibliográficaAño de la

Fuente

Informante o

Fuente

Encabezado58

Año del

testimonioSí No

Quiroga 1900 Timoteo Ayala -- -- 1753

Canelada 1921 Timoteo Ayala x 1753

La Gaceta (Cano Vélez-

Heller) 1924 "un comunero" x 1953

Mena 1930 La gaceta x 1753

Carrizo 1937 Cano Vélez x ---

Cano Vélez 1943 "un comunero" x 1853

Roman & Mullet 1949 s/d x 1853

Reyes Gajardo 1966 Roman-Mulet x 1853

Zerda de Cainzo 1972 s/d x ---

Isla 2002 Roman yMulet x 1853

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Transcripción de la “Cédula Real”

154 Lo que sigue es la transcripción textual del testimonio otorgado en Buenos Aires el 6 de

mayo de 1753, fojas 1417 (r/v), protocolizado en Tucumán el 30 de noviembre de 1892,bajo escritura número 582, fojas 427 (r/v) y 428 (r).

155 Como se indicara anteriormente, se siguen las Normas de Edición y Transcripción de los

Documentos sugeridas por Corpus, publicación electrónica dependiente de la Facultadde Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República deUruguay, por cuanto esta alienta las transcripciones que respetan la ortografía originaly desalientan las normalizaciones modernas del texto. A posteriori se adjuntarán lasimágenes fotográficas obtenidas del original, de modo tal que el lector podrá compararel texto original con la transcripción ofrecida aquí y compararla con las versionesmodernas citadas anteriormente.

156 Como aclaración vale la siguiente clave utilizada para señalar aspectos del texto con

problemas de transcripción:

157 1 Se numeran los renglones del texto original de 5 en 5 y se respeta en la transcripción

la longitud original de cada línea.

158 ^ ^ Señala una intercalación hecha por el autor del documento entre líneas. En nuestro

caso la que se extiende entre la línea 13-14 y 14-15.

159 [??] Indica la presencia en el manuscrito de parte de una palabra que resulta ilegible,

por

160 ejemplo: Ba[??]maca . Se colocarán tantos signos como letras ilegibles tenga la palabra

161 [**??] Indica que una palabra entera es ilegible.

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162 Además, a partir de la referencia numérica de renglón, se introducen unas notas

aclaratorias al final de la transcripción.

163 Foja 1417 (r)

164 =1417=

165 (Crismón)

166 Un real

167 SELLO TERCERO, UN REAL

AÑO DE MIL SETECIENTOS Y CINCUENTA Y DOS, Y CIN-CUENTA Y TRES 1 En esta ciudad de Bs As a los seis dias del Mes de Mayo de mil setecientos cincuenta y tres, ante mi el Escribano de Hacienda, Cabildo y Guerra, se presento un Yndio de edad cerca de setenta y cinco añ con 5 orden de S. E. el Señ. Gobor y Captan Genl Don Anto de Andonaeguipara que le diese un testimonio de los titulos de las tierras de susYndios: dha. orden la agrego a los títulos de su referencia [**??].testi- ) Nos los Gobernadores Don Franco de Nievar y Don Geronimomonio) Luis de Cabrera y los Gefes de S.M.R. Don Pe_10 dro Diaz Doria y Don Franco de Lamercado de Villacorta Re_unidos en este parage de Encalilla pa dar la posecion Real al Cacique de [**??] P[??]blos del Bañado de Quilme San Franco __

tio Punco, Encalilla y Amaicha Don Franco Chapurfe, quien ^^el año de mil setecientos nos manifesto la Cédula Real que antes dimos:dies y seis en el mes de Apriles x^^

en la que se manifiesta 15 que al ser Bautizado su padre el Cacique de la Ciudad de Quilmes y de todos estos Pueblos Don Diego Utibaitina se labró y Selló con Nuestros Nombres un Algarrobo grande, y estando reunida toda lä Gentilidad de Ba[??]maca y Lagunas, se le hizo abrazara dicho Algarrobo, coger agua en una timbe de asta; actos en señal de la posesión de tierras de dichos Pueblos; 20 entrepasandose estata tuis terras, quedó en Nombre del Rey [??]str[??] Seṝamparado y amparaos; entre dos dipes: y que en ningun tiempo os han dequitar Persona alguna; ome os han dado los Españoles estas tierras; y antessi fuesen amparadas dchas tierras; que son: desde el algarrobo Sellado línea recta al Naciente hasta dar con una loma picasa en el Punto del Masao; y de allí por la Cu_25 chilla de Aguila Guaci hasta dar con la cima delos Lampazos: y de allí tomando Para el Sud el Cordon qe bota las aguas para el Valle hasta dar con el Nevado; y sebu_elve pa el Norte pr el Cordón que bota las aguas pa tafin hasta llegar á la abra qe forma el camino qe bá pa este Punto; y de allí se mira al Cerro que está entre N.E. hasta dar con el Cordón qe bota las aguas para el tucuman: y bolviendo pa_ Foja 1417 (v)30 este rumbo para el Poniente; se toma la línea del Algarrobo escrito á la abra del Sud del Morro de San Franco qe. mira directamente a la Puerta del Chiflón del Rio de B[???????]ca: y pr el Norte hasta el Neayacocach. y de allilínea recta al Naciente á un morro alto, y siguiendo la línea hasta el cordon qe_bota [????]uas para el tucuman, y volviendo al Neayacocach [**??][**??] 35 al Cam[????]l Moyár en donde plantamos una Cruz Grande, y de allí setira linea [???]ta al Poniente al Cerro Grande qe está frente á Colalao: quedando este P[??]to y tolombón, y el Paraje del Sud de estos Pueblos, llamadoel Puesto, prestados por el tiempo de seis añ. en poder de Don Pedro Díaz Doria,

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para se pastear y inbernar tropa de mulas del Egercito Real; gracia que se40 hizo, por haberse empeñado en Cuidado qon toda su pía Armada á N. de S. M. R. y el paraje de tafín arrendado a Don Franco de Lamercado de Villacorte, para se pacer Cabras y Ovejas de Castilla: Bajo cuyoslímites damos la posesión Real, Temporal y Corporal al susodho Caci_que, para él, su Indiada, sus herederos y sucesores: Y ordenamos al Gran 45 Sánchez que está siete leguas de Tucumán abajo, dege benir á los Indios que se le encomendaron por el referido tiempo de diez años para que ynstruidos [**??][**??][**??] como dueños legítimos de aquellas tierras[**??] las posean ellos y sus descendientes: Y así firmamos este acto de Posesión Real en el referido Parage de Encalilla, en dho día, mes y 50 año=Francisco de Ni[????]=Gerónimo Luis de Cabrera=PedroDíaz Doria=Fraco de Lamercado de Villacorte=Es copia fiel de su horiginal al que me refiero en caso necesario; en fee de ello, firmo la presente, fha ut supra=Entre líneas=año de l716 y mes de Apriles vale.55 D[???][**??] (Signo de Martín Rodriguez la Cruz y Firma). E. de Hda C.do y Guerra.

Observaciones:

168 El número “=1417=” corresponde al foliado del libro de protocolos, comenzando el

documento con el crismón.

169 A la izquierda de la fecha tópica y crónica expresadas en las tres primeras líneas, va el

sello de la corona del rey Fernando VI.

170 Próxima a la base de la línea 13, el documento muestra una rajadura que va casi de

margen a margen que ocasiona la ausencia de partes de algunas palabras.

171 A mitad de la línea 14 se incluyó por arriba y debajo de la misma una oración que define

la fecha de la cédula de referencia. Esta inclusión, por su longitud es rara.

172 En el final del renglón 34 hay dos palabras y parte de las letras están retocadas con una

tinta casi negra diferente al original. Siguiendo estos retoques se destacan lassiguientes letras “ _u_y_e ar__ba” (mediante el signo “_” se marcan los caracteres queno se entienden) con lo cual la lectura puede ser guiada a podría leerse como “huyearriba”.

173 Entre el renglón 34 a 37 hay restos amarillentos de cinta que corta en sentido oblicuo 5

palabras.

174 En el renglón 47 se reproduce el corte de la línea 13 ya mencionada. Agregándose una

mancha de pegamento.

175 En el renglón 55 hay solo dos palabras con doble subrayado que podría tratarse de la

abreviatura del cierre de forma “Dios guarde a Usted”. A continuación un dibujo de lacruz y a la derecha la firma.

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Figura 1. Fotografía del protocolo 86, Tomo Tercero, Serie C, de 1892, donde se encuentra elTestimonio

Figura 2. Foja 1417 (r)

Figura 3. Foja 1417 (v)

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Reflexiones

176 Para finalizar me gustaría compartir un par de reflexiones metodológicas fruto del

trabajo en archivos, que creo puede ser útil no a especialistas sino a quienes se estánacercando al tratamiento documental. Insisto, tratar con documentos antiguos puedeser arduo pero es un trabajo insoslayable si ese documento es una pieza importante ennuestra investigación. Si bien esto parece una perogrullada, algunos de los ejemplosaquí expresados muestran que no está de más recordarlo. Desde luego, no se trata derechazar las numerosas transcripciones ya efectuadas, las mismas pueden constituirnuestro punto de partida y ser una guía fundamental, pero si el original está a unalcance más o menos inmediato, merece el esfuerzo de echarle una mirada.Paralelamente el tiempo en que nos toca investigar juega a nuestro favor a través de lasnumerosas digitalizaciones que se encuentran disponibles a través de Internet, comopor ejemplo la del Portal de Archivos Españoles (PARES, www.pares.mcu.es) que nospermite visualizar y recibir en nuestro email copias de los archivos. Este último caso esejemplo y contraejemplo interesante, ya que la facilitación de la búsqueda a través delbuscador se ve contrarrestada por la confiabilidad de la base de datos asociada. Porejemplo si se trata de buscar información sobre los indios famayllaos (cuya encomiendada lugar al actual pueblo de Famaillá al sur de Tucumán), no se encuentra nada debido aque quien hizo la indización del documento parece haber leído “jamayllap” cuando enel documento se lee claramente “famayllao”59. En los índices del AHT, insoslayablescomo punto de partida, también suelen también filtrarse errores de este tipo aunquemenores. Seguramente que cada uno podrá aportar sus sorpresas y desencuentros; loque me interesa reforzar aquí es una cuestión metodológica básica de la investigación:la etapa de exploración de fuentes debe seguir siendo tan rigurosa como el resto de lainvestigación. Las citas de citas tienen riesgos ya conocidos, por lo cual caer en ellos ya

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no puede ser considerado un simple error. Algo similar suele ocurrir con las citasbibliográficas.

177 Estas observaciones apuntan a retomar o enfatizar lo que ya hace tiempo advertía

Romano (1992) sobre la necesidad de ponderación de las fuentes y sus “defectos” antesde decidir sobre qué metodología de análisis utilizar. Al reflexionar sobre el aspectocualitativo de las fuentes consideradas en sí mismas, insistir en la necesidad depreguntarse “¿cuál es su valor?, ¿qué confianza es posible tener en ellas?” (Romano1981, p. 204). Y refrescar esa ya vieja advertencia sobre la necesaria mirada crítica delas fuentes de investigación, ya que sin ella se pierde también el contexto y con ello unacabal interpretación de las mismas.

178 En el caso particular del documento que aquí se trató, la existencia bibliográfica de

distintas “versiones” (aunque con variaciones técnicamente leves) fue motivosuficiente para iniciar una búsqueda sistemática de las mismas, compararlas y tratar dehacer una cronología regresiva de ellas, con lo cual quedó claro que las versiones noeran tales sino simples copias de copias, aunque en algunos casos no fueran declaradascomo tales60 y además fueran introduciendo pequeños cambios61. La inconsistencia másobvia y relevante (1753 vs. 1853) fue motivo suficiente para tratar de encontrar el“original” de la “cédula” y gracias a esto se encontró lo que en su momento podría serconsiderado la “versión” más antigua (el testimonio), que además quedabaperfectamente contextualizado en una coyuntura que fue crucial para los amaichas

históricos en su centenaria pelea por la tierra.

179 Para el caso que nos ocupa, trabajar con la fuente original permitió ver la diferencia

entre 1753 y 1853 y evitar errores de interpretación62. Por ejemplo, respecto a losactores involucrados, situar el documento en 1853 podía inducir a pensar que el mismopodría haber sido solicitado por Lorenzo Olivares, mas, dado que la fecha correcta es1753, no podría haber sido, ya que en el censo de 179163 Don Lorenzo aparece teniendo50 años. Esta sencilla modificación nos obliga a preguntarnos entonces ¿quién fue el“Yndio de edad cerca de 75 años” que menciona el escribano porteño?, ¿mediante quéprocedimientos logró el apoyo del gobernador Andonaegui? y ¿por qué motivos enfecha tan temprana debe hacer este pedimento?; ¿es posible que los terrenos“prestados” por 6 años a “Pedro Díaz de Doria” en “1716” se hubiesen convertido enuna de las causas?

180 Rodríguez y Boullosa (2013) han señalado ya la importancia de las autoridades viajeras

de Amaicha en el devenir de sus históricas luchas por la tierra, trazando una línea queva desde mediados del siglo XVIII, con Olivares, hasta el actual cacique Nieva (a la cualdeberíamos sumar la anónima figura de 1753), en donde se destaca la necesariadiferenciación de estos líderes respecto a sus representados, en tanto su capacidad deinteractuar con el sistema judicial de su época. El hecho de tener documentosmanuscritos por los propios litigantes es en sí mismo una fuente de informacióncomplementaria. El tipo de letra usada, la caligrafía, el estilo de redacción, el uso delespacio en la foja, el tipo de firma, etc., son elementos de información complementariossobre ciertos aspectos del redactor que no siempre son explícitos. El hecho de que unrepresentante sepa escribir una nota no es lo mismo que el hecho de que la haya escritocon una buena caligrafía, que haya respetado los formatos de márgenes establecidospor convención para los oficios y que para finalizar haya usado una firma adornada.Quien haga esto último es una persona que por algún motivo ha recibido unapreparación distinta a la del simple escolar.

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80

181 Creo que estas características son elementos que merecen ser recolectados al trabajar

un documento, ya que aunque en el momento no seamos capaces de darles significado,a posteriori esta situación puede cambiar ya sea a través de nosotros mismos u otrosinvestigadores formados en paleografía.

182 Por último, valga la siguiente reflexión como ejemplo de lo intrincado del documento

expuesto que ha servido hasta el presente para plantear cuestiones territoriales endiferentes ámbitos y por distintos actores. Quizás por influencia de la lectura de Carrizo(1937), o proyectando consciente o inconscientemente un preconcepto sobre unaterritorialidad basada en áreas de explotación, más de un autor (entre los que meincluyo) ha llegado a sostener que el territorio devuelto a los amaichas mediante lacédula seguramente correspondía de alguna manera (aunque ampliado) con elterritorio prehispánico de estos. Sin embargo creo que estamos muy lejos de poderafirmar esto. En ninguna parte del texto aquí transcripto dice algo al respecto, lasinvestigaciones arqueológicas están muy lejos (en términos teóricos y metodológicos)de poder mostrar alguna correlación en ese sentido, y la investigación de fuentesetnohistóricas e históricas muestran que si bien seguimos avanzando, cuanto mássabemos de los amaichas más preguntas quedan aún sin respuestas.

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NOTES

1. Tomado de la presentación del representante de los amaichas (ver referencia en Presentación

de la Fuente).

2. Titulada “Amaycha, la identidad persistente. Procesos de Territorialización, Desterritorialización

y Reterritorialización de una Comunidad Tricentenaria (S. XVII-XX)”. Facultad de Filosofía y

Letras, UBA.

3. Si bien en el 2007 elaboré un trabajo de georreferenciación para la comunidad de Amaicha,

estando en ese momento como cacique el Prof. Mario Quinteros, desde entonces la posibilidad de

ahondar en diversas fuentes plantea la necesidad de rever dicho trabajo. Vale esta aclaración a

sabiendas de que a finales del 2013 finalizó el trabajo de Relevamiento Territorial encarado por el

INAI (en el marco de la ley de Emergencia Territorial 26.160) en la zona de Amaicha, el cual tomó

como guía dicho trabajo de georreferenciación.

4. Dicha desconfianza no es arbitraria por cuanto quienes han trabajado en archivos históricos

son testigos de numerosos errores en que incurren las transcripciones, incluso cuando solo se

trate de hacer índices. Al respecto se pueden ver los trabajos de Gentile (2012) o Carmignani

(2013).

5. La Dra. Lorena Rodríguez me facilitó en junio del 2012 unas fotos de este material que tuvo la

posibilidad de registrar el 3 octubre de 2011, cuando el tomo en cuestión todavía se hallaba en el

Archivo General de Tucumán. Este material sin embargo tenía poca definición, lo cual, sumado a

la curiosidad que despertaba el documento, me motivó a querer verlo in situ.

6. El “Ingeniero”, como se lo conoce en el Archivo Histórico de Tucumán al Sr. Juan Carlos

Medina, es un generoso auxiliar e informante de cuanta persona se acerque al archivo en búsqueda

de cualquier información. Parece que todo el material que allí se deposita ha pasado por sus

manos y su lúcida memoria sirve de guía en las búsquedas.

7. Una muestra previa del mismo puede ser consultada en Sosa y Lenton (2009).

8. Al momento de presentación final de este artículo (febrero 2015) la tesis ya se halla concluida y

presentada en la Facultad de Filosofía y Letras, UBA: “Amaycha, la identidad persistente. Procesos de

Territorialización, Desterritorialización y Reterritorialización de una Comunidad Tricentenaria

(S. XVII-XX)”

9. Al respecto Díaz Rementería (1988, pp.439-440) dice que se trata de un “traslado de la toma de

posesión”.

10. La pérdida de documentos históricos antiguos (p.e. el diccionario kakano de Bárzana) y

modernos (las Actas de 1853), es una constante ya bastante conocida por todos, por lo cual no

hace falta recurrir a un largo listado de ejemplos.

11. Ver más adelante los comentarios de Carrizo.

12. Dichos mecanismos de ocultamiento no serían exagerados si recordamos los actos de

violencia ocurridos durante el siglo XIX en contra de los comuneros (ver Rodríguez 2009, pp.

143-4), y aún en fechas más tempranas, como por ejemplo en la virulenta década de 1970 contra

el cacique Silva quien fue detenido y golpeado. El comunero Eduardo Flores me contaba esto en

2012, diciendo “lo han botao allá en los Poroguillos para quitarle la cédula”.

13. De aquí en adelante AHT. El mismo se encuentra en la calle 25 de mayo 487, de la ciudad de

San Miguel de Tucumán; puede ser consultado parcialmente a través de http://

www.tucuman.gov.ar/archivohistorico

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14. De aquí en adelante SP.

15. Sobre este ítem se contó con la valiosa colaboración y material de lectura suministrados por

la especialista en conservación y restauración Nora Altrudi.

16. Las mismas pueden ser consultadas en www.historiadelaslenguasenuruguay.edu.uy/corpus/

pdf/normasdeedicionytranscripcion.pdf

17. Sigifredo Brachieri, natural de Catamarca, era el esposo y representante de la viuda de José

Aramburu.

18. AHT, SA, Vol. 117, f. 523 (r/v).

19. Balentin Armella ocupó el cargo de comandante militar desde 1868, ocupando también

eventualmente desde 1880 hasta 1882 el cargo de comisario de Encalilla y Amaicha. Es necesario

indicar que hasta principios del siglo XX, administrativamente, lo que hoy es el departamento de

Tafí del Valle se componía de dos distritos: Tafí de Valle (actual municipio de Tafí del Valle) y

Encalilla (actuales comunas de Amaicha y Colalao). Encalilla a su vez era departamento militar. Y

por último Encalilla era el nombre de la población (que daba nombre a las jurisdicciones) que se

ubicaba en las proximidades de la confluencia del río de Amaicha y el de Santa María, y en el

censo de 1869 arrojaba una población de 1439 habitantes.

20. Hermano menor de Nicolás Avellaneda y el único residente en Tucumán de los cuatro

hermanos.

21. AHT, SJ, 1850, Caja 6, Exp. 4.

22. Desde el 1º de mayo lo era transitoriamente por renuncia de Vélez Sarsfield. AHT, SA, 1872,

Vol. 117, f. 250 (v/r).

23. El texto dice “Digase al solicitante que el PE no puede asumir injerencia en unasunto que pertenece a la Administración interna de una Provincia; pero que tomandoen consideración la situación precaria en que vendrían a quedar las personas querepresenta el solicitante, su número, las dificultades y los conflictos que trae consigo eldesalojo de una población numerosa que no tiene donde asiliarse, se dirige con esta fojaal Gobierno de Tucumán recomendando a su equidad este asunto a fin de que haga loque sea legalmente posible a su favor.” AHT, SA, 1872, Vol. 119, fs. 131 y 132 (v/r).

24. Esta carta es fácilmente localizable en el AHT, y su estado de conservación es muy bueno.

Transcribo la parte principal del texto omitiendo solo la introducción y cierre de rigor.

25. AHT, SA, 1872, Vol. 119, f. 156 (v/r).

26. Esta observación no ignora que en la documentación de la época nunca se menciona el

término territorio, sino terrenos, campos o extensiones.

27. La calificación de laboriosos los aleja de la imagen del bárbaro, lo cual es muy bien visto por el

autor de Estudio sobre las Leyes de Tierras Públicas (Avellaneda 1865), quien al igual que Sarmiento

tenía puestos los ojos en el modelo de los “farmers” estadounidenses.

28. En su discurso al Congreso Nacional del 14 de agosto de 1878, en apoyo a la etapafinal de ocupación de la Patagonia, Avellaneda sostendría: “Hasta nuestro propiodecoro, como pueblo viril, nos obliga a someter cuanto antes, por la razón o por lafuerza, a un puñado de salvajes que destruyen nuestra principal riqueza y nos impidenocupar definitivamente, en nombre de la ley del progreso y de nuestra propiaseguridad, los territorios más ricos y fértiles de la República”. (Avellaneda 1910, p.234).

29. Tal vez una mirada al Archivo Privado Helguera, al que hace referencia Herrera (2009),

pudiera dar con alguna pista al respecto.

30. Esta noticia así fechada aparece en un documento posterior del 20 de octubre de 1881: AHT,

SA, 1881, Vol. 150, fs. 92 (r/v) y 93 (r).

31. AHT, SA, 1881, Vol. 150, f. 39 (r/).

32. AHT, 1845, SJ, Serie A, Caja 82, Exp. 31, f. 79 (v).

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33. Al respecto pueden verse los trabajos de Campi (2002), Justiniano y Tejerina (2005),

Yangilevich y Míguez (2010), entre otros.

34. Lafone Quevedo (1904, p.124) describe que en 1898 hace una excursión a los menhires de Tafí

y que en su camino pasaron por la “casa del rengo Timoteo Ayala, hombre bueno, que había sido

mandón del lugar bajo las órdenes de don Miguel Estevez de Tafí, pero había sido removido a

causa de no se qué quejas de algunos vecinos. El hombre perdió el uso de una pierna por una

desgracia con el propio fusil”. Contrástese esta categorización de “mandón” con la que hace

Quiroga (1912) de “cacique”.

35. AHT, ADM, 1881 (6 de octubre), Vol. 150, fs. 39-40 (v/r).

36. AHT, ADM, 1884, Vol. 161, f. 250 (v/r).

37. Este cruce de acusaciones hacia y entre los representantes de turno de la comunidad, se

repetirán a lo largo del tiempo (Canal Feijoo 1951) hasta la actualidad (Isla 2002),

38. Véase el fragmento de entrevista que reproducen Rodríguez y Boullosa (2013).

39. De quien Cano Vélez Vélez (1943) informa es español.

40. “ La industria de alfalfares para invernar ganados destinados á la exportación, está casi

perdida. La industria minera floreciente en épocas ya lejanas, no existe hoy…” (Soria 1908, p.52).

41. Si bien es una hipótesis a confirmar y que aún merece un análisis fino y entrecruzado con

otros datos demográficos (por ejemplo actas de defunción), es posible que esta diferencia de

habitantes pueda estar explicada por las dos epidemias que sucedieron entre los dos censos, y por

el hecho de que el segundo censo haya sido hecho en el mes en donde la zafra ya estaba en

funcionamiento.

42. En la que estamos actualmente trabajando en el marco de la tesis en curso.

43. Así reseñaba Espeche (1875, p. 340) esta controversia de límites y vecinos “Santa María es mui

visitado por tucumanos, ya por hacer negocio, ya por mudar de temperamento. Estos ingratos

enfermos no pierden tiempo en persuadir a los santamarianos de que deben separarse de

Catamarca i unirse a Tucumán”.

44. Contrariamente a lo que podría pensarse, esta cuestión del límite entre Santa María y

Amaicha no es cosa del pasado. Aún se encuentra en suspenso y se ha visto reflejada en la

reciente presentación del 23 de junio de 2014, del Atlas Tucumán 100k encargado al IGN (http://

ign.gob.ar/node/786). En esta obra, hecha con la última tecnología de georreferenciación, la

omisión del hito del Masao (lo cual es acorde al Anexo 2 de la ley 22.449, que, dicho sea de paso,

tiene errores de topónimos) ha generado que quede fuera de la jurisdicción de la provincia de

Tucumán un poblado llamado Los Colorados, perteneciente a la Comunidad de Amaicha, lo cual

ya es tema de litigio.

45. AHT, SA, 1881, Vol. 150, f. 92 (r).

46. En el texto de Carrizo no se especifica si Cano Vélez se la dicta de memoria o si recurre a un

escrito.

47. No queda claro tampoco si se refiere a Agapito Mamaní que había muerto en 1964 (si bien el

trabajo es publicado en 1972 su redacción podría ser anterior a 1964) o a su hijo José Mamaní (ya

fallecido).

48. Si bien existen algunas otras versiones publicadas (como por ejemplo la de Zerda de Cainzo

1972) hemos tomado solo estas por ser las más difundidas o las que han sido tomadas como

fuentes por otros investigadores.

49. Si bien el año de publicación es de 1904, un pie de título acota que el viaje fue hecho en 1898.

50. Si bien es publicado en 1912, el trabajo está fechado por el autor el 10 de julio de 1900. Este

pequeño artículo de Quiroga es sumamente rico en información sobre la evolución del

poblamiento en la zona, por lo que no puede dejar de ser leído por quien desee conocer la visión

de un contemporáneo del proceso de transformación de la Amaicha de los siglos XIX-XX.

51. Sobre detalles y antecedentes histórico-contextuales de la Encuesta Folclórica puede

consultarse el trabajo de Chamosa (2012), páginas 50 y siguientes.

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52. La misma fue consultada en la biblioteca del Instituto Nacional de Antropología y

Pensamiento Latinoamericano de la Ciudad de Buenos Aires, en donde se encuentra en formato

de microfilm.

53. En esta línea se produce la mayor diferencia respecto a la versión de Cano Vélez y al original

ya que entre la palabra “Lagunas” y “actos…” falta la expresión “se le hizo abrazara dicho

Algarrobo, coger agua en una timbe de asta”. Dicha ausencia, es la que me inclina a pensar que la

misma le fuese dictada.

54. Las primeras cuatro letras no se entienden. En la versión original la palabra es “referido”.

55. Tal vez su formación en historia le permitiera haber notado que los títulos que ostentaba el

escribano como gobernador Andonaegui no pertenecían a 1853 sino a 1753.

56. Cano Vélez y su hermano Miguel, ambos maestros en Amaicha, también se encargaron de

recoger información para la Encuesta que volcaron en dos carpetas totalizando 63 páginas, pero

no hacen mención al régimen de tenencia de la tierra ni a la cédula. Miguel, menos famoso que su

hermano Félix Ramón, le sucedió a este en la dirección de la escuela Nº 10 de Amaicha y ha dejado

muy interesantes datos en un manuscrito (Cono Vélez, M. 1949), aunque no menciona nada sobre

la cédula. Este ms. me fue facilitado por el excacique de la comunidad Prof. Mario Quinteros.

57. Las fechas de muerte de los caciques son tomadas de Zerda de Cainzo (1972), sin embargo es

necesario chequearlas ya que otra fuente, Giménez Espada (1984, p.50), señala como año de la

muerte de Timoteo el año 1934.

58. Por “Encabezado” se entiende el texto que antecede al Testimonio en donde se menciona la

fecha de creación del mismo, 1753. Aquellos que se basaron en el trabajo de Cano Vélez, pero que

en sus reproducciones no incluyeron el encabezado, no reprodujeron el error de fechar el

testimonio en 1853.

59. En este documento, hasta la descripción resultaba engañosa por cuanto describía al

documento como “Confirmación de Encomienda de Jamayllap y Calchaquies” dando a entender

dos sujetos, cuando en realidad el sujeto de la encomienda en el documento se describe como “…

Pueblo de famayllao calchaquíes…” Intercambios via mail con el Archivo de Indias (mientras se

escribía este artículo) permitieron informar de estas diferencias para su corrección, por lo que

desde septiembre de 2014 es fácilmente ubicable por “famaillao” (http://pares.mcu.es/

ParesBusquedas/servlets/Control_servlet)

60. Por ejemplo, el trabajo de Román y Mullet no menciona su fuente.

61. Por ejemplo, algunas versiones convierten los números expresados en letras en cifras.

62. Un ejemplo de esto es la reseña de Paz (2006, p. 219) quien en base a la fecha de 1853 (tomada

de Isla 2002) llegó a plantear que “La tradición comunal sostiene que la Cédula fue oficializada

por el cabildo de Buenos Aires en 1853... La elección de 1853 como fecha fundante en la

ficcionalización histórica comunitaria no parece ingenua. Ese fue el año de la unificación

nacional por medio de la Constitución y es probable que los amaicheños desearan imbricar su

propia historia con el devenir nacional”.

63. Depositado en el Archivo General de la Nación, Sala XIII, 17-2-1, Leg. 2, Libro 6, fs. 37-38.

ABSTRACTS

The document presented here is the testimonio given to the Amaicha Indians in Buenos Aires in

1753. This document is deposited in the Historical Archive of Tucumán, and its condition of

preservation is very poor. This testimony has served as evidence in the proceedings held between

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commoners and a landowner from Salta. Since this is an important document that has supported

the Amaicha Indians' territorial claims, it has been reproduced and analyzed by different

authors, though not from the original version but from a twentieth century literary source,

producing a series of "copies of copies" thus perpetuating errors. In this work we transcribe the

testimony inserted in the file of the registration. The main objective is to provide the original

text of the document and to reduce the number of misinterpretations. On the other hand we

systematize the modern versions and note some or their inconsistencies. Finally, we make some

reflections about the spatial, political and socio-historical implications around the testimony.

El documento que aquí se presenta es un testimonio entregado a los indios de Amaicha del Valle,

fechado en Buenos Aires en el año 1753, depositado en el Archivo Histórico de Tucumán, el cual

se encuentra en muy mal estado de conservación. El mismo sirvió como elemento a favor de los

amaychas en el centenario litigio sostenido entre los comuneros y un terrateniente salteño. En

base a la importancia del mismo, en cuanto cimienta las pretensiones territoriales de los indios

de Amaicha, su contenido ha sido reproducido y analizado por distintos autores pero tomando

como base una fuente literaria del siglo XX, produciendo una serie de “copias de copias” que han

perpetuado errores. Por ello en este trabajo se ofrece la transcripción textual del testimonio de la

cédula inserto en el expediente de su protocolización en el año 1892, con el objetivo fundamental

de poner a disposición el texto original de la famosa “Cédula Real” y reducir el margen de errores

interpretativos. Por otro lado se hace una sistematización de las diferentes versiones modernas

existentes señalando ciertas inconsistencias, y se exponen algunas reflexiones sobre las

implicancias espaciales, políticas y sociohistóricas en torno al texto.

INDEX

Keywords: Indians, Amaicha, territory, politics, Tucumán.

Palabras claves: indios, Amaicha, territorio, política, Tucumán.

AUTHOR

JORGE SOSA

Sección de Etnología y Etnografía, Departamento de Antropología. Facultad de Filosofía y Letras.

Universidad de Buenos Aires, Argentina

Correo electrónico: [email protected]

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Un diario de viaje inédito de BasilioVillarino y el mapa de la travesía:más de un siglo de periplo por losarchivosBasilio Villarino’s unpublished travel diary and map: a one century tour through

the archives

Laura Aylén Enrique

EDITOR'S NOTE

Fecha de recepción del original: 16/09/2014Fecha de aceptación para publicación: 14/05/2015

Agradecimientos

Agradezco especialmente al personal del Archivo General de la Nación argentino, de la Biblioteca

Nacional de Brasil y del Archivo del Museo Naval de Madrid por su amable atención y su atenta

predisposición. Este trabajo fue realizado con el apoyo de los subsidios otorgados por la

Universidad de Buenos Aires (UBACyT W215) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas

y Técnicas (CONICET PIP 0026).

Introducción

1 Durante el último cuarto del siglo XVIII el interés por el conocimiento interno de los

territorios coloniales resurgió como una de las consecuencias de las reformasadministrativas impulsadas por los Borbones en Europa. Así se fomentaron viajes dereconocimiento en los territorios coloniales más allá de las fronteras con los indígenasy en el ámbito rioplatense se creó el Virreinato del Río de la Plata (1776), que al mismotiempo independizó a Buenos Aires como su capital con respecto al vasto Virreinato del

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Perú en pos de incrementar el control sobre las actividades portuarias. Paralelamente,estos cambios se vieron acompañados por renovados esfuerzos por ejercer un dominiomás concreto de los distantes dominios españoles frente a un creciente temor deavances extranjeros. En ese contexto, la Corona española incentivó la instalación defortines defensivos en la zona de influencia del río Salado —actual provincia de BuenosAires— cuyo curso operaba como una suerte de frontera con los grupos indígenas delsur y oeste de Buenos Aires y una serie de establecimientos portuarios en la Patagoniaen el marco de un plan de poblamiento impulsado por Carlos III (De Paula 1985). Dichoplan implicaba la fundación de diversos fuertes en la bahía Sin Fondo —hoy golfo SanMatías— y en la de San Julián, en un intento por revertir los sucesivos fracasos previosde instalaciones españolas en una Patagonia controlada por distintos grupos indígenasy ante los temores a los avances de potencias extranjeras que ya hemos mencionado.Para ello el virrey Vértiz (1778) designó a Juan de la Piedra como superintendente delosestablecimientos que se fundaran y a Francisco de Viedma como segundo a cargo.

2 Los funcionarios gubernamentales que se aventuraban a traspasar el río Salado

utilizaban como fuentes de información, entre otros, los documentos redactados porquienes habían intentado reducir a los pueblos indígenas de la pampa (Irurtia 2007). Losdatos legados por los jesuitas José Cardiel y Thomas Falkner1se sumaban a laexperiencia de contacto, producto de las relaciones que estos misioneros manteníancon algunos grupos indígenas.Uno de los encargados de llevar a cabo los relevamientosde la región norpatagónica fue Basilio Villarino, piloto de la Real Armada española,quien retomó en varias ocasioneslas obras de Thomas Falkner con el objeto de plantearsus propias conjeturas asociadas a lo que él mismo veía durante sus travesías. Lasnarraciones de Villarino ofrecen abundantes detalles sobre dicho paisaje que nosposibilitan aproximarnos a los modos en que los españoles e hispano-criollos loconcebían, significaban y reapropiaban. En este sentido, pensamos en una definición de“paisaje” que no se reduce al espacio físico sino que incluye también la expresión de laspercepciones y usos de los territorios por parte de los actores sociales, mediante loscuales disputan los sentidos atribuidos por los diferentes grupos. Además, nos interesanespecialmente los aportes de Basilio Villarino al conocimiento del paisajenorpatagónico en función de la relevancia posterior que tuvo dicho piloto en las ideassobre la geografía patagónica. Así, los relatos de Villarino contribuyen a reconstruir unamplio panorama acerca de los “mapas” concebidos por los hispano-criollos quecontribuían a conformarlo. Sin embargo, los diarios de viaje de este piloto, en general,fueron tenidos en cuenta principalmente en función de la información que brindanacerca de las relaciones interétnicas, teniendo en cuenta las adscripciones de los gruposindígenas (Sosa Miatello1985, Nacuzzi 1998, 2002a). Otros trabajos (Martínez Martin1997, 2000, Luiz 2006) examinaron los aportes del piloto considerandofundamentalmente sus contribuciones cartográficas, pero lo abordaron de maneraamplia y no se detuvieron en el viaje que aquí presentamos en particular.Por ello,relevamos sus diarios de viaje y los mapas que elaboró como forma de aclarargráficamente las afirmaciones de sus relatos (Enrique 2010b). De este modo, hallamosque el diario de 1779 que transcribimos aquí no había sido publicado a pesar de suimportancia para complementar el enfoque español sobre la región que pretendíancontrolar. Solo recientemente estas narraciones han sido estudiadas como fuentes deinformación sobre la configuración del paisaje de la Patagonia. Por ello, consideramospreciso dar lugar al relato del viaje de Villarino de 1779, inédito hasta el momento, y

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presentarlo junto con el mapa correspondiente, que los periplos de los documentos ylas sucesivas catalogaciones de los archivos y repositorios habían logrado separar.

Un explorador pionero de las costas y el interiorpatagónico

3 Basilio Villarino y Bermúdez había nacido en 1741 en la localidad de Noya en España y

se formó como marino en la misma provincia de La Coruña (Martínez Martín 1997,Gentinetta 2013). Como tal lo destinaron al Río de la Plata, donde arribó en 1774 comopiloto de la Real Armada de la Corona Española. Así, participó de las expediciones a lascostas patagónicas llevadas a cabo durante las últimas décadas del siglo XVIII parareconocer territorios que la administración borbónica consideraba como parte de susdominios en América. Los exploradores encomendados por Carlos III debían explorar laregión y evaluar sus aptitudes para la instalación de poblaciones, describiendo losrecursos disponibles, las características del terreno, la disponibilidad de agua dulce y laubicación de los grupos indígenas. Al respecto, Vértiz (1778: f. 5r) ordenaba que:

(…) deberían levantarse planos de la bahía con la figura, y situación de la costa,bajos, y demás que hubieren observado los pilotos, y prácticos, y también del país, yterrenos interiores, a que habrá de internarse el ingeniero todo lo que pueda.

4 Nos interesa especialmente un reconocimiento de la costa del río Colorado que

Villarino comenzó en febrero de 1779, durante el cual se internó en la desembocaduradel río Negro. Hacia allí se trasladó una tropa que se hallaba en el puerto de San José —en el actual golfo San José— para comenzar a establecer el fuerte de Nuestra Señora delCarmen. La expedición de Villarino concluyó en Buenos Aires a fines de junio de esemismo año. Aquí transcribimos el diario completo que se inicia el 8 de febrero de 1779cuando Villarino intenta hacerse a la mar desde el campamento en el puerto de SanJosé2 y culmina el 30 de junio del mismo año luego de haber participado delreconocimiento de las costas patagónicas aledañas y de la instalación de un nuevoestablecimiento en los márgenes del río Negro. El objetivo inicial de la travesía erareconocer el río Colorado, pero luego también contiene un nuevo reconocimiento delrío Negro y la descripción de las faenas para instalar lo que será el fuerte del Carmen. Eldiario está narrado fundamentalmente en la primera persona del singular inclusocuando otras personas acompañan las acciones y, solo en ocasiones, la redacción es enplural. Villarino alude a Juan de la Piedra y Francisco de Viedma como sus superiores ynombra a Francisco Ros, Pedro García, José Ignacio de Goycochea y Pedro de Olmos,quienes desarrollaban distintas tareas como subordinados. Asimismo hace referencia alpadre franciscano Pedro de Santiago, a un preso de apellido Cardozo, a un esclavonegro y menciona a los lenguaraces “Viejo Ignacio”, a uno “cristiano”, llamadoGregorio, y a una “china lenguaraza”. También alude a los caciques Julián Gordo yNegro así como a otros caciques que no identifica con apodos; y solo indica el nombrede un indígena sin aclarar su estatus o posición de autoridad, al que llama Hirra.

5 Además de este viaje, Villarino llevó a cabo una serie de reconocimientos posteriores,

de los cuales se conservan los diarios de viaje de cuatro de ellos y diversas notas,informes y correspondencia que permiten suponer otros reconocimientos menores3.Los documentos resultantes ofrecen datos anexos y contribuyen a lograr una mayorcontextualización de la información del relato de 1779.

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6 En la siguiente travesía, el piloto partió desde el fuerte del Carmen el 23 de abril de 1780

hacia el río Colorado, la Bahía de Todos los Santos y el norte de dicho fuerte. Losexpedicionarios completaron el recorrido el 27 de mayo de ese año al regresar al fuertedel Carmen. Poco tiempo después, el 25 de octubre de 1780, Villarino llevó a cabo unanueva expedición en la que navegó las zonas aledañas al puerto de San José, la cualculminó a principios de enero de 1781.

7 El 12 de abril de 1781 emprendió un nuevo viaje partiendo desde el río Negro con el

objetivo de reconocer la Bahía de Todos los Santos, las islas del Buen Suceso, y eldesagüe del río Colorado. El mismo se prolongó hasta el 8 de agosto del mismo año. Esterelato ha sido publicado en la Colección de obras y documentos relativos a la historia antigua

y moderna de las provincias del Río de la Plata de De Angelis en sucesivas ediciones, yrecientemente fue incluido en una nueva compilación denominada Diarios de navegación

(Viedma y Villarino 2006) junto con un diario de Antonio de Viedma, hermano deFrancisco y quien quedó a cargo del fuerte San José al dividirse los funcionarioscoloniales para la fundación del fuerte del Carmen.

8 Por último, el 28 de septiembre de 1782 inició su viaje más renombrado navegando por

el curso del río Negro con el fin de llegar a Valdivia —Chile— y verificar la posibilidadde que potencias extranjeras pudieran aprovechar esta comunicación. Al llegar a losafluentes del río Negro continuó por el Limay; no obstante, no logró el objetivopropuesto debido a las dificultades de avance halladas y retornó al fuerte del Carmen el25 de mayo de 1783. El diario de este viaje también fue incluido por De Angelis (1836) ensu Colección de obras y documentos…

9 Paralelamente, contamos con los relatos, informes y cartas escritas por otros

personajes que se encontraban en el fuerte del Carmen en la misma época, como Juande la Piedra y Francisco de Viedma, que cumplían cargos jerárquicos, y otros hispano-criollos que fueron consultados por las autoridades virreinales sobre los diversosrelevamientos de Villarino tales como el brigadier Custodio de Sáa y Faría (1972 [1783])y el capitán de navío Varela (1972 [1783]), que también brindan referencias que nospermiten complementar detalles de los viajes del piloto. Como se puede observar a lolargo del relato del viajero, cuando Villarino inicia su travesía a principios de 1779quien se encontraba al mando de la expedición española era Juan De la Piedra, quienluego abandonará su puesto y partirá rumbo a Montevideo. Como consecuencia de ello,Francisco de Viedma asume la autoridad y decide instalar un establecimiento españolen el río Negro con parte de los pobladores del fuerte de la Candelaria en el puerto SanJosé. Así, Viedma no solo recibe las notificaciones del piloto como su superior a cargo ylas reenvía a las autoridades gubernamentales del Virreinato del Río de la Plata, sinoque también elabora sus propios registros e informes de forma tal que ambos generanuna serie de relatos paralelos. Por ejemplo, la exploración realizada por Villarino juntoa un indio y una china interprete al puerto de San Antonio el 25 de mayo de 1779 fuerelatada tanto por dicho piloto como por Francisco de Viedma. Así, mientras que en eldiario que transcribimos Villarino lamentaba haber tenido que regresar quince leguasdespués del puerto de San José como consecuencia de la escasez de alimentos, Viedma(1779: f. 151) señalaba que “aunque hicieron diligencias para llegar al expresado paraje,tuvieron que volverse por habérseles acabado los víveres, la falta de agua para loscaballos, y malezas de la tierra, y llegaron el 29 en la noche”. En relación con el que seráel fuerte del Carmen, en su diario Villarino brinda detalles tales como que Francisco deViedma había decidido instalarlo el día 20 de marzo, y el 14 de junio puntualiza que

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toma noticia de haberse inundado dicho establecimiento. Así, ambos funcionariosdieron cuenta de la inundación que afectó al fuerte del Carmen fundado pocos mesesantes y que requirió el traslado del mismo a la margen norte del río Negro en funciónde su posición más elevada. A pesar de que Viedma se encontraba en el lugar, sudescripción no abunda en detalles y refiere poco más que lo registrado por Villarino(1779: f. 22), quien al contactarse con otros españoles advierte en su diario haberseanoticiado de que “se había inundado todo el fuerte, panadería, herrería, y todo lodemás, y determinaron hacer la población a la parte del norte”. El marco en que fueescrito el diario de Villarino de 1779 puede ser entendido de manera más acabada si seconsidera además la información de las cartas de Viedma ([1779], [1779] 1938) al virreyJuan José de Vértiz, fechadas respectivamente el 4 y 17 de junio de 1779.

10 Esta complementación del relato de Villarino de 1779 con otras fuentes del mismo

periodo permite comprender en mayor profundidad el contexto de producción delmismo. En este sentido, es posible reconstruir una serie de acontecimientos narradosdesde diferentes perspectivas al contar con el diario de Viedma que comienza endiciembre de 1778 y finaliza en septiembre de 17804. No obstante, tal como señalamosen un estudio previo (Enrique y Nacuzzi 2010), Francisco de Viedma y Villarino, comosubordinado de aquel, mantuvieron tensas relaciones personales. Gran parte de estosconflictos se hallaban en relación con el suministro de víveres y demás auxiliosnecesarios para concretar los viajes de reconocimiento del territorio que emprendíaVillarino por orden de Viedma, que sumado a la fuerte presencia indígena, confrecuencia ponían en riesgo a las expediciones. Asimismo, Villarino se destacóparticularmente entre otros viajeros por sus esfuerzos para exponer los hechos querelataba mostrando sus actividades como estrategias militares ventajosas, comoconsecuencia de decisiones acertadas o directamente atribuyéndose el totalprotagonismo en determinados sucesos. Por su parte, Francisco de Viedma oficiará desuperintendente del fuerte de Nuestra Señora del Carmen de Patagones poraproximadamente cinco años, cuando sea enviado a Cochabamba como intendente deSanta Cruz de la Sierra —actual Bolivia—, y Juan de la Piedra regrese exonerado de loscargos. Pocos meses después, en enero de 1785, Juan de la Piedra comanda unaexcursión punitiva a las tolderías indígenas ubicadas en las sierras de la Ventana en laque perece junto a Basilio Villarino y otros españoles. Por ello, los documentoscomprendidos en el cuerpo documental “Costa Patagónica”, existente en la Sala IX delArchivo General de la Nación —en adelante AGN— en la Ciudad Autónoma de BuenosAires, también nos brindan información complementaria en relación con lo expuestoen el diario de 1779 de Villarino. Figura 1: Mapa actual de la región con la ubicación de los establecimientos españoles en la costapatagónica. Adaptado de Nacuzzi (2008).

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Relevancia del inédito diario de viaje y detallesmetodológicos sobre su relevamiento

11 El diario de 1779 y el mapa correspondiente resultan interesantes ya que constituyen

los primeros conocidos de una serie de relatos realizados por Basilio Villarino en laregión norte de la costa patagónica. De esta manera, con la publicación del mismo, porun lado se completa en gran medida el material édito hasta el momento y, por el otro,se lo presenta en conjunto con el mapa que ha sido catalogado por separado en otrorepositorio.

12 En particular, lo atractivo del diario de Villarino de 1779 es que es uno de los primeros

que se realizan en 1779, año en que, como mencionamos, se establecieron el fuerte deSan José y el fuerte de Nuestra Señora del Carmen. De esta manera, constituye uno delos primeros acercamientos de los funcionarios coloniales al conocimiento de la región.Si bien en este caso el reconocimiento se ha realizado por vía marítima a la manera quese acostumbraban hacer hasta ese momento (Penhos 2005), nos permite cruzar datoscon otros relatos como los que ya hemos citado en el acápite anterior.

13 La copia de este relato que hemos consultado se encuentra en el legajo 167 que

comprende la documentación donada por Félix Frías en la colección denominada“Biblioteca Nacional” en la sala VII del Archivo General de la Nación, situado en Alem246 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La copia ha sido realizada por ManuelMolina en Río de Janeiro el 30 de abril de 1874 por pedido de Félix Frías. En 1954 partede la documentación existente en la Biblioteca Nacional, así como en el Museo HistóricoNacional, el Museo Histórico Sarmiento y el Museo Mitre, fue incorporada al corpusdocumental del Archivo General de la Nación como consecuencia de la sanción deldecreto nacional número 19021 que promovió dicha concentración. Con el paso del

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tiempo, los documentos existentes en el AGN han sido catalogados teniendo en cuentadiversos criterios, lo cual actualmente se manifiesta, por ejemplo, en la separaciónabsoluta de los papeles correspondientes al periodo colonial y al republicano (AA. VV.1996), dificultando el acceso a materiales que pueden haber sido incluidos en ambos.

14 Cabe destacar que no nos fue posible hallar el diario original de Basilio Villarino ni en el

cuerpo documental “Costa patagónica” de la Sala IX del mismo Archivo General de laNación donde, como señalamos, se encuentra parte del material colonial referido a lastareas desarrolladas durante los primeros años de los establecimientos españoles de lazona, ni registrado en el mismo repositorio donde ha sido digitalizado el mapacorrespondiente. En relación con esto, Martínez Martin (2000) señala la existencia deuna carta del ministro Gálvez al virrey Vértiz acusando recibo de un extracto del diariode Villarino y de los planos levantados por el piloto que se encuentra en el ArchivoGeneral de Indias. Al respecto, destaca que el diario no se encuentra junto con losplanos del archivo.

15 El derrotero seguido por el documento pone en evidencia ciertas secuelas en la

conservación del mismo, aunque en este caso en particular son menos visibles losefectos del deterioro físico del documento por el paso del tiempo, las malas condicionesde preservación del papel o la incidencia de la humedad, hongos, bacterias, insectos y/oroedores, que aquellos producto de la acción deliberada de quienes han manipulado oconsultado el material. Así, tal como podemos apreciar en la figura 2, al comienzo delrelato el copista ha registrado erróneamente la fecha del 8 de febrero de 1772, lo cualha sido enmendado posteriormente por un corrector anónimo que utilizó una biromede tinta azul para aclarar que la fecha correcta sería 1779. En este sentido, destacamoslo expuesto por Oliver (1995) acerca de que el hombre, ya sea por negligencia como poracciones intencionales, es uno de los más peligrosos enemigos de la conservación delpapel. Asimismo, dicha página inicial presenta diversas modalidades de catalogación alas que se ha visto expuesto el documento, entre las que se observa un número asignadopor el copista y tres numeraciones diferentes mediante las cuales se han identificadolos sucesivos documentos incluidos en el legajo, tales como un sello del inventario de laBiblioteca Nacional que se repite en el verso de cada página, un número en lápiz azul yotro número impreso en la esquina superior derecha. Además, la copia del diario deVillarino ha sido foliada en un total de 24 folios con una caligrafía que podríacorresponder al mismo copista. Este foliado y la encuadernación de los documentosposibilitan mantener la organización de los mismos e impide que se desordene elcontenido del legajo tras las sucesivas consultas por parte de los usuarios. No obstante,la encuadernación en la que se encuentra el diario ha reunido una serie de documentosque no siempre tienen relación directa con el relato de Villarino. Figura 2: Digitalización de la página inicial de la copia del diario de viaje de Basilio Villarino.

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16 En general el documento se conserva en buen estado, a pesar de que la tinta ha

traspasado la hoja y dificulta en cierta medida la lectura. En cuanto a la preservaciónfísica del material de consulta, el Archivo General de la Nación exige el cumplimientode una serie de normativas para manipular adecuadamente la documentación,reduciendo los riesgos que puedan afectar su preservación. En este sentido, no estápermitido escribir sobre los documentos ni ingresar a la sala de consulta con biromes nicon cuadernos, solo se puede trabajar con lápiz y hojas sueltas con el objeto de evitarsustracciones. Con el mismo fin, los documentos también están sellados con el logo delarchivo. Además, se requiere que los legajos sean consultados de a uno por vez y no másde tres por día, se deben utilizar guantes de látex —que se proveen en la misma sala— yse prohíbe el ingreso y consumo de alimentos o bebidas.

17 El Archivo General de la Nación lleva adelante un proceso de conservación del material

resguardado que ya ha afectado a algunos cuerpos documentales de la Sala VII, aunqueel trabajo es incipiente dada la gran cantidad de documentación, y el legajo 167 de la“Biblioteca Nacional” donde se encuentra el diario que transcribimos aún no ha sidotratado ni digitalizado. Por ello, consideramos importante la digitalización ytranscripción del diario completo, lo cual hemos llevado a cabo siguiendo las pautasque detallamos a continuación.

18 En primera instancia, resolvimos digitalizar el documento aprovechando la luz natural

del recinto, razón por la cual nos ubicamos próximos a una de las ventanas, dondesostuvimos los manuscritos en un atril provisto por el archivo. La sala de consultapermite realizar las digitalizaciones con luz natural a pesar de que el edificio donde seencuentra el AGN no fue diseñado para cumplir la función de repositorio. De estamanera, evitamos la exposición a la luz artificial fluorescente de la sala de consulta queperjudica la celulosa del papel al debilitar la estructura de las fibras por la acción de losrayos ultravioleta (Alonso 2007:13). Por otro lado, el uso de flash está prohibido en las

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salas ya que añade un factor de degradación del material y puede estropear la imagenresultante, “quemándola”.

19 La digitalización del manuscrito nos permitió disponer de una reproducción completa

del mismo, facilitando nuevas consultas a largo plazo, disminuyendo la manipulaciónde los originales y simplificando el acceso desde lugares remotos. La digitalización dedocumentos también posibilita realizar reiteradas consultas de los documentos sintener que atenerse al régimen administrativo del archivo, así reduce los tiempos deconsulta y permite examinar documentos de distintos legajos al mismo tiempo.Además, los nuevos soportes digitales permiten almacenar grandes cantidades deinformación en espacios físicos reducidos. A diferencia de la copia lograda mediantefotocopiadora, la imagen digital permite retocar el contraste, el brillo, y otrascaracterísticas de la fotografía de modo tal de optimizar la lectura. Sin embargo, si noaplicamos los parámetros apropiados al realizar la captura digital de los documentosveremos incrementados los problemas de legibilidad que presentaban los originales(Robledano Arillo et al. 2003)5. Por ello, antes de emprender la digitalización nosaseguramos de conocer el funcionamiento de la cámara de fotos, contar con un par depilas de repuesto y una computadora portátil para descargar los datos de la memoria dela máquina fotográfica. Una vez en el archivo prestamos especial atención a que lasfotografías no salieran “fuera de foco”, “movidas” o con la imagen “cortada”.La calidadde la imagen condicionará la posterior legibilidad, por lo cual es necesario escoger unaopción alrededor de 3600x2700 pixeles, que producirá archivos de aproximadamente3,5 MB6. Así, los archivos fueron guardados con formato de imagen “jpg” con unaresolución como la señalada7, lo cual determinó el tamaño de los archivos. Además,resulta importante realizar copias de seguridad de los archivos digitales, razón por lacual nosolo guardamos la información en nuestra computadora sino también en undisco rígido externo, ya que preferimos dicho soporte para almacenar las copias deseguridad en función de su gran capacidad, así como también por su“transportabilidad” y la practicidad en caso de que fuera preciso trasladarlos.

20 Una vez que copiamos las digitalizaciones obtenidas a la computadora las ubicamos en

un directorio y renombramos los archivos siguiendo la pauta utilizada en otrasdigitalizaciones previas (Enrique 2010b) según el esquema: ARCHIVO Sala número -Legajo número - Número de folio (número de orden). En este caso anteponemos alnúmero de orden —que permite que veamos las imágenes ordenadas en nuestracomputadora— el número de folio debido a que conocemos cuál es. Por ejemplo, elreverso de la imagen de la figura 2 fue denominado AGN Sala VII - Legajo 167 - f 1r (2).De esta manera, evitamos que el paso del tiempo se convierta luego en un obstáculo almomento de hallar nuevamente el documento entre otros, dado que ya desde elmomento de tomar la decisión de digitalizar debemos pensar qué haremos con elmaterial una vez culminado el proceso de digitalización y planificar cuáles son lasalternativas metodológicas más apropiadas a tales fines. En este sentido, resultanecesario tener presente que las digitalizaciones también requieren ciertos cuidadospara su adecuada conservación (Ávila Estrada y Álvarez Morell 2008). Tal como advierteDel Rosario Barrera Rivera (2009), para ello debemos controlar el deterioro de lossoportes de almacenamiento de la información y conocer los nuevos avancestecnológicos al respecto. Es preciso evitar los cambios bruscos de temperatura yhumedad —manteniendo la temperatura entre 16º y 20º C y la humedad entre el 30 y40%— a fin de prevenir la condensación de la humedad, y los soportes electrónicosdeben ubicarse alejados de campos magnéticos, de forma vertical, en lugares libres de

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polvo y suciedad. Asimismo, deberíamos mantener una copia de seguridad de losdocumentos en una ubicación distinta de la copia inicial.

21 Por otra parte, una vez culminado el proceso de digitalización del material llevamos a

cabo la transcripción del documento modernizando la ortografía salvo en los nombrespropios y desplegando las abreviaturas. Asimismo, hemos incluido en pie de página unaserie de aclaraciones y definiciones del Diccionario de la Real Academia Española (2001)sobre ciertos términos, principalmente vinculados con la jerga marítima utilizada porlos españoles del siglo XVIII.

Transcripción del diario de 1779

22 [Folio 1 verso]

23 Diario formado por mi D[on] Basilio Villarino, Piloto de la Real Armada y Capitán del

Bergantín N[uestra]S[eñora] del Carmen en la comisión que tuve a la descubierta delRío Colorado de orden del Comisario Superintendente y Comandante de la expediciónPatagónica D[on] Juan de la Piedra.

24 Febrero 8 - 17728. En este día embarqué 5 pipas9 de agua, y a las 10 de la noche me

embarqué yo con mar y viento por lo que me fue forzoso echarme al agua hasta elpescuezo, y allí se me echó a perder el reloj.

25 Día 9. Habiéndose mantenido la mar, y el viento contrario no pude hacerme a la vela;

así mismo estuve esperando la cachucha10 de la Fragata particular N[uestra] S[eñora]del Carmen, y pipas que me habían de mandar de la sumaca11 las que vinieron alanochecer, y recibí 4 mal acondicionadas: A las 7 y ½ me hice a la vela a llevar dos pipasde agua a la gente del primer campamento a donde di fondo a las 9 de la noche.

26 [Folio 1 reverso]

27 Día 10. En este día por la mucha mar, y viento no pude echarles el agua en tierra aunque

reconocía su sed por las señas que de tierra hacían.

28 Día 11. A las 2 de la mañana embarqué habiendo avanzado algo la mar las 2 pipas de

agua, y fui en tierra a traer algunas cosas que me faltaban para seguir mi viaje, y mehice a la vela a las 8 y ½ del día con ventolinas calmosas, y variables manteniéndose enla misma conformidad hasta las doce del día sin poder lograr la salida del Puerto.

29 Día 12 al 13. A mediodía que haciendo la misma diligencia de salir pero fue en vano; y

habiendo logrado a las 3 y ½ de la tarde cerca de la boca coser la costa de O[este] de estePuerto di fondo en ella en 7 brazas12 a esperar el primer viento para seguir mi comisión:Anocheció claro, y bonancible: A las 2 de […]

30 [Folio 2 verso]

31 […] la mañana habiendo entrado el viento por el S[ur] bonancible me hice a la vela en

vista del N[or] E[ste] ¼ N[orte] a desembarcar; a las 3 nos hallamos entre puntas, y a las3 y ¼ ya fuera goberné al N[or] N[or] O[este] hasta las cinco de la mañana que habiendodemorado la boca del Puerto al S[ur] S[ur] E[ste] distancia de 5 leguas mandé gobernaral N[or] O[este] 8 gr[ado]s N[orte] de la A[g]uja, y se perdió la tierra de vista: a las 8avisté por la proa13 las tierras altas: Demarqué a esta hora la tierra más alta al O[este] ¼N[or] O[este] y la que sale más al N[orte] al O[este] N[or] O[este] distancia de 2 y ½leguas todo por A[g]uja: Esta última forma una lengüeta que sale para el E[ste] N[or]E[ste]. A las doce demarqué la tierra al O[este], corregí la distancia de 5 leguas14, y

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observé el sol 41º 30 minutos habiendo en esta navegación hecho las dimensiones delPuerto de S[an] Josef y de este saco.

32 [Folio 2 reverso]

33 Día 13 al 14. Seguí a mi destino con viento fresco variable, y de malas apariencias pero

no ha habido especial novedad en esta singladura15: A mediodía observé el sol en 41º y36 minutos.

34 Día 14 al 15. Todo este día tuve vientos contrarios, y no observé por estar nublado.

35 Día 15 al 16. Seguí navegando con viento fresco y mar gruesa: a las 4 de la tarde viré por

delante en 10 brazas de agua una milla16 distante de tierra por cargar el viento, yponerse los horizontes cargados considerándome ya inmediato a la boca del Río perolas apariencias del tiempo no permitían poner en ejecución el intento a que voycomisionado: Pasamos así la noche, y al amanecer se avistó la tierra, la que fuimoscosteando, y haciendo diligencia de mi destino. A las 6 y ¾ se avistó la boca del parajeque vamos buscando al N[orte] ¼ N[or] E[ste] distancia de 3 y ½ le[…]

36 [Folio 3 verso]

37 […] guas: Continuamos en su demanda, pero habiendo apretado el viento, y mar,

tuvimos que arrizar17, y echar a correr para fuera, y siempre crecía el tiempo noobservé por estar nublado.

38 Día 16 al 17. Seguí a medio día navegando con viento duro, y mar gruesa con repetidos

chubascos aguantando a barlovento18 por no perder este paralelo: A las 3 de la tarde nosentró un golpe de mar que todos anduvimos nadando sobre cubierta; A las 3 y ½ nosentró otro, que casi nos hemos visto medios zozobrados en cuyo lance se nos fue casitoda la carga a sotavento lo que nos obligó a arriar la mayor, y a correr con eltrinquete19 a fin de componer la estiba20, y aunque inmediatamente se pusieron paraello todos los medios posibles, no fue factible hacerlo quedar con alguna satisfacciónpor los fuertes, y repetidos balances que arrollaban la gente en la bodega, y traíaasimismo todo […]

39 Folio 3 reverso]

40 […] cuanto se echaba a barlovento, para sotavento21: Anochecimos de esta conformidad,

la noche muy oscura, y de mal semblante con bastantes chubascos, y figadas de vientomuy fuertes: Pasamos de esta suerte la noche, y amaneció en los mismos términos sólohaber cedido alguna cosa el viento pero la mar muy crecida: A mediodía observé el solen 40º 40 minutos de latitud.

41 Día 17 al 18. Quedé a mediodía corriendo con el trinquete. A la 1 habiendo abonanzado

un poco el viento viré por redondo en vista de tierra y arqué la mayor arrizada, a estetiempo nos hallábamos con media cuarterola22 de agua salobre, y muy distante delparaje que íbamos a buscar: En esta inteligencia se me propuso por todos los de a bordo,que ya era tiempo de determinar una arribada al Río de la Plata, respecto al estado tandeplorable en que nos hallábamos, estar tan distantes de […]

42 [Folio 4 verso]

43 […] tierra, y ser un viaje a un paraje no conocido, así que determinase lo que me

pareciese más conveniente a que respondí que sí a cumplir la comisión, y que no habíade ser una fortuna tan adversa que por mar o tierra, no nos dejase hacer aguada que eralo que nos afligía, y seguí en demanda de la costa con fuerza de vela: A mediodía

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observé 40 grados 26 m[inuto]s. Seguí navegando en busca de la costa refrescó mucho elviento.

44 Día 18 al 19. A las 10 y ½ de la noche me hallé con muy poco agua, reventazón de bajos

por todas partes, viré inmediatamente por delante, sondé 12 palmos23 de agua, me avisóel timonel de que tocaba el timón, se afligía la gente, los animé diciéndoles no tuviesencuidado que por donde habíamos entrado habíamos de salir, y así navegué al rumboopuesto, y luego me hallé en 3 brazas, luego en siete, y di fondo […]

45 [Folio 4 reverso]

46 […] a pasar el resto de la noche hasta que viniese el día a fin de reconocer tierra.

Amaneció, y no se vio ninguna, pero si muchos bajos por cuyos canalizos se conocedesagua algún río por la corriente palos quemados, y otros vestigios de tierra, y por elcolor del agua: Reconocido este principié a llevarme lo que conseguí al cabo de 2 y ½horas trabajo, y rompimiento de aparejos y seguí a franquearme y a mi viaje: almediodía observé el sol en 40º y 45 minutos.

47 Día 19 al 20. Seguí estas 24 horas con mar gruesa haciendo vivas diligencias por cumplir

la comisión, ya por ella, como por la necesidad de agua en que nos hallamos: Amediodía observé 40º 57 m[inuto]s.

48 Día 20 al 21. Seguí todo el día sin poder alcanzar a mi destino, y observé en 41º 17

m[inuto]s.

49 Día 21 al 22. Seguí navegando con todo aparejo, y al anochecer ya me había […]

50 [Folio 5 verso]

51 […] prolongado con la costa, y hechas mis marcaciones. Seguí toda la noche con la

sonda en la mano, por nueve y diez brazas de agua y a las 5 de la mañana avistamos laboca del Río que se sospechaba, y haciendo diligencias de entrar, reconocí todo lleno debajos por la que determiné dar fondo en 3 brazas de agua, en donde por ver los bajosdescubiertos me hice juicio estababaja mar; y que cuando creciese el agua podía entrarhabiendo tomado esta resolución y ya resueltos a embestir por cualquier medio, hiceechar inmediatamente la cachucha y Ros y en efecto toda la gente con incomparablevalor. Me embarqué en ella con el cadete de Artillería, y Francisco Ros, y fuimossondando por tres brazas de agua al N[or] E[ste] ¼ N. Después de haber andado unamilla a este rumbo halle menos agua, y luego caí en 2 y ½ brazas de aquí arribamos alN[or] N[or] O[este] y hallé 1 y ½ por lo que orcé24 al E[ste] […]

52 [Folio 5 reverso]

53 […] N[or] E[ste], pero siempre por la misma agua, a 2 millas de distancia del Bergantín,

ydemarcando al S[ur] O[este] ¼ S[ur] caímos en 10 palmos de agua, y goberné al N[or]N[or] E[ste] demarcando la boca del río al N[orte]. Luego puse la proa a la boca del río, yseguí siempre la misma agua. Luego caímos a 6. A 5 a 4 ½ y a 3 pies de agua25, yreventazón de bajos por todas partes, por los cuales fuimos bastante trecho, hasta quellegamos cerca de la costa del N[orte] en la boca del río, que hallamos 3 brazas. Metimosal N[or] N[or] O[este], y hallé 3 y ½ demorando el bergantín al SSO, y aquí hallamos aguadulce sin mezcla de salada, y en donde se puede amarrar cualquier embarcación.Seguimos por 4 ½ brazas río arriba después de hallar 1 ½ brazas arrimamos a tierra, ydesembarcamos adonde hallamos árboles grandes de sauces secos que habían traído lascrecientes del río. En tierra hallamos el campo quemado […]

54 [Folio 6 verso]

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55 […] de poco tiempo, plantas como las del puerto de San José, apio, llantén, y otros:

Muchos patos, chorlitos, perdices e infinitos lobos de aceite de admirable tamaño.Serían las 12 ½ del día con corta diferencia advertí que ya estaba a media marea quecrece con mucha velocidad, y por lo que creció en tierra, tenía ya certeza de que en labarra había agua para el bergantín y embarcándonos con toda presteza salí a hacerle lasseñas que tenía prevenidas al bergantín para que entrase: No podíamos romper lacorriente, pero al fin salimos aunque rompiendo la mar, y con un hervidero que casinos hacía perder las esperanzas, pero luego que pudimos franquearnos le hice seña delevante, lo que ejecutó inmediatamente, pues con haberle quedado a bordo solo 8hombres no he visto levada26 más ligera. Seguí entrando con advertencia a las señas quese le hacía de los rumbos a que había de gobernar. Llegó junto a nosotros y levándonos[…]

56 [Folio 6 reverso]

57 […] por su proa llegamos a dar fondo dentro del expresado río en 3 brazas de agua a

más de media marea. A las 3 ½ de la tarde fuimos en tierra y hallamos perdices, liebres,y muchos lobos de aceite, con los cuales se divirtió la gente en matar algunos con lo queaumentaron la alegría de la entrada en el río, que para todos había sido grande. Nosretiramos a bordo, y anocheció claro, y sereno, pero a las 2 de la mañana del día 23entró un viento a fugadas repetidas, y fuertes por noroeste que rondando para el S[ur]O[este] nos imposibilitó de ir Río arriba como tenía proyectado ni aun nos permitióbajar a tierra. No teniendo reloj ni horizontes para hacer exactas observaciones de lahora del flujo, y reflujo del mar en este río no pude con certeza hallar la hora yminutos, a que precisamente sucede, pero dicho día 23, que según cuenta tiene 7 días launa, estaba baja mar a las 11 de la mañana con muy corta diferencia de pocos minutos.Luego […]

58 [Folio 7 verso]

59 […] restadas de esta hora, 5 horas y 3/5 que tiene de retardación, siguiendo las mareas

el curso lunar será la bajamar el día de la conjunción a las 5 y 2/5 de la mañana, y porconsiguiente dicho día de la conjunción añadiendo a las 5 y 2/5 de la bajamar 5 horas, y1/5 que tiene de retardación será la pleamar a las 11 3/5 del día, bajo cuya regla podrágobernarse cualquiera que entrase en este río: este día vimos algunos perros por laplaya, y habiendo avanzado el viento, llamándose al sur determiné hacer que elbergantín se levase y yo me embarqué en la cachucha, y seguí por la proa río arriba, afin de hacer algún reconocimiento de este país y sus habitadores, pues el fuego y losperros me motivaron a sospechar gente en este río, y puesto en ejecución a las 3 de latarde seguimos con viento fresco y corriente hasta las 6, que se avistó un pelotoncito degente; inmediatamente volví a bordo, y cargando las armas nos prevenimos, y mandé elbote a que trajese […]

60 [Folio 7 reverso]

61 […] los primeros indios abordo que eran 8 antes que llegase un chorreadero de gente a

toda prisa. Caminaba con atención a aguardar estos para que diesen noticia a los otros:Cuando llegaron abordo venían entre ellos dos presos desertores del Fuerte de San Joséque se habían desertado con otros 7 de los cuales solo estos dos vivieron habiéndosemuerto los otros, y el negro de D[on] Juan de la Piedraabrigose de la inclemencia deestos campos, excesivo calor, hambre y sed. Luego mandé traer otra botada de elloshasta 18 entre chiquillos, hombres y mujeres a los cuales les mandé dar de comer, y su

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hambre no era poca, comían tocino crudo, y parecían insaciables les mandé darbiscochos, poroto, tabaco, y un poco de harina y algunas prendas que cada uno tenía,como cuchillos, pañuelos, y otras cositas, tiramos un cañonazo, y al principio seamedrentaron, luego se alegraron con mucha algazara. Al ponerse el sol los mandé atierra, quedándome con los desertores a bordo, […]

62 [Folio 8 verso]

63 […] los cuales dijeron habían recibido muchos favores de aquellos Indios, y que en

haberlos hallado había consistido su vida, pues faltaba muy poco para acabárseles: A las9 de la noche vinieron gritando a la orilla chaguã[?], tabaco, y se les dio.

64 Día 24. Este día a las 5 de la mañana ya estaban los Indios enfrente llamando, se fue en

busca de ellos, se les dio de comer, y llenamos las pipas de agua que casi estaban todasabiertas de la sequedad, y reconocimos las tolderías de los Indios en las cuales no hevisto otras armas, que bolas, puñales, y hasta 3 flechas mal hechas, y de mal arco. A las2 de la tarde llegaron una china y un Indio, extrañé la algazara, y llamé a uno de losdesertores, y le pregunté si comprendía aquella novedad, a lo que dijo que no sabía otracosa que haber llegado allí aquellos Indios, que él jamás había visto. Estos les traíanfruta de chañar de regalo, […]

65 [Folio 8 reverso]

66 […] y comprendí según sus ademanes que venía más gente, por lo que retiré toda la mía

a bordo, lo cual quiso estorbar el Indio que allí hacia cabeza, con señales y a caballoponiéndose delante, pero yo con precaución llevaba la gente prevenida, y armada, cesóde su majadería y nos retiramos a bordo.

67 Día 25. A las 6 de la mañana llegaron los Indios a la orilla, y habiendo mandado el bote a

tierra avisaron que estaba allí una cautiva. Inmediatamente mandé que trajesenaquellos Indios y la cautiva, la cual era China Pampa, como todos aquellos Indios, sololos primeros que eran Teguelchus, hablaba regularmente, y procuré informarme deella, del estado, costumbres y frutos de este país, y sus habitadores, dice que estosIndios casi no tienen adoraciónsolo un poco veneran al Sol, comen guanacos, liebres,avestruces y caballos; sacan de debajo de tierra una batatilla muy chica que comen yacrudas ya […]

68 [Folio 9 verso]

69 […] cocidas, y raíces que tostadas hacen de ellas harina con que hacen poleadas, y

asimismo de una semilla muy chica que parece mostaza, también la muelen entre dospiedras, y hacen poleadas. La cautiva, o India que dijo era cautiva, dice que río arribahay muchos Indios Aucaces, y Teguelchus, pero que están lejos que los Teguelchus sonpobres, los Aucaces ricos, pues tienen ganado vacuno, caballar, y ovejuno conabundancia, que hacen mantas pellones, y ponchos, que amasan y siembran. Estaestuvo mucho tiempo entre cristianos, y dice que nunca vieron ni entre estos Indioshubo noticia de otra embarcación en este río ni sus costas, ni jamás habían visto estoshabitadores cristiano alguno. A las 10 llegó con otra tropa de Indios el Cacique de estaIndia inmediatamente fue el bote a traerlo antes que se juntase más turba; llegó a bordomedio triste, se le dio tabaco, aguardiente, mate, y una pipa, y todos procuraronregalarlo de lo que dijo estaba grato, y al anochecer nos regalaron unos […]

70 [Folio 9reverso]

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71 […] pellejos de poco valor para ellos y para nosotros, aunque costó trabajo despedirlos

de a bordo con un buen modo pues se hallaban bien a bordo.

72 Día 26. Este día vinieron los Indios, se les dio de comer como siempre y se les regaló, y

como no teníamos bujerías que darles, les dábamos medias, camisas, calcetas, chalecos,calzoncillos y chupas que casi nos dejaron sin que cubrirnos, todo a fin de agradarlospara que durante una ausencia diesen noticias a otros de lo bien que los había tratado,para que con eso si acaso determinasen formar aquíalgún establecimiento se hallase enellos el allanamiento, y ninguna oposición: Empecé este día a formar un vocabulario afin de entenderles algunas cosas, y a contar que aprendimos con facilidad hasta 100 enlengua Pampa, y Teguelchu. Por la tarde trajeron un rebañito de ovejas y cabras como100 poco más o menos y nos regalaron cuatro […]

73 [Folio 10 verso]

74 […] esto nos estimuló a regalarles más que cada uno se esforzó en lo que pudo, así ni

concurrieron más Indios, y con ellos la gente del Cacique Julián Gordo de S[an] Juliánlos que dijeron que este había ido a pelear con los Aucaces, y a robarles los caballos porlo cual nos dejaron sin fiar que comer pues siempre se hallan con buena disposiciónpara comer y para pedir.

75 Día 27. Este día se compusieron las velas por estar el viento al Este no pudimos salir: Se

continuó en agradar los Indios, y siempre con precaución y reserva, pues nunca me fiéde ellos porque no me gustaban algunos movimientos suyos, no obstante no teniendoya que dales les di los últimos dos pañuelos, la colcha de mi cama, y el cortaplumasciñéndonos todos a comer solo maíz, y pescado que habíamos cogido en la boca del ríocon abundancia, al anochecer se fueron.

76 Día 28. Este día a las diez nos hicimos […]

77 [Folio 10reverso]

78 […] a la vela con viento O[este] N[or] O[este] calmoso el que se quedó calmo, y la

corriente nos aconchaba sobre un bajito por lo que dimos fondo a las 12: A la una vinoel Cacique y habiendo mandado el bote a ver lo que quería por señas dio a entender quenos volviésemos a donde estábamos fui a tierra, y le dije que iba a buscar que comer queya no tenia, y que en una Luna me esperase que lo regalaría, así quedó contento, ycargaron con el último resto de nuestra ropa, pues hasta las ligas me saqué para darles,se retiraron a las 3 de la tarde, que habían llegado allí más de 40 mostrando talsentimiento de nuestra separación que algunos vertieron lagrimas bastantes. Les hicedar harina, y se fueron dando muestras de que deseaban nuestra pronta vuelta a aquelparaje. A las 5 de la tarde vinieron 3 Indios con un cacique a despedirse; y al anochecerllegó un Cacique con un Indio Teguelchu que anticipadamente se quería venir […]

79 [Folio 11 verso]

80 […] con nosotros, pero yo de ningún modo quise admitirlo sin que fuese con gusto del

Cacique por no disgustarlos: Embarcamos dichos Indio muy contento queriendo arrojarlos pellejos con que se cubría al agua.

81 Marzo 1º de 79. A las 5 de la mañana me hice a la vela con viento N[or] O[este] flojo a las

7 avistamos Indios que venían siguiéndonos, pero viendo que nos adelantábamos conviento en favor, y corriente se volvieron: A las 9 di fondo a fin de levantar el plano,reconocer los bajos de la barra, y sus canalizos: A las 3 fui a reconocer con el bote losbajo de la boca.

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82 Día 2. Este día fui a levantar el Plano de este Puerto, observar su latitud, y la hora de la

pleamar en tierra. Volví a bordo a la noche y hallé la novedad de haberse desertado elLenguaraz que llevábamos, por lo que determiné volver de noche con el bote a lostoldos a prevenirle aquellos Indios que se me había desertado este Individuo, y asi[…]

83 [Folio 11reverso]

84 […]mismo a decirles, que era un mal hombre que no se fiasen de él, que si llegase por

allí lo prendieran y lo entregasen al cacique Julián para que lo llevase asegurado a SanJulián: Esta diligencia me pareció precisa, precaviendo el que este sujeto no fuese a losIndios con algunas mentiras, y darles parte de nuestros establecimientos, armas,víveres, gentes y fines a que nos dirigíamos, y prevenidos los Indios ya no le daríantanto créditoa lo que él quisiese forzar con ellos: Al anochecer me hice a la vela, yllegando al paraje hallé que ya se habían mudado todos los Indios, y considerándolosmás arriba seguí toda la noche hasta que las corrientes me dieron lugar que sería como12 leguas de la boca.

85 Día 3. Al amanecer hice descubierta de encima de los sauces, y no viendo a nadie seguí

por tierra río arriba como 1 ½ legua siempre haciendo descubierta sobre los árboles, yno pudiendo hallar la India-[…]

86 [Folio 12 verso]

87 […]da quedé sumamente considerando que el viejo Ignacio se moriría antes de tropezar

con ellos. Hecha esta diligencia empecé a navegar en demanda del Puerto a abreviar misalida, pero se llamó el viento al S[ur] tan fuerte, que no pude pasar del primerestablecimiento de los Indios a donde estuve hasta que aflojó un poco.

88 Día 4. A la 1 de la noche salí siguiendo mi viaje para la boca del río a donde llegué a las

8, y por mantenerse el viento al S[ur] E[ste] contrario a nuestra salida, fue el bote atierra a hacer leña, y yo con el piloto sobre Punta Gorda a hacer observaciones de laentrada en este puerto, las cuales con las dimensiones del plano pondré en su lugar, elviento se mantuvo al S[ur] E[ste] fresco.

89 Día 5. Este día no se pudo salir por el viento contrario.

90 Día 6. Siguieron los vientos fuertes, y contrarios, y nos estamos esperando la primera

buena hora para hacernos a la vela.

91 [Folio 12 reverso]

92 Día 7. Al amanecer quedé a pique pero sin viento para salir, no obstante me hice a la

vela, y tuve que volver adentro a dar fondo27.

93 Día 8. Volví a intentar la salida, pero por estar la barra con mucha rompiente, no me

determiné, y di fondo. Observé este día 40 gr[ado]s 55 m[inuto]s igual a la observada entierra, que es la latitud del río.

94 Día 9. A las 8 de la mañana me volví a adentro a abrigarnos del S[ur] O[este] que entró

muy fuerte.

95 Día 10. Lo pasamos fondeados adentro por el mal tiempo, porque aunque me hice a la

vela para salir fue en vano, porque la barra rompía de tal suerte que parecía nube.

96 Día 11. A las 5 de la mañana habiéndose llamado el viento al N[or] O[este] me hice a la

vela, y salí de la barra por 13 palmos los menos de agua. A las 6 ya me hallaba […]

97 [Folio 13 verso]

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98 […] fuera de peligro demorando la boca del río al N[or] N[or] O[este], y la punta gorda

de afuera al S[ur] O[este] 5 g[rado]s O[este] y la de adentro al O[este] de cuyo puntogoberné al S[ur] S[ur] E[ste] dando resguardo a un bajo que sale de la medianía de lasdos puntas casi 3 millas, de cuyo escollo hallándome rebasado a las 8 ¾ goberné al S[ur]O[este] 5 g[rado]s S[ur] e hice fuerza de vela, y seguí hasta el mediodía que observé 41g[rado]s 30 m[inuto]s.

99 Día 11 al 12. Quedé navegando con toda la fuerza de vela hasta las 11 de la noche que se

avistó tierra por el ángulo de 78 g[rado]s 45 m[inuto]s del 3º cuadrante28 por lo que virépor delante, y porque esta punta de tierra jamás habíamos visto, ni la punta ningúnmapa náutico determiné reconocerla, y hacer las dimensiones que permite el andar a lavela; de hecho esto volví en demanda del puerto de S[an] José y observé 42 g[rado]s 17m[inuto]s de latitud.

100 Día 12 al 13. Seguí en la misma disposición toda la tarde, y anocheció con los hori-[…]

101 [Folio 13reverso]

102 […]zontes cerrados, mar gruesa, viento fuerte, el viento turbonado, y con muchos

relámpagos. No obstante procuré atrancarme a tierra a fin de poder ver con la luz dealguno la boca del puerto, y meterme dentro, pero no lo pude conseguir, porque oía elruido o choque del agua en las playas, y no podía ver la tierra: Me mantuve toda estanoche con bastante cuidado metido en este riesgo, a fin de no dilatar mi viajeconsiderando que mi retardación sería de bastante atraso a la expedición. A las 6 de lamañana reconocí, y demarqué la boca del puerto, por su medianía al S[ur] S[ur] O[este]y seguí en su demanda con fuerza de vela. A las 7 estábamos entre puntas de dondedemarqué las barrancas de la parte del Este al N[or] E[ste] ¼ N[orte] y las de la parteN[orte] al N[or] O[este] ¼ N[orte] de la A[g]uja, advirtiendo que estas son las tierras quemás lejos se avistan. A las 8 se avistaron las […]

103 [Folio 14 verso]

104 […]embarcaciones. A las diez dimos fondo junto al paquebot[e]29, vino a bordo D[on]

Pedro García a traerme la novedad que D[on] Juan de la Piedra se había ido a BuenosAires y que yo debía estar a las órdenes de D[on] Francisco de Viedma, sentí la novedady pase a ver dicho señor.

105 Día 14. Se empleó este día en descargar algunos útiles a tierra.

106 Día 15. Proseguimos en la misma faena, y surtiendo de agua dulce a los de tierra y a las

embarcaciones.

107 Día 16. A las nueve de la mañana me hice a la vela en virtud de orden del

Superintendente D[on] Francisco de Viedma a recorrer la costa del S[ur] de este Puertopues había noticia de un manantial o lagunas de agua dulce: En este viaje hice lasdimensiones de este puerto para agregar a otras que anteriormente tenía hechas.Llegué al paraje a donde se de-[…]

108 [Folio 14 reverso]

109 […]cia estaba el agua, y hallamos todo seco; fui de allí por tierra a hacer las dimensiones

de otro puerto que está más al S[ur] de este de S[an] José distante de una legua el cualhabía descubierto cuando descubrí las Fuentes, y hechas diligencias, me hice a la velapara el 1er campamento a cargar la lancha de pertrechos y víveres para el nuevocampamento a donde llegué a las 11 del día 20.

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110 Día 20. Y los días restantes de este mes se trabajó en la descarga, y habilitación de esta

embarcación que en conserva de la zumaca S[an] Antonio, la Oliveira deben hacer viajeal río de donde acabo de llegar; habiendo determinado el Superintendente hacer en élun establecimiento cuya comisión intentó D[on] Pedro García ir como ingeniero, peroreparando el Superintendente que teniendo por disposición de D[on] Juan de la Piedrael man-[…]

111 [Folio 15 verso]

112 […]do del paquebot[e] S[an]ta Teresa no podía dejar abandonado aquel puesto le dijo el

reparo que tenía.

113 Abril 8 de 79. Y el día 8 de Abril llegó diciéndole al Superintendente que buscase capitán

para el expresado buque, que él hacía dejación de su mando a lo que respondió elSuperintendente que de ningún modo admitía dicha dejación, y lo que tuviese quedecirle sobre el asunto se lo expresase de oficio, a lo que respondió dicho oficial, que élno pasaba para eso oficio alguno, y se retiró a su bordo; esto pasó en presencia delcapitán de la zumaca la Oliveyra; y el día…

114 Día 9. siguiente 9 a las 7 de la mañana tiró un cañonazo, y largó gallardete30 de órdenes

a las que concurrió el capitán de la Oliveyra, y el del bergantín José Ignacio deGoycochea, y allí hizo dejación del cargo del paquebot[e], y se fue a tierra a ponerse […]

115 [Folio 15 reverso]

116 […] a las órdenes del Comandante de las Armas, inmediatamente hizo el Capitán de la

Oliveyra gallardete de comandante: A mediodía tuvo noticia el Superintendente deestas revoluciones, y le fue preciso nombrar de capitán del paquebot[e] al piloto D[on]Pedro de Olmos, y yo que continué a ser comisionado en los descubrimientos.

117 Día 10. Se pagó a la gente.

118 Día 11. Se embarcaron los equipajes, y gente de transporte, y el padre fr[anciscano]

Pedro de Santiago a quien a mi cuenta doy la mesa: pasa-[…]

119 Día 16. […]mos aguardando el tiempo hasta el día 16 que nos hicimos a la vela a las 7 de

la mañana con viento al S[ur] S[ur] O[este] fresco. A mediodía demarqué la medianía dela boca del puerto al S[ur] S[ur] E[ste] de la a[g]uja distancia de 4 leg[ua]s y observé elsol en 42 gr[ado]s 7 m[inuto]s de latitud Sur.

120 Día 16 al 17. Este día seguimos en […]

121 [Folio 16 verso]

122 […] bonanza, y en buena conserva con la zumaca sin que hubiese particular novedad, y

del mismo día observé el sol en 41 g[rado]s 35 m[inuto]s.

123 Día 17 al 18. Este día seguimos en bonanza y continuamos nuestra navegación sin que

hubiese particular novedad, hasta las 6 de la mañana que avistó la tierra, y reconocí queera la punta gorda de afuera de la boca del río al sur del Colorado. A las 7 arribó lazumaca a la banda por haberle parecido la corriente un bajo: Pasamos nosotros. A las 8½ dimos fondo en 3 brazas a esperar la marea. Echamos la cachucha al agua y fuimosinmediatamente en busca del Superintendente para meterlo adentro en ella a fin deque no se expusiese en la barra con las embarcaciones mayores. Luego que se embarcóeste y los Padres nos largamos, y dimos fondo dentro de la barra, y advirtiendo cuandoesta tenía agua suficiente hice a las embarcaciones seña de levarse, y entrar como loejecutaron […]

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124 [Folio 16reverso]

125 […] luego, y en la boca del río les costó voltejar31 hasta que bajara la marea, y dieron

fondo a la 1 y ½ de la tarde dentro del río como 3 leg[ua]s de la boca, a las 3 entró elviento para el S[ur] E[ste] y nos hicimos a la vela, y yo siempre en la cachucha sondandohasta las 5 que fondeamos, y nos quedamos a pasar la noche.

126 Día 19. A las 10 de la mañana nos hicimos a la vela seguimos río arriba con viento al

S[ur] S[ur] O[este] hasta las 4 de la tarde, que dimos fondo como a 9 le[gua]s de la bocadel río. Fui río arriba con la cachucha, y el Superintendente, y no descubrimos Indios.

127 Día 20. Salimos con la cachucha río arriba con el Superintendente Padres y Goycochea

avistamos unas tolderías, y pasamos el Superintendente a la parte Sur. FuimosGoycochea y yo a la del Norte a reconocer los toldos bien armados, y viendo que nosrecibían con algazara, y que no era mucha […]

128 [Folio 17 verso]

129 […] gente, mandamos al bote en busca del Superintendente, y los demás que han

quedado en la banda del Sur llegaron, y cada cual los agasajó como pudo. A las 5 de latarde nos retiramos a bordo.

130 Día 21. No hubo especial novedad.

131 Día 22. Este día llegaron todos los Indios conocidos, y los del Cacique Julián de San

Julián, de modo que se juntaron más de 500 personas lo que después de darles de comernos hicimos a la vela río abajo para el primer paraje donde hallamos los Indios laprimera vez en mi primer viaje, siguieron por tierra a las embarcaciones.

132 Día 23. Se alistaron las herramientas para formar el pozo, y batería e ir al corte de

madera.

133 Día 24. Sigue la gente trabajando en tierra, y los Indios comiendo a un lado.

134 Día 25. Se echaron las maderas de la chalupa en tierra para levantarla.

135 [Folio 17reverso]

136 Día 26. De mañana salí con una India a reconocer una salina, que está como 10 leguas de

distancia, volví de reconocerla que es de excelente cualidad, y dista media legua de laorilla del río.

137 Día 27. Al mismo día llegué de la salina, e informé al Superintendente de todas las

circunstancias de la sal, en que situación y con que facilidad se puede traer.

138 Día 28. No hubo novedad.

139 Día 29. Fui con un Indio a reconocer otra salina, y era la misma que había visto el dia 26:

en este mismo día llego por la tarde el Cacique Negro, y entregó la carta delEx[celentísi]moS[eño]r Vicerrey al Superintendente y trajo consigo un cristianollamado Gregorio de lenguaraz: este es esclavo de un Indio que fue apresado en BuenosAires, junto al [¿?] una estancia, y yo volví a media noche de la salina.

140 Día 30. Esta mañana se juntaron, e […]

141 [Folio 18 verso]

142 […] hicieron amigos Julián Teguelchu, y el Cacique Negro Pampa.

143 Mayo 1º de 79. Siempre prosiguen llegando Indios, y los Teguelchus quisieron atropellar

nuestra gente de trabajo por lo que fue gente armada en tierra pero no hubo novedad.

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144 Día 2. Nos levamos con el bergantín, y nos pusimos frente a las tolderías con la artillería

lista, porque los Indios se iban insolentando mucho amenazando a degüello. La gentefue armada al trabajo, y el Cacique Julián empezó a levantar su campo, y se puso enmarcha: el cacique con otros 7 u 8 Indios estuvo todo el día a bordo: A las 5 y ½ de latarde llegó el preso Cardozo que había ido con la noticia al corte de madera de quepasaban muchos Indios a la Isla a nado, y que en el camino había hallado losTeguelchus, y que el que fue con nosotros embarcado al Puerto de San José, y otro que abordo de […]

145 [Folio 18reverso]

146 […] de la zumaca le habían querido robar el poncho, y lo querían llevar consigo

amenazándole de muerte. De noche llegó de dicha Isla otro chasque diciendo que losTeguelchus habían pasado a nado, y los habían amenazado de muerte diciendo que aldía siguiente de mañana tuviesen prevenida comida, y ropas la que tuviesen quevolverían en busca de ella, esto junto con haberme avisado a mí una India de quesocorriésemos a nuestra gente de la Isla porque los Teguelchus habían de procurarmatarlos. En virtud de estos recelos el S[eño]r D[on] Francisco de Viedma me comisionópara socorrer [a] los de la Isla, y traer preso al Indio Hirra: me hice a la vela con el boter[í]o arriba, y con buenas armas: llegué a la Isla, y esperé escondido a que viniesen aejecutar sus intenciones para que el castigo de estos fuese escarmiento de otros, pero lamañana estuvo muy fría, y no vinieron hasta […]

147 [Folio 19 verso]

148 […] las 10 del día que estando ya para ir a buscarlos a los toldos, llego el Cacique Julián

que había dado palabra al Superintendente de entregarle a dicho Indio: Lo pasamos enel bote, y fuimos a acompañarlos hasta unos toldos que estaban de la parte del Norte, adonde tenía noticia que estaba dicho Indio, dejé la gente en el bote con las armas en lamano, inmediato a dichos toldos para que a la primera seña hiciesen fuego, lo queconvino al Cacique, y el ofreció entregar el Poncho; no obstante dije que había de venira las embarcaciones, el Cacique Julián le dio su caballo, y él, y otros dos se vinieronconmigo en rehenes del Indio. Yo llegué al ponerse el sol, y encontré a bordo de lazumaca el Indio, pidió Julián por él, y se le dijo que al otro día lo trajese, ofreciolo, peroantes del día se fue, y Julián se vino a despedir le arreglé un poncho y un poco de pan,levantó su mujer e hijos y se fue el día 3 […]

149 Día 3. […] a las 10 del día. Sigue la gente […]

150 [Folio 19reverso]

151 […] trabajando sin que hubiese novedad particu-[…]

152 Día 8. […]lar hasta el día 8 que le dio un Indio una puñalada a una India esclava suya,

porque se detuvo un poco en ensillarle el caballo, la herida fue en el pescuezo sangrabamucho, y los perros bebían sangre, los Indios decían que era su esclava, y siéndolo porqué no la había de matar cuando le diese la gana.

153 Día 15. Desde el día 8 hasta el 15 no hubo particular novedad que se echó al agua la

chalupa.

154 Día 16. A la hora de la pleamar creció el río muchísimo, no sin notable admiración, de

los Indios que les hizo retirar los toldos, los vientos eran de afuera, y cabeza de marea,en este día se empezó a hacer carbón.

155 Día 17. No hubo novedad.

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156 Día 18. A las 8 de la noche vinieron los que estaban con el hospital, horno, y herrería

pidiendo socorro porque los Indios los […]

157 [Folio 20 verso]

158 […] querían degollar, fuimos en tierra después de varias diligencias se cogió el cabeza

de ellos que es un mulato cautivo muy pícaro, éste está preso a bordo de la zumaca.

159 Día 19. A las 9 de la mañana me dijo el capitán de la zumaca desde su buque que

afrontase la artillería, porque los Indios se desvergonzaban, y habiendo ido a su bordocon amenazas por el mulato, a este tiempo ya tenía yo toda la artillería prevenida, y dijeque avisase cuando quería que les hiciese fuego. Así prevenidos se les mandó saliesende allí a 3 tolderías de Teguelchus lo que obedecieron luego.

160 Día 20. Llegaron los toldos que tenía el Cacique Negro, entre los cuales venían dos

negros, que habían cautivado en Buen[o]s Aires, y una muchacha que tendría 12 años.No hubo particular novedad.

161 Día 25. Hasta el día 25 que se rescató la muchacha, y salí yo a reconocer el puerto […]

162 [Folio 20 reverso]

163 […] de S[an] Antonio, comisionado por el Superintendente con un Indio, y una India dos

días de camino del Establecimiento, y uno del río, hallé agua dulce en unos médanosmuy grande de arena habiendo estado a 13 leguas del puerto de S[an] José tuve quevolverme porque se nos habían acabado los víveres. Los Indios me pedían que comer, yyo me afligía porque la caza era poca que para buscar una perdiz sin perros es menestermedio día, y entonces no caminábamos, no hubo remedio sino volvernos, los tiemposestuvieron muy fuertes de granizos, y cerrazones. He visto (cortando al río dicho) unfuego seguí a él, y hallé a Goycochea ya de noche que había ido con el bote siguiendo a 3desertores con un Indio que había dado parte que fuesen en busca de ellos: este se lesescapó y los vientos contrarios y corrientes contrarias lo tenían en una Isla como 10leguas del Establecimiento río arriba: Pareciéndome importante esta diligencia el día si-[…]

164 [Folio 21 verso]

165 […]guiente llevé al Indio que venía conmigo la escopeta 4 pistolas, y fiado en un buen

caballo aunque la china lenguaraza me repitió diferentes veces que no me convenía irque mandase otro, no obstante ya determinado galopé río arriba hasta donde estabanlos Indios acampados, que sería como de 5 a 6 leguas, y hallando el rastro de que habíancaminado había 3 días, me volví, y mudando caballo llegué a las embarcaciones. […]

166 Día 31. […] El día 31 a las nueve de la noche. En este viaje me dijo la china como uno de

los desertores que llevé al Fuerte de San José ya estaba vendido por un caballo, y que losintentos de los Indios habían sido para apoderarse de las embarcaciones, y apresarnos atodos, para cuyo fin a su ayuda había venido su Cacique, pero que no habían podidoejecutar sus intenciones por mi vigilancia; asimismo me encargó mucho que no mefiase, pero que en cuanto ella estuviese allí me daría parte de todas sus in-[…]

167 [Folio 21reverso]

168 […]tenciones. Dio la orden D[on] Francisco de Viedma de descargar el bergantín en la

zumaca a cuyo bordo […]

169 Junio 1º de 79. […] atracamos el día 1º de junio y se desembarcó el Padre a quien di la

mesa hasta este día.

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170 Día 7. No hubo particular novedad hasta el día 7 que estando listos para hacerme a la

vela para el Puerto de S[an] José recibí los pliegos del Real Servicio, y la orden de que encaso de no poder entrar en aquel Puerto, entregase en Buenos Aires y remitiese a laCorte según correspondiesen, y a la una de la tarde me hice a la vela, y di fondo a las 4por haberse quedado calma.

171 Día 8. A las 6 de la mañana nos levantamos. A las 8 para recoger pasto fondeamos.

172 Día 9. Nos levamos para la boca a alastrarnos, y en este día vino en la chalupa el

Superintendente, y […]

173 Día 10 y 11. […] se volvió este mismo día: Los […]

174 [Folio 22 verso]

175 […] días 10 y 11, han estado los vientos del 2º cuadrante muy fuertes, la barra por las

nubes, y nos obligó a levarnos…

176 Día 12 y 13. con sumo trabajo haciéndonos a la vela para dentro del río el día 12 y 13 por

haber garreado32 me metí más adentro en un canalizo junto a una arboleda, pero no mevalió pues el viento nos montó sobre una Isla, pero creciendo el río con incomparableviolencia, y mas que nunca, pasamos al Sur a clavar estacas, y salir a fuerza de aparejos.

177 Día 14. Supimos que se había inundado todo el fuerte, panadería, herrería, y todo lo

demás, y determinaron hacer la población a la parte del Norte. Fui a verlos, y tomé lospliegos que había llevado el contador. Los días restantes hasta…

178 Día 22. el 22 estuvimos esperando tiempo para salir: lo conseguí en este día a las 5 y ½

de la noche: A las 6 ½ estábamos fuera de la barra, y gobernamos al S[ur] a franquear-[…]

179 [Folio 22reverso]

180 […]nos: A las 7 mandé gobernar al S[ur] O[este] ¼ al S[ur] rumbo que demora el Puerto

de S[an] José a cuya vista estaba a las 6 ½ de la mañana […]

181 Día 23. […] del día 23. La boca del Puerto estaba a barlovento, las corrientes tiraban para

sotavento con incomparable rapidez, y advirtiendo yo que era imposible granjear laboca de este Puesto, arribé con fuerza de vela a ver si podía en este día, recogerme yasegurarme en el otro Puerto que está por la parte del Sur de San José a quienanteriormente había por tierra reconocido, y hecha algunas dimensiones para de allí irpor tierra a S[an] José, esto ha sido por estar el tiempo de muy mal semblante, y conestas embarcaciones, y en semejantes parajes son peligrosísimas los temporales. A lasdiez descubrimos un bajo que corre N[orte] S[ur] casi paralelo a la costa distancia de 2millas de ella en cuya medianía pasamos el que estaba descubierto por estar la mar baja,que en pleamar puede que lo cubra el agua.

182 [Folio 23 verso]

183 Día 23 a 24. Seguí este mediodía con viento duro, y mar gruesa en demanda del

expresado Puerto por no tener otro arbitrio según las apariencias del tiempo. A las 4 ½por cerrarse la noche y ser un puerto no conocido, determiné virar en vuelta de afueraen cuya virada marqué la boca de dicho Puerto al S[ur] O[este] distancia de 4 leg[ua]s, yla tierra, O[este], punta que sale más al N[orte] al N[orte] ¼ N[or] E[ste] de la a[g]uja,pasamos la noche aguantándonos lo posible. A las ocho y media de la mañana, habiendocargado el viento y mar muy fuerte y con malas apariencias, considerando laimposibilidad de tomar de esta situación el Puerto de San José tener ya gastados 19 díasde víveres, los tiempos cerrados y las costas que no ofrecen partido por lo barrancoso,

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bajíos, y sacos que no permiten tiempos fuertes y cerrados, aproximarse a sureconocimiento determinamos por asegurar la embarcación, las noticias, los Realesintereses, y nuestras vidas arribar a amarrarnos en vuelta del N[or] E[ste], y de noaflojar el tiempo, conti-[…]

184 [Folio 23 reverso]

185 […]nuar a dar las noticias a Buenos Aires del Ex[celentísi]mo Señor Virrey como me lo

previno de palabra el Superintendente D[on] Francisco de Viedma observé en 41gr[ado]s 29 min[uto]s.

186 Día 24 a 25. Siguió el tiempo duro, y seguimos nosotros sin poder resistir a la mar

gruesa, y encrespada del S[ur] O[este] así continuo el resto de la singladura, y loshorizontes malísimos por el 3º y 2º cuadrante sin que nos diese lugar a meterle la proapor la gruesa mar del S[ur] O[este] este día no pude observar.

187 Día 25 a 26. Seguimos este día con proa al N[or] E[ste] toreando los mares del S[ur]

O[este] y el viento se llamó al O[este] duro de donde levantó mucha mar y nos vimosentre estas dos mares casi sumergidos particularmente por ser la embarcación de tanhombres: Los horizontes cerrados con celajes gruesos de modo que no pude ver el sol,ni observar.

188 Día 26 a 27. Seguimos con dicha mar, y viento y a las 5 de la tarde orzamos por haber

[…]

189 [Folio 24 verso]

190 […] abonanzado la mar un poco, pero siempre corriendo en 14 cuartas33, pasamos el

resto de la singladura sin novedad, y a mediodía me hallé en 37gr[ado]s 52 minutoshabiéndose mantenido el viento siempre tenaz por S[ur] O[este].

191 Día 27 a 28. Siguieron los vientos del 3º cuadrante másbonancibles las mares gruesas y

encrespadas, y observando cerca del cabo de San Antonio imposibilitado así por lostiempos, como por los víveres de volver para el Sur, orcé a meterme dentro del Río de laPlata, y observé este día en 35 gr[ado]s 59 m[inuto]s.

192 Día 28 al 29. Seguimos navegando hasta las 7 de la tarde que se quedó calma por lo que

dimos fondo sobre el Banco Inglés, y así pasamos la noche hasta las 6 de la mañana, quecon una ventolina por el E[ste] N[or] E[ste] nos hicimos a la vela con proa al O[ste] endemanda de Buenos Aires. A mediodía observé el sol en 35 gr[ado]s 30 m[inuto]s ysondé 7 brazas de agua.

193 Día 30. Continúe mi navegación con fuerza de vela en demanda de Buenos […]

194 [Folio 24 reverso]

195 […] Aires en donde di fondo a las 12 del día.

El mapa de 1779: “Descripción geográfica de la costaoriental patagónica…”

196 Paralelamente a la escritura del diario que transcribimos, Basilio Villarino elaboró un

mapa [Figura 3] que representa la costa oriental patagónica que relevó entre los mesesde enero y julio de 1779. En él se señalan los puertos de San José, Nuevo y San Antonio yse indica la ubicación del establecimiento sobre el río Negro.

Figura 3: Mapa de las exploraciones de 1779 elaborado por Basilio Villarino. Fuente: FundaçãoBiblioteca Nacional (Brasil). http://hdl.handle.net/123456789/110

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197 Este mapa se encuentra catalogado como ARC.009, 13, 016 en la división Cartografía a la

que podemos acceder desde el portal web de la Fundação Biblioteca Nacional. A pesarde que es posible hallarlo mediante la búsqueda por autor no resultó tarea sencilla laidentificación del mapa debido a la existencia de diversos registros elaborados porBasilio Villarino y la abundante diversificación de catalogaciones con las que han sidoclasificados en diferentes archivos. El que aquí consideramos es un mapa manuscrito de67,2 centímetros por 55,2 centímetros, coloreado mediante acuarelas ocre, amarillo,rojo y verde, que incluye un recuadro con aclaraciones sobre la representación gráfica.Resulta factible visualizarlo directamente online mediante un cliente web comoChrome, Firefox o Internet Explorer, sin necesidad de descargar o guardar la imagen ennuestra computadora. Cabe destacar que a diferencia de otras digitalizacionesdisponibles en repositorios virtuales de otros archivos, en este caso la imagen nopresenta marcas de agua u otras semejantes, lo cual permite una apreciación óptima dela misma. Además, es posible descargar un archivo de 164,1 Megabytes con una imagende 300 dpi34 (1.392 pixeles por 1.648 pixeles) en el formato estándar jpg, formato que sibien posibilita reducir considerablemente el tamaño de la imagen para que pueda estardisponible en la web, lo hace en detrimento de la calidad de la misma. No obstante, selee el texto que transcribimos a continuación:

“Descripción geográfica de la costa oriental patagónica comprehendida entre 40º 25’y 43º 10” de Lati[tud] Sur, 311º 15’ y 314º 14” de Longitud de Tenerife arrumbada35, ymedidos sus puertos y entradas (hasta ahora no conocidos) geométricamente por el2º Piloto de la R[ea]l Armada D[o]n Basilio Villarino en las navegacionesreconocimientos y descubiertas que desde Enero hasta Julio de 1779 hizo en laexpresada costa.ExplicaciónA. Puerto de S[a]n José. B. Puerto Nuevo. C. El mayor surgidero. D. Angostura detierra entre P[uer]to Nu[ev]o y S[a]n Joséf. E. Campamento y pozos. F. Fuentes ysalina. G. Otra salina. H. Pozo de agua salobre permanente. Y. Pozos de agua dulce y

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cerros de arena. J. Puerto de S[a]n Antonio. K. R[i]o N[egr]o nombr[ad]o por losindios R[i]o Grande. L. Campamento y tolderías. M. Salina. N. Lagunas.Nota: Estas líneas de puntos rojos se demuestran los viajes que hace por tierra. Todoeste terreno a excepción de la margen del río por la parte del sur es igual con cortadiferen[ci]a al del puerto de S[a]n Josef. Produce las mismas plantas, y el agua de laslluvias se recoge en lagunas que se secan al fin del verano, es abundante de leñabuena, pero no se ven arboles grandes de ninguna especie, los más son de chañar dedos estados de alto. En los cerros de arena que se demuestran en la latitud de 41º56’, además de los pozos demostrados se halla agua dulce con facilidad cavando enmuchas partes la arena lo que hace fácil por tierra la comunicación del puerto deS[a]n Josef con el Río Negro. El puerto de S[a]n Antonio no está medido ni bienreconocido por lo que no se debe estar a su figura ni extensión, y solo si a lacolocación de su entrada; tampoco se sabe con exactitud la hora de la pleamar en elque es muy precisa por los bancos que tiene aunque será poca la difer[enci]a de lahora a que sucede en el Río Negro respecto su inmediación. Los número[s] de lasonda son braz[a]s de 6 pies ingleses”.

198 Según consta en los datos de catalogación, el mapa fue comprado a Pedro de Angelis en

1853 y forma parte de la colección homónima. En relación con esto resulta interesantedar cuenta del Proyecto Biblioteca Virtual Pedro de Ángelis emprendido en formaconjunta por la Biblioteca Nacional de Brasil y la Biblioteca Nacional de Argentina conel objeto de producir un espacio virtual de concurrencia e intercambio de sus acervosdocumentales. El mismo se halla alojado en el sitio web http://bndigital.bn.br/projetos/angelis/spa/index.htm y nos permite hallar el mapa que presentamos, comoúnico registro vinculado a Basilio Villarino. En este sentido, nos interesa enfatizar queen el caso que aquí presentamos, la Biblioteca Nacional de Brasil no ha catalogado eldiario de Villarino que se corresponde con el mapa, sino otros dos del piloto. Así,aunque en el catálogo de la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro es posible hallar elmapa, no es factible encontrar el diario asociado y, paralelamente, donde hallamos lacopia del diario no aparece el mapa.

199 En lo que respecta a la mención explícita a la confección del mapa en el diario,

observamos que el día 2 de marzo de 1779 elabora el plano del puerto San José yenumera una serie de topónimos —“Punta Gorda”, “Colorado”, “Fuentes”, Puerto SanAntonio”—, algunos de los cuales aparecen en el mapa. Para esa época, desde losprimeros esbozos de Antonio Pigafetta en el siglo XVI, parte de las costas patagónicasya habían sido dibujadas por Basilio Villarino, Pablo Zizur y Antonio Viedma y eran lomás conocido de los dominios que la Corona española se atribuía (Martínez Martín2000, Penhos 2005, Enrique 2013). En relación con esto, resulta interesante que a pesarde que el mapa constituye el registro gráfico del reconocimiento geográfico de la costapatagónica de las actuales provincias de Río Negro y Chubut, da cuenta asimismo deciertos rasgos fundamentales del interior del territorio como modo de contextualizarlo.Así, a diferencia de lo que ha señalado Penhos (2005) con respecto a los viajeros deliluminismo que recorrían las costas sin adentrarse en las tierras desconocidas, en estecaso podemos observar que Villarino vuelca en la confección del mapa que nos ocupasus conocimientos acerca del territorio próximo al fuerte del Carmen y del fuerte SanJosé. En este sentido, cabe señalar el detalle de los recorridos terrestres tambiéndibujados por Villarino en el mapa que le permiten conocer el territorio interior y cuyodetalle continuará profundizando en los años subsiguientes por otros viajesrealizados.El mapa muestra así caminos, rasgos topográficos, vegetación y se incluyenregistros batimétricos —es decir, sobre la profundidad oceánica— entre los puertos SanJosé y San Antonio. La expresión gráfica de estos elementos pone de manifiesto la

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importancia de contar con el diario que describe los trayectospara entender losrecorridos realizados y, al mismo tiempo, muestra la relevancia de la imagen paracomprender la ubicación de cada uno de los hitos relevados en el diario con respecto alos puntos cardinales mediante la rosa de los vientos adornada con una flor de lis queaparece en el mapa.

200 Consideramos que la información presente en este mapa puede ser complementada con

un mapa posterior, también realizado por Basilio Villarino en 1780, que reúne los datosrecabados entre enero de 1779 y julio de 1780. Dicho mapa se encuentra tambiéndisponible online en la sección Mapas y Planos del Archivo General de Indias catalogadocon el número 135 y ha sido publicado por Entraigas (1960) en su trabajo sobre el fuertedel Río Negro. En él se han indicado las ubicaciones del puerto de San José, del Nuevo,del de San Antonio y otro de potencialutilidad. Se han situado los pozos de agua —aclarando su calidad relativa—, las fuentes y salinas y los ríos Colorado y Negro,demarcando un camino entre ambos. Asimismo se estableció el asiento delcampamento español en la actual península Valdés y del fuerte del Carmen sobre el ríoNegro así como los toldos de los caciques Chanel y Chulilaquini en las cercanías del ríoColorado. Este mapa se corresponde además con el “Diario de los reconocimientos delRío Colorado, Bahía de Todos los Santos, e internación del Río Negro hechos por el 2ºPiloto de la Real Armada D. Basilio Villarino” que también forma parte del legajo 167 dela colección “Biblioteca Nacional” en el Archivo General de la Nación. Esta copia delmanuscrito original realizada por Manuel Molina posiblemente se corresponda con eldocumento que Martínez Martin (2000) encuentra en el Archivo General de Indias como“Diarios del descubrimiento de la Bahía de Todos los Santos, islas del Buen Suceso, ríoColorado e internación del rio Negro, por Basilio Villarino. Desde el 23 de abril hasta el27 de mayo de 1780”.

201 Un mapa de Pedro García de 1779(a) en el que podemos leer “Plano que comprende

desde el Río Sauce hasta el Puerto de S[a]n Joseph en la Costa Oriental Patagónica,nuevam[en]te enmendado por el Teniente de Infantería d[o]n Pedro García,Subteniente del Regimiento Fijo de Buenos Ayres y Capitán del paquebot[e] SantaTheresa, según el reconocimiento que hizo con el bergantín N[uestra] S[eño]ra delCarmen, y la sumaca Oliveira, por disposición e instrucción del Comisario SuperIntendente de las nuevas Poblaciones de dicha costa, y comandante de la expedición deella, d[o]n Juan de la Piedra, en el mes de enero y febrero de 1779” favorece lacomprensión de la zona que ha dibujado Villarino. Además incluye una “Explicación”de aquello que se ha representado gráficamente y detalles útiles para la navegación dellugar. Se encuentra en el Archivo General de Indias catalogado con el número 123 en elcuerpo documental Audiencia de Buenos Aires donde es accesible online y también hasido publicado por Entraigas (1960). Este mapa aporta algunos topónimos que noaparecían en los de Villarino, tales como “Punta Castillo”, “Punta Rasa”, “PuntaRedonda”, y “Río Sauce” para denominar al río Negro. En relación con esto, en unacopia de este mapa existente en el Archivo del Museo Naval identificada con lasignatura 47-B-14 se ha agregado: “Sin embargo de que en este plano dado por D[o]nJuan de la Piedra se nombra el Río que queda al Norte Río Sauce, y el más al Sur RíoColorado, se verifica por todas las noticas estarán trocados los nombres, porque elSauce es el Colorado, y este el Sauce”.

202 Asimismo, hallamos otros tres mapas de 1779 sin autoría declarada que contribuyen a

comprender la ubicación y contexto de algunos de los sitios nombrados por Basilio

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Villarino. Uno de ellos [Figura 4] se encuentra en la Biblioteca Nacional de Brasil y esposible hallarlo mediante la página web del Proyecto Biblioteca Virtual Pedro deÁngelis que mencionamos. En él se puede leer: “Plano y descripción del puerto o bahíade S[a]n Josef. Nuevamente descubierto por los pilotos de la expedición del mando delS[eñ]orSuper Intendente D[o]n Juan de la Piedra, en la costa oriental patagónica. Añode 1779. Situado por observación su boca en 42 g[rado]s 10 m[inuto]s […] en 312g[rado]s 30 m[inuto]s de Long[itu]d según [el] Meridiano de Tenerife”.En los datos decatalogación se detalla que el mapa original en cuya confección se utilizó tintaferrogálica y acuarelas es de 27 centímetros por 45 centímetros. Como registro digitalpodemos descargar una imagen de 300 dpi, cuyas dimensiones de 2.545 pixeles por1.538 pixeles forman un archivo de 350,44 KB (358.849 bytes).Figura 4: Plano y descripción del puerto o bahía de San José. Fuente: Fundação Biblioteca Nacional(Brasil). http://hdl.handle.net/123456789/432

203 Lo notable es que otro mapa que encontramos en el Archivo del Museo Naval de Madrid

posee curiosas semejanzas con aquel de la Figura 4 y ha sido identificado como “Planodel Puerto o Bahía de San José, nuevamente descubierto por los pilotos de la expedicióndel mando de Don Juan de la Piedra, Super-intendente de las nuevas poblaciones de lacosta Oriental Patagónica” (47-B-7). Consiste en una carta náutica de 28,3 x 45,2 cm,manuscrita y coloreada, en la cual se señalan los accidentes geográficos, los pozos deagua y salinas, los núcleos poblacionales e, incluso, se menciona a Villarino, noobstante, no ha sido firmado. Ambos mapas poseen textos similares; no obstante, conrespecto al mapa de la Figura 4, en este se añade que “Suben y bajan las mareas en losdías de plenilunio, y novilunio 25 pies. La pleamar en estos días sucede a las 10 del día”.

204 El tercer mapa se encuentra en el Archivo General de Indias catalogado con el número

122 en el cuerpo documental Audiencia de Buenos Aires. Allí se puede leer “Plano de laBahía sin Fondo o Puerto de S[a]n Joseph que se halla situada en la costa orientalpatagónica según observac[io]n ejecutada en donde se halla la marca primerfondeadero, C= se considera estar en 42 grados 31 m[nuto]s de lat[i]t[u]d Meridional, yen 312 grados 20 m[inuto]s de Longitud Meridiano de Tenerife”. En él se resaltan unaserie de sitios agrupados bajo el título “Parajes notables” entre los cuales se enumeran

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los mismos ítems que en los dos mapas anteriores incluyendo la información sobre lasmareas que figuraba en el que está en el Archivo del Museo Naval.

205 En los tres casos varía el orden en que se presentan las referencias en la leyenda de

cada uno y no podemos aventurar cuál mapa constituye la copia de cuál aunquedestacamos un mayor grado de claridad asociado a la prolijidad del segundo. Un detallellamativo es que en el primero de ellos se sitúa la boca del puerto de San José en 312º 30’de longitud del Meridiano de Tenerife, en el segundo en 313º 30’, y en el tercero en 312º20’, con lo cual desconocemos la medición exacta aunque advertimos que las que sereiteran son 312 grados y 30 minutos. Solo el mapa que está en el Archivo del MuseoNaval hace mención directa a Basilio Villarino, razón por la cual creemos que no habríasido el autor del mismo, dado que el texto señala: “Paraje donde halló D[on] BasilioVillarino Piloto del Paquebot[e] S[an]ta Teresa uno como especie de manantial de aguadulce con una salina inmediata con sal bastante y ésta muy blanca”.

206 Por otra parte, sostenemos que uno de los aspectos más relevantes que nos revelan

estos tres mapas es la ubicación inicial y la consecuente del traslado de la población deSan José. Por ello, los registros presentados también pueden ser complementados conotro mapa del puerto de San José confeccionado por Pedro Andrés García en 1779 yenviado adjunto con una carta fechada el 4 de junio de 1780 y firmada por Andrés deViedma, el hermano de Francisco y Antonio, que se desempeñó durante un corto lapsoal frente del establecimiento de San José. El mismo muestra el contorno de parte de lapenínsula, hoy conocida como Valdez, donde se ubicaba el establecimiento español,exhibiendo un fragmento del croquis dibujado por Villarino que consideramos aquí.Fue publicado por Entraigas (1960) y por Bianchi Villelliet al.en esta misma revista en2013como evidencia gráfica en un análisis de los planos del fuerte San José y seencuentra en el Archivo General de Indias identificado mediante la signatura MP-BUENOS_AIRES,128, disponible en http://pares.mcu.es/ParesBusquedas/servlets/Control_servlet?accion=4&txt_accion_origen=2&txt_id_desc_ud=16938.

207 Como señalamos, esta serie de mapas representan fragmentos de la zona comprendida

por el mapa de Villarino de 1779 que se corresponde con el diario que transcribimos,centrándose especialmente en el área donde se instaló el establecimiento español deSan José. Así, aunque la región del río Negro y su desembocadura han sido excluidas dela mayoría de los demás mapas que citamos, advertimos que los elementos marcados engeneral coinciden, siendo estos: los establecimientos de San José y San Antonio, lospuertos, los fondeaderos, los ríos, las salinas y algunos pozos de agua.

Concurrencia del diario y el mapa de la travesía:aportes para conocer los paisajes patagónicoscoloniales

208 Villarino confeccionó diversos registros cartográficos con el fin de complementar y

aclarar la información que contenían sus diarios, con lo cual, aportó a la geografía de laépoca una imagen del río Negro perfeccionada con respecto a la brindada por el jesuitaThomas Falkner (Luiz 2006), y no solo confirmó los detalles de la ocupación indígena enel norte de la Patagonia provistos por este, sino que además describió sus redeseconómicas y la articulación con el mercado colonial. En relación con esto, resultainteresante que Villarino haya destacado en el mapa que ha identificado los puertos y

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entradas que hasta el momento se desconocían ya que pone en evidencia la relevanciade contar con la representación gráfica para comprender los datos brindados.

209 En particular, destacamos la información que el diario de Villarino nos brinda acerca de

la configuración del paisaje pampeano-norpatagónico ya que ofrece abundantes datosacerca de la aptitud de las tierras para la agricultura y la ganadería, las rutas indígenas,la presencia de recursos naturales, asentamientos y sitios estratégicos (Enrique 2010a,2012a). En relación con esto, la narración se ajusta a lo solicitado por el virrey Vértiz[1778] con respecto a las características que debía tener el sitio que se escogiera paraestablecer una población en cuanto a la pendiente del terreno, la calidad del aire, lafecundidad de la tierra, la proximidad de agua, madera y leña, las defensas y reparosclimáticos, la accesibilidad de su puerto. En cuanto a los reconocimientos de los ríosColorado y Negro, Vértiz pedía que se indagara acerca de su naciente y sobre sus rasgosmás sobresalientes, tales como su anchura, profundidad, rapidez y fuerza de lacorriente, dispersión de posibles lugares de traspaso y factibilidad de realizarconstrucciones en sus orillas.

210 De esta manera, el diario de Villarino de 1779 es un aporte para mejorar la comprensión

de las percepciones, interpretaciones y resignificaciones de los funcionarios colonialessobre el interior de la región habitada por grupos indígenas insumisos al orden colonialespañol. Llama la atención que se encuentre este tipo de información acerca del paisajey las relaciones interétnicas a pesar de que gran parte del diario se refiere a lanavegación de las costas o cursos de agua. Por ello resulta particularmente sugestivoanalizar este diario de viaje en relación con el mapa que el piloto elaboró durante latravesía.

211 Como mencionamos, el diario resulta interesante ya que cuenta tanto el viaje de

reconocimiento inicial como el efectuado para la instalación del fuerte del Carmen. Enél, el piloto da cuenta de las dificultades de la navegación tales como el viento encontra, la pérdida de parte de la carga y los obstáculos para acceder a los puertos.Asimismo, describe ciertas especies animales y vegetales que el grupo de exploradoreshalla al llegar a tierra, brinda datos sobre la existencia o no de agua, de leña, depastizales y sus respectivas calidades para las comitivas de expedicionarios y lascabalgaduras, y las facilidades o dificultades para el tránsito. Además, nos permiteconocer qué recursos resultaban de interés para los indígenas y Villarino registra nosolo aquellos que les son entregados en pos de congraciarse con ellos: tabaco,aguardiente, tocino crudo, bizcochos, porotos, harina, prendas, cuchillos, pipas, sinotambién las modalidades de uso y consumo que adoptaban los indios.

212 Como podemos observar en el mapa, se especifican los sitios donde puede hallarse agua

dulce así como también aquellos en los que el agua es salobre, es decir, poco apropiadapara el consumo humano y animal. Asimismo, en el diario el piloto señala los lugaresdonde se encuentran las salinas, cuyo mineral permitía conservar alimentos. Enrelación con esto, también se brindan referencias a la permanencia o no de los cuerposde agua. Consideramos que en el mapa se indican los aspectos más duraderos y por ellono se menciona la presencia de leña u otros recursos perecederos o que se encuentranen movimiento, como especies animales y vegetales. Con respecto al río Negro, constaque era “nombrado por los indios [como] Río Grande” y es interesante notar que debidoa que dicho río sólo había sido reconocido parcialmente, su representación seencuentra incompleta. En relación con esto, además, advertimos acerca del mododifuso en que Villarino incorpora en su diario y su mapa la información provista por los

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indígenas, tal como demostrara Harley (1992) en relación con los mapas del “encuentrocolombino” y, en la región patagónica, estudiaran De Lasa y Luiz (2011) con respecto alos mapas confeccionados por los jesuitas. Por ejemplo, esto ocurre no solo al situar enel mapa el río Negro “nombrado por los indios Río Grande” sino también en el diario alseñalar que a través de una cautiva indígena procuró enterarse de las circunstancias,costumbres y habitantes de la zona.

213 Por otro lado, Villarino considera la presencia de perros y de fuego como señal de que

hay gente en la costa, razón por la cual regresa inmediatamente a bordo, busca armas ymanda a buscar un grupo de indios. Los perros son importantes según señala en elmismo diario debido a que simplifican la caza y, de esta manera, permiten avanzar másrápido por vía terrestre. Al respecto, resulta especialmente interesante la mención a loscampos quemados que también es referida en otros diarios del piloto. En este caso, elpiloto explicaba que los indígenas quemaban todo al marcharse para que los españolesno tuviesen alimento para el ganado y para avisar a otros indios que había enemigos enel lugar. En el diario de 1783, Villarino registra la adopción de esta técnica y lautilización por él mismo incendiando los campos para marcar el sitio en el que seencontraba y atraer a los indígenas para intercambiar información o recursos. En elrelato encontramos referencias a la utilidad de los indios como baqueanos para avanzaren los terrenos desconocidos por los españoles, lo cual incluso resulta evidente en loaludido por los desertores acerca de que “en haberlos hallado [a los indios] habíaconsistido su vida” (Villarino 1779: f. 8). No obstante, en cuanto a las relaciones queestablece con los grupos indígenas con los que se encuentra, el piloto nunca abandonauna postura desconfiada con respecto a ellos, plasmada en expresiones tales como “unaindia que dijo era cautiva” (Villarino 1779: f. 9) o “nunca me fie de ellos” (Villarino1779: f. 10). Así como en el relato, cuando tiene la posibilidad Villarino ofrece unrelevamiento de las armas que poseen los indios, en el mapa da cuenta de la ubicaciónde los grupos indígenas en la zona, intentando evaluar su potencial poder de ataque.Por ello, en función de lo expuesto, consideramos que tanto el diario como el mapa deVillarino constituyen herramientas útiles para comprender la organización delterritorio norpatagónico durante periodo tardo-colonial y reflexionar acerca de lasdiscontinuidades actuales en el área (Enrique 2012b).

214 Por último y teniendo en cuenta dicha relevancia, consideramos preciso evidenciar las

dificultades metodológicas que se nos presentan a la hora de analizar los relatosescritos si no contamos con el registro grafico o viceversa. En particular, esto se vuelveun obstáculo mayor en el caso de que busquemos indagar en las cuestionesterritoriales, relevando los topónimos, los asentamientos poblacionales, tanto losestablecimientos españoles como las tolderías indígenas. En este sentido, los mayoresinconvenientes provienen del hecho de que los registros han sido considerados comode distinto tipo, es decir, se han separado en categorías tales como mapas, dibujos,manuscritos asociados a diferentes instancias administrativas —correspondencia,judiciales, contaduría, etc.—, a determinados periodos —colonial, republicano—, o apersonajes vinculados a su donación al archivo o repositorio. Diversos autores hanadvertido acerca de algunos problemas relacionados con la dispersión de ladocumentación en archivos y repositorios distintos, las modificaciones en los modos enque ha sido catalogada, la venta de los documentos por separado, las pérdidas depapeles, y las omisiones de información en las copias, entre otros factores, que sepresentan a la hora de encontrar la documentación en un mismo sitio (Necker 1984,Farge 1991, Revel 1995, Martínez Martin 2000, Nacuzzi 2002b, Enrique 2010b, Nacuzzi y

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Lucaioli 2011, entre otros). Hoy vemos que los procesos de digitalización que se estánllevando a cabo nos ofrecen una perspectiva de reencuentro que años atrás resultabamás difícil imaginar, producto de la separación —en algunos casos, disociaciónsistemática— de los mapas de los diarios que los acompañaban y, en gran medida,explicaban, debido a los sucesivos traslados de los documentos hasta su ubicaciónactual, a la dispersión en distintos archivos —lo cual también ha dado lugar aduplicados de la documentación— y a la confusión por diversas catalogaciones. Aquí sevuelve patente el hecho de que ni el texto puede explicar por sí solo lo que se hapretendido mostrar mediante un mapa ni el registro gráfico puede brindar toda lainformación del diario de viaje, es decir, debemos entenderlos como fuentes deinformación diferentes y complementarias, donde no es posible suplantar los detallesque proporciona uno con los que da el otro. De este modo, la localización de ambosregistros, el diario y el mapa, y el reunirlos, fue posible no solo como consecuencia deltrabajo de archivo en el Archivo General de la Nación (Argentina) sino también graciasa la digitalización del mapa correspondiente por la Biblioteca Nacional de Río deJaneiro (Brasil). La separación de ambos hasta el momento obstaculizaba apreciarlos enconjunto.

Consideraciones finales

215 En este trabajo dimos cuenta del contexto de producción de los diarios de viaje de

Basilio Villarino considerando su importancia para comprender las circunstanciasrelatadas, la influencia del viajero en la conformación de las ideas acerca de la regiónnorpatagónica, su geografía, sus posibilidades para los españoles y la distribución ypotencial amenaza que implicaban los pobladores de la zona. En este sentido, indicamosotros documentos históricos que permiten completar y/o contrastar datos y mostramosla complementariedad del diario de 1779 con respecto a otros registros, tanto escritos—cartas, informes, diarios— como gráficos —otros mapas—. Esta narración de 1779 es elprimero de los relatos conocidos del piloto sobre la región pampeano-patagónica, en elcual podemos observar detalles sobre el relevamiento de la zona y la posteriorinstalación del fuerte del Carmen, a unos 30 kilómetros de la desembocadura del ríoNegro. Los relatos de los viajes de Villarino en su conjunto brindaban datos queresultaban de utilidad para futuros viajeros debido a que proveían información acercade la calidad de los cursos y cuerpos de agua, de su estacionalidad o no, de la cazadisponible y demás recursos que pudieran servir a la subsistencia de otros exploradoresque transitaran el área.

216 En relación con esto, hemos señalado la relevancia del diario y del mapa en relación con

los modos en que los hispano-criollos de la época concebían el paisaje norpatagónico.Por ello, consideramos que el haber transcripto el diario inédito de Villarino ypublicarlo aquí junto con el mapa constituye una de las mayores contribuciones quepresentamos en función tanto del aporte que implicó para el conocimiento de la épocacolonial tardía como de la necesidad actual de conservar el patrimonio documental.Además, dimos cuenta de la ubicación del diario y del mapa así como de la dispersión dedocumentos de la que fueron objeto junto con otros registros escritos y cartográficosque logramos reunir. Con respecto a las tareas desarrolladas en torno a la conservacióndel documento, advertimos aspectos a tener en cuenta y ciertas dificultadesmetodológicas a las cuales nos enfrentamos a la hora de llevar a cabo la digitalización

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del diario y de planificar los posibles usos de los registros digitales, que justamente porparecer cuestiones obvias, son dejadas de lado, ocasionando inconvenientes luego. Eneste sentido, buscamos ponerlas en evidencia y señalar la necesidad de interrogarnosacerca de las decisiones metodológicas que adoptamos y sus implicancias. Así, mediantela digitalización de la copia del diario de Villarino, su transcripción y publicación juntocon la inclusión del mapa correspondiente hemos contribuido a la conservación de losmismos, en tanto los reunimos, los relevamos documentando dicho registro ydifundimos su ubicación y la información que contienen.

217 Por último, mostramos un abordaje novedoso del relato de Villarino e identificamos la

información vinculada a las representaciones de los hispano-criollos acerca del paisajedel norte de la Patagonia que ofrecían los diarios. Como consecuencia delentrecruzamiento de los datos de los distintos registros, esta perspectiva se veenriquecida de forma sustancial dada la posibilidad de complementar el relato con unmapa elaborado por el mismo piloto. A partir de lo expuesto y teniendo en cuenta lasventajas de la progresiva digitalización del corpus documental y cartográfico dediversos archivos y repositorios nacionales e internacionales, pensamos que seríainteresante analizar otros diarios de Villarino y de otros viajeros de la época enrelación con los mapas que fueron elaborados durante o luego de las travesías.

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NOTES

1. Aunque tanto José Cardiel como Thomas Falkner fueron contemporáneos, los escritos de este

último recién fueron publicados en 1774.

2. Al respecto, cabe señalar que, a diferencia de lo que explicita el relato de Basilio Villarino,

Martínez Martin (2000) refiere que este viaje comienza el día 13 de febrero de 1779.

3. Por ejemplo, Martínez Martin (2000) dio cuenta de un corto viaje a fines de agosto de 1781

entre los establecimientos españoles del río Negro y del golfo San José.

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4. El documento titulado “Documento relativo a la expedición de Juan de la Piedra a las bahías Sin

Fondo y San Julián, emprendida el 14 de Diciembre de 1778” presenta un periodo durante el cual

no aparece información correspondiente al intervalo entre el día 24 de febrero de 1779 y el 13 de

marzo de 1780, en que se retoma su escritura.

5. Dichos autores afirman que las representaciones digitales deberían posibilitar la legibilidad en

los documentos originales que resulte precaria, no obstante, cada caso tendrá que ser analizado

en particular.

6. MB: Megabytes. Este tamaño de imagen permite una posterior impresión de buena calidad en

hojas A3.

7. La resolución de la imagen depende de la cantidad de pixeles por pulgada. Dado que el pixel es

la unidad de información de un archivo de mapa de bits, la cantidad de pixeles determina las

dimensiones (ancho y alto) de una imagen.

8. Aquí se presenta un error ya que, como mencionamos, la fecha correcta es 8 de febrero de

1779.

9. Pipa: tonel que sirve para transportar o guardar bebidas (Real Academia Española 2001).

10. Cachucha: bote o lancha pequeña(Real Academia Española 2001).

11. Sumaca: embarcación pequeña y planuda de dos palos empleada en la América española y en

el Brasil para el cabotaje (Real Academia Española 2001).

12. Brazas: medida de longitud, generalmente usada en la Marina y equivalente a 2 varas o 1,6718

metros (Real Academia Española 2001).

13. Proa: parte delantera de la nave, con la cual corta las aguas, y, por ext., parte delantera de

otros vehículos (Real Academia Española 2001).

14. Legua: medida itineraria, variable según los países o regiones, definida por el camino que

regularmente se anda en una hora, y que en el antiguo sistema español equivale a 5572,7 m.La

usada por los marinos equivale a 5555,55 metros (Real Academia Española 2001).

15. Singladura: en las navegaciones, intervalo de veinticuatro horas que empiezan

ordinariamente a contarse al ser mediodía(Real Academia Española 2001).

16. Milla: medida de longitud itineraria, que adopta distintos valores según los usos (Real

Academia Española 2001).

17. Arrizar: colgar algo en el buque, de modo que resista los balances y movimientos(Real

Academia Española 2001).

18. Barlovento: parte de donde viene el viento, con respecto a un punto o lugar determinado

(Real Academia Española 2001).

19. Trinquete: se denomina así tanto a la verga mayor que se cruza sobre el palo de proa como a

la vela que se larga en ella(Real Academia Española 2001).

20. Estiba: colocación conveniente de los pesos de un buque, y en especial de su carga (Real

Academia Española 2001).

21. Sotavento: la parte opuesta a aquella de donde viene el viento con respecto a un punto o lugar

determinado (Real Academia Española 2001).

22. Cuarterola: medida para líquidos, que hace la cuarta parte de la bota (Real Academia Española

2001).

23. Palmo: medida de longitud de unos 20 centímetros, que equivalía a la cuarta parte de una

vara y estaba dividida en doce partes iguales o dedos (Real Academia Española 2001).

24. Orzar: inclinar la proa hacia la parte de donde viene el viento (Real Academia Española 2001).

25. Pie: medida de longitud usada en muchos países, aunque con varia dimensión (Real Academia

Española 2001).

26. Levar: recoger, arrancar y suspender el ancla que está fondeada.Hacerse a la vela (Real

Academia Española 2001).

27. Dar fondo y quedar a pique: que el ancla se fije y colocarse verticalmente sobre el ancla

fondeada, teniendo tenso su cable (Real Academia Española 2001).

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28. Cuadrante: cada una de las cuatro partes en que se consideran divididos el horizonte y la rosa

náutica, denominadas primero, segundo, tercero y cuarto, contando desde el Norte hacia el Este

(Real Academia Española 2001).

29. Paquebote: embarcación que lleva la correspondencia pública, y generalmente pasajeros

también, de un puerto a otro (Real Academia Española 2001).

30. Gallardete: tira o faja volante que va disminuyendo hasta rematar en punta, y se pone en lo

alto de los mástiles de la embarcación, o en otra parte, como insignia, o para adorno, aviso o señal

(Real Academia Española 2001).

31. Voltejear: navegar de bolina, virando de cuando en cuando para ganar el barlovento (Real

Academia Española 2001).

32. Garrear o garrar: dicho de un buque, cejar o ir hacia atrás arrastrando el ancla, por no haber

esta hecho presa, o por haberse desprendido (Real Academia Española 2001).

33. Cuartas: cada una de las treinta y dos partes en que está dividida la rosa náutica (Real

Academia Española 2001).

34. Unidad de medida que permite conocer la resolución de la imagen, significa “puntos por

pulgada”traducido del inglés dots per inch.

35. Arrumbar: término asociado a fijar un rumbo, en este caso teniendo en cuenta la isla de

Tenerife como meridiano.

ABSTRACTS

In this paper we present the unpublished travel diary of Royal Navy pilot Basilio Villarino, who

served as an officer of the Viceroyalty of the Río de la Plata at Fuerte del Carmen, one of the

pioneer Spanish settlements in the coast of Patagonia, near the mouth of the Negro River. We

provide the transcription of that document and the map drawn by the pilot as a graphic

complement to the written account.We believe that the combination of both allows a more

complete record of the colonial officer’s legacy and provides a more realistic picture of his

contribution to the knowledge of the north Patagonian landscape. Collecting this type of

documents implies several difficulties related to the scattering of documents through different

archives and repositories, cataloging changes, selling of documents in separate lots, information

losses or omissions, among other facts. This trip log and its complementary map shed light on

the context of their production and also reveal their importance as an aid to the Spanish, given

their ignorance regarding a land controlled by Indigenous groups.

En este trabajo presentamos un diario de viaje inédito del piloto de la Real Armada Basilio

Villarino, quien se desempeñó como funcionario del Virreinato del Río de la Plata en el Fuerte del

Carmen, uno de los enclaves españoles pioneros en la costa patagónica, ubicado en las cercanías

de la desembocadura del río Negro. Acompañamos la transcripción de dicho documento con el

mapa de la zona que el piloto elaboró como complemento gráfico del relato escrito.

Consideramos que la conjunción de ambos registros posibilita un acercamiento más completo al

legado del funcionario colonial y facilita una comprensión más acabada de los aportes del marino

al conocimiento del paisaje norpatagónico. En este sentido, cabe destacar las dificultades que

implica reunir este tipo de documentación en función de la dispersión de la misma en diversos

archivos y repositorios, los cambios en la catalogación de la misma, la venta de los documentos

de forma separada, las pérdidas u omisiones en la información correspondiente, entre otros

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factores. Por ello, resulta relevante presentar el diario de viaje y el mapa correspondiente como

complementarios, dando cuenta del contexto en el que fueron producidos y, de esta manera,

también señalando la importancia que revistieron en el marco del desconocimiento español

sobre un territorio dominado por grupos indígenas.

INDEX

Keywords: Basilio Villarino, trip log, map, 1779, north Patagonian landscape

Palabras claves: Basilio Villarino, diario de viaje, mapa, 1779, paisaje norpatagónico

AUTHOR

LAURA AYLÉN ENRIQUE

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas-Universidad de Buenos Aires,

Argentina.

Correo electrónico: [email protected]

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Crítica

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Indígenas, Borbones y enclavescoloniales. Las relacionesinterétnicas en el fuerte San Josédurante su primera década defuncionamiento (Chubut, 1779-1789)Indigenous, Bourbons, and colonial settlements. Interethnic relations at San José

Fort during its first decade (Chubut, 1779-1789)

Silvana Buscaglia

EDITOR'S NOTE

Fecha de recepción del original: 25/08/2014Fecha de aceptación para publicación: 10/02/2015

Fuentes inéditas

Argentina. Archivo General de la Nación. Sala VII, Biblioteca Nacional, Legajo 193. SalaIX, Legajos: 16-3-2, 16-3-6, 16-3-9, 16-3-10, 16-3-16, 16-4-2, 16-4-3, 16-4-4, 16-4-5, 16-4-6,16-4-11, 16-4-12, 16-5-1. Sala X, Legajo: 2-3-15. Sala XIII, Legajos: 34-10-5, 26-6-6, 31-1-5.Brasil. Fundação Biblioteca Nacional. MS-508 (40) Doc.1164 “Diario de la Expedición deDon José de Salazar al Puerto de San José, 1783”.España. Archivo General de Indias, Audiencia de Buenos Aires, Legajos: 326, folios601-798, carta n° 210.España. Archivo Histórico de Madrid, sección Estado, legajo 2316 “Diario de laexpedición del mando del Comisario Superintendente Don Juan de la Piedra que con 4embarcaciones armadas en guerra y 114 hombres de Tropa de Tierra con susrespectivos Oficiales, sale del Puerto de Montevideo el 15 de diciembre de 1778 en buscadel nombrado Bahía Sin Fondo en la costa Patagónica debiendo después de dejar allíhecho un establecimiento seguir a formar otro al Puerto de San Julián”.

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Agradecimientos

A los evaluadores anónimos cuyos comentarios, sugerencias y aportes han contribuido a mejorar

la calidad del presente trabajo. Al equipo editorial de la revista Corpus por la oportunidad de

publicar en la misma. Agradezco a la Dra. Julieta Gómez Otero, a la Dra. Marcia Bianchi Villelli, a

la Dra. Victoria Pedrotta, a la Lic. Jimena Alberti, a Sabrina Carelli y Laura Starópoli, quienes de

distintas maneras han contribuido para la elaboración del presente artículo. Al profesor Raúl

Mandrini por su inestimable orientación y generosidad. Agradezco al Lic. Bruno Sancci por su

colaboración en la búsqueda y obtención en archivos españoles de algunos de los documentos

históricos analizados en el presente trabajo.

Los resultados de las investigaciones volcados en el presente trabajo han sido generados en el

marco de los proyectos “Relaciones Interétnicas en península Valdés (Chubut, siglos XVIII-XIX).

Una perspectiva histórica y arqueológica” PIP 0183, CONICET, 2011-201, bajo la dirección de la

Dra. S. Buscaglia y el “Proyecto Paisajes Coloniales en Patagonia. Los Asentamientos de península

Valdés (1779-1810)” PICT 2010-050, FONCYT, 2011-1012, bajo la dirección de la Dra. M. Bianchi

Villelli.

1.Introducción

1 La problemática de la colonización española de la costa patagónica a fines del siglo

XVIII ha sido objeto de un exhaustivo y diverso tratamiento en la literatura histórica,etnohistórica y, más recientemente, arqueológica. Sin embargo, de los tresasentamientos principales que integraron el plan de poblamiento: el fuerte NuestraSeñora del Carmen (Carmes de Patagones, provincia de Buenos Aires), la Nueva Coloniay fuerte de Floridablanca (puerto San Julián, provincia de Santa Cruz) y el fuerte SanJosé (península Valdés, provincia de Chubut), este último ha sido el más postergado enel marco de dichas investigaciones, particularmente aquellas provenientes del ámbitoacadémico. Esta situación comenzó a revertirse a partir del año 2010, cuando se inició elproyecto “Primeros abordajes arqueológicos al fuerte San José y Manantiales Villarino,península Valdés, Chubut (1779-1810)”1, el cual se propuso discutir desde la perspectivade la arqueología histórica la conformación del paisaje colonial en península Valdés,atendiendo a la intersección de estrategias coloniales e indígenas y contribuir de estemodo a ampliar la discusión sobre el proceso de colonización de la costa patagónica.

2 Uno de los aspectos más relegados y peor tratados2 en el abordaje tradicional al fuerte

San José (ver críticas en Bianchi Villelli, 2011, 2012 y 2014), ha sido la problemática delas relaciones interétnicas. Se trata de un tema completamente marginado en elabordaje historiográfico tradicional, que puso el acento únicamente en el conflictivoepisodio que marcó el fin de los establecimientos españoles en península Valdés. Laconsecuencia natural de este sesgo fue una invisibilización de las poblaciones indígenasy las relaciones interétnicas a lo largo de los 31 años de existencia del fuerte,simplificando una realidad por demás compleja. Sin embargo, más grave aún ha sido larepresentación de los indígenas como “bárbaros y salvajes”, sin discutir críticamente laevolución de las relaciones interétnicas a lo largo del tiempo ni las causas posibles quellevaron a una relación conflictiva con la población hispano-criolla del fuerte(Entraigas, 1960 y 1968; Laonel et al., 1974; De Paula, 1984; Destéfani, 1984; Dumrauf,1992; Barba Ruiz, 2000 y 2009)3. Como resultado, el etnocentrismo que subyace a losabordajes y representaciones mencionados, se repite una y otra vez en tanto estrategiaestigmatizante, cuya finalidad no es otra que enaltecer y legitimar las “gestas

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colonizadoras españolas” de Chubut, en ausencia de una discusión crítica respecto delproceso colonizador.

3 Frente a este estado de la cuestión, se hacía imperativo no solo llenar los vacíos

respecto a las relaciones interétnicas en el fuerte San José, sino por sobre todo discutirlas representaciones colonialistas de las mismas, de manera de comprenderlas entérminos de su complejidad y desde una perspectiva multidireccional del contactocultural, donde fuera posible romper con la dicotomía colonizadores-dominantes-civilizados / colonizados-dominados-salvajes.

4 Considero que el primer paso para alcanzar estos objetivos es contextualizar social,

temporal y espacialmente las relaciones interétnicas en península Valdés, de manera devisibilizar a los indígenas, sus prácticas e interacciones con los establecimientoscoloniales. Dicho abordaje se integra a una investigación más amplia, centrada en ladiscusión de la agencia indígena para alterar o transformar las condiciones de la vidacotidiana de los asentamientos españoles establecidos en la costa patagónica a fines delsiglo XVIII (Buscaglia, 2010, 2011a y b, 2012)4.

5 Dentro de este marco general me propongo discutir en este trabajo la forma en que se

estructuraron las relaciones interétnicas en el fuerte San José durante su primeradécada de funcionamiento, poniendo el foco en los relatos históricos, pero sin perder devista la evidencia arqueológica. En particular, me interesa analizar las relaciones entreindígenas y la población hispano-criolla en función de las características propias de uncontexto fundacional así como de las políticas indígenas y borbónicas virreinalesrespecto al contacto. Este objetivo surge de un interés por explorar las nuevascondiciones emergentes a partir de la instalación colonial en la península y unaausencia casi total de información respecto a la configuración de las relacionesinterétnicas en este escenario particular5.

6 Si bien el análisis de las fuentes históricas primarias sugiere un cuadro de conflictividad

entre la población hispano criolla del fuerte San José y la indígena a lo largo de sus 31años de duración, es necesario evitar supuestos a priori e indagar cómo fue la dinámicainterétnica en la práctica, de manera de complejizar la imagen transmitida por eldiscurso colonial y discutir su falta de problematización desde el abordajehistoriográfico tradicional.

7 Uno de los primeros aspectos que llamó mi atención al abordar las relaciones

interétnicas en el contexto del fuerte San José fue el notable contraste con los casos delfuerte Nuestra Señora del Carmen y, por sobre todo, la colonia de Floridablanca(Buscaglia s/f, 2011a y b, 2012)6. La comparación con los otros dos casos llevó apreguntarme cómo se insertó el fuerte San José en la dinámica interétnica enPatagonia. ¿Incidió en ello su carácter fundacional? ¿Cómo repercutieron en estecontexto particular las políticas de contacto impulsadas por los Borbones en Patagonia?¿Cuál fue la significación de los establecimientos coloniales en el marco de lasdinámicas culturales, económicas, políticas y territoriales de las poblaciones indígenas,entre otras cosas? ¿Es posible que desde el plano discursivo solo se estuviese mostrandouna faceta de las relaciones interétnicas? ¿Hubo margen para otras formas deinteracción?

8 Para poder empezar a responder a algunos de estos interrogantes, resultó necesario

establecer un recorte temporal acotado a la primera década de funcionamiento de losestablecimientos de península Valdés (1779-1789). La fundamentación de dicho recortedescansa por un lado en la necesidad de profundizar en los distintos momentos del

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lapso total de duración de estos asentamientos, aspecto que ha sido relegado en elabordaje historiográfico tradicional sobre el caso, y que implicaba prácticamentecomenzar desde cero las investigaciones (Entraigas, 1960 y 1968; De Paula, 1984;Destéfani, 1984; Dumrauf, 1992; Barba Ruiz, 2000 y 2009). Por otro lado, un recortetemporal se hace necesario a los efectos no solo de presentar en detalle informaciónhistórica inédita hasta el momento, sino también para comprender en profundidad laforma en que se estructuraron las relaciones interétnicas en este escenario enparticular, así como sus variaciones a lo largo del tiempo y el espacio —en lugar dehomogeneizarlas— en el contexto del proceso colonizador de la Patagonia a fines delsiglo XVIII.

9 Por último, el abordaje de las relaciones interétnicas desde la dimensión documental,

contempló, por un lado la confrontación crítica de distintos tipos de fuentes escritaséditas e inéditas —cartas, informes, diarios, entre otros—, y por otro una aproximacióna los registros escritos más allá de su contenido, interpretando los silencios, lascontradicciones, las ambigüedades, las grietas y las inconsistencias en el discursooficial. En estos espacios es donde considero que se hacen visibles y adquieren vozaquellos actores y prácticas que no dejaron evidencia visual o escrita sobre sí mismos,quedando en cierta forma al margen del proceso de elaboración del registro histórico(Scott, 1990; Mallon, 1994, Spivak, 1994; Hall, 1999, entre otros). A continuación sepresenta una breve caracterización del fuerte San José, para luego desarrollar elcontexto en el cual se habrían enmarcado las relaciones interétnicas.

2. Los establecimientos coloniales de penínsulaValdés

10 En publicaciones previas ya se han presentado con detalle tanto las características del

plan de colonización español de la costa patagónica a fines del siglo XVIII como losdetalles referidos al fuerte San José (Senatore, 2007; Bianchi Villelli, 2009; Buscaglia,2012; Buscaglia y Bianchi Villelli, 2012; Buscaglia et al., 2012; Bianchi Villelli et al., 2013,entre otros), razón por la cual en este trabajo tan solo haré una breve referencia a losmismos.

11 La ocupación española de la península Valdés a fines del siglo XVIII representa el

primer intento de colonización del área por parte de europeos (Figura 1). El fuerte SanJosé fue el primero de los establecimientos en fundarse a principios de 1779, sobre lacosta sudeste del golfo homónimo (península Valdés, Chubut). Allí se estableció unpequeño núcleo poblacional que habitó un asentamiento de carácter precario hasta quese produjo el abrupto final del mismo.

12 Casi de manera simultánea se crea el Puesto de la Fuente, un asentamiento de carácter

complementario al fuerte San José, situado a unos 30 km del mismo —unas 5 leguascastellanas7—, sobre el ángulo sudoeste de la denominada Salina Grande (estanciaManantiales, península Valdés, provincia de Chubut) (ver Figura 1). La razón de lacreación del Puesto de la Fuente fue el descubrimiento de fuentes de agua dulce para elabastecimiento de la población y los animales8. Asimismo, la cercanía a la salina implicóel aprovechamiento económico de la misma. Con el tiempo este establecimiento seconvirtió en un puesto ganadero y salinero, proyecto que originalmente fuerapropuesto por Juan de la Piedra y retomado por Basilio Villarino luego de que elprimero fuese separado de su comisión en la costa patagónica (Gorla, 1983). Al respecto,

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es interesante mencionar la observación que hiciera en su diario el coronel Luis JorgeFontana ([1886] 1999) referida a la particular abundancia y calidad de las pasturas en lapenínsula. Esta condición será aprovechada por las poblaciones indígenas quecirculaban por la misma, durante y luego de la destrucción del fuerte.Figura 1. Localización del fuerte San José y el Puesto de la Fuente (península Valdés, provincia deChubut).

13 Así, sobre la base del descubrimiento de nuevos recursos y posibilidades la

funcionalidad del fuerte San José se fue definiendo en la práctica (Buscaglia y BianchiVillelli, s/f). En 1783 el teniente de infantería don José de Salazar señalaba en su diariolas bondades que presentaba el puerto donde se hallaba instalado el fuerte en sucondición de escala para las embarcaciones que seguían su paso hacia el sur9, supotencial en cuanto a la pesca de cetáceos —en un mes se arponearon 50 ballenas—, laexcelente calidad de las salinas, la disponibilidad de agua dulce en abundancia inclusopara realizar cultivos —mencionando la existencia de una “huertecilla” en el área de losmanantiales10.

14 Más allá de una funcionalidad originalmente defensiva11 (Bianchi Villelli, 2011, 2013), el

fuerte San José se fue transformando con el correr del tiempo en un enclave económicocuyas funciones a lo largo de sus 31 de años de funcionamiento gravitaron en torno aproyectos no del todo bien implementados de explotación pesquera y ballenera, y enmenor medida lobera (Martínez de Gorla, 2004). Mayor éxito y sistematicidad tuvo laexplotación salinera así como la ganadera (Gorla, 1983).

15 Los asentamientos coloniales de península Valdés fueron gobernados por distintos

comandantes a lo largo de su historia de ocupación, sucediéndose aproximadamentecatorce solamente en el período que nos atañe12. La población de ambos asentamientoshabría sido predominantemente masculina13 y variable en su número,aproximadamente entre 9 y 150 personas, todas ellas personal militar, funcionarios,capellanes, peones, presidiarios y ocasionalmente marinos. El fuerte San José dependióadministrativa y económicamente del fuerte Nuestra Señora del Carmen, lo que enmuchas ocasiones lo situó en una posición de extrema vulnerabilidad, particularmentepor los períodos frecuentes de desabastecimiento que debió afrontar.

16 Si bien los asentamientos en península Valdés lograron sobrevivir a la Real Orden del 1°

de agosto de 1783 en la que se disponía el abandono de los poblados patagónicos, 27años después la Primera Junta de Gobierno dispuso el 10 de agosto de 1810 el trasladode la guarnición a Carmen de Patagones. Sin embargo, tres días antes de producirse el

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mismo —entre el 7 y 8 de agosto de ese año— tanto la fortificación sobre la costa comoel asentamiento de la salina habrían sido atacados e incendiados por indígenas,produciéndose la muerte de 15 hombres, mientras que otros 19 fueron tomadoscautivos. De estos últimos, cinco logaron huir y dar testimonio de lo sucedido en lapenínsula un mes más tarde, cuando llegaron al fuerte Nuestra Señora del Carmen(Entraigas, 1960 y 1968; De Paula, 1984; Destéfani, 1984; Dumrauf, 1992). En eldocumento original14 que se encuentra en el Archivo General de la Nación, lossobrevivientes no dan cuenta de las causas del ataque ni de la parcialidad étnica que loencabezó15. Asimismo, todas las versiones posteriores16 sobre el hecho difieren en lascausas de la agresión y otros detalles relacionados con la misma17.

17 Dada la diversidad de versiones18 y la ambigüedad que reina sobre las mismas respecto

a las causas que motivaron el abrupto final del fuerte, así como la escasa informaciónhistórica de primera mano obtenida hasta el momento, considero que el “malón” es unhecho que necesita ser corroborado, en lugar de asumido, a partir de la integración deuna mayor cantidad de líneas independientes de evidencia y una perspectiva diacrónicaque permita evaluar la dinámica interétnica a lo largo del tiempo y el espacio paracomprender las causas del ataque. Ello requiere de una discusión crítica y de unaprofundización en el análisis de las fuentes primarias y secundarias, así como lacomplementación de evidencia arqueológica recuperada a lo largo de lasinvestigaciones.

3. El carácter fundacional del fuerte San José

18 El carácter fundacional y la inestabilidad son condiciones que se encuentran

estrechamente vinculadas, sobre todo en contextos alejados de los centros de podercomo fue el caso del fuerte San José. Considero que ambos aspectos juegan un rolcentral en el proceso de estructuración social (Giddens, 1995) y, sobre todo, en elcarácter que pueden adoptar las relaciones sociales entre los diferentes actores queintegran o se vinculan a una empresa de poblamiento, en nuestro caso la poblaciónhispano-criolla y la indígena.

19 Por un lado, nos encontramos ante una sociedad que comienza a re-estructurarse desde

cero, que carece de profundidad o de arraigo histórico de ciertos principiosorganizacionales y de referentes institucionales sólidos. Por lo tanto, en un contextofundacional es esperable que para el arraigo de tales principios y el fomento deprácticas acorde a los mismos en el seno de la sociedad sea preciso el desarrollo, lareproducción y el reforzamiento de ciertos mecanismos que sirvan de marco delegitimación del poder y, por ende, de los intereses de la empresa de poblamiento.

20 Por otro lado, existen toda una serie de dificultades inherentes a los contextos de

colonización iniciales que comprenden desde la adaptación a un nuevo entorno social ynatural, hasta el aislamiento, los problemas de abastecimiento, la ruptura real oimaginaria con los referentes metropolitanos, entre otras cosas. Dadas estascondiciones, el conflicto —interno y externo— siempre es una posibilidad latente ycompleja a resolver en caso de manifestarse, debido a la ausencia de autoridadesinmediatas a las cuales recurrir, la incomunicación, el reducido número de tropa, entreotros aspectos. Todos estos factores se conjugan para imprimirles a las colonias en susfases iniciales, un alto componente de inestabilidad e incertidumbre.

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3.1 Las condiciones que hicieron del fuerte San José un contextovulnerable

21 El fuerte San José se encontraba en una situación de fuerte aislamiento geográfico y

social, debido a su emplazamiento en la península y distanciado no solo de la capitalvirreinal sino también de las poblaciones de Nuestra Señora del Carmen yFloridablanca. La comunicación más rápida y factible era a través de la vía marítima, nosolo porque el conocimiento del interior de la Patagonia no se encontraba muydesarrollado, sino también por el peligro de un eventual enfrentamiento conpoblaciones indígenas.

22 En el caso del fuerte San José el análisis de la documentación histórica ha permitido

establecer que los principales referentes del poder en el fuerte, es decir loscomandantes, carecieron de una capacidad de mando realmente efectiva en la práctica.Ello se vio agravado por el sistema anual de relevos que no posibilitaba elafianzamiento de la autoridad19, la escasez de tropa —sobre todo experimentada— y lafalta de referentes materiales de poder (Foucault, 2001 [1976]), expresados por ejemploen la arquitectura y la organización del espacio, como se mostrará más adelante.

23 De manera similar a muchos emprendimientos coloniales, el fuerte San José no estuvo

libre de contratiempos a lo largo de toda su historia ocupacional. El fantasma deldesabastecimiento fue en efecto una realidad que signó en ocasiones la vida del fuerte20.A ello se sumaba, dadas las pésimas condiciones habitacionales, el deterioro de losalimentos almacenados a causa de las condiciones climáticas y las ratas, como se refierea continuación: “Este almacén está muy inundado de ratas pues es el primero que sehizo, y se comen todas las harinas y minestras, y cuanto en él se mete […]” 21.

24 Frente a la irregularidad en el abastecimiento y el mantenimiento de las provisiones, la

alternativa fue la complementariedad económica mediante el aprovechamiento de losrecursos locales. En ello los indígenas podrían haber jugado un rol fundamental, no soloen el suministro de información sobre los mismos sino mediante el intercambio y elabastecimiento directo, tal como se buscó fomentar desde las políticas borbónicas comoveremos más adelante. Sin embargo, esta no parece haber sido la norma en el caso deSan José, a diferencia de las colonias de Nuestra Señora del Carmen y Floridablanca(Gorla, 1983; Nacuzzi, 2002, 2005; Luiz, 2006a y b; Buscaglia, 2011a y b, 2012, entreotros).

25 Las enfermedades y las muertes son otro gran flagelo que ha caracterizado la historia

de los asentamientos coloniales, sobre todo durante su primera etapa defuncionamiento. La insalubridad de la población, y máxime si esta tiene consecuenciasmortales ha sido una de las principales causas para el desarrollo de conflictos einestabilidad. De manera similar al caso de Floridablanca, el azote del escorbuto pusoen peligro la continuidad de la empresa de poblamiento en península Valdés durantesus momentos iniciales, ocasionando la muerte de 28 personas (Viedma, 1969 [1784])22.

26 Otro factor que puede contribuir al desarrollo de condiciones de inestabilidad en los

contextos fundacionales se relaciona con la precariedad de los espacios de habitacióndestinados al alojamiento de la población. En general estos espacios eran pocoadecuados para hacer frente a las inclemencias climáticas, de carácter reducido ycompartido por varios individuos o grupos familiares no necesariamenteemparentados. En el caso del fuerte San José esta fue una situación que prevaleció a lo

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largo de todo su lapso de ocupación, ya que al menos hasta 1800 se continúanregistrando en la documentación histórica pedidos de materiales y albañiles parasuperar las condiciones de precariedad23. El fuerte, si es que puede denominárselo comotal, habría estado conformado mayormente por tiendas de palos y cueros y en menormedida estructuras de adobe con techos de paja. Es importante señalar que lasintervenciones arqueológicas han permitido corroborar, por lo menos hasta elmomento, la precariedad del establecimiento, donde a pesar de los 31 años deocupación, existe una baja obstrusividad y escasas evidencias de restos asociados aedificaciones más duraderas —i.e. restos de adobes, tapia, tejas, ladrillos— (BianchiVillelli et al., 2013; Buscaglia y Bianchi Villelli, 2012; Buscaglia, et al. 2012) (Figura 2).Figura 2. a) Vista del emplazamiento del fuerte San José, b) excavaciones arqueológicas y c)cerámica española recuperada durante las investigaciones (Fotos: Marcia Bianchi Villelli y SilvanaBuscaglia).

27 Tomadas en su conjunto, estas condiciones habrían hecho del fuerte San José un

contexto extremadamente vulnerable e inestable. Ahora bien, si estas fueron algunasde las muchas condiciones que prevalecieron en el contexto de las colonias y fuertespatagónicos, entonces es válido preguntarse cómo incidieron las mismas en laestructuración de las relaciones interétnicas. Dada la vulnerabilidad del asentamiento,¿se habría incentivado un trato pacífico con las poblaciones locales con el fin de contarcon su ayuda y minimizar el riesgo de conflicto, como ocurrió en el caso deFloridablanca por ejemplo? ¿Habrían estado interesadas las mismas en un acercamientoal puesto colonial? o ¿representó la instalación del fuerte una intrusión a un territoriopor lo menos valorado en función de la disponibilidad de ciertos recursos críticos?

4. La política del contacto en el virreinato del Río de laPlata

28 Dadas las condiciones inherentes a los contextos fundacionales, las empresas

colonizadoras no disponían de demasiadas alternativas entre las cuales elegir,situándose en los extremos la política ofensiva o la negociación con las poblacionesoriginarias. En el marco del proyecto de colonización española de la costa patagónica,esta última fue la alternativa elegida por varios motivos, que van desde losfundamentos ideológicos del plan hasta razones de índole más pragmática, aunque con

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distintos matices en la práctica. Sin embargo, el contexto que nos atañe fue un contextode claro predominio y superioridad de las poblaciones indígenas por sobre loscolonizadores.

29 La política colonial del siglo XVIII en relación a las poblaciones indígenas de Pampa y

Patagonia se distingue claramente de la de siglos precedentes y siguientes comoconsecuencia de los cambios introducidos por las reformas borbónicas. Recordemos queuna de las prioridades de las mismas fue la reorganización territorial y administrativade las posesiones de la Corona en el Atlántico Sur (Lynch, 1992; Sarrailh, 1992). En estecontexto era insoslayable una política en relación a los indígenas que habitaban en laperiferia de los centros de poder, sobre todo aquella que se extendía hacia la fronterasur de la capital del virreinato.

30 Los estudios de Lidia Nacuzzi (2005) y María Teresa Luiz (2006a) sobre la dinámica

interétnica en el contexto de la Patagonia de fines del siglo XVIII constituyen losanálisis más completos realizados hasta la fecha sobre esta problemática en el marco dela historia y la etnohistoria24. De acuerdo con Luiz (2006a), dos fueron los factores quemarcaron el carácter particular a las relaciones interétnicas en el marco de las políticasborbónicas. El primero estará relacionado con las características propias de lassociedades indígenas que habitaban los confines meridionales del imperio y su relacióncon la sociedad virreinal, por cuanto la estructura misma de estas sociedades —en sumayor parte cazadores-recolectores semi-nómades y dispersos, con excepción de losmapuches— dificultará su reducción.

31 El segundo factor estará dado por la inestabilidad de las fundaciones hispanas situadas

en áreas periféricas a los centros de poder, donde la posibilidad de una relación hostilcon las poblaciones locales no representaba una alternativa posible, como fuedesarrollado más arriba. Ello determinará que las relaciones de poder entre los agentescoloniales y los indígenas se estructuren de una manera específica y diferente encomparación a otras áreas bajo el dominio hispánico. Si bien esta fue una premisa departida, con excepción del caso de Floridablanca, las relaciones entre las poblacionesindígenas y los establecimientos se volvieron hostiles y violentas en reiteradasocasiones, como lo ejemplificaremos para el caso del fuerte San José durante su primeradécada de funcionamiento.

4.1 Las relaciones interétnicas en el marco de las políticasborbónicas e indígenas

32 Así, desde el principio se procuró que el contacto inicial con las poblaciones locales se

realizara en forma pacífica, privilegiando un trato benevolente y tolerante hacia losindígenas, aun en caso de presentarse hostilidades. El Oficio del 3 de noviembre de 1778del Virrey Vértiz muestra claramente esta política en el marco de las instruccionesdadas para la fundación de los establecimientos patagónicos:

Si al arribo a la costa, o Bahías referidas se presentaren algunos Indios, se lestratará con el mayor cariño y persuadirá dejen a distancia larga las Armas,agasajándolos con las bujerías, y que lleva para este fin; esmerándose mucho enacariciar las criaturas en presencia y ausencia de sus Padres, y prohibiendoabsolutamente bajo graves penas, no sólo el daño que se les hiciere, y que habrá decastigarse a su vista, sino también el que con pretexto alguno traten con los Indiosotras gentes que los Eclesiásticos o sujetos, que determinadamente destine, y losque pondrán todo su cuidado en persuadirles a la paz, y en hacerles entender que la

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intención de poblar allí es de enseñarles a conocer a Dios y su Santa Ley para que sesalven, y que también el tener amistad con ellos, y no para hacerles mal, ni quitarlessus haciendas procurando por todos los suaves y buenos medios posibles, que elestablecimiento se haga con su paz y consentimiento; pero si no obstante todo estebuen trato que se encarga, se obstinaren en contradecirlo, no por esto ha desuspenderse, y aun podrá llegar el caso de ser necesario ahuyentarlos, y también deque el rigor los contenga siempre, que poniendo estorbos a la pronta práctica de laintención de S. M. precisen a estos procedimientos en que ha de obrarse con elmejor pulso y consideración […].25

33 Sin embargo, es necesario destacar que Vértiz era ambivalente en cuanto a la relación

con los indígenas. Si bien, posiblemente acatando órdenes reales, impulsó una políticade tolerancia, al mismo tiempo los consideró como un peligro que debía combatirse,como se refleja en la memoria escrita al término de su mandato26.

34 La política borbónica del contacto tuvo dos objetivos fundamentales (Weber, 1998;

Operé, 2001; Quijada, 2002). En primer lugar, poner freno a los malones que laspoblaciones indígenas efectuaban sobre los establecimientos coloniales y criollos,mediante la fijación de fronteras, tema ampliamente tratado en la literatura histórica,etnohistórica y arqueológica (ver por ejemplo Mandrini, 1993, 1997; Zusman, 1999;Mayo, 2000; Operé, 2001; Quijada, 2002; Bagaloni, 2006, Luiz, 2006a y b; Pedrotta yBagaloni. 2006, entre muchos otros). En segundo lugar, asegurarse su buena voluntad ylealtad. En ello pesaba por un lado el temor de que se convirtieran en aliados de otraspotencias extranjeras, siendo una de las preocupaciones de España en este período elavance británico y portugués sobre sus posesiones en el sur del continente americano.Por otro lado, fue importante el mantenimiento de lazos comerciales y de intercambiocon los grupos locales con el fin de asegurar la continuidad de la empresa depoblamiento. Recordemos que las comunidades indígenas fueron las mayoresproveedoras principalmente de ganado vacuno y equino para los establecimientos dePampa y Patagonia —lo cual retroalimentaba el sistema de malones—, a los que sesumaban otras clases de alimentos y bienes (Gorla, 1983; Mandrini, 1987; Palermo, 1989;Operé, 2001; Nacuzzi, 2005; Luiz, 2006a, entre otros). Como se mostrará en este trabajo,en el caso del fuerte San José ninguno de los dos objetivos mencionados al principio deeste párrafo fue alcanzado, al menos en la primera década de funcionamiento delasentamiento.

35 Con respecto a la evangelización de las poblaciones locales, si bien hubo un intento

inicial para la fundación de misiones en la costa patagónica en la primera mitad delsiglo XVIII con la expedición de los jesuitas Cardiel, Quiroga y Strobel (Lozano, 1972[1745]), más tarde esta perderá peso quizás como consecuencia de la expulsión de laorden y el carácter más secular de las políticas borbónicas27. El perfil evangelizador dela empresa colonizadora fue variable entre los distintos establecimientos. En los casosde Floridablanca y el fuerte San José, es un tema que prácticamente no aparecemencionado en la documentación histórica, a diferencia por ejemplo del fuerte NuestraSeñora del Carmen. Lo cual muestra una vez más el carácter variable del contacto enfunción de la particularidad de los escenarios, protagonistas y estrategias.

4.1.1. El contacto como negociación

36 La interacción entre la sociedad hispano-criolla e indígena en el contexto de la

Patagonia de fines del siglo XVIII fue un proceso complejo, tanto a nivel sincrónico

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como diacrónico. En términos generales se caracterizó por relaciones pacíficas, pero enel marco de un delicado equilibrio que a veces solía romperse con facilidad. En estecontexto la negociación y la ambivalencia en las relaciones interétnicas habrían sido eldenominador común, y para su comprensión se hace imperativo atender a lascondiciones particulares de los contextos en los que tuvo lugar la interacción, como lodesarrollamos a continuación.

37 Durante el período virreinal fueron moneda corriente los pactos y las alianzas que

garantizaban la paz y la ayuda mutua —en caso por ejemplo de enfrentamientos conotras parcialidades enemigas28—, y donde se jugaban condiciones e intereses específicosde ambas partes (Briones y Carrasco, 2000; Quijada, 2002; Nacuzzi, 2002 y 2005, entreotros)29. Característico de este momento será también el afianzamiento de lazoscomerciales entre las comunidades hispano-criollas y las indígenas de Pampa yPatagonia —tanto andina como extraandina—, quienes estaban incorporadas ya a loscircuitos comerciales de la colonia, tal como lo refleja Marta Bechis en su prólogo a“Identidades Impuestas…” de Lidia Nacuzzi:

La fundación de Carmen de Patagones en 1779 llegaba en un buen momento para losindígenas nordpatagónicos. Con esa fundación se completaba el cuadrante BuenosAires, Concepción, Valparaíso, Carmen de Patagones que rodeó el área auraco-pampeana. Una nueva boca de comercio se abría. Para los tehuelches del sur, losestablecimientos de la costa patagónica, significaban una novedad. Para lostehuelches del norte, que pertenecían a la sub-área del sur de las llanuras, fue unanueva y más cercana oportunidad […] (Bechis en Nacuzzi, 2005, p.13).

38 En cuanto a los tehuelches que dominaban el territorio de San Julián (provincia de

Santa Cruz) por ejemplo, disponemos de referencias históricas acerca de movimientosestacionales realizados hacia el norte con el fin de intercambiar con otras comunidadesindígenas y con los establecimientos Nuestra Señora del Carmen y San José30. Esimportante destacar aquí que fue variable la forma en que se estructuraron lasrelaciones interétnicas entre un mismo grupo indígena y cada uno de los asentamientosque formaron parte del proyecto de poblamiento de la costa patagónica. A diferenciadel caso de Floridablanca, la relación de los tehuelches de San Julián con los otros dospoblados no se describe como pacífica (Buscaglia, 2011a y b, 2012 y s/f).

39 El sistema de dádivas implementado por el gobierno colonial para asegurarse la lealtad

y colaboración de los indígenas, principalmente de sus caciques, también contribuirá areforzar los lazos de interdependencia y complementariedad (Luiz, 2006a y b; Quijada,2002). Ello ha sido constatado tanto en el caso del fuerte Nuestra Señora del Carmencomo en Floridablanca, donde esta política fue muy clara en función del suministro deraciones mensuales a los indígenas, en las que se incluían víveres y en menor medidaartículos de uso personal31. Una vez más el fuerte San José representa la excepción, yaque en toda la documentación histórica correspondiente a la década analizada no seregistraron listas de esta naturaleza ni una esfera formal e institucionalizada de agasajoe intercambio32. Ello podría ser resultado del carácter subalterno del fuerte San José yhaber afectado del algún modo las relaciones con los indígenas, teniendo en cuenta laimportancia de la materialidad en la estructuración de las relaciones interétnicas.

40 No podemos desconocer que a pesar de las conocidas consecuencias negativas de estos

procesos a largo plazo —la creciente dependencia con respecto a los productos deorigen europeo y el impacto sobre los sistemas socioculturales autóctonos—, lascomunidades indígenas supieron aprovechar las ventajas que les representaba en

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términos políticos, económicos y sociales la negociación con la fracción hispano-criolla.De acuerdo a Quijada:

[…] las dádivas o raciones aportadas periódicamente por la sociedad hispano-criollaa los indígenas […] se convirtieron en un engranaje importante del sistemasociopolítico de estos últimos, no sólo porque aportaban productos que ellosconsideraban crecientemente necesarios —tanto material como simbólicamente(bienes de prestigio)— sino sobre todo porque constituían una parte significativa delas redes de reciprocidad que mantenían las formas de sociabilidad y autoridadindígenas, tanto intra como intertribales (Quijada, 2002, p.118-119).

41 Por otro lado, como ya mencioné, en el caso de los establecimientos patagónicos la

necesidad de mantener una interacción estable y pacífica con las poblaciones localesfue un factor decisivo en la continuidad de los mismos, debido al escaso apoyo querecibían desde la administración virreinal. En este sentido la memoria escrita porFrancisco Viedma expone con claridad esta política, aunque curiosamente deja afueraal fuerte San José:

Los indios salvajes nos sostuvieron y fomentaron en aquel puerto [se refiere a SanJulián], socorriendo a los infelices pobladores con la carne de guanaco, sin cuyoauxilio hubieran perecido, y en el Río Negro con las liebres, caballos y muchoganado vacuno […] (Viedma, 1969 [1784]).

42 Por lo tanto, las políticas pacíficas y de negociación con las poblaciones en el contexto

particular de Patagonia a fines del siglo XVIII fueron un factor que seguramentecontribuyó de gran manera a disminuir la incertidumbre y los riesgos inherentes alcarácter fundacional de los establecimientos coloniales, sobre todo en sus fasesiniciales. Ahora bien, teniendo en cuenta estas condiciones y antecedentes me preguntocómo se estructuraron en la práctica las relaciones interétnicas en el contexto delfuerte San José.

5. Las relaciones interétnicas en península Valdés

43 En este apartado me abocaré a describir y discutir, en función de las condiciones, los

antecedentes y los interrogantes cómo fueron las relaciones interétnicas en elescenario de península Valdés a fines del siglo XVIII. En este escenario inicial dominadopor poblaciones indígenas, es válido interrogarse si las mismas aprovecharon demanera estratégica la vulnerabilidad del fuerte en función de sus propios intereses obien se relacionaron como lo hicieron con los otros dos asentamientos. En base a ello,también habría que preguntarse ¿cómo se inserta la fundación del fuerte San José y elPuesto de la Fuente en el control que las poblaciones indígenas tenían sobre lapenínsula y sus recursos? Al respecto, no debemos olvidar la presencia de dos grandessalinas, que probablemente fueran aprovechadas desde tiempos inmemoriales por losgrupos indígenas patagónicos para el autoabastecimiento y el intercambio. Lainstalación del Puesto de la Fuente en los márgenes de la Salina Grande ¿pudo generarun conflicto de intereses por la explotación de la misma? Dada la situación deprecariedad que habría signado al fuerte a lo largo de su existencia ¿tenía recursos paraofrecer en el marco de las prácticas de negociación e intercambio con las poblacionesindígenas?

44 Para desarrollar este abordaje me centraré en los primeros 10 años de funcionamiento

de los establecimientos sobre la base del análisis de fuentes primarias tanto éditas comoinéditas. Con respecto de estas últimas, el corpus más importante procede del Archivo

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General de la Nación —en adelante AGN—, del cual se analizaron para este trabajo 19legajos correspondientes a la Sala IX para el período considerado: 16-2-9, 16-3-2 al16-3-12, 16-4-2 al 16-4-7, Sala X, legajo 16-5-10, Sala VII, Legajo 193 y Sala XIII, Legajos34-10-5, 26-6-6, 31-1-5.33 Asimismo, se estudiaron documentos inéditos procedentes delas los repositorios del Archivo General de Indias —en adelante AGI— (Sevilla), elArchivo Histórico de Madrid —en adelante AH— y de la Fundação Biblioteca Nacional deRío de Janeiro, Brasil —en adelante FBN.

45 El conocimiento generado a lo largo de estos años en torno a la Nueva Colonia y fuerte

de Floridablanca (Senatore, 2002, 2005, 2007; Senatore, et al. 2007 y 2008; BianchiVillelli, 2007a y b, 2009; Marschoff, 2007 y 2010; Buscaglia, 2008, 2011a y b, 2012;Buscaglia y Nuviala, 2007; Buscaglia et al., 2008, Nuviala, 2008; Bosoni, 2010; entre otros)como sobre el fuerte Nuestra Señora del Carmen (Entraigas, 1960; Gorla, 1983 y 1984;Nacuzzi, 1999, 2002 y 2005; Irurtia, 2002; Luiz, 2006a y b; Davies, 2009; Enrique, 2011,2012; Casanueva, 2011, 2013; Casanueva y Murgo, 2009, entre otros), ha permitidoobtener una imagen muy completa del funcionamiento y las características de estos dosasentamientos a lo largo del tiempo. Al abordar el corpus documental disponible para elfuerte San José y el Puesto de la Fuente uno de los primeros aspectos que llamaron miatención fue la ausencia de referencias sobre el contacto con indígenas durante losprimeros años del asentamiento, a diferencia del fuerte Nuestra Señora del Carmen yFloridablanca. Al menos en la documentación relevada en el AGN, el registro para lasrelaciones interétnicas recién comienza en el año 1787 extendiéndose hasta 1789,siendo prácticamente nulo para los años anteriores, cuyas razones y significado trataréde desentrañar a continuación.

5.1. Península Valdés: el desierto imaginado

46 A diferencia por ejemplo del fuerte Nuestra Señora del Carmen y Floridablanca, que se

establecieron en territorios y en momentos con presencia efectiva de poblacionesindígenas, entablando el contacto con las mismas desde el inicio del proceso poblador,en el caso del fuerte San José el panorama étnico inicial en la península y territoriosaledaños nunca fue objeto de tratamiento en las fuentes históricas directas. No seráhasta 1786/1787 que las fuentes primarias analizadas darán cuenta, y de forma casiabrupta, de relaciones hostiles entre indígenas y la población española en la península.Sin embargo, es Antonio Viedma, quien en su Descripción de la costa meridional…en base ala información suministrada por los tehuelches de San Julián, aporta el único datorespecto al conocimiento y dominio indígena del área del golfo San José, como setranscribe a continuación:

El golfo san José está al sur del cabo de Matas […]. Dijeron los indios que el golfoentra al O. hasta las inmediaciones de la Cordillera, y que allí desaguan algunosmanantiales de ella. Que por aquella parte es intransitable también a la otra banda:que allí se halla mucha leña de espinillo marchando del N. al S. por donde dichosindios tienen abiertas veredas para transitar, de modo que, si se separan de ellasquedan perdidos. La costa S. del golfo, dicen, es más estéril que la del N.; y encuanto a caza y pesca hay las mismas que los anteriores. Los caciques que dominaneste suelo son dos hermanos llamados, el uno Chaiguas y el otro Enis (Viedma,1972b [1783], p.940-941).

47 Sin embargo, no he encontrado ningún otro documento que avale o refute la

información suministrada por el superintendente de Floridablanca. En contraste a estacolonia y el fuerte Nuestra Señora del Carmen, los primeros años del proyecto

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colonizador en península están caracterizados por la omisión o la vaguedad dereferencias respecto tanto a contactos directos como indirectos con poblacionesindígenas.

48 Una de las primeras referencias de carácter indirecto que podría estar dando cuenta de

la presencia de poblaciones indígenas en la península al momento del inicio del procesopoblador procede del Diario de Juan de la Piedra. En el mismo, De la Piedra señala que auna semana de haber ingresado al golfo de San José:

Habiendo hecho fuego para llamar a los de la comitiva que se habían separadoobservaron otro fuego que como a distancia de una legua de allí, apagaron el suyo yse ocultó el otro, volviendo a encender y el otro se dejó ver […].34

49 Más adelante en el diario, luego de que Villarino descubriera los manantiales de agua

dulce y en referencia a un aviso de Francisco Viedma respecto de la deserción de nuevepresidiarios35 consigna:

[…] decíame entre otras que estaban expuestos a ser víctimas todos los que habíanquedado allí recelosos de que ya los desertores se habían incorporado con los indiosy venían sobre ellos; estaba yo embarcado en el Bergantín para seguir mi Tur a laBahía, pero al instante me dirigí al campamento y llegué a las tres de la tarde,encontrelos sobrecogidos haciendo una empalizada para recogerse dentro […]. 36

50 Esta es una situación que contrasta notablemente con los casos del fuerte Nuestra

Señora del Carmen y Floridablanca, donde el contacto fue casi inmediato tanto en lasfases exploratorias de la empresa de poblamiento como al arribo de los contingentespobladores. De hecho, en el caso de Floridablanca, la elección del lugar deemplazamiento del poblado dependió de la información suministrada por los indígenaslocales (Viedma, 1972a [1783]). Cabe señalar que tanto en el caso del área seleccionadapara la instalación del fuerte San José como en el área de los manantiales, De la Piedrano da cuenta de indicadores materiales —ni antiguos ni recientes— relacionados conindígenas —i.e. restos de artefactos líticos, fogones, huesos, huellas, etc.—, a pesar de suconocimiento respecto de los mismos. Esta misma observación se repite en el diario deVillarino (1779) en el que refiere: “Hicimos algunas mudanzas de lugar, paraestablecernos con más ventajas junto al puerto. En éste no encontramos vestigios degente ni de indios […]”37. Incluso Villarino para 1782 en un informe elevado a FranciscoViedma expone: “allí pueden tenerse 2.000 y más de cabeza de ganado vacuno, sepueden tener caballos y ganado lanar sin recelo que los indios los roben” (Villarino,1969 [1782], p.227). Como veremos más adelante, el tiempo probaría cuán equivocadoestaba el piloto.

51 En notable contraste con estas imágenes, los antecedentes de investigaciones

arqueológicas en la península dan cuenta de una ocupación de cazadores-recolectoresen la misma al menos desde el Holoceno medio hasta momentos históricos (7420+90 -250+60 años 14C AP), observándose un aumento de las ocupaciones del interior endetrimento de la costa, por lo que resulta indudable la importancia de este territoriopara las poblaciones indígenas a lo largo del tiempo (Belardi, 2005; Gómez Otero, 2007;Gómez Otero et al., 1999, entre otros). Incluso luego de la destrucción del fuerte SanJosé, las poblaciones indígenas continuaron ocupando la península, aprovechando elganado cimarrón que comenzó a reproducirse naturalmente. Claro ejemplo de ello sonlas referencias que datan de 1821 respecto al abastecimiento que el cacique Ojo Lindorealizara al fuerte del Carmen con vacunos procedentes de península Valdés (Bustos,1993) y la contabilización de decenas de miles de vacunos que hicieran AmbrosioCrámer y Henry Libanus Jones por aquellos años (Dumrauf, 1991). Al respecto, se

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destacan también las restricciones que la cacica María impusiera a Luis Vernet —sociode Jones— para capturar vacunos, cuando se encontraron por primera vez en lapenínsula en 1823 (Dumrauf, 1991; Videla y Del Castillo Bernal, 2003). Sin embargo,hasta el momento no se han registrado evidencias materiales irrefutables de contactoen los contextos investigados arqueológicamente, aunque sí indicios que podrían estaren ese camino o al menos apuntar a una superposición en el uso del espacio por partede poblaciones indígenas y europeas, particularmente en el área donde se encuentrasituado el Puesto de la Fuente, estratégica en términos de disponibilidad de agua dulce,sal y pasturas, entre otras cosas (Alberti y Buscaglia, s/f) (Figura 3).Figura 3. a) Vista de la Salina Grande, b) restos de una estructura de piedra identificada en el Puestode la Fuente y c) artefactos líticos y pipa de cerámica de origen europeo recuperados durante lasinvestigaciones arqueológicas (Fotos: Marcia Bianchi Villelli y Silvana Buscaglia).

52 Sobre esta base resulta necesario indagar —tanto desde el punto de vista histórico como

del arqueológico— en las causas de la ausencia de un contacto inicial entre laexpedición fundadora y los indígenas, máxime si tenemos en cuenta los antecedentespara Floridablanca y Nuestra Señora del Carmen, en los cuales el trato y la informaciónsuministrada por los segundos fue crucial para garantizar el éxito inicial de la empresade poblamiento. De manera similar a Floridablanca, los inicios del proceso poblador enel caso del fuerte San José no estuvieron libres de dificultades. ¿Por qué entonces no semenciona el contacto con indígenas? ¿Se trata de una omisión deliberada oefectivamente aquellos eludieron el contacto con los pobladores del fuerte? Si estefuera el caso ¿qué los habría motivado a evitar un territorio rico en recursos y ocupadoancestralmente? ¿La presencia colonial en península Valdés alteró de alguna manera ladinámica de las poblaciones indígenas en la era postcontacto? De los tresestablecimientos, el fuerte San José fue el de menor importancia ¿es posible que a losojos de los indígenas tuviera un menor atractivo en términos materiales, políticos ysociales? Por otro lado, sus existencias ganaderas no alcanzaron un númerosignificativo hasta mediados-fines de la década de 178038 ni se verificó tampoco elcomercio con los indígenas a propósito de este recurso, como sí fue el caso del fuerteNuestra Señora del Carmen y Floridablanca (Gorla, 1983; Nacuzzi, 2005; Buscaglia, 2012,entre otros). Por el momento, el único acontecimiento significativo que pudo haberintroducido cambios en el circuito de movilidad e intercambio, particularmente degrupos de tehuelches meridionales, fue el abandono de Floridablanca en 1784,convirtiendo al fuerte San José en un nuevo foco de atracción para las poblacionesindígenas patagónicas. Como desarrollaré a continuación, las referencias respecto a lapresencia indígena en el área del fuerte comienzan a partir de 1786/1787, teniendo

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como protagonistas principales a los grupos que frecuentaban la Patagonia meridional,y en particular el área de San Julián.

5.2. Las poblaciones indígenas entran en escena

53 Hasta aquí hemos visto, sobre la base de la confrontación de distintas fuentes

históricas, un llamativo silencio respecto al contacto con poblaciones indígenas enpenínsula Valdés durante al menos 8 años —entre 1779 y 1786/1787—, hasta que unaserie de episodios conflictivos irrumpen en la escena para romper con este sospechosocuadro de ausencia de interacciones, al menos desde el plano discursivo.

54 Sobre la base de la información disponible me pregunto por qué a partir de este

momento tienen lugar los primeros encuentros y quiénes habrían participado de losmismos, a los efectos de comprender la forma en que se estructuraron las relacionesinterétnicas en la península.

55 En 1783, el teniente de infantería don José de Salazar —quien descubriera el camino por

tierra entre San José y el Carmen para la conducción de ganado—, señala en su diario elpeligro potencial que representaban los indígenas para el fuerte, proponiéndose lafortificación del istmo que une a la península con el continente, tal como lo presento acontinuación:

Para el menor costo de la Real Hacienda en la subsistencia de aquel Puerto,seguridad de sus ganados, y resguardo de sus habitadores, me parecía que en lalengua de tierra o angostura que forma la Península de este Puerto y el del Sur, seconstruyera con estacas, por ahora un fortín provisional […].Tomada esta angostura se consiguieran tres cosas: primera, impedir que los Indios[…] puedan entrar a aquella península, con tan reducida guarnición […], segunda:que todo el ganado que se lleve o arríe está segurísimo de perderse, y no necesita depeones que lo guarden y pastoreen. Tercera: que los presidiarios que se destinenpara los trabajos de la sal y demás que ocurran no pueden desertarse aunque esténen toda libertad.39

56 Si bien dicha información constituye una referencia temprana sobre los recelos ante los

indígenas, aún no contamos con datos adicionales para determinar si este temor eraproducto de expectativas o un conocimiento certero por parte de los expedicionarios.Entre 1784 y 1785, un segundo hecho a destacar, aparte del abandono de Floridablanca,fueron las cruentas acciones que De la Piedra llevó contra los tehuelchesseptentrionales que frecuentaban las inmediaciones de los ríos Negro y Colorado, con elfallido desenlace que tuvo la expedición a la Sierra de la Ventana y un ofrecimiento depaz a principios de 1786 por parte de importantes caciques como Negro40, Calpisqui,Toro, entre otros (Gorla, 1983, p. 137). Si bien estos tratados de paz tenían pocaefectividad en la práctica, sería interesante evaluar cómo ello incidió en las relacionesentre el fuerte Nuestra Señora del Carmen, el fuerte San José y los tehuelchesmeridionales, ya que por ejemplo el cacique Julián Camelo se había manifestadoabiertamente como enemigo del cacique Negro o Chanel (Viedma 1972a [1783], p. 907)41.Asimismo, si bien entre 1784 y 1789 se observa un incremento de los vacunos y equinosen fuerte San José, apenas superaron el medio centenar de cabezas en cada caso, unnúmero extremadamente escaso en comparación al fuerte Nuestra Señora del Carmen(Gorla, 1983).

57 En la documentación existente en el Archivo General de la Nación la primera mención

detectada hasta el momento sobre la presencia efectiva de indígenas en el contexto de

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los establecimientos españoles en península Valdés data del 3 de enero de 1787, dondeel teniente de dragones don José Martínez habría comunicado que, como consecuenciade la presencia de indígenas en el área, el peón Manuel Sanz y el soldado delRegimiento de Burgos, Alonso Parra, habrían desaparecido aunque sin poderdeterminar el modo en que los dos individuos fueron capturados, ya que no fueronvistos por nadie42. Sin embargo, el comandante señala en otro oficio que cuandosalieron a buscar a los hombres en algún paraje cercano a la entrada de la península: “…lo único que encontramos fue el lugar donde habían estado hasta cuarenta hombressegún el rastro de los caballos y estos no traían toldos pues no se encontró señal deellos”. Asimismo, da cuenta del temor que dejó en el destacamento esta acción llevada acabo por los indígenas, al mencionar que por seguridad se construyó un cercoalrededor del cerro donde estaban emplazados y un corral en la “Estancia” para elganado, lo que podría estar indicando que previo al hecho los animales pastasenlibremente, sin que ninguna amenaza se cerniera sobre los mismos43.

58 Debido al temor suscitado por este episodio, el comandante de San José solicitó auxilios

al fuerte de Río Negro, los cuales fueron despachados desde allí el 5 de julio de 1787 yarribaron a San José once días más tarde. Al respecto, en un oficio del mes denoviembre de 1787 se reporta en relación al capitán y piloto de la embarcación donPedro Casariego que:

El catorce de agosto a las cuatro de la tarde partió para el predicho Río Negrohabiéndole detenido todo este tiempo el Gobernador de aquel fuerte a fin de que leauxiliase con el socorro posible, y la Gente de su tripulación por estar alterados losIndios […].44

59 En septiembre45 de ese mismo año el bergantín regresa a San José con pertrechos y

municiones. Es importante mencionar respecto a este incidente que en el análisis de losoficios intercambiados entre los distintos funcionarios —fuerte San José, fuerte delCarmen y Buenos Aires— se pone de relieve el no haberlo comunicado de la formacorrespondiente, recriminándosele al comandante de San José la omisión deimportantes detalles así como el escaso control sobre los pobladores46, poniendo enevidencia la falta de autoridad efectiva en la práctica.

60 Durante los meses de junio y julio de ese mismo año vuelven a repetirse los conflictos

entre indígenas y españoles. En un oficio del 7 de agosto de 1787 se refiere, para el mesde junio de dicho año, el avistaje de jinetes indígenas a la distancia en las inmediacionesdel fuerte San José, lo que alertó al nuevo comandante Pedro Burniño a enviar órdenesinmediatas para asegurar el Puesto de la Fuente y el ganado allí existente. Comoresultado de este encuentro, murió un soldado y supuestamente el cacique JuliánCamelo —líder de los toldos de San Julián—, como se relata en uno de los principalespasajes de un extenso documento que parcialmente citamos a continuación:

A eso de las cuatro de la misma tarde llegó el Capataz de Don Francisco Medina y elPresidiario Gaspar Gómez con dos caballos ensillados de diestro, estos me avisaronque a corta distancia de la Laguna del Monte, distante de este Puesto dos leguas ymedia, a poco tiempo de haberse separado de ellos dicho Mansilla les salieron cinco

Indios que según ellos comprendieron eran de los de San Julián y entre estos

venía el Cacique Julián Camelo […]. Pasó el Cacique Julián a persuadir al Capataz yal Presidiario […] a fin de que fuesen a sus toldos, que ellos eran amigospreguntándoles, que en donde estaban las Mulas y Caballos, procurándoles engañar[…]. Al cabo de cerca de una hora de pelea, tuvo la proporción de asegurarle un tirode pistola a quemarropa al Cacique Julián, que lo dejó muerto, lo que visto por loscuatro Indios restantes disparó uno de ellos, y se infiere pudo ir a avisar a los

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demás, que según las señas daba el mismo Cacique estaban acampados en unalaguna distante de la fuente como dos leguas, ya amedrentados los citados Indiosque quedaban, viendo el valor del Capataz huyeron, y entonces tomaron los doscaballos de diestro en los que venía el soldado, y el del Cacique muerto, uno y otrocon todo recado, procurando ganar este Puerto, como lo hicieron, sin haber tenidomás desgracia los dos, que haber recibido una leve contusión de un bolazo en lamano derecha el Presidiario Gaspar, y haber oído al mismo tiempo de retirarsegritar al soldado por lo que infieren lo estarían chuceando.47 (El destacado mepertenece).

61 Sin embargo, pueden plantearse dudas respecto de si el indígena asesinado fue el

cacique Julián Camelo, ya que el comandante del fuerte San José en su relato sobre loshechos menciona que cuando le trajeron la cabeza del cacique:

[…] por lo desfigurada que estaba no pude conocer si era la del Cacique Julián, perocreo que será la de él por haberle visto igual recado de montar, y por el modo deaccionar de que me informó el que lo mató.48

62 Por otro lado, en una declaración tomada en septiembre de 1787 a un indígena49,

presuntamente perteneciente a la gente de Julián, respecto al robo de ganado yasesinatos de un poblador y soldado en el fuerte Nuestra Señora del Carmen, se refiere:

Preguntado qué Indios fueron los que invadieron por dos veces el Puerto de SanJosé y en qué número.Responde: Que la primera vez concurrió el cacique Camaen con seis indios y sellevaron cautivo al soldado Alonso Parra, a quien dio una puñalada al tiempo deprenderlo uno de los indios y que al Peón lo mataron: Que la segunda vezconcurrieron los caciques Cogeuma y Guari, con muchos Indios cuyo número ignoray que mataron al soldado Toribio y un indio que mataron últimamente en el SanJosé se llama Guetechunque, hermano del Cacique Guari.Preguntado: Cómo adquirió las noticias que refiere.Responde: Que por habérselo oído a los mismos Indios que asistieron y no sabe más.50

63 De acuerdo a las noticias suministradas en este documento, dos fueron las “invasiones”

que realizaron los indígenas en 1787. Asimismo, el testimonio del indígena cautivocorrobora la captura y muerte respectivamente del soldado y el peón del fuerte SanJosé. En cuanto a los caciques implicados, estos serían parientes y/o aliados del caciqueJulián Camelo. De hecho Camaen, por un error fonético o de transcripción, podría ser elcacique Carmen, señalado como aliado de Julián en el diario de Viedma ([1783] 1972a, p.907). Sobre la base de esta declaración podría haber sido otro hombre con el queconfundieron al cacique Julián —Guetechunque, referido como hermano del caciqueGuari—, lo que se pondrá en evidencia nuevamente en el año 1788, como desarrollarémás adelante.

64 Volviendo al oficio del 7 de agosto de 1787, luego del mencionado episodio los indígenas

regresaron al Puesto de la Fuente para llevarse ganado, como se refiere a continuación:

A las once de la noche del mismo día llegaron a este Puesto dos Peones de los de lafaena de Don Francisco Medina a todo riesgo con un parte del Cabo en que meavisaba, que entre tres y cuatro de la tarde se agolparon como doscientos Indios altiempo que venía la Caballada y Boyada al corral, y se llevaron la mayor parte delganado a excepción de unos 20 animales, que a estos tuvieron tiempo de encerrarlesa uno de los corrales, y los otros no pudieron librarlos porque los Enemigos nodieron tiempo de poner las tranqueras al otro corral, y con el fuego de los Pedrerosy fusilería le mataron el caballo a uno de los Indios […].51

65 Ya sea que la captura de animales fuera la causa principal de su presencia o bien una

venganza por la muerte de uno de los indígenas, es importante mencionar que estos

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episodios ponen de manifiesto la vulnerabilidad de los dos asentamientos en penínsulaValdés frente a una fuerza indígena claramente superior desde el punto de vista delconocimiento y los hombres. Sin embargo, el grado de violencia implicado en lasacciones por parte de ambos grupos así como la toma de cautivos podría estarindicando la intervención de otras causales, que trasciendan la sustracción de ganado,que como señalé era bastante escaso.

5.3. El principio del fin: la absurda captura y muerte del caciqueJulián Camelo

66 Las referencias respecto de las relaciones interétnicas para 1788 comienzan con un

oficio referido a la captura de dos mujeres indígenas presuntamente pertenecientes alas tolderías del cacique Julián Camelo52 para intercambiarlas por el soldado AlfonsoParra, tomado cautivo en San José el año anterior. En el documento no se precisa cómoni dónde son capturadas las mujeres, y además, en otro oficio posterior se siembraconfusión respecto a las tolderías a las cuales pertenecían las mujeres, ya que en estaocasión se refiere que los caciques Chulilaquini53 y Bueno incumplen el trato de traer alsoldado Alonso Parra para intercambiarlo por las chinas54. De ello se infieren al menosdos explicaciones posibles: 1) que los caciques fueran confundidos, o 2) que los cautivosfueran robados, intercambiados o vendidos entre los indígenas.

67 Para el mes de mayo de 1788 vuelven a encontrarse referencias sobre la interacción con

indígenas en el contexto del fuerte San José y el Puesto de la Fuente. Una vez más losprotagonistas de las mismas son el cacique Julián y su gente, cuya mención introduceambigüedad al relato sobre su supuesta muerte en junio de 1787. En este nuevodocumento se consigna que:

El 27 de mayo último se apareció en este puerto el indio Cacique Julián acompañadode dos chinas y dos indios diciendo que su venida se dirigía a pasear, y saber, quécapitán era yo, si era bueno, para después traer sus toldos, que se componen (segúnél) de muchas chinas que hacen muchos cueros para presentarme, añadiendo quetambién venía a avisarme, como el Cacique Sapa quería robarme las Vacas cuyaartificiosa prevención me puso en cuidado y más cuando supe que en mi ausenciahabía preguntado que por donde teníamos las vacas. Concluido esto habiéndoleobsequiado con pan y vino que tomó, pidió que le dieran de comer, mandé darlecarne y porotos, pero no los quiso admitir, manifestando mucho disgusto de que lediese aquella carne salada, añadiendo que yo era Capitán malo, pobre, que no ledaba Aguardiente ni Yerba cuyas demostraciones y el informe que en el acto me dioJosé Revalluda, Peón de Don Francisco Medina, de que un caballo saino negro, orejasrajadas y marcado con una cruz, que trajo dicho Julián entre los suyos, era uno de17 que llevaron los Indios del citado Julián pertenecientes a dicho Don FranciscoMedina, y a más de 26 caballos y 18 bueyes del Rey que mataron a chuza, y otrosoreyanos del marinero pescador y de un soldado, todo lo cual testifica elmencionado Peón con el capataz Thomás Mansilla, y con el Peón Amado Fervor quedice, existen ambos en este Río Negro.Y pareciéndome no debía despreciar este informe, que todo el conviene con lapública notoriedad y especialmente con el dictamen del Sargento Mayor deDragones, Don José Ignacio de la Quintana, a quién oí decir que este Indio con sugente, es el que robó una porción del ganado en este Río Negro después de haberlecolmado de beneficios, me resolví a arrestarle y el 22 le puse a bordo del Barco laPiedad con proporcionada custodia, de donde estimulándole la conciencia, memandó decir, que él nunca había venido a hacer daño, que quien vino

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anteriormente a robar fue un hermano suyo, el que es muy malo, cuya prevenidaexcusa acredita que él fue el que robó en éste y ese Puerto de Río Negro.En fin, en su custodia va encargado el subteniente de Granaderos Don BernardoDurán, prevenido de que no debe omitir precaución alguna para su seguridad, hastaentregarlo ahí con más los dos indios y las dos chinas que le acompañan, que llevanconsigo todos los aperos de montar y sólo quedan en mi poder siete caballos y tresmulas pertenecientes a ellos.55

68 El documento sirve para ilustrar el carácter variable de las interacciones y la intención

de los indígenas de instalar sus toldos en cercanía a los asentamientos españoles, eincluso la alusión a las “chinas” —más allá de la manufactura de cueros pintados oquillangos para su intercambio— es importante en cuanto a su significación en elcontexto de un asentamiento militar aislado y con un componente demográficopredominantemente masculino. Además, un dato no menor es la mención a la matanzade caballos y bueyes pertenecientes a los españoles por parte de los indígenas. Estaacción tiende un manto de duda sobre si el objetivo de los malones era únicamente lasustracción de hacienda para su aprovechamiento o comercialización. Por último, elcomandante de San José no deja pasar la oportunidad de apropiarse de los caballos y lasmulas de los indígenas, en beneficio del fuerte.

69 Durante el traslado en barco hacia el fuerte Nuestra Señora del Carmen, el cacique

Julián y otro indígena se fugaron, con el fatal desenlace del asesinato del primero y lacaptura del segundo a manos de los españoles, en un excesivo acto de represalia, talcomo se presenta a continuación:

Declaración de Sebastián de la Calle, natural de Villa de Pedroche, reino de Córdoba,soldado de la 2º Compañía del 2º Batallón del Regimiento de Infantería de Burgos.Preguntado: Si sabe a qué hora cómo y dónde hicieron fuga dos Indios de los queestaban a cargo del subteniente de Granaderos Don Bernardo Durán.Responde: Que entre 2 luces estando rezando el rosario a la voz de los Indios al aguavolviendo la cabeza hacia la proa el que declara vio caer un Indio al agua por laJarcia que está al lado de la Cámara de los Marineros, a cuyo tiempo acudió la tropaa las Armas, y los marineros al bote y el que declara junto con el soldado SantiagoCarrelero llevando un fusil cargado, pero sin cebo como lo experimentó cuandollegó el caso de hacerles fuego a uno de los dos Indios que se escaparon y salió atierra, porque al 1º de los Indios que alcanzamos con el bote se le mató a puñaladaspor no habérsele podido coger de otro modo, y ya muerto éste en el agua queclaramente se reconoció por su barba, estatura y gordura que era el cacique

Julián, seguimos al otro que ya estaba en tierra y habiéndonos desembarcadoseguimos las huellas por la arena hasta llegar a un montecito de dos cuadras de laorilla del agua y del pie de una mata de dicho monte salió el indio de improviso conun cuchillo y embistiendo con el mencionado Carralero se echó el que declara elfusil a la cara y habiéndole errado fuego dos veces se quedó cortado por no tenerotra arma entre todos más que el mencionado fusil en cuyo tiempo se volvió aesconder el Indio y habiéndonos reunido volvimos en su busca a solicitud y nopudiendo dar con él nos metimos en el bote y nos vinimos a bordo a dar parte alComandante de los acaecido […].56 (El destacado me pertenece).

70 Como resultado de estos episodios de hostilidad, el comandante Francisco Lucero

propone como solución el proyecto de excavar una zanja a lo largo del tramo másangosto del istmo —como lo sugiriera Salazar en 1783 y tal como Alsina lo pusiera enpráctica unos cien años más tarde al oeste de la provincia de Buenos Aires—, con el finde impedir el paso de los indígenas y mudar el fuerte allí, por presentar mejorescondiciones que su ubicación actual:

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Sin embargo, que ud estará informado que de resulta de las hostilidades que hanhecho anteriormente los Indios en este Puesto se han tomado las providenciascapaces de evitarlas en lo sucesivo; no puedo menos que hacer presente a ud loimperiosas que son y serán cuántas se tomen, mientras no mude este Puesto desituación en los términos que explicaré a ud más adelante. No ignora ud que toda la tropa que en el día tenemos es la mayor parte bisoña en elmanejo del caballo, luego es consiguiente que siempre que venga un cuantiosonúmero de indios, y a los que estén de pastoreo con los bueyes y caballos, les den unintempestivo asalto, les arrebataran todos los animales y los dejaran burlados, estoes, haciéndoles favor de la vida, porque si hacen el fuego montados, es caso negadoque tenga efecto, si echan pie a tierra y se unen en formación no dudo que sedefiendan, pero con esto no se consigue el fin que es guardar dichos animales ycuando esto no sea, quien podrá evitar que en el medio del camino, cuando lascarretas vengan con agua, les cargue un golpe de indios con caballada por delantetomando el barlovento sofocándoles con el polvo, consigan desordenarlos yderrotarlos enteramente. Nadie dificultará de que esto pueda suceder y por último,quien tenga un mediano conocimiento convendrá en que unos bueyes que comenmuy poco y que todas las noches duermen encerrados, puedan tirar una carretacargada seis leguas de camino, cosa es inconcebible pero a la verdad es realidad,agregándose a esta desdicha la de estar dichos bueyes lo mismo que esqueletos. Conque es consiguiente […] que con la imposibilidad que queda demostrada, queda estedestacamento en estado poco menos que de perecer, porque el traer agua de lafuente a pie es imposible, así por no haber vasijas aparentes como por la distancia, ysin ella no hay pan. Llevar harina a la fuente aunque poca, pudiera ser, pero estosería infructuoso por no haber horno; con que concluimos en que sería preciso quecada uno tomase un poco de carne y menestra y marchara a la fuente para comerla,sin quedar otro recurso.Llegando este caso y que viniera algún Barco, sería preciso que estuviese dos mesespara descargar aguardando la oportunidad de la marea para atracar a las peñas yponer la carga en tierra en donde permanecería a la inclemencia por falta decarretillas en qué conducir a los almacenes, aunque para decir verdad, ponerla enestos o dejar en el campo, es todo uno, de tal suerte que con mil cueros dudo quehaya suficiente para cubrir almacenes, panadería y habitaciones, por todo necesitarenovarse por su total destrucción y sería doloroso, se hiciesen tan grandes gastosen un puesto que por las razones dichas, es imposible el conservar, a menos que sesitúe en la angostura o boca de esta península, en donde según opinión de DonAntonio Rodríguez, Piloto del Barco de la Piedad, no hay más distancia que medialegua de mar a mar […]. Sentado para que esto sea aprobado se necesitan los auxilios siguientes:[…]Sesenta presidiarios con treinta picos, treinta asadas y treinta palas a fin de quesegún el terreno usen de la herramienta que convenga para hacer una zanja queabsolutamente imposibilite a los indios el paso de una a otra costa del mar […].57

71 Como puede apreciarse, este documento pone de manifiesto la situación de extrema

vulnerabilidad en la que se encontraban tanto el Puesto de la Fuente como el fuerte SanJosé, tanto desde el punto de vista defensivo como de las condiciones de vida quedebían afrontar, situación que no habría pasado desapercibida a los indígenas. Sinembargo, este proyecto no contó con los auxilios necesarios para poder ser puestofinalmente en práctica.

72 A partir de 1789 se observa una notable disminución de referencias respecto de las

relaciones interétnicas y actos de hostilidad emprendidos por indígenas. Tan solo seregistró una sola mención, pero a hechos ocurridos en el año anterior, respecto de loscuales no se hallaron por el momento los documentos correspondientes:

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Excelentísimo Sr: Hecho cargo del oficio de 16 de abril último que en contestaciónme dirige vuestra excelencia de hallarse enterado de las providencias que tomó elComandante del fuerte San José las cuales no dieron lugar a las invasiones queintentaron los indios las veces que se les presentaron en el invierno pasado […] 58

73 Para entender las razones de este impasse habría que evaluar en una perspectiva

diacrónica si el mismo se fundamenta en una reorganización de las distintasparcialidades indígenas, debido a la muerte de algunos de sus caciques másimportantes. Respecto a esta posibilidad, es sugestivo que para noviembre de esemismo año, en una carta dirigida al comandante del fuerte Nuestra Señora del Carmen,el Virrey Loreto ordena aumentar la vigilancia en las fronteras de dichoestablecimiento y sus puertos, teniendo en cuenta las noticias sobre la “reunión de losde Tierra Adentro en el Volcán”.59

6. Discusión y conclusiones

74 La información hasta aquí presentada ha puesto en evidencia, por un lado, la

vulnerabilidad del fuerte San José y el Puesto de la Fuente como resultado del abandonoy la falta de auxilios por parte de las autoridades virreinales. Esta situación no habríapasado desapercibida a las poblaciones indígenas, quienes pudieron haber aprovechadoesta condición. A diferencia del fuerte Nuestra Señora del Carmen y la Colonia deFloridablanca, las relaciones interétnicas en el contexto del fuerte San José fuerondiscontinuas en el tiempo —tan solo se han registrado con seguridad tres episodios— ypredominantemente hostiles, señalándose como principales protagonistas a tehuelchesprocedentes de la Patagonia meridional, como el cacique Julián y sus aliados.

75 El carácter hostil de las interacciones nos lleva a la segunda cuestión: el alcance de las

políticas borbónicas en relación al contacto. En el caso de estudio aquí presentado, adiferencia de los otros dos establecimientos mencionados, no se observa desde el planodiscursivo ningún intento de atracción o negociación con las poblaciones indígenas,incluso cuando una relación pacífica con las mismas podría haber contribuido no solo auna mejora en las condiciones de vida de la población del fuerte y el Puesto de la Fuentedurante sus primeros años, sino a incrementar sus existencias ganaderas, como seobservó en el caso del fuerte Nuestra Señora del Carmen (Gorla, 1983; Bustos, 1993). Esimportante destacar que no se asume esta imagen como dada, sino que es necesarioevaluarla a la luz de la evidencia arqueológica para identificar correspondencias ycontradicciones entre ambas líneas de evidencia. En este sentido y por el momento lasinvestigaciones realizadas en el Puesto de la Fuente indican que se trató de un área concierta importancia para las poblaciones locales en momentos tardíos, aunque la culturamaterial hasta ahora recuperada es insuficiente para avalar o descartar el contactoentre ambas poblaciones (Alberti y Buscaglia, s/f).

76 He señalado que entre 1787 y 1788 se produjeron con seguridad tres incursiones de los

indígenas en la península. La primera de ellas tuvo lugar en enero de 1787,aparentemente dirigida por el cacique Camaen y tuvo como resultado la captura de unsoldado y el asesinato de un peón en algún paraje cercano al fuerte San José. La segundaincursión habría sido comandada por los caciques Cogeuma y Guari, en la que fueronasesinados, en un paraje distante del fuerte unas dos leguas y media, un soldado y unindígena llamado Guentechunque, señalado como hermano del cacique Guari yconfundido con el cacique Julián Camelo por los españoles. Como consecuencia

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posiblemente de estas acciones, el mismo día por la noche, los indígenas robaron cercade medio centenar de caballos y mataron 18 bueyes. Creemos que la matanza de bueyeses significativa en términos de lo que representaba para la población de San José: elúnico medio para transportar el agua desde el Puesto de la Fuente al fuerte en la costa,y garantizar de este modo la subsistencia de los habitantes de este puesto. Esta abre elinterrogante sobre si no existieron otros motivos —que trascendían la obtención deganado— que llevaran a los indígenas a hostilizar los establecimientos españoles enpenínsula Valdés. Finalmente, el tercer episodio tiene lugar en mayo de 1788 cuando unreaparecido cacique Julián se presenta en el fuerte con motivos de intercambio. Sinembargo, como consecuencia de la identificación de caballos robados el año anterior,tanto en San José como en el Carmen, es apresado y asesinado durante su traslado al RíoNegro.

77 Si los consideramos a lo largo de la década, se trata de episodios aislados, cuya

repercusión sin embargo no fue menor dada la pérdida de vidas humanas, de líderes deimportancia —como el cacique Julián Camelo entre los tehuelches— y de animalesesenciales para el desarrollo de la vida diaria del asentamiento colonial. Además, esimportante señalar que, exceptuando al cacique Julián, para el resto de los caciques eindígenas no hemos encontrado referencias que los sitúen en las áreas de influencia delfuerte Nuestra Señora del Carmen y Floridablanca.

78 Respecto de las causas de estas acciones, aún no podemos establecer a ciencia cierta

cuáles fueron. Sin embargo, pensamos que deben ser interpretadas no solo en funciónde la sustracción de ganado, sino también en relación a los cambios producidos tanto enlas sociedades indígenas como en los establecimientos coloniales en Patagonia durantela década de 1780.

79 En primer lugar, si las acciones contra el fuerte San José fueron encabezadas por el

cacique Julián y aliados, como parece desprenderse de la documentación histórica,pensamos que el abandono de Floridablanca de alguna manera repercutió en lareestructuración de las prácticas de estos grupos en función de la reconfiguración delas redes de obtención de recursos y bienes así como de las esferas de poder. Como yamencionamos, la relación del grupo de este cacique con la colonia fue pacífica,cotidiana y prácticamente continua durante los cuatro años que funcionó la misma,hasta el punto de que redujeron sus visitas al fuerte Nuestra Señora del Carmen(Buscaglia, 2011a, 2012). Es importante mencionar que mientras funcionóFloridablanca, no se registraron en las fuentes históricas consultadas contactos entrelos tehuelches de San Julián y el fuerte San José (Luiz, 2006a; Nacuzzi, 2005, Davies,2009; Buscaglia, s/f). La fundación de la colonia en su territorio permitía acceder a losindígenas de forma directa a los productos de origen europeo y criollo, muchos de ellosaltamente valorados para reforzar el prestigio y el poder tanto dentro como fuera delgrupo, mediante mecanismos de apropiación, redistribución e intercambio. Al respectoes elocuente la observación que en 1783 realiza el piloto Basilio Villarino: “En este río[Río Negro, la aclaración es mía] se hallaron estos indios con los tehuelches de SanJulián, con los cuales hicieron mucho comercio, porque venían muy ricos con las alhajasque les habían regalado los cristianos de aquel establecimiento” (Villarino en DeAngelis, 1972, p. 1123). Por lo tanto, la desaparición de Floridablanca habría significadopara los tehuelches que frecuentaban San Julián la pérdida no solo de una fuente deabastecimiento directo sino también de aliados entre los españoles60.

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80 En segundo lugar, si la experiencia con Floridablanca certifica el desarrollo de

relaciones de convivencia amistosas y de ayuda mutua entre este grupo de indígenas yla población hispano-criolla, entonces es necesario preguntarse por qué no se siguióeste camino en el fuerte San José, a pesar de su condición de mayor vulnerabilidad y laambivalencia que caracterizó la estructuración de las relaciones interétnicas. En estesentido, como se ha acreditado para el caso del fuerte Nuestra Señora del Carmen(Gorla, 1983; Nacuzzi, 2005; Luiz, 2006a, entre otros), el robo de ganado y la violenciafueron tolerados y formaban parte de la vida cotidiana de estos asentamientos, ya quegarantizar la asistencia por parte de los indígenas era más importante. Un aspecto aconsiderar, que a mi criterio juega un rol fundamental en la forma en que se pusieronen práctica las políticas borbónicas de contacto y la manera en que se estructurandiferencialmente las relaciones interétnicas en los tres asentamientos, se relaciona conlos funcionarios que estuvieron al frente de las colonias y los fuertes. En este sentido lapolítica de los hermanos Francisco y Antonio Viedma así como la continuidad de susfunciones en el tiempo, difiere sustancialmente de los militares que sucedieron en elmando del fuerte San José. La condición castrense de los mismos, su posible falta deexperiencia en el trato con indígenas y un sistema anual de relevos, probablementedesalentaron un contacto sostenido en el tiempo, sumando a ello los temores productode la comandancia de asentamientos aislados y escasos de hombres y recursos.

81 En tercer lugar, y en relación con los aspectos mencionados, el fuerte San José, a

diferencia del fuerte Nuestra Señora del Carmen y Floridablanca, se encontraba en unainferioridad de condiciones materiales para sostener una política de agasajo eintercambio —tanto desde el punto de vista de las esferas formales como informales—con las poblaciones indígenas de manera de poder negociar con las mismas ayuda yalianzas. En este sentido, queda pendiente analizar por qué no se abasteció al fuerte consuministros para interactuar con las poblaciones locales. Una hipótesis podría ser lasubestimación de las mismas respecto a la situación de aislamiento del fuerte San Josédurante sus primeros años, como ya he descripto. La escasez de recursos materiales —incluso ganado— pudo haber afectado negativamente la suerte del fuerte respecto de surelación con las poblaciones locales.

82 En cuarto lugar, y no por ello menos importante, la creación sobre todo del Puesto de la

Fuente sumado al recelo de los hispano-criollos, pudo haber significado una restricciónal acceso a recursos de importancia estratégica en un paradero reutilizado en el tiempoy en el marco de sus circuitos anuales de movilidad por las poblaciones indígenas,particularmente en momentos tardíos. De hecho, dentro de la península, el área de laSalina Grande donde se encuentra emplazado dicho puesto, concentra recursosesenciales para la vida de estas poblaciones: manantiales permanentes de agua dulce,sal, animales de presa y pasturas (Belardi, 2005; Gómez Otero, 2007; Gómez Otero et al.,1999; Alberti y Buscaglia, s/f).

83 La consideración de estas condiciones en su conjunto invita a una reflexión respecto a

la efectividad del poder colonial sobre las poblaciones indígenas. La realidadtestimoniada por el aislamiento, el desconocimiento, la escasez de fuerzas militares, eldesabastecimiento, en suma, la inestabilidad que caracterizó a las colonias, sobre todoen sus fases iniciales, hace inevitable pensar en el manejo estratégico de las poblacioneslocales de sus relaciones con estos pequeños y marginales núcleos poblacionales. Desdeesta perspectiva, no es posible dejar de reconocer el poder y la agencia de laspoblaciones indígenas en relación a la estructuración de las relaciones interétnicas y,

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por ende, su intervención tanto en los niveles más altos de la política y la economía dela sociedad colonial como en la esfera de la vida cotidiana de estos poblados.

84 Para finalizar, considero que el presente trabajo ha dejado más interrogantes que

certezas respecto a la estructuración de las relaciones interétnicas en el contexto delfuerte San José. La respuesta a dichos interrogantes requiere avanzar progresivamenteen el análisis a nivel diacrónico y comparativo en la historia y la materialidad de losasentamientos, así como de las distintas parcialidades indígenas que interactuaron conlos establecimientos patagónicos. Una interpretación de los contextos particulares, enperspectiva holística y comparativa, requiere asimismo desentrañar los significadosemergentes a partir de la integración y confrontación de múltiples líneas de evidencia,así como de las representaciones relativas a la realidad cotidiana de las interaccionesentre indígenas y colonizadores en la Patagonia del siglo XVIII. Comprender lasrelaciones interétnicas en sus múltiples expresiones y dimensiones en el contexto deSan José forma parte del intento de recuperar su complejidad y descorrer el velo deestigmatización que tanto tiempo ha pesado sobre la representación del contactocultural en este escenario particular.

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reconoció por sí. D. Antonio de Viedma, en el tiempo de su destino en aquellos establecimientos,

y su particular comisión en el de San Julián, con las demás noticias que pudo adquirir de los

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NOTES

1. Co-dirigido por la Dra. Bianchi Villelli y quien suscribe.

2. Exceptuando las investigaciones de Carlos M. Gorla, quien en su estudio sobre el origen y

desarrollo sobre la ganadería patagónica (1983) discute el rol de los indígenas en esta actividad,

integrando información histórica respecto al fuerte San José.

3. La persistencia de estas ideas en el imaginario popular se ha reflejado y materializado, por

ejemplo, en las placas conmemorativas colocadas en la réplica de la capilla de San José, situada

frente a la Isla de los Pájaros. A modo de ejemplo, en una de ellas puede leerse: “Las sociedades

españolas de la Provincia rinden homenaje a los primeros mártires del Chubut. A los

sobrevivientes de la primera colonización Juan Coca, Francisco Rodríguez, Juan Centeno, Juan

Albornoz, Casimiro Novacos, con nuestro reconocimiento a los muertos en la lucha […]”. Es

importante destacar que la réplica de la capilla fue construida sobre la base de una interpretación

errónea de los planos asignados al fuerte San José, corroborándose que en realidad los mismos

correspondían al fuerte San José y Ciudadela de Montevideo (Bianchi Villelli et al., 2013).

4. Esta perspectiva parte de una discusión crítica del colonialismo, las aproximaciones binarias y

los esencialismos para dar cuenta de las relaciones interétnicas. Así, se busca poner de relieve el

rol activo de los diversos actores sociales que fueron subalternizados por el poder y el discurso

colonial, de manera de entender el contacto entre los diferentes agentes en función de su

carácter multidireccional y cuestionando de este modo la impermeabilidad de las estructuras

coloniales (Ligthfoot et al., 1998; Di Paolo, 2001; Silliman, 2001, 2006 y 2010; Scaramelli, 2005;

Lyndon, 2006; Vives Ferradiz Sánchez, 2006; Voss, 2008; Liebmann, 2008; Buscaglia, 2011c, 2013,

entre otros).

5. Es importante aclarar que las relaciones interétnicas en el contexto del fuerte San José no

fueron problematizadas en su real complejidad desde la historia, mientras que desde lo

arqueológico, constituyen una problemática que recién ha comenzado a desarrollarse en función

del progresivo avance de las investigaciones y las particularidades de la evidencia material

recuperada (ver por ejemplo Alberti y Buscaglia, s/f).

6. En el marco de mi tesis doctoral defendida en abril de 2009 y publicada en 2012, me aboqué al

análisis de la estructuración de las relaciones de poder en el contexto de la colonia de

Floridablanca, poniendo el foco en la relación entre el proyecto social implícito (Senatore, 2007) y

las prácticas cotidianas de aquellos actores que fueron subalternizados por el poder colonial. Uno

de estos grupos fue el de los marinos, perteneciente al contingente poblador, pero fuertemente

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estigmatizado por el poder colonial. El segundo grupo corresponde a la parcialidad de tehuelches

que se relacionó con la Colonia durante sus cuatro años de funcionamiento. En este contexto, el

énfasis de la investigación estuvo puesto en la agencia y el impacto diferencial de estos dos

grupos de actores en función de su potencial para alterar el orden colonial y/o generar

alternativas al mismo.

7. Fundação Biblioteca Nacional, MS-508 (40) Doc.1164 “Diario de la Expedición de Don José de

Salazar al Puerto de San José, 1783” y Archivo Histórico de Madrid, sección Estado, legajo 2316

“Diario de la expedición del mando del Comisario Superintendente Don Juan de la Piedra que con

4 embarcaciones armadas en guerra y 114 hombres de Tropa de Tierra con sus respectivos

Oficiales, sale del Puerto de Montevideo el 15 de diciembre de 1778 en busca del nombrado Bahía

Sin Fondo en la costa Patagónica debiendo después de dejar allí hecho un establecimiento seguir

a formar otro al Puerto de San Julián”.

8. Si bien la documentación histórica es elusiva en lo que refiere a la descripción arquitectónica

del mismo, no obstante se han encontrado referencias aisladas que dan cuenta de la construcción

de ranchos precarios, corrales y posiblemente un galpón para el acopio de sal, aunque sin

precisar su localización. Las investigaciones arqueológicas realizadas en el mes de marzo de 2013

han permitido identificar al menos tres estructuras de piedra en la estancia Los Manantiales, una

de ellas parcialmente en pie aunque con evidencias de haber sido saqueada a lo largo del tiempo.

Por el momento, dada la escasez de la evidencia arqueológica registrada no ha podido asignarse

con seguridad esta estructura a la ocupación española de fines del siglo XVIII, aunque se han

identificado restos arqueológicos compatibles con la misma en sus alrededores (Buscaglia y

Bianchi Villelli, 2013).

9. Aspecto que también será destacado por Fontana en su reconocimiento de la actual provincia

de Chubut ([1886] 1999).

10. Fundação Biblioteca Nacional, MS-508 (40) Doc.1164 “Diario de la Expedición de Don José de

Salazar al Puerto de San José, 1783”.

11. En 1782 el piloto Basilio Villarino describe la importancia estratégica del puerto San José “por

la facilidad y limpieza de este y su entrada, por ser su fondo de buena tenazón, y por la

proporcionada altura o situación en que se halla, me parece muy propio para que sirva de puerto

de arribada a las embarcaciones que navegan a la mar del sur”. En dicho informe el piloto destaca

el peligro de dejar despoblado este puerto, debido a las ventajas estratégicas para el ingreso de

embarcaciones enemigas que podrían alcanzar desde allí el Río Negro como otras áreas

colonizadas por los españoles y aliarse con las naciones indígenas que frecuentaban la costa

patagónica (Villarino, [1782] 1969: 228).

12. Los comandantes del fuerte San José entre 1779 y 1789 fueron: Juan de la Piedra, Francisco

Viedma, Antonio Viedma (1779), Pedro García (ca. 1779-1782), Juan Antonio Martínez (1782), Juan

José Gómez (1783), José de Salazar (1784), Salvador José López, Francisco Muñoz y Rafael Morales

(1785), Gabriel Martínez (1786), Pedro Burniño (1787), Francisco Lucero (1788) y Francisco Núñez

(1789).

13. Al respecto y contradiciendo parcialmente la representación del funcionamiento del fuerte en

la documentación oficial, el análisis de las fuentes disponibles ha permitido identificar un

documento sobre los asientos de los individuos en el fuerte San José, en el que se manda de

regreso a un peón por haber encontrado a su mujer en dicho fuerte (AGN, Sala IX, 16-4-3 “J.

Martínez a F. de Indarte, Puerto San José, 17 de agosto de 1786”).

14. AGN, Sala X, 2-3-5 “A. Aragón al Comandante del fuerte del Carmen, 5 de septiembre de 1810”.

15. A pesar de no haberse hallado aún información histórica sobre la parcialidad o parcialidades

étnicas y los caciques que habrían encabezado el ataque, ha sido posible corroborar que los

nombres de los caciques señalados como autores del ataque al fuerte San José, tanto en la obra de

Barba Ruiz (2009) como en la placa conmemorativa colocada en la réplica de la capilla del fuerte,

corresponden en realidad a un grupo de caciques mencionados por Entraigas (1968, p.22) que

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habrían atacado las instalaciones del fuerte, no en 1810, sino en los meses de julio y agosto de

1809. De acuerdo a Entraigas, dicha información fue obtenida en el Archivo General de la Nación

—sin precisar mayor información—; sin embargo las exhaustivas pesquisas realizas por nuestro

equipo de investigación no han podido dar con la supuesta documentación consultada por dicho

autor.

16. Entraigas (1960 y 1968); De Paula (1984); Destéfani (1984); Dumrauf (1991 y 1992), Phillips

(1962 en Gómez Otero, 2007 y Gavirati, 2012), D´Orbigny ([ca. 1835-1847] 1999), Fontana (1873),

entre otros.

17. En Buscaglia s/f se puede encontrar una discusión extensa sobre los antecedentes reunidos

respecto al ataque del fuerte San José y el Puesto de la Fuente por parte de los indígenas.

18. Si bien no alcanza el espacio aquí para desarrollar en extenso y reunir todos los relatos acerca

del fin del fuerte San José, baste mencionar que el mismo caló tan profundo en la memoria de la

región que reconocidos viajeros como el ya mencionado D´Orbigny ([ca. 1835-1847] 1999), Darwin

[1839] 2003, Claraz ([1865-66] 1988) y Musters ([1871] 1997), no dejan de mencionarlo en sus

crónicas sobre la Patagonia, varias décadas más tarde de ocurrido el episodio.

19. Un ejemplo emblemático de esta situación fue el motín que tuvo que afrontar Antonio

Viedma como consecuencia de una epidemia de escorbuto en el fuerte San José a mediados de

1779 (Archivo General de Indias —en adelante AGI—, Legajo 326, folios 601-798, carta n° 210 “J. J.

Vértiz a J. de Gálvez, Buenos Aires, 8 de octubre de 1779”).

20. Por ejemplo se registra la queja por la recepción de tocino y grasa podridos (AGN, Sala IX,

Legajo 16-4-12 “J. Maestre al Comandante de Puesto San José, sin lugar, 10 de enero de 1797”).

21. AGN, Sala IX, l6-3-9 “J. A. Martínez a F. Viedma, Puesto del Puesto de San José, 14 de marzo de

1782”.

22. Archivo General de Indias (en adelante AGI), Legajo 326, folios 601-798, carta n° 210 “J. J.

Vértiz a J. de Gálvez, Buenos Aires, 8 de octubre de 1779”.

23. AGN, Sala IX, 16-3-9 “ A Juan Antonio Martínez, fuerte el Carmen Río negro, 2 de mayo de

1782”; 16-3-10 “Oficio de Don Juan Antonio Martínez a Don Francisco Viedma, fuerte San José, 7

de julio de 1782”, “Juan José Gómez a Francisco Viedma, Puesto del Puerto San José, 24 de octubre

de 1782”; 16-4-2 “Inventario de lo que subsiste en los almacenes de cuero que deja el Subteniente

del Regimiento de Infantería de Buenos Aires Don Salvador José López…, F. Canales, Puerto San

José, 27 de mayo de 1785”; “Inventario de lo que subsiste en los almacenes de cuero que deja el

Teniente del Regimiento de Infantería de Buenos Aires Don Francisco Muñoz…, F. Canales, Puerto

San José, 18 de noviembre de 1785”; 16-4-3 “S. J. López al Marqués de Loreto, Buenos Aires, 22 de

julio de 1786”, 16-4-6 “Florencio de Jesús a Tomás J. Gil, Puerto San José y fuerte de la Candelaria,

2 de mayo de 1789”, “Florencio de Jesús a Tomás J. Gil, fuerte de la Candelaria Puerto San José, 22

de julio de 1789”, “Marqués de Loreto al Comandante de Río Negro, 27 de noviembre de 1789”;

16-4-11 “Joaquín Maestre al Comandante del fuerte San José, 16 de enero de 1796, “Oficio de Don

Juan Alejandro Pérez a Don Joaquín Maestre, Puerto de San José y fuerte de la Candelaria, 29 de

enero de 1796”, “Alejandro Pérez a Joaquín Maestre, Puerto San José y fuerte de la Candelaria, 2

de octubre de 1796”, 16-5-1 “Oficio de Don Antonio Aragón a Don Joaquín Maestre, Puerto de San

José y fuerte de la Candelaria, 14 de mayo de 1798”. AGN, Sala XIII, 26-6-6 “J. C. de Elguera a P. F.

Indarte, fuerte Nuestra Señora del Carmen, 18 de diciembre de 1800”, 31-1-5 “ Inventario de lo

que subsiste en los almacenes de cuero que deja el Teniente de Regimiento de Infantería de

Buenos Aires José Salazar…, Puerto San José, 18 de octubre de 1784”, “Salvador José López, San

José, 3 de febrero de 1785”, “Salvador José López, San José, 19 de marzo de 1785”, “Antonio

García, Puerto de San José, 15 de octubre de 1785”.

24. Ambas autoras han centrado sus investigaciones fundamentalmente en el análisis de la

dinámica interétnica en el contexto del fuerte Nuestra Señora del Carmen. Por esta razón, los

resultados de las mismas se constituyen en un excelente material a partir del cual comparar y

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complementar, sobre todo a partir de la evidencia arqueológica, los casos de Floridablanca y el

fuerte San José.

25. Vértiz, J. J. [1778] 1938. Oficio del Virrey Vértiz del 3 de noviembre de 1778.

26. Vértiz a Gálvez, Montevideo 22 de febrero de 1783, AGI, Buenos Aires, 326.

27. Los intentos de evangelización a lo largo del siglo XVIII tuvieron un carácter más sistemático

fuera de la costa patagónica, particularmente en las regiones de Pampa y el área andina de

Norpatagonia (ver por ejemplo Urbina Burgos, 1990; Nicoletti, 2004; Néspolo, 2005; Irurtia, 2007

Arias, 2008; Hajduk, et al. 2013; Pedrotta, 2013, entre muchos otros).

28. Al respecto, es importante señalar el carácter fluctuante de las relaciones entre distintas

comunidades indígenas, las que según las circunstancias eran amigas o enemigas (Nacuzzi, 2002).

29. Los ejemplos más destacados de los mismos son las capitulaciones y tratados de 1742, 1770,

1782, 1790 y 1796 establecidos entre funcionarios virreinales y los caciques más importantes de

las distintas comunidades indígenas de Pampa y Patagonia, particularmente de la porción

cordillerana y septentrional de la región. Tales tratados implicaban no solo el reconocimiento y

la obediencia a la autoridad del rey de España sino también a sus representantes en territorio del

virreinato. El poder colonial apeló a una estrategia de dominio indirecto —ya que se respetaba la

autonomía y diversidad de las sociedades indígenas— pero no por ello menos coactivo, ya que en

el mediano o largo plazo apuntaba al vasallaje de las mismas (Briones y Carrasco, 2000).

30. AGN, Sala IX, 16.3.2 “Carta de F. Viedma a J. J. Vértiz, fuerte Nuestra Señora del Carmen, 4 de

junio de 1779”; Sala IX, 16.4.5 “Carta de F. Lucero a T. Gil (Capitán del Regimiento de Infantería de

Buenos Aires y Gobernador de Río Negro), Puerto San José, 4 de junio de 1788”; “Carta de P.

Burniño a T. Gil, fuerte del Carmen, 11 de junio de 1788” y Viedma [1783] 1972, entre otros.

31. AGN, Sala XIII, 34.10.5, 1780-1783, documentos varios.

32. Cabe agregar que para momentos posteriores sí se han registrado bienes y víveres para

agasajar a indígenas en el contexto del fuerte San José (AGN, Sala X, 2-3-15 “F. de León, fuerte del

Carmen, 20 de septiembre de 1809”).

33. Estos 19 legajos integran un total de 91 y cerca de 11.768 folios relevados hasta la fecha en el

marco del proyecto de investigación.

34. Archivo Histórico de Madrid, sección Estado, Legajo 2.316 “Diario de la expedición del mando

del Comisario Superintendente Don Juan de la Piedra…”.

35. Este dato es ampliado en el diario de Villarino de 1779, donde se consigna la deserción de 11

individuos del “pueblo” de San José. Asimismo manifiesta el conocimiento y el contacto con el

cacique Julián Camelo y su gente, aunque las relaciones por momentos fueron conflictivas (AGN,

Sala VII, Biblioteca Nacional, Legajo 193, “Diario de Basilio Villarino Bermúdez…”. Dicho diario

fue publicado por De Angelis en forma apócrifa y sintética, que comparado con el original,

presenta la información suministrada por el piloto de manera incompleta y en muchos casos

inexacta (De Angelis, 1969, p.166-171).

36. Archivo Histórico de Madrid, sección Estado, Legajo 2.316 “Diario de la expedición del mando

del Comisario Superintendente Don Juan de la Piedra…”.

37. AGN, Sala VII, Biblioteca Nacional, Legajo 193, “Diario de Basilio Villarino Bermúdez…”.

38. De acuerdo a Carlos Gorla el envío de animales desde el Río Negro implicó un aumento de 13 a

64 vacunos y de 15 a 64 equinos en el período comprendido entre 1782 y 1784. Entre 1786 y 1789

se observa un estancamiento y una declinación en la hacienda. A partir de ese año se

incrementan las cabezas de ganado vacuno y equino hasta alcanzar el número de 400 y 108

respectivamente en 1798; existencias que irían en aumento hasta 1808 en que los indígenas se

llevaron prácticamente toda la caballada y 600 vacunos (Gorla, 1983, p.136 y 161). Estas

oscilaciones en la hacienda deberán ser correlacionadas con el abastecimiento desde Río Negro y

las incursiones practicadas por los indígenas.

39. Fundação Biblioteca Nacional, MS-508 (40) Doc.1164 “Diario de la Expedición de Don José de

Salazar al Puerto de San José, 1783”.

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40. Las relaciones con el cacique Negro son un claro ejemplo de la complejidad y ambivalencia

que caracterizó a las relaciones interétnicas en la región pampeano-patagónica a fines del siglo

XVIII. El cacique Negro por momentos se convirtió en aliado estratégico para Francisco Viedma y

el fuerte Nuestra Señora del Carmen, en cuanto a la venta de tierras, el suministro de ganado y

mano de obra indígena para avanzar en las obras del fuerte (D’Orbigny, A. ([1835-1847] 1999, p.

516-516). Sin embargo, en ocasiones fue concebido por el mismo Francisco Viedma como un

enemigo que debía combatirse y aniquilarse, fundamentalmente por el robo de ganado y el

maloneo en la frontera bonaerense (AGN, Sala IX, 16-3-6 “F. Viedma a J. J. Vértiz, fuerte del

Carmen de Río Negro, 22 de marzo de 1781).

41. AGN, Sala IX, 16-3-16, “Antonio Viedma a Juan J. Vértiz, Nueva Colonia y fuerte de

Floridablanca, 29 de enero de 1781”.

42. AGN, Sala IX, 16-4-3, Informe sin fecha y lugar, 16-4-4, 1° de octubre de 1787, Río Negro, sin

remitente.

43. AGN, Sala IX, 16-4-4 “José Martínez a Ignacio de la Quintana, fuerte del Carmen, 14 de Junio de

1787”.

44. AGN, Sala IX, 16-4-4 “Juan Mastorell, Buenos Aires, 18 de noviembre de 1787”.

45. En esta oportunidad la embarcación solo tarda dos días en realizar el viaje de Río Negro a

península Valdés.

46. AGN, Sala IX, 16-4-4, “Al Comandante de Río Negro, 3 de enero de 1787”.

47. AGN, Sala IX, 16-4-4. “P. Burriño a J. I. de la Quintana, fuerte de la Candelaria en Puerto San

José, 7 de agosto de 1787”.

48. AGN, Sala IX, 16-4-4. “P. Burriño a J. I. de la Quintana, fuerte de la Candelaria en Puerto San

José, 7 de agosto de 1787”.

49. Los indios Rafael y Carlos, este último autor de la declaración, fueron llevados presos desde

Río Negro a Buenos Aires en el mes de octubre de 1787 bajo la acusación de haber asesinado a un

poblador y un soldado en el fuerte de Río Negro (AGN, Sala IX, 16-4-4 “Juan Mastorell, Buenos

Aires, 18 de noviembre de 1787 y “J. I. de la Quintana, Río Negro, 28 de octubre de 1787).

50. AGN, Sala IX, 16-4-4 “Declaración tomada al Indio Carlos, alias Juancho, dependiente del

Cacique Julián Camelo, por el Teniente de Infantería Lázaro Gómez… fuerte del Carmen, 2 de

septiembre de 1787”.

51. AGN, Sala IX, 16-4-4, “P. Burriño a J. I. de la Quintana, fuerte de la Candelaria en Puerto San

José, 7 de agosto de 1787”.

52. AGN, Sala IX, 16-4-5, “J. I. de la Quintana al Marqués de Loreto, fuerte del Carmen, 6 de abril

de 1788”.

53. Con respecto a estos dos caciques, solo se ha podido recabar información sobre Chulilaquini,

sobre quien Francisco Viedma señalaba que dominaba una numerosa indiada en Norpatagonia,

particularmente en las áreas adyacentes al río Negro, río Colorado, lago Nahuel Huapi y sur de

Neuquén (Gorla, 1983; Nacuzzi, 1999 y 2005). Casamiquela, por su parte, identifica a Chulilaquini

como un tehuelche septentrional cuyo nombre procedería del topónimo Chulila, la actual Cholila

del noroeste de Chubut (1965 en Gorla, 1983).

54. AGN, Sala IX, 16-4-5 “T. Gil al Virrey J. J. Vértiz, fuerte del Carmen, 4 de junio de 1788.

55. AGN, Sala IX, 16-4-5 “F. Lucero a T. Gil, fuerte San José, 1º de junio de 1788”.

56. AGN, Sala IX, 16-4-5 “Sumaria información hecha a fin de averiguar en quien recae la omisión

de haber hecho fuga el diez de junio después de puesto el Sol, el Cacique Julián y otro Indio en la

boca del Río Negro, desde el borde del Bergantín Nuestra Señora de la Piedad, que los conducía

presos, y encargados el subteniente de Infantería de Buenos Aires, Don Bernardo Durán, por Don

Francisco Lucero, teniente de dicho Regimiento y Comandante del Establecimiento de San José en

la costa Patagónica, fuerte del Carmen, 11 de junio de 1788” y “T. Gil al Virrey Loreto, fuerte del

Carmen, 20 de junio de 1788”.

57. AGN, Sala IX, 16-4-5 “F. Lucero a T. Gil, Puerto de San José, 1º de junio de 1788”.

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58. AGN, Sala IX, 16-4-6 “T. Gil al Virrey Loreto, fuerte del Carmen, 24 de septiembre de 1789”.

59. AGN, Sala IX, 16-4-6 “Marqués de Loreto al Comandante del establecimiento de Río Negro, 27

de noviembre de 1789”.

60. Es por lo menos llamativo que al comparar la documentación histórica referida a los

asentamientos y las relaciones del grupo del cacique Julián con los mismos, poco se dice acerca

del carácter excepcionalmente pacífico de sus relaciones con Floridablanca.

ABSTRACTS

In the late 18th century, the Spanish Crown implemented the plan of colonization of the

Patagonian Atlantic coast. As part of this plan, they created Nuestra Señora del Carmen Fort

(Province of Buenos Aires), Nueva Colonia and Floridablanca Fort (Province of Santa Cruz), and

San José Fort (Province of Chubut). My analysis will focus on the interethnic relations at San José

Fort while discussing them as conveying foundational characteristics within a context of

Bourbon and Indigenous contact policies, during the Fort’s first decade. My results point to a

particular structuring of interethnic relationships in San José Fort, showing a predominantly

conflictive side as compared to the other two colonies.

A fines del siglo XVIII la Corona española pone en práctica el plan de colonización de la costa

atlántica patagónica. Como parte del mismo fueron creados el fuerte Nuestra Señora del Carmen

(provincia de Buenos Aires), la Nueva Colonia y fuerte de Floridablanca (provincia de Santa Cruz)

y el fuerte San José (provincia de Chubut). En este trabajo me centraré puntualmente en el

análisis de las relaciones interétnicas en el fuerte San José. En particular, me interesa

contextualizar estas relaciones y discutirlas en función de las características inherentes a un

contexto fundacional así como de las políticas indígenas y borbónicas respecto al contacto,

durante la primera década de funcionamiento del fuerte. Los resultados obtenidos hasta el

momento indican una estructuración particular de las relaciones interétnicas en el escenario del

fuerte San José, manifestando una faceta predominantemente conflictiva, en comparación a los

otros dos poblados.

INDEX

Keywords: San José Fort, Patagonia, Interethnic Relations, Colonialism, 18th Century

Palabras claves: fuerte San José, Patagonia, Relaciones Interétnicas, Colonialismo, Siglo XVIII.

AUTHOR

SILVANA BUSCAGLIA

Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas-Consejo Nacional de Investigaciones

Científicas y Técnicas, Argentina.

Correo electrónico: [email protected]

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DebatesLa guerra en los márgenes del estado: aproximaciones desde la

arqueología, la historia y la antropología

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Presentación: La guerra en losmárgenes del Estado, simetría,asimetría y enunciación históricaNicolas Richard

1 Esta mesa tiene por objeto intercambiar en torno al concepto 'guerra', mostrar algunas

investigaciones que sobre esta temática se están desarrollando en antropología,arqueología e historia en el cono sur americano e identificar algunas de las principalesdificultades que la utilización de este término supone en estos distintos campos deinvestigación. Inicialmente, este debate surge en continuidad con los trabajos quehemos desarrollado, con Luc Capdevila, en torno a las dos guerras del Paraguaycontemporáneo y particularmente en torno a la cuestión indígena en la guerra delChaco (Richard et al. 2007, Richard 2008b, Capdevila et al. 2010). Más ampliamente, searticula con una serie de colegas e investigaciones que se han concentrado, desde lahistoria o la antropología, en los procesos de anexión y ocupación militar de losterritorios indígenas ‘libres’ durante la segunda mitad del siglo XIX (Araucanía,Patagonia, Chaco, Tierra del Fuego, cordilleras Chiriguano, Rapa Nui...). A partir de esteexpediente liminal, el de estas ‘guerras de conquista’ o ‘guerras coloniales’ de laAmérica republicana, quisiéramos abrir la discusión, por un lado hacia las formasindígenas de la guerra tanto en el espacio andino (A. Nielsen) como en la tierras bajasamericanas (D. Villar), y por otro, hacia el denso expediente rioplatense, desde el'estado de guerra' y las guerras civiles de la primera mitad del siglo 19 (A. Rabinovich) ala guerras del Paraguay y del Chaco (L. Capdevila).

2 Proponemos arrancar este debate desde el expediente de las 'guerras coloniales'

sudamericanas porque nos parece que permite, muy inmediatamente, dejar planteadosalgunos problemas centrales en discusión. En efecto, a partir de mediados del siglo 19los Estados nacionales emprenden sucesivas campañas de anexión y ocupación militarde vastos territorios indígenas que se habían mantenido hasta entonces al margen de laesfera colonial ibérica: la ocupación chilena de la Araucanía mapuche, la anexión de laIsla de Pascua, la colonización de Tierra del Fuego, la Conquista del Desierto y la delChaco meridional argentinas, la entrada boliviana sobre las cordilleras chiriguano, la

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ocupación militar paraguayo-boliviana del Chaco septentrional, etc. Estos distintosfrentes integran una misma secuencia histórica, movilizan un mismo estrato técnicomilitar (tren, telégrafo, arma a repetición), comparten un mismo marco ideológico ojustificatorio y ponen en circulación unos mismos actores internacionales (misioneros,militares, ingenieros…), por los que conectan entre sí y con otros tantos teatroscoloniales —las campañas coloniales al África, la reducción de los maoríes en NuevaZelanda o la conquista del oeste americano son ejemplos contemporáneos. Se trata,pues, de algo como el ‘momento colonial’ de las repúblicas sudamericanas, y aunque suenunciación histórica se halla inhibida por el marco discursivo nacional republicano, sufisionomía general es, entrando al siglo 20, bien reconocible: en la capital, unasoligarquías rentistas, su belle époque—sus palacios, sus paseos, sus gustos excesivos, superfume orientalista— y más allá, del otro lado del larguísimo tren/barco mecanizado,la inmensidad de unos territorios 'recién abiertos a la civilización', la 'barbarie'hacinada en reservas y en misiones, los emprendimientos capitalistas protegidos porfortines militares y la tierra, confiscada y repartida entre colonos (súbitamente,entonces, el Chaco como el Congo, o la Araucanía como Argelia). Un primer elementoque debe llamar la atención es que según el marco historiográfico convencional, todaesta gente y todos estos territorios fueron conquistados sin que hubiera ‘guerra’. Se‘tomó posesión’ de una isla, se conquistó ‘un desierto’, se ‘pacificó’ una región, serealizaron ‘campañas’ y ‘expediciones’, pero nunca hubo ‘guerra’. Esto es así porquesegún dicho marco, el Estado sólo entra en guerra con otros Estados, y como nichiriguanos, ni mapuches ni guaycurúes califican en esa notación, pues lo que hay son‘campañas’ y ‘expediciones’, con militares, armas y uniforme, pero sin enemigo entanto tal1; por eso se conquista un ‘desierto’, una ‘isla’ o una ‘región’, sin mencionarnunca a un sujeto. Varias cuestiones quedan planteadas.

Visibilidad histórica, archivo, memoria

3 La no enunciación histórica de estas ‘guerras coloniales’ americanas tiene múltiples

consecuencias. Por un lado, se trata del momento fundante en la relación entre estassociedades y los Estados nacionales, y su inhibición historiográfica es un impedimentopara la elaboración de una memoria y una formulación política y jurídica democráticade dicho vínculo. Por otro lado, el archivo sudamericano de la guerra quedaempobrecido y amputado ‘por secretaría’ de un expediente en muchos sentidosdeterminante —¿puede entenderse la barbarie del ejército chileno en Lima o delejército argentino en Asunción sin aportar el antecedente de que en ambos casos esossoldados vienen de pelear otro tipo de guerras, más al sur? Por último, inversamente, darvisibilidad a esta dimensión colonial es también desestabilizar cierta auto-concepciónrepublicana y su teleología nacional y militar. Tómese por ejemplo la Guerra del Chaco,sobre la que L. Capdevila vuelve al final de este dossier. Esa guerra ha funcionado comoel parangón sudamericano de una guerra nacional y moderna: ejércitos regulares,conscripción universal, aviación, tanques y un desarrollo cronométricamente regulado(...la guerra termina muy exactamente a las 12.00 PM del 12 de junio de 1935). Este es elrelato formal que remachan los libros de historia, el de una ajustadísima partida deajedrez en la que ambas naciones movieron sus fichas con mayor o menor acierto sobreel tablero desierto del Chaco —el infierno verde. Pero sabemos por supuesto que elChaco no estaba vacío y que mirado desde el punto de vista de quienes lo habitabandicha guerra toma la forma de una formidable campaña de ocupación militar:

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fundación de fortines sobre las aldeas indias, confiscación de tierras y animales, shocksepidémicos, desplazamientos de población y conscripción forzada, desarticulaciónterritorial y confinamiento en campos, reservas o misiones, etc. Hacer visible estadimensión del acontecimiento permite, no solo restituirlo en su marco colonial, sinoproblematizar desde muchos ángulos su definición formal: por ejemplo, desde estepunto de vista, ¿se acabó la guerra a las 12 PM del 12 de junio de 1935? En el Chacoocupado, después de ese día, ¿empezó la paz? Y más ampliamente, reintroducidas enescena las poblaciones locales —ishir, nivaclé, ayoreo, macá, enlhet, maj’hui, wichi,pilagás y otros tantos tomarahas, mascoy,chanés y chiriguanos, etc.—¿puede todavíaseguir planteándose el acontecimiento desde su sólo ángulo nacional? ¿Y escribiéndosesu historia desde el sólo archivo militar? Más ampliamente, ¿puede seguirescribiéndose esta historia desde el sólo archivo escrito? Etc.

Simetría, guerra no declarada, Estado

4 Si estas ‘guerras coloniales’ no son guerra, es porque en el contexto moderno

republicano la guerra asimétrica tiende a ser una guerra no declarada o entonces,inversamente, porque solo se declara la guerra en simetría. En la concepción corriente,entran en guerra dos Estados o dos pueblos o dos tribus, etc., pero no un Estado con unatribu, ni un pueblo con un Estado. Y sin embargo, si se consulta el archivo americano loque se encontrará son fundamentalmente formas asimétricas de guerra. Esto es asítanto en el registro antropológico como en el histórico. En efecto, no son simétricas lasguerras de captura que emprendían los ‘capitanes’ guaycurú en el Alto Paraguay(Richard 2008a, Richard 2008c) ni son simétricos los malones mapuche sobre la Pampa(Vezub 2009), ni es simétrica la guerra en las periferias incaicas (Renard-Casevitz et al.1988). Las guerras chiriguanas tampoco son simétricas, ni respecto del Inca ni respectode las bandas chaqueñas (Combès 2005, Combès y Saignes 1991, Saignes 1990). Hay, escierto —D. Villar vuelve sobre ello más adelante—, se producen, formas simétricas de laguerra, por ejemplo el canibalismo circular de los guaraníes observado en el siglo XVIen las costas brasileras, la guerra endógena jibara descrita en el s. 18 en el altoAmazonas o el circuito cerrado que anima las guerras del Pilcomayo medio, biendocumentado a principios del s.20 en el Chaco boreal. En todos estos casos hayemergencia de un fetiche en circulación —casi una ‘moneda’—: las cabezas reducidasjibaras, los escalpes o cabelleras pilcomayenses, el cuerpo ritualizado y canibalizado delotro-guaraní, etc. (Taylor 1985, Sterpin 1993, Combès 1992, Barbosa y Richard 2010,Richard 2011). Pero esos modos circulares son más bien la excepción y, particularmenteen el cono sur, las formas asimétricas son muy claramente predominantes: es como unrío, pues, en el que por momentos se forman remolinos, pero que se mueve porque esasimétrico. Y este carácter asimétrico es también predominante en el registro históricosuramericano, que se haya fundamentalmente constituido por formas asimétricas osegmentarias de guerra (guerras de independencia, guerra civil o entre provincias,guerra contrainsurgente, guerra de conquista u ocupación, guerra entre privados, etc.).Hay, por supuesto, aquí también formas convencionales de guerra —la guerra delParaguay, la guerra del Chaco, la guerra del Pacífico, etc.—, pero suelen serlo de unmodo problemático. Como lo recuerdan A.Rabinovich y L. Capdevila más adelante enrelación a la guerra del Paraguay o de la Triple Alianza, su comprensión simétrica esmuy problemática: si bien se enfrentan entre sí “Estados”, la desproporción entre lasfuerzas implicadas (Paraguay vs. Brasil-Argentina-Uruguay) y el grado anormalmente

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alto de brutalidad y mortalidad resultantes (80% de la población masculina delParaguay) la asemejan más a los indicadores de una guerra civil (como la de secesiónnorteamericana) o de conquista y exterminio (como la ‘guerra contra el indio’ en laspampas) que a los de un enfrentamiento convencional/simétrico entre Estados. Másampliamente, en su realización histórica concreta, el “Estado” aparece como un sermucho más feble, segmentario, incompleto y poroso de lo que se suele argumentar, y laguerra, por otro lado, como algo mucho más heterogéneo, multiforme y presente que loque admite su sola definición militar. Hay un problema con hacer del Estado el únicohorizonte explicativo del fenómeno guerra. Este ha sido, por supuesto, un tema mayorde la antropología política del Amazonas, del Chaco o de la Araucanía, en que ha debidopensarse la guerra en ausencia de Estado —o entonces, dirá alguien, la ausencia deEstado porque hay la guerra—, pero es una cuestión igualmente acuciante para lahistoria contemporánea regional. Un primer punto de acuerdo para arrancar estedebate podría así ser este, que hay o puede haber “guerra” más allá y más acá delEstado, antes y después de él, adentro suyo y todo alrededor, en su centro, en susbordes y más allá.

Heterogeneidad del archivo, variedad de formas

5 Una vez levantada la grilla convencional de lectura, van apareciendo en toda su

variedad la multiplicidad de formas de la guerra que pueblan el archivo sudamericano.Esto es cierto, por un lado, por ejemplo, en lo que refiere a esas campañas de ocupaciónen sí mismas: pueden tomar la forma, como en Tierra del Fuego, de la violenciasostenida de colonos armados y milicias a sueldo, sin encuadre estatal; o de un ejércitoen regla ocupando metódicamente una región (Araucanía, Patagonia); o de un procesoencubierto bajo una guerra internacional (la ocupación del Chaco boreal vieneescondida en la guerra del Chaco tanto y como la de la Puna meridional no se ve abajode la Guerra del Pacífico, o el aldeamiento y ocupación del territorio mbayá está tapadopor la Guerra del Paraguay). Puede también tomar la forma de una situación muchomás confusa y casi estadística, un conjunto de ‘incidentes aislados’ y muertesindividuales, una ‘intensidad’ excepcional en el mapa criminal común, como la tasaexcepcionalmente alta de indígenas muertos por bala que caracteriza el avancecontemporáneo del frente estanciero en el Mato Grosso o en el Chaco. Ya se sabe de estaparadoja latinoamericana: por ‘guerras’, es la región más pacífica del mundo; por‘muertos de bala’, la más violenta: es decir que es la región del mundo en la que másgente muere por bala sin estar en guerra: ¿No habrá un problema con la definición deguerra? ¿Se puede seguir razonando como si todos esos homicidios fuesen incidentesaislados y acciones individuales a título de que no se enfrentan entre sí militares oEstados? Cotidianamente mueren en el Chaco o en el Mato Grosso indígenas baleadospor colonos y estancieros —forma subrepticia, mañosa y paraestatal de la guerra queacompaña históricamente el avance del frente de colonización. Pero por otro lado, vaapareciendo también una multiplicidad de formas anteriores, locales, de hacer laguerra, una diversidad de culturas y prácticas guerreras resilientes que se articulan, sesobreescriben y se infiltran mutuamente. Pues son también extremadamenteheterogéneas las formas indígenas de la guerra, cuestión sobre la que volverán A.Nielsen y D. Villar más adelante. No son lo mismo las guerras de captura queemprenden los ‘capitanes’ mbayá sobre el Chaco zamuco, que las guerras circularescaracterísticas del Pilcomayo medio, ni que la guerra imperial de los Andes

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prehispánicos; no son lo mismo la guerra a caballo (raid, distancia, velocidad, enemigodistante) de los mapuches pampeanos, que la guerra de emboscada y fortificación en lascordilleras chiriguanas; y tampoco es lo mismo escalpar a un enemigo (Pilcomayo), quehacerlo esclavo (Alto Paraguay) o canibalizarlo (guaraní), etc. Hay formas simétricas yasimétricas, regulares y coyunturales, territorializadas (fortificar un valle) odesterritorializadas (canoa y caballo por unrío o una estepa). De modo que hay tambiéntoda una zona transicional que se organiza sobre formas intermedias y heteróclitas deculturas guerreras, conectando o componiendo con elementos técnicos y simbólicosheterogéneos: hay guerras de machete debajo de la guerras de bala; hay malonesadentro de una guerra internacional; hay conjuros y brujerías y ritos y sanaciones enlas noches de un ejército profesional; hay arranque de cabelleras, hay jinetes sinestribo, lumas, coligües y macanas bajo las órdenes de un general, etc. Imposibleentender esas guerras sin atender los modos y las prácticas anteriores que se infiltran,re-codifican y contaminan entre sí.

La guerra en las márgenes del Estado

6 Este debate no tiene por objeto proponer un marco general integrador, ni alguna nueva

definición, ni una revisión de la abultadísima bibliografía que se ha ocupado de estostemas. Su propósito es más humilde y en un sentido más simple. Tiene que ver, por unlado, con abrir la discusión y sentar a la ‘misma mesa’ campos disciplinarios que nosiempre acostumbran a conversar entre sí y en los que la problemática de la ‘guerra’ hajugado un rol importante. En efecto, el concepto ‘guerra’ tiene trayectorias, resonanciasy significaciones muy distintas en cada una de estas disciplinas y el lugar de encuentrose vuelve por tanto igualmente necesario e inestable. Cada uno de estos registrosplantea diferentemente el objeto, lo aborda desde distintos materiales y formulahipótesis y problemas de investigación también distintos. Por ejemplo, el asalto a unrancho de colonos a principios de siglo en alguna parte del Chaco central. Para quienestudia la historia reciente de los grupos nivaclé o pilagá, la secuencia serálegítimamente interpretada en clave ‘guerra’ que es como está siendo contada: lospreparativos, deliberaciones y conjuros que preceden el asalto, su ejecución, laextracción de las cabelleras y su lenta domesticación simbólica, el cuerpo, las lanzas ylas marcas del guerrero…. Pero los historiadores no usan la palabra ‘guerrero’, ni se fíande esas fuentes, ni en todo caso llamarán nunca ‘guerra’ a ese incidente local, ni a laofensa inicial de los criollos —el incendio de una toldería nivaclé— que desencadenó lasecuencia. Más ampliamente, hay toda una serie de cuestiones —la guerra comoacontecimiento o función, como prolongación o como exterioridad del Estado, comohecho social o como hecho militar, etc.— que se instalan problemáticamente en ladiscusión, cuestiones que tienen que ver con viejas discusiones sin saldar, perotambién, con lo que en cada una de estas disciplinas ha pasado en los últimos treintaaños. Pues están ya lejos los tiempos en que Pierre Clastres denunciaba el silencioteórico de la antropología en torno a la guerra, o aquellos en los que la historiografía dela guerra debía aún emanciparse de su tutela militar: muchísimos trabajos,innumerables aquí, han vuelto desde entonces en arqueología, antropología o historiasobre el concepto de guerra, documentando, informando y elaborando nuevas líneas deinvestigación.

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7 Los cuatro textos que organizan este debate son El estudio de la guerra en la arqueología

sur-andina de Axel Nielsen (arqueólogo, CONICET), Cuatro destinos del guerrero: teorías de

la guerra indígena en las tierras bajas sudamericanas,de Diego Villar (antropólogo,CONICET), De la historia militar a la historia de la guerra. Aportes y propuestas para el estudio

de la guerra en los márgenes, de Alejandro Rabinovich (historiador, CONICET) y La guerra

de la Triple Alianza (1865-70) y la guerra del Chaco (1932-35): dos guerras internacionales en un

marco colonial, de Luc Capdevila (historiador, Universidad de Rennes2 Francia). Aunquelos trabajos no se organizan según un recorte cronológico o geográfico estricto,comparten sin embargo un mismo escenario general —lato sensu, la América meridional

de los cronistas del s. 18— y unas mismas problemáticas que tejen transversalmente ladiscusión. Al momento de convocarnos, nos dimos por eje de discusión tres nivelesiniciales y muy generales de exposición: en cada uno de los casos, se trataba depreguntar sobre (i) la forma de esas guerras y la heterogeneidad del archivo americanode la guerra, (ii) el sujeto de esas guerras y lo problemático del recorte Estatal, (iii) lamemoria, el archivo y las condiciones de visibilidad histórica de esas guerras. Esaspreguntas arman una guía expositiva implícita pero no exhaustiva.

8 Quisiéramos por último agradecer muy especialmente a los autores y a las instituciones

que hacen posible este debate, la red REIC (Red de Estudios Indígenas y Campesinos), elequipo CHACAL (Collectif d’Histoire et d’Anthropologie Comparée sur l’AmériqueLatine, CERHIO UMR6258, CNRS Rennes) y a la revista Corpus. Archivos virtuales e la

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NOTES

1. Este mismo problema se plantea en las ‘guerras coloniales’ europeas. Francia por ejemplo se

reserva el término guerra para sus enfrentamientos europeos, pero multiplica los eufemismos —

guerrita, guerrilla, combates, ‘acontecimientos’— para el teatro colonial (Joly 2009).

AUTHOR

NICOLAS RICHARD

CNRS, CERHIO UMR 6258équipe CHACAL, Université Rennes2 (Francia) - Prof. invitado Instituto

de Arqueología y Antropología, Universidad Católica del Norte, San Pedro de Atacama (Chile).

Correo electrónico: [email protected]

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El estudio de la guerra en laarqueología sur-andinaAxel E. Nielsen

1 Si entendemos la guerra como hostilidad armada entre colectivos políticamente

organizados, las evidencias materiales indican que esta ha rondado a la humanidaddurante gran parte de su historia, aunque con significativas variaciones de intensidad yforma. A pesar de su ubicuidad, la guerra recién se instala como un tema deinvestigación significativo en la arqueología —fundamentalmente en la anglosajona—en la década de 1990 (Kelly 1996). En los Andes todavía es un tópico escasamentediscutido, a pesar de que las tradiciones orales recopiladas al momento de la conquistaespañola aludían claramente a una era de conflictos armados antes de la expansión inca(Cieza de León 1984 [1553], Wuaman Puma 1980 [1615], entre otros) y deque losarqueólogos advirtieron hace tiempo ya sus rastros materiales (p. ej., Casanova 1936,Madrazzo y Ottonello 1966).

2 A continuación paso revista al estado actual de la reflexión arqueológica sobre las

guerras prehispánicas andinas, particularmente las de época pre-inca en los Andes delSur (NO de Argentina, N de Chile, SO de Bolivia). Siguiendo los ejes planteados para esteintercambio de ideas, comienzo señalando los principales temas en debate, despuéstrato las posibles consecuencias sociales del conflicto y termino considerandobrevemente el modo en que se recordaban aquellos conflictos en la época colonial.

Acuerdos y desacuerdos en torno a las guerrasprehispánicas sur-andinas

3 Cuatro clases de indicadores son comúnmente aceptados en arqueología para inferir la

existencia de guerras, a saber, sistemas de asentamiento defensivos, señales de traumasen los cuerpos, artefactos vinculados al combate e iconografía (LeBlanc 1999, pp. 54-91).Si bien existen evidencias aisladas de épocas anteriores (p. ej., huesos humanos contraumas o puntas de proyectil incrustadas o representaciones de individuos conatuendos guerreros), es recién a partir del 1000 d.C. —y particularmente después de

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1200— que los cuatro tipos de indicadores se hacen presentes en gran parte del surandino (Arkush 2006, Arkushy Tung 2013,Balesta y Wynveldt 2009, Berenguer 2006,Gheggi y Seldes 2012,Nielsen 2002, 2003, Torres Rouff et al. 2005, Williams 2014a). Elclima de beligerancia sugerido por estas evidencias parece haber cesado con laexpansión inca (la Pax Inca), teniendo en cuenta que muchos asentamientos defensivosdejan de utilizarse en el siglo XV y se establecen sitios nuevos en lugares claramentevulnerables (Nielsen 2002, Williams 2014b). Las fuentes documentales sugieren que losincas hicieron un uso restringido de la violencia armada, solo para doblegar laresistencia de algunos grupos (p. ej., collas, chichas) o defender la frontera oriental.

4 El primer tema que divide la opinión de los arqueólogos es si estos elementos son

suficientes para concluir que efectivamente hubo guerras antes del inca, una época queen las secuencias cronológicas del área se denomina Período de Desarrollos Regionaleso Intermedio Tardío (en adelante PDR). Los escépticos suelen cuestionar la validez decada indicador por separado, argumentando por ejemplo que las cabezas cercenadasson un ejemplo más de la popularidad del culto a los antepasados; que lasrepresentaciones de guerreros o combates en el arte rupestre podrían aludir asituaciones míticas; que los cascos y corazas confeccionados en madera, fibra y cuerono parecen ser protección suficiente en combate; que las nuevas armas pudieron estardestinadas a la caza o —en el caso de hachas y manoplas— ser objetos meramenterituales; que muchos poblados de la época no tienen fortificaciones por lo que no sonestrictamente pukaras y que su ubicación en puntos elevados pudo obedecer aconsideraciones utilitarias (p. ej., maximizar el aprovechamiento de tierras cultivableso resguardarse de los aluviones) o religiosas.

5 Lo primero que esta forma de razonamiento ad hoc no puede explicar es porqué estas

evidencias proliferan en forma simultánea (desde el punto de vista arqueológico) sobreun área tan extensa (desde la provincia de Catamarca, por lo menos, hasta el lagoTiticaca y la sierra del Perú). Ciertamente, no aparecen en todas partes ni con la mismaclaridad y rara vez se encuentran todas ellas en una misma región. De hecho, no parecehaber rastros de conflicto en las zonas más elevadas de la puna y altiplano, habitadaspor pastores especializados (sureste de Lípez, puna occidental de Jujuy y Salta), ni entrelos pescadores del litoral del océano Pacífico1. Cuando están, se asocian a poblacionesque practican la agricultura, tanto en los bolsones altiplánicos (p. ej., Antofagasta de laSierra, Casabindo, Norte de Lípez, intersalar) como en las quebradas, valles y oasis aambos lados del macizo cordillerano (p. ej., San Pedro de Atacama, Loa medio ysuperior, valles altos de Tarapacá al occidente, Valle de Hualfín, Valles Calchaquíes,Quebradas del Toro y Humahuaca, Río Grande de San Juan al oriente). Volveré sobre laimportancia de tener en cuenta este patrón espacial y temporal al momento deconsiderar la naturaleza del conflicto, sus causas y consecuencias.

6 No es posible aquí analizar cada uno de estos cuestionamientos (ver Arkush y Stanish

2005,Nielsen 2003), por lo que solo tomaré dos ejemplos: la interpretación de losasentamientos y la relación entre rito y conflicto. La adopción generalizada entre losagricultores sur-andinos de un sistema de asentamiento defensivo es a mi juicio laevidencia más contundente del establecimiento de un "estado de guerra endémica" enel siglo XIII. Limitar el problema a una cuestión tipológica —¿es correcto clasificar lospoblados de la época como fortalezas o pukaras?— lleva a perder de vista las demáspropiedades defensivas de las nuevas estrategias de uso del espacio, como el dominiovisual del entorno que permite prevenir asaltos sorpresivos, las ventajas defensivas que

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ofrecen terrenos altos y escarpados aun cuando no exista unaarquitecturaespecializada, el amparo de numerosos vecinos que brinda la residencia engrandes conglomerados, la intervisibilidad que permite advertir y movilizarrápidamente a aliados cercanos o el abandono de áreas para crear zonas deamortiguación, entre otras (Balesta y Wynveldt 2010, Williams 2014). Puesto que laetnografía indica que la sorpresa y el número de combatientes en cada bando sonfactores decisivos en la llamada "guerra tribal" (Ferguson 1995, Keely 1996, Redmond1994, Wiessner y Tumu 1998, entre otros) cabe pensar que los recaudos defensivosseñalados fueron tan o más importantes que la presencia de fortificaciones2. Por otraparte ¿cómo explicar si no la adopción generalizada de estas formas de habitar queimplicaron dejar antiguas áreas de vivienda en favor del hacinamiento en sitiosgeneralmente desprovistos de agua, poner distancia con las áreas de cultivo y pastoreoy abandonar zonas ricas en recursos que habían sido regularmente habitadas hastaentonces?

7 Ciertamente, ninguno de estos cambios en los asentamientos puede ser explicado por

quienes consideran que los conflictos eran solo combates rituales análogos al t´inku

etnográfico (Topic y Topic 1997, 2009). Aunque estas prácticas provocan heridos y hastamuertos, lo que permite caracterizarlas como "ritos" y no "guerras" es, precisamente,que no representan una amenaza para quienes no participan directamente, por lo queno llevan a las comunidades involucradas a adoptar recaudos defensivos. La guerrasiempre conlleva actos rituales, lo que no significa que sea menos violenta oamenazadora, sino simplemente que quienes combaten aprovechan todos los recursos asu disposición, incluyendo hechizos, música, danzas, plantas alucinógenas y otrastécnicas para movilizar el auxilio de ancestros, animales tutelares y otras agencias nohumanas (Nielsen 2007). Los antiguos andinos también empleaban el rito para propiciarlas cosechas, la multiplicación del ganado o la construcción de sus casas, lo que noconvierte a su agricultura, ganadería y arquitectura en actividades "meramente"rituales.

8 Para quienes creen en la realidad de las guerras pre-incas se abre un segundo campo de

discusión en torno a las especificidades de aquellas prácticas. ¿Quiénes se enfrentaban?¿Cómo eran aquellos conflictos? ¿Qué normas los regulaban? ¿Cómo afectaban a otrasactividades, como la agricultura o el tráfico interregional? Como estas indagaciones seencuentran en sus comienzos, solo mencionaré ejemplos de las diversas respuestas quecomienzan a surgir. Respecto a las partes enfrentadas, se ha planteado que podríatratarse de conflictos locales entre vecinos, grupos del oriente amenazando a laspoblaciones de tierras altas (un fenómeno del que hay testimonio escrito en épocacolonial) o luchas entre colectivos regionales (Nielsen 2003, Wynveldt y Balesta 2009).La ventaja de esta última interpretación reside en que su carácter multiplicador podríadar cuenta de la gran difusión y relativa contemporaneidad de los conflictos y,particularmente, de su presencia en la vertiente occidental andina, lejos del alcanceque uno atribuiría a los ataques de grupos de las tierras bajas del oriente. La ausenciade fuentes de agua en la mayoría de los poblados, por su parte, ratifica que los combatesdebieron ser fundamentalmente emboscadas, asaltos sorpresivos y saqueos, antes queasedios o campañas orientadas a la conquista territorial, prácticas que estarían fuera delas capacidades logísticas de los pueblos de la época. La separación entre áreasresidenciales y productivas (campos con terrazas y riego, ganadería trashumante)sugieren la existencia de normas capaces de regular la estacionalidad de las luchas, contemporadas de paz dedicadas a la producción (seguramente el verano) y épocas para la

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guerra. Esto podría también explicar la continuidad del tráfico interregional a pesar delas hostilidades, aunque hay otros escenarios posibles; por ejemplo, pudo haber gruposneutrales capaces de viajar e intercambiar a pesar de las tensiones (p. ej., pastores ocosteros que no acusan indicios de conflicto en sus territorios), pero también ciclos quealternaran guerras con intercambios asociados a las negociaciones de paz como ha sidodocumentado etnográficamente en otras partes del mundo (p. ej., Wiessner 2009).

9 Otro tema en debate se refiere a las causas de las hostilidades. Las hipótesis propuestas

incluyen presión demográfica y competencia por tierras, luchas políticas relacionadascon la disolución de Tiwanaku, contiendas por el control del tráfico de larga distancia,invasiones de otros grupos y deterioro climático (Arkush 2008, Balesta y Wynveldt2010,Hyslop 1977, Núñez 1974, Ruiz y Albeck 1997,Schiappaccasse et al. 1989, verevaluación en Nielsen 2003, pp. 95-97).La existencia de sequías en el sur andino duranteel siglo XIV, que podrían haber abonado el clima de beligerancia, ha sido recientementeconfirmada mediante reconstrucciones paleoclimáticas de alta resolución basadas enanillos de árboles (Morales et al. 2012). Cuando ocurren en la actualidad sequías de estamagnitud, conllevan el fracaso de la agricultura de secano en los sectores más áridosdel altiplano, obligando a muchos hombres adultos a migrar a los valles y centrosurbanos en busca de trabajo para sustentar a sus familias. Cabe pensar que crisissimilares en el pasado no dejaron a las comunidades en las tierras altas másalternativas que apelar a la solidaridad de otros grupos menos afectados o presionarsobre sus vecinos a ambos lados de los Andes para asegurarse tierras con potencial parael riego (Llagostera 2010,Nielsen 2001a, Rothammer y Santoro 2001).

10 También comienza a cuestionarse recientemente el manejo de la fuerza militar y otras

formas de violencia por parte de los incas. Las investigaciones de los últimos años hanrevelado que la formación del Tawantinsuyu en el siglo XV coincide con la destrucciónviolenta de áreas públicas y poblados importantes de varias regiones (Norte de Lípez,Loa superior, Río Grande de San Juan, Quebrada de Humahuaca), el abandono de ciertosasentamientos y la reorganización de otros, así como el vaciamiento de algunasregiones. Todo esto invita a revisar críticamente el supuesto de una expansión incaicanegociada o impuesta pero sin uso efectivo de la fuerza, una idea basada en últimainstancia en testimonios orales recogidos durante la conquista que, sesgados por lavoluntad propagandista del propio estado cuzqueño, pudieron haber omitidoselectivamente ciertos hechos. Aunque con la conquista inca dejan de utilizarse sitiosdefensivos en ciertas regiones (p. ej., Norte de Lípez), en otras los sistemas deasentamiento locales no sufren cambios significativos, mientras que el Estado mismoparece controlar directamente las áreas de amortiguación o 'tierras de nadie' creadasdurante el PDR mediante la construcción de tambos, guarniciones e instalacionesproductivas.

Las consecuencias sociales de las guerras pre-incaicas

11 El escepticismo entre los arqueólogos respecto a la realidad o gravedad de las guerras

pre-incaicas ha llevado a que, aunque a menudo se mencione al conflicto como unacaracterística más de la época, se haya prestado poca atención a las consecuencias quepudo tener esta situación para los procesos sociales sur-andinos. El tema ha sidobastante discutido, en cambio, en la arqueología en general, principalmente con

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relación al papel que pudo desempeñar la guerra en el desarrollo de la complejidadsocial y, eventualmente, en el surgimiento del Estado (Carneiro 1970, Earle 1997, Haas2001). Las opiniones varían ampliamente, pero últimamente hay cierto consenso enconsiderarla un elemento más capaz de promover cambios en las estructuras políticas yeconómicas, pero cuyos efectos específicos dependen de muchos otros factores cuyaincidencia debe establecerse mediante un análisis histórico pormenorizado.

12 Hay elementos para afirmar que los conflictos del PDR provocaron cambios

significativos en las formaciones sociales sur-andinas. En primer lugar, laconcentración de la población en grandes asentamientos y la aparición en algunasregiones de relaciones jerárquicas entre ellos ponen de manifiesto procesos deintegración que seguramente se asocian con nuevas prácticas e instituciones políticas,al menos entre los grupos agricultores y agro-pastores. Estas se hacen visibles en laproliferación de monumentos a los antepasados, los rastros de comensalismo público yla construcción de plazas en los principales poblados (Nielsen 2006). Todo indica que lasnuevas pautas de convivencia y las alianzas entre grupos de parentesco y comunidadespromovidas por la inseguridad resultaron en procesos de "fusión segmentaria" (Platt1987) que resolvieron pacíficamente las disputas locales, redirigiendo la violencia haciagrupos ajenos a cada región. De acuerdo a esta interpretación, integración segmentarialocal y guerra interregional se reforzarían mutuamente.

13 Tendencias hacia la intensificación e integración económica se advierten en el

desarrollo de extensas superficies agrícolas con terrazas y andenes alimentados porcomplejos sistemas de irrigación que requieren una operación coordinada, como asítambién en la reorganización de los sistemas de movilidad y manejo del ganado. Másaún, podría argumentarse que el desarrollo de estructuras políticas supra-comunitariasestuvo acompañado de la implementación de estrategias económicas colectivas, en lasque la formulación de los programas de trabajo, la planificación de uso de los recursos yotras decisiones económicas claves recaerían en manos de grupos o instanciasadministrativas superiores a la unidad doméstica. Por cierto, no tiene por qué haberuna relación directa entre integración y desigualdad económica, entendida comoparticipación diferencial en los procesos de trabajo y apropiación de recursos. Lahomogeneidad de la arquitectura doméstica y de los artefactos de uso cotidiano engeneral sugieren que la cultura material operaba como un discurso igualitario einclusivo que sería consistente con un modo corporativo de acción política, pero larealidad es que no contamos aún con los datos de consumo necesarios para evaluar lasdesigualdades efectivas que pudieron existir en distintas regiones.

14 Otra tendencia notable en la cultura material del período es el desarrollo de estilos

regionales diferenciados en la arquitectura, las inhumaciones, la vestimenta, la vajilla,las armas y otros elementos ubicuos en la experiencia cotidiana. Si este patrón revela elsurgimiento de nuevas identidades colectivas, podríamos pensar que la guerra tambiénfavoreció procesos de etnogénesis, en los que afinidades culturales ancladas en unahistoria común y en la interacción local se acentuaron y asumieron carácteremblemático, diferenciando posibles grupos aliados de otrosy potenciales enemigos.Resulta sugerente que haya cierta correspondencia entre la ubicación de estos estilos yla de “grupos étnicos" que los conquistadores europeos documentaron en el siglo XVI.Ciertamente, la invención de tradiciones comúnmente asociada a la formación deetnicidades se vería facilitada por el masivo desarraigo y pérdida de memoria prácticaque indudablemente debió acompañar a la relocalización de poblaciones del siglo XIII.

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La proliferación de referencias monumentales a los antepasados que se produce a partirde este momento (chullpas, wankas, etc.) es una expresión elocuente de este procesopolítico de reconfiguración de la memoria.

Guerra y memoria

15 Según los testimonios recogidos por los conquistadores españoles en el siglo XVI, la

formación del Tawantinsuyu trajo consigo paz, mejoras económicas y un orden socialjusto, poniendo fin al caos ("behetrías") y a las guerras de la época anterior. Más allá delevidente sesgo ideológico que pesa sobre estas versiones "oficiales" pro-incas, resultainteresante cómo recordaban ese pasado guerrero los propios andinos. Considérese porejemplo el relato que hace Waman Puma de Ayala sobre la edad de los guerreros (awca

runas) anterior al inca:

Y se quitauan a sus mugeresy hijos y se quitauan sus sementeras y chacarasyasecyasde agua y pastos. Y fueron muy crueles que se rrobaron sus haziendas, rropa, plata,oro, cobre, hasta lleualle las piedras de moler que ellos les llaman maray, tonay,muchoca, callota, y belicosos yndios y traydores. Y tenían mucho oro y plata,puroncullque[plata nativa], puroncuri[oro nativo], y tenía muy mucha...Y se hizieron grandes capitanes y ualerososprínzepes de puro uallente. Dizen queellos se tornauan en la batalla leones y tigres y sorras y buitres, gabilanes y gatos demonte. Y ancí sus desendientes hasta oy se llaman poma [león], otorongo [jaguar],atoc [zorro], condor, anca [gavilán], usco [gato montés], y biento, acapana [celajes],páxaro, uayanay [papagayo]; colebra, machacuay; serpiente, amaro. Y ací se llamaronde otros animales sus nombres y armas que trayya sus antepasados; los ganaron enla batalla que ellos tubieron el más estimado nombre de señor fue poma, guaman[halcón], anca, condor, acapana, guayanay, curi [oro], cullque [plata], como paresehasta oy. (Guamán Poma 1980[1615], p. 52)

16 Lo primero a destacar es que el pasaje no solo relaciona el conflicto con la crueldad, la

traición y la muerte, sino también con la riqueza y la vida. Esta ambigüedad tieneparalelos en otras expresiones vinculadas al conflicto (p. ej., léxicos, iconografía, armasy trofeos), que lo asocian también con el matrimonio, la complementación, la fertilidady la renovación de la vida (Topic y Topic 1997). El segundo punto que interesa subrayarse refiere a la memoria de los antiguos guerreros y sus logros. Gracias a los méritosganados en combate, los awca runa alcanzaron posiciones de autoridad (capitanes ypríncipes) y se convirtieron en fundadores de linajes, es decir, antepasados. Sinembargo, no se recuerdan sus nombres sino los de los animales tutelares y armas queencarnaron en batalla, borrando así su individualidad de la memoria. De acuerdo con laorientación corporativa notada a partir de otros aspectos del registro material, fueronlos ancestros, la colectividad de sus descendientes y las armas devenidas en emblemas,quienes atesoraron el poder y la riqueza nacidos de aquella era de conflictos.

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NOTES

1. No hay datos suficientes para evaluar la situación de los valles boscosos del piedemonte andino

oriental.

2. Cabe aclarar que, aunque existen asentamientos más vulnerables, hay gran cantidad de sitios

fortificados en el sur andino. Desde el lago Titicaca hasta Lípez, por ejemplo, los pukaras del

altiplano poseen murallas defensivas concéntricas con accesos controlados, troneras y parapetos

y se encuentran frecuentemente equipados con abundantes proyectiles en previsión de asaltos

(Arkush y Stanish 2005,Nielsen 2002).

AUTHOR

AXEL E. NIELSEN

CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) - Instituto Nacional de

Antropología y Pensamiento Latinoamericano, Argentina.

Correo electrónico: [email protected]

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Cuatro destinos del guerrero:teorías de la guerra indígena en lastierras bajas sudamericanas1

Diego Villar

1 En un artículo publicado en La Prensa, en plena guerra del Chaco, Alfred Métraux se

pregunta si hay alguna continuidad entre el conflicto entre Bolivia y Paraguay y laguerra tradicional de los indígenas del Pilcomayo (Métraux 1933, cf. Córdoba 2013). Nopretendo resolver aquí tamaña cuestión ni menos aún revivir la discusión bizantinasobre qué es lo que constituye o no la guerra (Fried et al.1968, Otterbein 1999, Gat 1999,Otto et al. 2006). Por el momento, una definición agustiniana —si nadie me preguntaqué es la guerra lo sé, si me lo preguntan no lo sé— deberá bastar para identificarpragmáticamente, a grandes rasgos, cuatro tipos de explicación propuestos por laantropología a la hora de entender la guerra indígena en las tierras bajassudamericanas. Lejos de las ambiciones analíticas de los modelos predictivos se trata deexponer cuatro grillas de interpretación de lo bélico como si fueran testimoniosnativos, evaluando su productividad a la hora de iluminar los estudios de caso: i.e. cómodefinen, escogen y disponen los datos, cómo establecen la relevancia de lasasociaciones, cómo recortan los parámetros pertinentes de abstracción y decomparación. Sin embargo, antes de comenzar, conviene aclarar algunos puntos:primero, analizo la literatura etnográfica pero no necesariamente la arqueológica;segundo, no propongo un análisis exhaustivo de las teorizaciones en cuestión sinoapenas la posibilidad de identificar líneas de fuerza que vertebran su explicación de laguerra amerindia; tercero, cuando hablo de “tierras bajas” me refiero especialmente alas áreas culturales del Chaco y de la Amazonía; por último, la idea misma de “guerraindígena” me remite —aunque sea en principio— a los enfrentamientos armados entredistintos grupos o subgrupos indígenas, y no necesariamente entre estos y diversosactores colonizadores coloniales, republicanos, privados, etc.

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La guerra contra el Estado

2 Célebre por sus reverberaciones filosóficas, una primera teorización de la guerra

amerindia es la propuesta por Pierre Clastres. Como casi todo en la moderna etnologíafrancesa, su interpretación parte de la obra de Lévi-Strauss. En efecto, en un artículotitulado “Guerra y comercio entre los indios de América del Sur”, Lévi-Strauss (1943)había adelantado uno de sus argumentos fundamentales: la guerra y el comercio sondos aspectos indisociables de un mismo problema, el intercambio. Los intercambioseconómicos son guerras potenciales, resueltas pacíficamente; las guerras sontransacciones comerciales fallidas. En esta variación estructuralista de la fórmulaclausewitziana —la guerra como continuación del intercambio por otros medios—, lobélico se presenta como mecanismo de resolución de una crisis que interrumpe la paz,la cual se presenta como el estado primario, inicial o básico de la sociabilidad. Es aquídonde Clastres hinca el diente: si la guerra no es más que un caso particular de unsistema general de relaciones que constituye la sociedad (el intercambio), no hay unaautonomía real para la esfera de la violencia; o, en otras palabras, si la guerra es todo,termina siendo nada. La teoría de Lévi-Strauss define la guerra en términos negativos,sin concederle una especificidad propia. En cambio Clastres insiste en la necesidad dedefinir la guerra en positivo, como una “estructura de la sociedad primitiva” que es“omnipresente” y no puede reducirse a un intercambio abortado (Clastres 1987, pp.181-216).

3 ¿Dónde encuentra Clastres la positividad de lo bélico? De forma paradójica, en una

nueva negatividad. O más bien en una suerte de dispositivo de obstrucción sociológica.Hay que pensar, aquí, en el típico cisma que reporta la etnografía amerindia: cuandouna sociedad sobrepasa cierto nivel demográfico lo más probable es que sus miembrospeleen entre sí y el grupo se divida. La guerra, dice Clastres, “es el principal medioutilizado por la sociedad primitiva para impedir el cambio social” (1987, p. 212). Comoen el caso legendario del mesianismo tupí-guaraní, se trata de un mecanismocentrífugo que opera como un antídoto endógeno, un anticuerpo que obtura la fuerzacentralizadora de lo social y bloquea el surgimiento amenazante de “lo Uno” (elEstado). Clastres desempolva en este punto la tesis duméziliana de las tres funciones dela ideología indoeuropea, encarnada en la tríada Júpiter-Marte-Quirino (soberanía,guerra, producción); aunque, si Dumézil analizaba la función guerrera en losmecanismos de representación de sociedades que procuran mantenerse divididas, élpretende en cambio comprender cómo actúa esa misma función en las sociedades quese pretenden igualitarias (Clastres 1987, p. 218)2.

4 En páginas memorables, Clastres relee el siglo de oro de la etnografía jesuita en el

Chaco. Las obras de Paucke, Lozano, Dobbrizhoffer o Sánchez Labrador ponen en escena“la desgracia del guerrero salvaje” describiendovívidamentela voracidad bélica, elcódigo de honor o la vocación de prestigio de las “cofradías” o “castas” guerreras deabipones, mocovíes y caduveos. La guerra chaqueña es una carrera abierta al talento.Cada hazaña lleva a la otra, el prestigio es puesto en juego en cada enfrentamiento y lagloria jamás es suficiente: hay una “insatisfacción permanente” del guerrero“condenado al activismo” y a “huir para adelante” en un vértigo individualista,desbocado, insensato, que lo hace ir a la batalla solo contra todos —como el caciquetoba Kalali’in, que se infiltra por las noches en los campamentos nivaclés para degollarun par de enemigos hasta que finalmente lo capturan y muere torturado, sin emitir

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sonido. La lógica de la explicación de la guerra, así, es más o menos la misma que la delmesianismo tupí-guaraní: “la sociedad” impide que el guerrero acapare poder y se haga“señor”. Ciertamente le concede un efímero prestigio, pero a la vez la carrera bélica nodeja de ser una empresa disfuncional, suicida, un “ser-para-la-muerte” que jamás lograafianzar un aparato centralizado de poder (Clastres 1987, p. 217-256).

5 El potencial heurístico de la antropología política clastreana es tan conocido como las

denuncias de sus críticos, no menos violentos que los guerreros chaqueños: para unosla teoría de los anticuerpos “contra el Estado” esboza una visión de la acción socialhiperculturalista; para otros compone una épica anti-evolucionista de ribetes utópicos;para otros, por fin, no es más que un enunciado metafísico. Más allá de lasidiosincrasias, el punto que conviene retener es que la guerra amerindia se explica enfunción de una lógica interna, endógena, inmanente, autogenerada, por momentos casitrascendental, que caracteriza a toda “sociedad primitiva” (Clastres 1987, 2009)3.

La guerra constituyente

6 No se trata, sin embargo, de la única caracterización de la guerra indígena en términos

culturalistas. Un segundo tipo de lectura, también de obvia inspiración lévi-straussiana,sugiere que todas las formas de enfrentamiento bélico (la caza de scalps chaqueña, elexocanibalismo chiriguano o juruna, el endo canibalismo aché, cashinahua oyanomami, la caza de cabezas mundurucú o jíbaro) comparten una misma lógicaprofunda, cifrada en una serie de postulados más o menos recurrentes.

7 En primer lugar la guerra supone la presencia de adversarios ni tan cercanos ni tan

lejanos, ni tan iguales ni tan diferentes; así, por ejemplo, los shuar no pelean con susparientes ni con los cocamas, los canelos o los blancos, sino más bien con los demásrepresentantes de lo que podríamos llamar el “macroconjunto jíbaro”: los achuar, loscandoshi, los aguaruna, etc. La guerra implica una afinidad electiva con ciertosenemigos preferenciales que comparten un determinado horizonte de inteligibilidad:no necesariamente la lengua, la cultura o las costumbres consideradas como un todo,pero sí el idioma simbólico del canibalismo, la vendetta, la caza de cabezas o de scalps.En segundo lugar los propios actores explican la guerra apelando a ideas más o menosexplícitas sobre la captura, la absorción o la asimilación de fuerzas/poderes delenemigo. En tercer lugar la teoría nativa encubre una explicación más profunda,subyacente o implícita, que apela una vez más a la lógica del intercambio aunque nopasa tanto por la reproducción de la “sociedad”, a la manera funcionalista, sino másbien por la necesidad de reproducir el cosmos todo: la identidad, la memoria propia yajena, el cuerpo físico y social, la fertilidad, los ciclos naturales y sociales, etc. En ciertaforma, pues, la guerra no es algo que “sucede” sino que constituye un sistemaautosustentable, estructuralmente necesario para que la sociedad y el cosmos puedanreproducirse4.

8 Las inflexiones argumentales de esta grilla de lectura son perceptibles en un caso

paradigmático: los tupinambás de la costa brasileña. Por medio de crónicas como las deHans Staden, Anchieta, Jean de Léry, André Thévet o Claude d’Abbeville, de losgrabados de Teodoro de Bry o de los clásicos ensayos de Montaigne, estos indígenascomponen el arquetipo del salvajismo para el imaginario colonial europeo de los siglos16 y 17. Hay imaginerías recurrentes: por un lado la guerra intestina, cíclica, incesante;por otra parte el drama escalofriante del sacrificio de los cautivos y la antropofagia

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ritual. No hace falta reiterar demasiado la famosa secuencia de episodios que componen“la tragedia caníbal”. Un grupo tupinambá captura a un guerrero, lo lleva cautivo a laaldea, le da una esposa, lo domestica. El cautiverio no es una deshonra; por el contrario,el prisionero acepta orgullosamente el destino del guerrero y jamás se fuga.Finalmente, en una gran celebración colectiva, el prisionero vuelve a ser enemigo: esperseguido, apresado, insultado mientras anuncia altivamente a sus captores que lovengarán sus parientes y que los matadores de hoy son las víctimas de mañana. Lasvíctimas de mañana lo ejecutan de un macanazo en la nuca. El matador suma un nuevonombre, gana prestigio y guarda ayuno mientras sus parientes desmiembran, cocinan ycomen la víctima (Combès 1991).

9 Las explicaciones clásicas del rito son las del etnólogo suizo Alfred Métraux (1928) y el

sociólogo brasileño FlorestanFernandes (2006). El ciclo de las venganzas caníbales es unrito sacrificial que forma parte del “culto a los ancestros”, reparación simbólica quedevuelve al grupo la “sustancia vital” que los enemigos le habían quitado en unamatanza anterior. El ritual permite al grupo salir de la “dependencia” o “heteronomíamística” y restaurar el equilibrio del “nosotros colectivo” (Bossert y Villar 2007,Bossert2012). Para la moderna etnología francobrasileña, en cambio, la antropofagiatupinambá es mucho más que eso; se trata del tipo paradigmático de relación social —lallamada “predación”— que presuntamente rige las tierras bajas sudamericanas, ymuchas veces más allá. Partiendo del dogma lévi-straussiano de la ouverture à l’autre seinvierte entonces el planteo clásico. Más que una vendetta (i.e. un fenómenosociológico o jurídico), la guerra tupinambá es una predación ontológica (i.e. algocosmológico, ontológico, metafísico). Los grupos sociales no preexisten a la guerra sinoque se constituyen como tales, justamente, a través de ella: necesito al otro para poderreproducirme puesto que la relación con el enemigo —o la alteridad en sentido laxo—precede, constituye, posibilita en todos los casos mi propia identidad. Lo que asimilo noes ya la fuerza, la energía, la vitalidad o el poder de mi enemigo sino, justamente, suposición misma como enemigo; es decir, su propio punto de vista sobre mí. Al fin y alcabo mi identidad no es más que la suma de perspectivas que tienen los otros(extranjeros, enemigos, animales, espíritus, muertos) sobre mí mismo. En esta claveanalítica, pues, se comprende por qué el canibalismo no solo constituye la formaparadigmática de la relación predatoria sino, incluso, de la relación misma (Carneiro daCunha y Viveiros de Castro 1985,Combès 1991,Viveiros de Castro 1992, Fausto 2007).

La materialidad de la guerra

10 Un tercer tipo de explicación de la guerra amerindia plantea preguntas distintas. ¿Qué

pasa cuando esa maquinaria bélica autosustentable se desarticula por razonesdemográficas, por factores de cambio social como la colonización, por cualquier formade —digamos así— entrar en la historia? ¿Existió acaso esa maquinaria, o es más bien laconstrucción de ciertos profesores con imaginación entusiasta? ¿Cómo explicar laexperiencia bélica de las sociedades indígenas chaqueñas, desarticuladasdramáticamente por la guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, que se sirven noobstante del conflicto para realimentar antiguas enemistades? (Richard 2008,Capdevilaet al. 2010). ¿Cómo entender el uso colonial de indígenas en tropas de “indiosamigos” (los guaraníes en las expediciones de Alejo García, Irala, Cabeza de Vaca oÑuflo de Chaves durante el siglo 16), en cuadros organizados en las milicias misionales

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o incluso como mercenarios (los mundurucú de la Amazonía)? (Susnik 1971,Susnik yChase-Sardi 1995,Ferguson 1990, Carvalho 2002, Martínez 2012). ¿Peleaban entre ellosantes de la llegada de los españoles? Y si lo hacían, ¿peleaban igual? ¿Qué pasa con losciclos de vendettas de los jíbaros lato sensu cuando los misioneros jesuitas y salesianosintroducen las armas de fuego? (Steel 1999). ¿O con los indómitos chiriguanos delpiedemonte andino, que pasan de devorar a los siervos chanés en el rito antropofágicoa venderlos como esclavos? (Díaz de Guzmán 1979 [1617-1618], p. 78). ¿O bien, al otroextremo del continente, con los mismos tupinambás, protagonistas por antonomasia delas elucubraciones neoestructuralistas? Porque ciertamente es posible hacer otralectura de las fuentes del siglo de oro tupí a la luz de las demandas del mercadoesclavista que abastece las plantaciones de caña de azúcar o de la propia guerra colonialentre Francia y Portugal (Ferguson 1990, p. 241). O sea que, en sus variantes másmoderadas, esta grilla de lectura alternativa no solo nos propone ambigüedades y zonasgrises en la tesis de una guerra autorregulada, sino que en sus versiones más extremasllega a afirmar sin ambages que la guerra indígena no es más que el epifenómeno dedichas disrupciones externas. La guerra como coyuntura pura.

11 Un buen ejemplo etnográfico es el de los caduveos, presentados tempranamente por el

propio Lévi-Strauss (1958) como caso ejemplar del análisis estructural. Pero lo cierto esque ese mismo caso permite matizar aquella afirmación de Clastres: que la guerraindígena es un medio de impedir el cambio social. Desde los informes del jesuitaSánchez Labrador a los reportes etnológicos de Branislava Susnik, estos indígenas sonfamosos por la adopción del llamado “complejo ecuestre” y también por sus llamativosmecanismos de estratificación social. En efecto, la caduveaes una sociedad“aristocrática” con una tripartición duméziliana o hasta medieval: primero los nobles,jerarquizados a su vez en nobles hereditarios y otros ennoblecidos por matrimonioshipergámicos; segundo los guerreros, con sus prerrogativas especiales, sus cofradías ysus rituales de iniciación, que permiten al ascenso social; finalmente los siervos,jerarquizados a su vez, que provienen de diferentes parcialidades vecinas (terenas,guanás, guaraníes, chamacocas, caingangues). El propio Lévi-Strauss reporta ejemploselocuentes de la obsesión caduvea con la estirpe, la raigambre y la alcurnia: las mujeresblancas capturadas no tienen nada que temer de los indígenas porque ningún caduveomancillaría su sangre poniéndoles un dedo encima; las damas rehúsan visitar a laesposa del virrey porque solo la reina de Portugal sería digna de ellas; o la mujer quedeclina la invitación del gobernador de Mato Grosso para ir a Cuiabá porque supone queel funcionario quiere casarse con ella y no quiere ofenderlo con su rechazo. La ideologíajerárquica cuenta incluso con una legitimación mítica. Cuando el ser supremoGonoenhodí crea a los hombres saca de una tinaja a los guanás y les da agricultura,luego saca a las otras tribus y les regala la caza, y al hacerlo olvida a los caduveos en elfondo del recipiente: como nada queda para ellos les concede el derecho de oprimir yexplotar a los demás. En la praxis esta ideología de rango se manifiesta en una curiosaaversión por lo emocional, por lo sentimental, casi por la misma biología. Los caduveosdicen sentir “asco” por la procreación y no son raros entre ellos el aborto y elinfanticidio: la perpetuación del grupo ocurre de hecho por captura y por adopción másque por generación —así, el propio Lévi-Strauss calcula que, a principios del siglo 19,apenas el 10% del grupo es caduveo “de sangre” (1958, p. 155-212). Y sin embargo, másallá de la adopción del caballo y de las implicancias sociopolíticas del horse complex, lasfuentes sobre el Chaco y el Mato Grosso muestran una y otra vez que los caduveos nosolo apresan esclavos para reproducir su propio sistema social: alternan los papeles de

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aliados o enemigos de españoles y portugueses en tiempos coloniales y luego de losparaguayos o brasileños en tiempos republicanos, siempre de acuerdo con los interesesdel momento, tomando esclavos para sí pero a la vez para comerciar con el frentecolonizador. O sea que, al menos en este caso, la guerra indígena parece ligarse con elmotor de la diferenciación social de un modo bastante más complejo que el queimaginaba Clastres5.

12 Si las explicaciones clastreanas o neoestructuralistas llevan la explicación de la guerra a

un extremo analítico (reducir lo bélico a una causa, función o sentido internos), estenuevo tipo de interpretaciones suele conducir al otro: desplaza por completo la agenciabélica hacia el exterior del mundo indígena. En esta clave hermenéutica la guerra no esya una institución autorregulada, endógena, en definitiva propia, sino mera coyunturaprovocada por el interés de mantener o mejorar determinadas condiciones materialesde existencia en condiciones históricamente cambiantes, y especialmente en escenariosde contacto —un ejemplo claro de esta grilla de lectura es el de Brian Ferguson (2001, p.100-104), que analiza la guerra yanomami como consecuencia directa de la intervenciónde misioneros, militares, antropólogos y ONG. Y el caso yanomami, justamente, noslleva a un último tipo de explicación de lo bélico.

Guerra biológica

13 La interpretación biológico-evolutiva de la guerra tal vez sea menos conocida para

nosotros pero tiene sentido en el marco institucional del campo antropológiconorteamericano, dividido tradicionalmente en arqueología, antropología lingüística,antropología cultural y antropología biológica. Justamente hablando de guerra hay ahíuna suerte de conflicto endémico entre la antropología biológica y la cultural. Si losenfoques culturales basan sus hallazgos en tendencias inferidas a partir de conjeturas,intuiciones o generalizaciones que se asumen como diagnósticas, la antropologíaevolutiva o biológica enfatiza más bien los hard facts (p. ej. estadísticas); por citar unsolo ejemplo, se calcula meticulosamente la tasa estadística de muertes bélicas sobremuertes totales en las “sociedades simples”, que al parecer ronda el 15% (y el 25% paralos varones) (Gat 1999, p. 595).

14 El conflicto de las interpretaciones estalla en la “controversia yanomami”, que a esta

altura es ya una disciplina en sí misma y abarca centenares de libros, artículos y sitiosde internet. La enorme mayoría de las referencias gira en torno de la figura deNapoleón Chagnon —según el New York Times, “nuestro antropólogo máscontrovertido”. Chagnon es un antropólogo biológico polémico, con un perfil altísimo,políticamente incorrecto, que se regodea posando con escopeta y sombrero de cowboyal estilo Indiana Jones y vende miles de libros diciendo cosas como que “los mayoresobstáculos para la teoría de la evolución son las religiones organizadas y laantropología cultural” (Eakin 2013, p. 32). Como era de esperar los antropólogosculturales contraatacan acusándolo de forzar o fabricar los datos, de clamorosas faltasde ética (p. ej. obligar a los indígenas a revelar sus nombres secretos o pagarles aterceros para que revelen los nombres de los demás), o bien de “esencializar” o“exotizar” a los yanomamis como una sociedad de la violencia.

15 Un punto álgido en tanta discordia es un artículo publicado por Chagnon (1988) en

Science, en el que afirma que los yanomamis viven en un estado de guerra crónica.Analizando casi trescientas historias de vida de unokai (aquel que ha matado a otra

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persona y cumple el tradicional ritual purificatorio para espantar el espíritu de lavíctima), Chagnon concluye que estos tienen más esposas e hijos que los hombresnormales en proporción de tres a uno. Por lo tanto, a más guerra, más éxitoreproductivo. La guerra no es pues una adaptación más entre otras: “La violencia es unafuerza potente en la sociedad humana y bien puede ser la principal fuerza que impulsala evolución de la cultura” (Chagnon 1988, p. 985).

16 Las críticas al planteo de Chagnon son de varios órdenes. En primer lugar hay una serie

de problemas de traducción: la definición de unokai como “aquel que mató con tal ocual método” encubre en rigor otros valores asociados culturalmente con el coraje, conla suerte en la caza, con la generosidad y, en cuanto a la capacidad concreta para laviolencia, con la capacidad de dañar mediante la hechicería. En segundo lugar Chagnonomite las estadísticas de padres muertos de niños vivos, cuando el sentido comúnindicaría que quienes no mueren prematuramente en la guerra tienen más chances dellegar a viejos y de procrear que aquellos que mueren jóvenes. En tercer lugar, nodistingue la “unokai-dad” de la “normalidad” yanomami por grupos de edad, y entoncesno queda claro si los guerreros tienen más hijos por ser unokai o simplemente por seradultos y viejos, o si tienen más esposas e hijos por ser unokai o simplemente por sercaciques (todos los jefes son unokai pero no todos los unokai son necesariamente jefes y,como en casi todas las tierras bajas sudamericanas, la poliginia yanomami esprerrogativa cacical). En cuarto lugar, Chagnon no distingue con claridad al pater delgenitor, i.e. la paternidad social de la biológica: así, los grandes guerreros tienen muchasesposas que a la vez tienen amantes jóvenes, que suelen darles hijos, a los que seclasifica como progenie de unokai —lo cual socialmente no supondría ningún problemapero sí resulta incómodo para un argumento que liga causalmente el prestigio guerrerocon la reproducción biológica (Albert 1989, 1990; Ferguson 2001, pp. 106-101). Más alládel perfil controversial de Chagnon, pues, las últimas décadas han visto acumularse unaserie considerable de críticas en función de la consistencia interna de su modelo6.

Una ciencia de la guerra

17 En las tierras bajas sudamericanas el destino del guerrero indígena parece limitarse a

morir en una busca maníaca del prestigio social, a morir para perpetuar al otro y en elínterin a sí mismo, a morir por circunstancias externas que no siempre termina deentender o bien a morir para obtener más esposas e hijos. Más allá de si la muerte esautogenerada o impuesta podemos preguntarnos qué presupuestos antropológicosanidan tras cada una de estas cuatro grillas exegéticas. Pues si las dos primeras revelanaspiraciones filosóficas más o menos encubiertas, las dos últimas se apoyan en razonesmás prosaicas. En efecto, en las teorías materialista y biológica la categoría de “guerra”tiene un sentido más o menos familiar para nosotros; en última instancia, lasmotivaciones son básicamente las mismas para todos los hombres (consciente o no elguerrero busca mejorar su estatus material, reproductivo, etc.). La segundainterpretación (neoestructuralista), en cambio, pone en escena un actor que necesitacombatir por una razón completamente diferente: para constituir su propia identidadpersonal y colectiva al reciclar la alteridad. Resta, por último, la alternativa másinquietante, la formulación clastreana, que postula un guerrero que mata parapreservar su sociedad tal como está, en una suerte de equilibrio que precisamente

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supone a la propia guerra como “estructura básica”; con lo cual, abusando un poco de latransitividad, podríamos decir que mata para seguir matando.

18 Sea como fuere, a la hora de analizar la guerra indígena este breve repaso nos obliga a

pensar en qué medida podemos ir más allá de las declaraciones programáticas ytrascender realmente la epistemología teleológica (Hallpike 1973)7.

19 Por otra parte, impone una segunda constatación. No hemos avanzado mucho más allá

de lo que aventuraba Métraux en 1933. ¿Con quién se hace la guerra? En general conadversarios preferenciales ni tan cercanos ni tan distantes, ni tan similares ni tandistintos, con los cuales se comparten ciertos códigos. ¿Qué es la guerra? Un hechosocial total con facetas prácticas, tecnológicas, logísticas, económicas, simbólicas,productivas, ideológicas, etc. ¿Por qué se hace la guerra? Según los actores el casus belli

puede ir desde pleitos jurisdiccionales (p. ej. cotos de caza, pozos de agua, espacios depesca) hasta la vendetta, del mero afán de conseguir alimentos, armas o herramientas ala acumulación sistemática de prestigio, poder, nombres, cautivos, mujeres o niños.¿Cómo se hace la guerra? Evitando en lo posible el enfrentamiento abierto, “simétrico”o “directo” en los viejos términos de Basil Lidell-Hart; prefiriendo en todos los casos laemboscada, el raid sorpresivo por la madrugada o cualquier otra estrategia queminimice el riesgo y garantice la mayor probabilidad de éxito (“La táctica de los indiosconsiste esencialmente en sorprender y no ser sorprendidos”, dice Métraux en 1933; cf.Liddell-Hart 1989, Gat 1999). En lo que varía luego cada orientación analítica es en laexplicación de la causa profunda, subyacente, determinante, lo que podríamos llamar ellocus de una agencia bélica que parece escapar a la conciencia de los actores paraafincarse en la estructura cosmológica, en un anticuerpo misterioso contra lacentralización política, en evaluaciones grupales de costos y beneficios en tiempos decambio social o incluso en una serie de adaptaciones evolutivas. En estas condiciones lomás razonable es pues evitar el dogmatismo teórico, moderar el entusiasmo explicativoy tomar las teorías generalistas de la guerra amerindia con todas las salvedadesaplicables a cualquier tipo ideal: las formas bélicas particulares pueden clasificarse envarias de las categorías a la vez, y las grillas interpretativas no son necesariamenteexcluyentes ni más que artificios heurísticos que el observador construye para resaltarcontra ellos la particularidad de cada modalidad bélica (Weber 1993). Después de todo,como dicen que decía Liddell-Hart, sin duda hay una ciencia de la guerra: solo nos faltadescubrirla.

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NOTES

1. Agradezco a Nicolás Richard, Lorena Córdoba y particularmente a Kathleen Lowrey por haber

contribuido de diversas formas con la realización de este trabajo.

2. Para balances críticos sobre el modelo duméziliano de las tres funciones, y en particular de la

“segunda función” guerrera (Dumézil 1969), ver Littleton 1966; Momigliano 1987.

3. Entre las muchas lecturas críticas o apologéticas del legado clastreano pueden consultarse

Saignes 1985; Terray 1989; Deleuze y Guattari 2002; Combès y Villar 2013; Campagno (Ed.) 2014.

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4. Entre otros, ver por ej. Menget 1985; Chaumeil 1985; Viveiros de Castro 1992; Descola 1993;

Taylor 1995; Erikson 1986; Sterpin 1993, e incluso, en un contexto alejado de las tierras bajas

sudamericanas, Vernant 1994. Una visión matizada de este tipo de enfoque es la de Goés Neves

(2009).

5. Para más datos sobre la notable estratificación social de los caduveos, ver Sánchez Labrador

1910 [c. 1770]; Rengger 2010 [1835]; Oberg 1949; Susnik 1971; Cardoso de Oliveira 1976; Cordeu

2004. Para profundizar el tema del llamado “complejo ecuestre”, ver Kersten 1968; Schindler

1983; Mitchell 2015.

6. Las repercusiones de las “guerras yanomamis”, relativas tanto a las teorías de Chagnon como

al legado de otros autores posteriores (J. Lizot, J. Neel, P. Tierney, etc.), son prácticamente

inabarcables: ver por ej. Ferguson 1990, 2001; Heinen e Illius 1996; Sahlins 2000.

7. Como “esencialismo”, “funcionalismo” es una de esas categorías que la corrección política

actual impone conjugar como verbo irregular: yo estudio el sentido de determinada práctica para

los actores, tú analizas la racionalidad de esa costumbre para una sociedad, él es funcionalista.

Los funcionalistas son siempre los demás. ¿Pero cómo analizar la guerra sin preguntar “por qué”

o “para qué”? ¿Dónde hay una interpretación de la guerra indígena que no sea teleológica en

algún punto?

AUTHOR

DIEGO VILLAR

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina

Correo electrónico: [email protected]

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De la historia militar a la historia dela guerra. Aportes y propuestas parael estudio de la guerra en losmárgenes Alejandro Rabinovich

1 El siguiente texto busca colaborar con la discusión general en torno al concepto de

guerra desde una perspectiva historiográfica renovada. No se habla desde la historiamilitar, o al menos no en la manera en que se entendía tradicionalmente a estasubdisciplina, sino que se intenta una verdadera Historia de la Guerra, es decir, unabordaje histórico del fenómeno guerra que logre incorporarlo como una dimensiónadicional a las coordenadas económicas, sociales y políticas habitualmente utilizadaspor la historiografía académica. Dado el espíritu de la convocatoria, y en pos dehabilitar el diálogo con disciplinas diversas, se va a intentar reflexionar con el mayorgrado de generalidad, si bien se acepta de antemano que las ideas avanzadas surgen deun conjunto de investigaciones centradas en el Río de la Plata de la primera mitad delsiglo XIX. Se acepta también que la generalidad adoptada implica, necesariamente, eluso de ciertas simplificaciones un tanto burdas de cuestiones mucho más complejas quehan sido tratadas en trabajos específicos ya publicados. Por último, y a fin de facilitar laarticulación del diálogo con los demás participantes, se va a organizar el texto en trestiempos que responden de manera más o menos directa a las preguntas originalesavanzadas por el coordinador.

1. Acerca de la forma del fenómeno “guerra” en micampo de estudio y de los desafíos que implicarespecto de la definición tradicional de la cuestión

2 Planteemos el campo de estudio como la totalidad de las formas de lucha armada que

tuvieron lugar en el Río de la Plata desde la crisis revolucionaria hasta la consolidación

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de la organización estatal a escala nacional. Dentro de este marco, sociedades indígenassin Estado han jugado un rol muy considerable y, por momentos, determinante, por loque es necesario prestarles atención a cada paso. Sin embargo, por el momento me heconcentrado mayormente en los diversos modos de hacer la guerra de la sociedad“criolla”. Es decir que, a diferencia de varios de los participantes de esta conversación,mi estudio está centrado en sociedades con Estado, si bien la forma, alcance ysupervivencia de estas formaciones estatales, todas muy precarias, están en cuestióndurante todo el período que analizo.

3 Desde el punto de vista tradicional, tanto de la historia política como de la militar,

estudiar la guerra en las sociedades con Estado implica seguir básicamente a Clausewitzen su idea madre de la guerra como continuación de la política por otros medios, esdecir de la guerra como un instrumento más al alcance del gobierno, a ser usadoracionalmente para alcanzar sus fines. Desde este punto de vista, el análisis de la guerrase centra en sus causas, sus motivaciones ulteriores, su rédito político y eventualmentesu costo. Así, la guerra responde al designio y sirve a los grandes fines de una nación ode un sector social1.

4 Desde mi tesis de doctorado me he abocado a intentar emancipar al estudio de la guerra

de esta perspectiva (Rabinovich 2013). Realizar, para el ámbito que me compete, lo queFoucault propuso en otro lado como “invertir a Clausewitz”, es decir, replantear lacuestión ensayando comprender a la política y al Estado como una continuación de laguerra y no viceversa (Foucault 1996, p.24). En este sentido, he tratado de recentrar elplanteo, de la guerra entendida tradicionalmente como contienda entre Estados hechade campañas militares, a un “estado de guerra”, es decir, un modo de ser de unasociedad determinada, que puede ser transitorio o permanente, en el que la guerradetermina de forma predominante los modos de funcionamiento sociales. No pensar yatan solo en gobernantes, generales y ejércitos, sino en la sociedad en su conjunto en lamedida en que la situación o estado de guerra afectan su funcionamiento. Así, la guerradebería poder ser rastreada en el combate propiamente dicho, pero también en lasprácticas económicas y políticas, en las relaciones interpersonales, en la educación delos niños, en la división sexual y finalmente, también, en el tipo de formación estatal.Hablo entonces de “sociedad guerrera” para aquellas sociedades en que la contiendaarmada, el choque y el afrontamiento radical dominan todos estos ámbitos.

2. Acerca de la guerra y las formaciones sociales, ymás particularmente acerca dela formación ycomposición de los cuerpos combatientes

5 En una sociedad en estado de guerra según los términos anteriores, la cuestión del

sujeto combatiente excede ampliamente al ámbito de los militares de oficio oprofesionales. Habría que pensar la cuestión en varias dimensiones. Por un lado, losvalores sociales, los discursos predominantes, los modelos de hombre se “marcializan”y hacen de la guerra el centro de la vida social. Esto en el Río de la Plata es muyevidente a partir de las Invasiones Inglesas y puede ser estudiado abundantemente apartir del análisis del discurso o de las representaciones sociales. Una vez que losvalores guerreros son adoptados, los hombres y mujeres de todas las clases van a sersocializados según estos parámetros, ya sea a través de la educación formal escolar

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(totalmente militarizada) o informal (Rabinovich 2012a). Al mismo tiempo, la sucesiónincesante de campañas militares va generando una “mano de obra” militar disponible,difícil de ocupar en otras áreas en tiempo de paz (es el eterno problema de ladesmovilización de los ejércitos y la reinserción de los combatientes), y toda lapoblación tiende a tener algún tipo de experiencia militar anterior (ya sea en el ejércitode línea o en las milicias), por lo que constituye una especie de reserva tambiéndisponible. En este contexto, se dan dos fenómenos complementarios. Por un lado, lasformaciones estatales (hablamos en plural, sobre todo después de 1820, ya que todas lasprovincias, ahora independientes y soberanas, tienen sus propias fuerzas armadas)tienden a llevar la “militarización” de la población al límite, incorporando al mayornúmero de hombres posibles a las fuerzas militares que responden al Estado. Para el Ríode la Plata, he tratado de mostrar que la “tasa de militarización” efectiva de lapoblación masculina adulta fue altísima, por lo menos para el período de las guerras dela revolución, solo comparable a la de Prusia en vísperas de la Revolución Francesa(Rabinovich 2012b). Pero por otro lado, esta militarización permanente y regular se viocomplementada y a veces superada por una movilización armada ascendente,intermitente y más o menos irregular: milicias activas y pasivas, cuerpos francos,montoneras, pueblos en armas, formaciones mixtas de todo tipo con auxiliaresindígenas. Son estas fuerzas las que terminan imponiéndose por su capacidad demovilizarse de manera masiva, rotativa y a bajo costo, ante la escasez crónica derecursos fiscales por parte de los Estados encargados de pagar los sueldos. En este casoya no son solo formaciones estatales las que se hacen la guerra mutuamente, sonpueblos movilizados que hacen de la guerra un modo de vida.

3. Acerca de la memoria de la guerra, las formas deelaboración cultural de esa violencia y, másampliamente, la naturaleza y limitaciones del archivosobre el que trabajamos

6 Respecto de la elaboración cultural de la violencia, ante todo, he señalado en diversos

trabajos que a medida que la guerra se hace permanente, y que la violencia segeneraliza e intensifica, se produce una “insensibilización” social respecto de inclusosus formas más extremas. Es decir, se da un proceso en el que los conflictos iniciales (ennuestro caso, primeras campañas de las guerras de independencia) van decantandohacia versiones cada vez más descarnadas de la guerra a muerte, y dan paso acontiendas interprovinciales y facciosas donde el uso de la violencia se radicaliza. Estaradicalización, que se expresa ante todo en el manejo de los prisioneros y la poblacióncivil, en las formas de dar la muerte y en el trato de los cadáveres, es aceptado por unasociedad cada vez más indiferente a la distancia creciente entre las prácticas concretasde la guerra local y los valores predicados por la religión y el derecho de la guerra. Eneste punto, la más extrema violencia de guerra va a ser pasible de ser recogida por laliteratura, la poesía o el cancionero popular sin generar rechazos contemporáneos. Unbuen ejemplo es la manera en que los degüellos de prisioneros se hacen corrientesdurante los momentos más álgidos de las campañas entre unitarios y federales, sobretodo en 1828-1831 y 1839. En este sentido, y para dialogar con el trabajo de Capdevila,podría explorarse, a modo de hipótesis, la medida en que esta cultura de la violencia

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guerrera, consolidada regionalmente durante más de medio siglo, genera lascondiciones de posibilidad de la catástrofe paraguaya en la guerra de la Triple Alianza.

7 Sin embargo, a medida que avanza el proceso de consolidación estatal, y que toma

forma el esfuerzo por dotar al nuevo Estado de una memoria histórica oficial, elcarácter extremo de la violencia ejercida va a tender a ser invisibilizado. El Estado se vaa dar a sí mismo un pasado militar “glorioso” y sobre todo “respetable”, hecho deejércitos de línea llevando adelante campañas según el estado del arte y decidiendo lacontienda en batalla campal. Las masacres de Lavalle en la provincia de Buenos Aires olas de Oribe en el interior van a desaparecer ante la luminosidad cegadora de un SanMartín cruzando los Andes y triunfando en Chacabuco o Maipú. En esta selección de lamemoria histórica, la distinción canónica entre guerras propiamente dichas y “guerrasciviles” va a jugar un rol fundamental. Mientras que las primeras, representadas alinfinito en los monumentos públicos, el cancionero patriótico y los textos escolares,van a oponer siempre al Estado con un enemigo externo y presentado como legítimo (laCorona española, el Imperio del Brasil, Gran Bretaña o Francia), las segundas van a serrelegadas a la memoria partidaria o provincial, pero nunca nacional. Gracias a estaoperación de “regularización” de su pasado militar, el Estado va a poder presentarsesimbólicamente como el actor y heredero de un ejercicio de la violencia guerrera sindudas extenso, pero legítimo y “civilizado”. Nuevamente, la Guerra de la Triple Alianzaaparece como un caso límite: guerra “internacional” y “regular” que, sin embargo, dadoel balance extremadamente cruento de su desenlace, no va a poder ser procesada eincorporada a la memoria oficial.

8 Respecto del tipo de archivo disponible para el estudio, es previsible que el mismo

refleje las condiciones de existencia concretas del aparato estatal que lo produjo.Respecto de la cuestión militar, el carácter extremadamente fragmentario del materialresguardado en el Archivo General de la Nación es un indicio certero de las dificultadesencontradas por el Estado central para dirigir las fuerzas de guerra que operaban,incluso en su nombre, a lo largo del territorio (la situación no es diferente en otrosarchivos como los provinciales). Para dar un ejemplo, durante toda la guerra deIndependencia el gobierno en Buenos Aires ignora el número total de efectivos de quedispone en la totalidad de los frentes de conflicto. Esto nos habla de un reclutamientoordenado en Buenos Aires pero ejecutado localmente por los comandantes en elterreno, quienes disfrutan de una autonomía mucho mayor de la que figura en laOrdenanza. No existe así “un” ejército, sino que ejércitos como el de los Andes, el delNorte o el del Centro gozan de amplia independencia, tienen una base territorialespecífica y fuertes lazos con la población local. Si respecto de las fuerzas de línea lainformación es deficiente, respecto de las milicias la misma llega a ser, por períodos,inexistente. Este fenómeno se agrava en la medida que las fuerzas de guerra seadentran en el terreno de lo irregular, en el sentido de que por no depender de unEstado determinado producen un mucho menor volumen de documentos escritosaprovechables. Este motivo hace que un abordaje integral del fenómeno de la guerra nopueda realizarse exclusivamente a partir de archivos oficiales, y que sea indispensableel recurso sistemático a fuentes alternativas como las memorias de combatientes.

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NOTES

1. Sobre la visión de Clausewitz y sus implicancias para el estudio de la guerra la referencia sigue

siendo el magistral primer capítulo de Keegan 1993.

AUTHOR

ALEJANDRO RABINOVICH

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas y Universidad Nacional de La Pampa,

Argentina

Correo electrónico: [email protected]

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La Guerra de la Triple Alianza(1865-1870) y la Guerra del Chaco(1932-1935). Dos guerrasinternacionales en un marcocolonialLuc Capdevila

1 Las guerras del Paraguay contemporáneo —la de la Triple Alianza entre 1865 y 1870 y la

del Chaco entre 1932 y 1935— son guerras de masas, "de alta intensidad", que tienenpor protagonistas a Estados nacionales en construcción o ya formados, y que ocurrieronen el marco de los convenios internacionales en preparación o ya funcionando. Hay querecordar que estas dos guerras internacionales son las más sangrientas que se hayandesarrollado en América durante los siglos 19 y 20. Paraguay casi desapareció durantela primera, y salió victorioso —pero reventado— de su enfrentamiento con Boliviadurante la segunda. En ambos casos Paraguay luchó "a muerte" contra sus vecinos. Porlo tanto, ambos conflictos son eventos matriciales que han participado en la formacióndel núcleo de la identidad nacional de este país.

2 Ambas guerras han generado relatos históricos patrióticos clásicos y constituyen un

fondo simbólico nacional y heroico. Son numerosos los recuerdos de ex combatientes,testimonios, novelas y trabajos académicos que alimentan y organizan esta narrativanacional de los beligerantes. Sin embargo, no es posible entender estas dos grandesguerras americanas desde una lectura estrictamente nacional (Richard et al. 2007). Elcontexto colonial es fundamental para entender las formas, las dinámicas y losimpactos que supusieron. Es lo que quiero mostrar en el caso del Paraguay, que conozcomejor.

3 Acerca del marco colonial, hacemos nuestra las definiciones de Georges Balandier y de

Pablo González Casanova. Es decir que, ya sea un colonialismo imperial o uno interno,se refiere a un orden social marcado por la violencia y la dominación social, cultural,económica y política de una sociedad humana sobre otra (Balandier 1951, Casanova

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1964). O, como lo precisa Frederick Cooper a propósito de los imperios europeosdurante el mismo periodo, la situación colonial corresponde "a un conjunto deprácticas que definieron y reprodujeron en el tiempo la diferenciación y lasubordinación de tal pueblo en un territorio particular" (Cooper 2010, p. 40).

4 Nos parece que hay también una dimensión psico-histórica de la colonización, ya que

uno de los efectos de estas relaciones de dominación es la cristalización decomunidades emocionales caracterizadas por un sentimiento mutuo de inseguridad, dedesconfianza y de miedo al otro, lo que puede favorecer violencias extremas,imaginadas y perpetradas (Gómez 2013,Joly 2009). Generalmente estas relaciones seforman en sociedades compartimentadas, donde se asocian comunidades distintas, queven en el otro una alteridad radical. Así que el racismo es una de las expresiones máscomunes.

5 Por lo tanto, me parece que las guerras del Paraguay ocurrieron en un contexto

colonial que generó formas específicas de guerra que no se suelen encontrar en losconflictos internacionales convencionales, a diferencia de las guerras coloniales,guerras civiles, o de los conflictos internacionales explícitamente no convencionales,como por ejemplo en la segunda guerra mundial en el Este europeo o en el LejanoOriente, cuando Japón se enfrentó a China.

6 A partir de esta hipótesis, y con relación al cuestionario que se propone para organizar

el debate, me gustaría desarrollar tres puntos sobre estos dos conflictos. El primero esla violencia extrema desplegada durante la Guerra de la Triple Alianza. El segundo tratade la construcción de la identidad nacional basada en el mestizaje y el bilingüismo, quese formó en Paraguay durante ambos conflictos. El tercero, analiza la matriz colonialcaracterizada por la memoria de la Guerra del Chaco en Paraguay.

El tema de la violencia desplegada durante la Guerrade la Triple Alianza

7 Todos conocemos la sobremortalidad que caracteriza al Paraguay durante la Guerra de

la Triple Alianza. Esta corresponde a un nivel de violencia que no tiene equivalente enel siglo 19 y 20 en los conflictos convencionales (Doratioto 2004, Capdevila 2010,Whigham 2010/2013). En cambio, estos niveles de mortandad sí se corresponden con losde guerras civiles o conflictos coloniales. Sin embargo, la Guerra del Paraguay se da enun marco convencional real y en parte operativo. Las élites lo proclamaron. También esobservable en el tratamiento de los prisioneros de guerra, en el discurso sobre la guerray en la movilización que prepara la guerra (discurso de los diplomáticos, declaracionespúblicas, pactos) y al terminar el conflicto (juicio, comité de arbitraje, tratado, comisiónde investigación para determinar las responsabilidades).

8 De hecho, la Guerra de la Triple Alianza ha conocido formas híbridas. Por un lado,

porque más allá de la contienda entre los Estados, hay actores autónomos que practicanuna guerra de captura. Muchas paraguayas siguieron a los vencedores, se casaron consoldados brasileños o argentinos y este dato no ha producido una ‘memoria de lavergüenza’ en Paraguay. Existen también algunas evidencias de captura y de negocio deniños fomentados por oficiales uruguayos (Casal 2004). Del mismo modo, elreclutamiento de los prisioneros de guerra fue común, en particular de parte de

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Argentina y sobre todo de Uruguay. Al final de la guerra, el 80% del ejército uruguayose compone de prisioneros paraguayos reclutados (Casal 2004).

9 La naturaleza híbrida del conflicto se nota también en el uso de la violencia. Su uso es

diferente según la figura del enemigo. La violencia es extrema, exagerada a través de lamutilación de cadáveres o el asesinato de caballos, cuando se trata de enfrentamientosentre indios aliados de la Triple Alianza y soldados paraguayos (Taunay 1913). Entre losbeligerantes nacionales la violencia varía según las fases de la guerra. Por ejemplo, esfuertísima, por el lado brasileño, a partir de la invasión del territorio paraguayo, lo quepuede explicar la resistencia absoluta de una parte del ejército y de la sociedadparaguaya.

10 Sobre todo, se verifica la importancia, o la inercia de una cultura colonial en los

discursos de movilización y en la designación del enemigo, a través del racismo y delproceso de animalización usados para dibujar la figura del enemigo. El miedo al otro yel sentimiento de la amenaza recíproca del exterminio son generalizados. Se notatambién cómo en la práctica los oficiales construyen y transmiten la idea de la alteridadabsoluta del enemigo. Podemos observarlo con la actitud de los oficiales paraguayospara convencer a sus compatriotas de que los presos de la triple alianza son animales.Exponiéndolos y tratándolos como animales. Por ejemplo, sirviéndolos la comida en unmismo recipiente, en el suelo, como si fueran cerdos1.

11 Sin embargo, igual que en la sociedad colonial, hay una cercanía cultural relativa entre

las comunidades. Se la puede observar por ejemplo en el uso plural de los idiomas. Másallá de la práctica común del español, a menudo la prensa paraguaya usa el guaranícuando los paraguayos toman la palabra, y utiliza el portugués para hacer hablara losbrasileños (Johansson 2014). La proximidad cultural se observa también con losnumerosos casamientos que siguen a la agresión y a la ocupación militar. Como ya lodijimos, centenares de soldados aliados se casaron al final de la guerra con paraguayas2.

12 Estos diferentes elementos recuerdan las prácticas y la estructura del antiguo régimen

colonial caracterizado por las castas y por lo tanto por el mestizaje y por la fluidez delas identidades mestizas como circulación de una casta a otra. Recuerdan también queel teatro de esta guerra se organiza sobre el sistema de fallas de las antiguas fronterascoloniales. Frontera entre el Imperio portugués y el Imperio Español, bajo presión delas incursiones bandeirantes. Frontera entre el intendente de Asunción y las misiones,sobre la que se desataron las guerras jesuíticas. Frontera entre el espacio colonial y eldesierto del Chaco, frecuentemente vulnerada por malones. Efectivamente, el contextocolonial es histórico y cultural (Capdevila 2014). Lo que se observa en los imaginarios yen las prácticas. En consecuencia, nos parece que todo eso ha llevado a una guerra "sinigual en el mundo", como decían los testigos en la década de 1880 (Truquin 1977, p.252).

La construcción de una identidad nacional basada enel mestizaje y el bilingüismo

13 Una guerra de alta intensidad es un acontecimiento mayor—traumático — que impacta

a varias generaciones. Produce así identidades colectivas. Podemos hablar en estesentido de etnogénesis o, en otra escala, de naciogénesis. Son mecanismos culturalesbien conocidos. Estos momentos de intensa agresividad producen la cristalización de un

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entre-sí dispuesto a matar y a morir para defender una identidad (Anderson 1996), quetambién se construye en oposición a un enemigo percibido como el único agresor.Paraguay ha sido profundamente impactado por estos dos conflictos. Ambos generaronuna identidad colectiva fuerte, sobre la base de una memoria colectiva viva, unnacionalismo muy interiorizado, sin concesiones, y una cultura introvertida quedesconfía de los vecinos (Capdevila 2012).

14 Sin embargo, es interesante observar que el contenido de esa identidad que aparece en

la Guerra de la Triple Alianza, que ha sido teorizado por los intelectuales nacionalistasentre 1900 y 1930 y que se ha reforzado en la Guerra del Chaco, es la idea de un pueblomestizo bilingüe, con el español como lengua del Estado y el guaraní como idioma deconnivencia. De facto, los estereotipos nacionales, con los que fueron designados losvecinos en la guerra, también se basan en una supuesta unidad de raza y de lengua: losbrasileños son vistos como negros (kambá, es decir ‘asado’) de lengua portuguesa, losargentinos (kurepí), es decir con la piel rosada (como los cerdos) e hispanohablantes.Mientras que en la Guerra del Chaco, el enemigo boliviano es designado como indioandino, a veces hispanohablante o de idioma aymará (Capdevila 2007).

15 Lo importante es que, en relación con la construcción del Estado nacional y la

formación de la identidad nacional basada en la unidad de raza y de lengua, se oculta enel imaginario colectivo que antes de la guerra la comunidad paraguaya era en realidadplural: con blancos, mestizos, negros (pardos) y sobre todo con indios, ya que losllamados "pueblos históricos" que existían hasta los años 1850 eran en realidad lasantiguas misiones jesuíticas (Boidin 2011). La presencia de afro descendientes en lasociedad paraguaya es percibida por la mayoría, en el siglo 20, como la huellainfamante de las violaciones cometidas por los soldados brasileños, mientras que losnegros eran una pequeña minoría en el ejército brasileño, debido al régimen de laesclavitud que lo caracterizaba. En cuanto a los indios del vecindario, se designan con lacategoría colonial moderna de "indígena", igual que en el resto de la región, a partir delsiglo 20.

16 Así que la guerra ha producido la representación de un entre-sí, basado sobre la

autoctonía americana nativa y la diferencia radical con los vecinos mediante lavalorización del mestizaje biológico y lingüístico (el jopará), y por otra parte laconvocación a categorías coloniales estereotipadas, de castas, para construir la imagendel vecino enemigo (negro brasileño, indio boliviano, blanco argentino). Una vez más,se observa que este imaginario nacional se ha cristalizado en un marco geopolítico ycultural heredado de un campo de fallas colonial.

La matriz colonial que caracteriza la memoriaparaguaya de la Guerra del Chaco

17 La Guerra del Chaco ocurrió en un contexto colonial aún mayor. Como en la Guerra de

la Triple Alianza, la contienda fue percibida como una gran guerra patriótica. Sinembargo, a diferencia de la Guerra de la Triple Alianza, el teatro de la guerra esestrictamente un "desierto colonial". El conflicto es sobre todo una guerra decolonización, en la medida en que el acontecimiento guerrero correspondeprincipalmente a la ocupación de territorios de poblaciones indígenas autónomas y a la

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reducción de éstas: desplazadas, reducidas en las misiones y las reservas, o agrupadasen los polos de la colonización (Richard 2008).

18 En el caso de Paraguay, la postguerra corresponde efectivamente a un momento en que

el Estado organiza su primera burocracia indigenista. Paraguay participa de estamanera en la conferencia de Pátzcuaro en 1940. En el mismo periodo, en 1933, unmuseo etnográfico abre en Asunción y en él se relata la historia de la presencia de losindios en el territorio nacional. Se trata del Museo Dr. Andrés Barbero.

19 Pero, la narrativa nacional de la Guerra del Chaco escrita en Paraguay ignora, por lo

general, que los indígenas estuvieron involucrados en el acontecimiento, sin respetartampoco su anterioridad en el territorio. De hecho, trabajos recientes sobre la memoriaindígena de la Guerra del Chaco muestran que la memoria colectiva estácompartimentada en Paraguay. Las memorias indígenas y la memoria patrióticanacional no tienen nexos sobre la Guerra del Chaco (Richard y Capdevila 2013).

20 Lo que muestra desde luego que una sociedad puede reproducir un orden colonial al

interior de un marco estado-nacional, sabiendo que esta situación es el resultado deuna expansión territorial que ocurrió recién en la primera mitad del siglo XX. En estecaso, las relaciones de dominación se verifican claramente y los indígenas del Chacohan desaparecido de la memoria pública paraguaya. Una ausencia que también seobserva en la organización de los archivos públicos. Ya que en última instancia, losúnicos archivos que conservan importantes huellas de los indígenas son los archivos delas misiones religiosas y mucho menos los archivos militares (en particular sanidadmilitar y exploración del Chaco), es decir, los archivos de los protagonistas de lacolonización.

21 Entonces, como primer elemento de conclusión, aunque estas dos guerras son

conflictos convencionales de alta intensidad entre Estados nacionales, se producen enun contexto colonial que les da unas formas especiales. El contexto colonial habráconducido en este caso a ocultar una guerra de colonización bajo una guerra patrióticainternacional, a hacer de los indígenas los olvidados de la historia "nacional", adesplegar violencias extremas entre los beligerantes y a producir un fenómeno denaciogénesis singular basado en un entre-sí mestizo y bilingüe hispano-guaraní.

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NOTES

1. Testimonios en Papeles de López o el tirano pintado por sí mismo y sus publicaciones. Papeles

encontrados en los archivos del tirano – Tablas de Sangre y copia de todos los documentos y

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declaraciones importantes de los prisioneros, para el proceso de la tiranía, incluso la de Madama

Lasserre, Buenos Aires, Imprenta Americana, 1871.

2. Archivo del Arzobispado de Asunción, registros parroquiales.

AUTHOR

LUC CAPDEVILA

Université Rennes 2, Francia

Correo electrónico: [email protected]

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DiscusiónAlejandro M. Rabinovich, Nicolas Richard, Diego Villar, Axel Nielsen andLuc Capdevila

Pregunta de A M. Rabinovich

1 Uno de los puntos de debate más interesantes (y sin dudas el más actual) de los

planteados por N. Richard en la introducción merece volver a ser traído a cuento: lacuestión de la simetría o asimetría de los conflictos y de su efecto sobre la visibilidad(historiográfica, teórica, archivística, oficial y social) de los mismos. N. Richard planteacon lucidez que, en un mundo orientado por una grilla occidental de lo que constituyeun conflicto bélico, según la cual se entiende la guerra verdadera como conflictoregular entre ejércitos estatales, buena parte de la actividad guerrera americanaestudiada por arqueólogos y antropólogos cae fuera de los márgenes del objeto“guerra” y es por ende reducida a categorías policiales o de orden interno (Centeno2002)1. Lo interesante de este planteo, que cuenta ya con una cierta historia dentro dela antropología (Keeley 1996)2, es que coincide, por un lado, con una mutación notableen la forma que ha tomado el fenómeno guerra en los últimos años a los largo delplaneta, y por otro lado con la toma de conciencia, por parte de estrategas y analistasmilitares e internacionales contemporáneos, de que ante estos últimos cambios la viejagrilla de clasificación de conflictos se ha vuelto obsoleta. Detengámonos pues unminuto en la evolución de la guerra en nuestro tiempo antes de volver al tratamientodel fenómeno guerra en nuestras disciplinas.

2 Se acepta normalmente que la “edad de oro” de los conflictos militares interestatales se

extendió desde las guerras napoleónicas hasta la Segunda Guerra Mundial. Bajo lainfluencia notable de Clausewitz, el pensamiento occidental de la guerra como unfenómeno regular y simétrico se formó y se consolidó en este período. Desde 1945 enadelante, en cambio, con la Guerra Fría y la proliferación de las guerras de liberaciónnacional, comenzó una mutación que hizo de los conflictos intraestatales y asimétricosun elemento cada vez más importante en el escenario militar internacional. Estatendencia, disimulada durante décadas por el dramatismo de las guerras entre Estadosaún existentes, se agudizó de manera notable con el cambio de siglo hasta llegar en la

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actualidad a una situación que no tiene precedentes modernos. Consultemos algunascifras que lo ilustran.

3 El Heidelberg Institute for International Conflict Research publica anualmente una de

las fuentes estadísticas sobre conflictividad armada más reconocidas en términosinternacionales (2015). Según el Barómetro del Conflicto para el año 2014 se produjeronen el mundo 424 conflictos políticos importantes. De estos, 223 incluyeron el recurso ala violencia y 46 fueron altamente violentos. Estas 46 guerras propiamente dichas,subdivididas en 25 guerras limitadas y 21 guerras abiertas (Nigeria, Somalía, Sudán,Afganistán, Siria, Irak, Palestina, Yemen, Pakistán, Ucrania, etc.), hicieron del períodoconsiderado un año particularmente sangriento. Sin embargo, ninguna de estasconfrontaciones opuso abiertamente a los ejércitos regulares de dos Estados, con laexcepción mínima de algunas escaramuzas en la frontera entre India y Pakistán. En estose repite lo registrado en 2013 y años anteriores: el fenómeno de la guerra demuestratener en nuestra época una vitalidad extraordinaria, pero por primera vez en siglos nose registra ningún caso en que tome la forma de un conflicto interestatal. Los nuevosenfrentamientos bélicos se multiplican, arrasan enormes regiones, destruyen Estados yproducen cientos de miles de víctimas, pero las declaraciones de guerra, las batallascampales, los grandes ejércitos de infantería y de tanques a los que nos teníanacostumbrados las películas de la Segunda Guerra brillan por su ausencia.

4 De este modo, la gran mayoría de los conflictos son hoy intraestatales, es decir que

oponen a las fuerzas militarizadas de facciones, etnias o regiones entre ellas o en contrade las fuerzas del gobierno local. En los pocos casos en que los ejércitos estatalescombaten efectivamente fuera de su territorio, estos se oponen no a otros ejércitosregulares, sino a fuerzas insurgentes de distinto tipo (pensemos en las intervencionesde la fuerza aérea estadounidense o de la OTAN en Libia, Siria e Irak contra unamultiplicidad de grupos armados). Se trata en todos los casos, por ende, de conflictosasimétricos donde las tácticas y las reglas de los conflictos internacionales clásicos yano se aplican. ¿Fue así la segunda Guerra del Golfo, con la caída de Sadam Hussein, elcanto de cisne de las guerras simétricas? Hoy los analistas internacionales se lopreguntan y se esfuerzan por crear un utillaje teórico y metodológico que les permitapensar los conflictos actuales sin el corsé del esquema napoleónico (Arreguin-Toft2001).

5 Como ya es bien sabido, suele existir una correspondencia más o menos mediata, pero

no por eso menos inevitable, entre las grandes mutaciones afrontadas por lassociedades contemporáneas y los temas de debate (y las categorías con las que estos sedebaten) adoptados por las ciencias humanas. Es esperable, por lo tanto, que a medidaque el mundo entra en una era de combates asimétricos, disciplinas como la historia, laantropología y la arqueología se vean interrogadas respecto de las modalidadesadoptadas por el problema de la guerra en sus respectivos campos de estudio. No setrata, desde ya, de que nadie vaya a pretender realizar analogías anacrónicas entre lasguerras americanas preincaicas o las guerras civiles rioplatenses y la situación actualen África central o en Siria. Simplemente, se trata de acompañar desde todos losámbitos de la ciencia el esfuerzo de reflexión colectivo que demandará comprender lanueva fase del fenómeno guerra en un momento en que se aleja claramente del modelode pensamiento dominante hasta hoy.

6 Cabría entonces preguntarse por la medida y la forma en que la cuestión de la simetría

o asimetría de los conflictos es registrada en cada uno de nuestros campos de estudio.

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¿Se cuenta con categorías analíticas adecuadas para detectar distintas modalidades dela guerra en el caso seleccionado? ¿El clivaje simétrico/asimétrico es consideradorelevante? Preguntarse por la cuestión de la simetría en la guerra abre la vía paraindagar la medida en que las relaciones de fuerza influyen sobre el tipo de relación quese establece con el Otro en el combate. Se produce forzosamente un choque asimétricocuando se encuentran dos culturas de la guerra diferentes (pensemos en la GrandeArmée de Napoléon hostigada por los Cosacos). Pero la asimetría es también una opcióntáctica de quien se sabe más débil y opta calculadamente por evitar un choque frontal,con lo que transforma la debilidad en fortaleza. Como le decía el cacique Pootí alemisario del fortín de Patagones: “La guerra es mucho más perjudicial a los de BuenosAires que a nosotros: cuando el Sor. Rodríguez nos invade, montamos a caballo: si urgeabandonamos los toldos y las ovejas; él anda todo el campo perdiendo caballos ynosotros nos divertimos en verlo caminar en balde.” (Ratto 1998, p. 31). Así, culturas dela guerra que conocen la batalla frontal pueden optar en un momento determinado porlimitarse a tácticas indirectas (raids, guerrillas, malocas), y viceversa. Los mismosranqueles que evitan las incursiones de Rauch durante años, cuando se sienten fuerteslo esperan y lo derrotan en Las Vizcacheras.

7 Si, como dice Guillaume Boccara para los reche-mapuche, la lucha armada era una

“verdadera guerra de captación de la diferencia, de construcción del "sí-mismo" en unmovimiento de apertura caníbal hacia el ‘otro’ ” (1999), ¿cómo interpretar las opcionespor un combate simétrico o asimétrico? La gradación mapuche de la guerra en tautulun,malotun (o malón) y weichan (Villar y Jiménez 2005), además de presentar una variaciónde escala ¿presenta una diferente forma de relación (simétrica/asimétrica) al otro?Preguntamos entonces a los participantes del debate. ¿Según los registrosarqueológicos, las comunidades andinas preincaicas hacían la guerra entre ellas demodo equivalente a como combatieron al inca y luego a los españoles? ¿Podemos saberde qué manera las parcialidades que habitan el Chaco adaptaron sus formas decombatir ante la aparición de las fuerzas militares bolivianas y paraguayas? ¿Y entreestas últimas, predominantemente regulares, hubo adaptación al hecho de operar enun ambiente habitado por actores irregulares? ¿Qué sucede con los pueblos de lastierras bajas sudamericanas, que practican entre ellos una guerra “autorregulada”regida por prácticas y códigos guerreros compartidos, cuando se ven forzados acombatir a un Otro ajeno a esa cultura de la guerra, ya sea por la aparición del hombreblanco o por el contacto con otro grupo indígena? ¿Se mantienen las tácticas de raids,la búsqueda de scalps y el recurso al canibalismo o existe una adaptación al modo decombatir del contrario?

Pregunta de Nicolás Richard

8 Quisiera proponer un tema, que es un tema clásico en los estudios sobre la guerra, y que

creo nos permite cruzar las cuatro presentaciones y al mismo tiempo enganchar con lapregunta de Alejandro. Se trata del problema de las armas. En efecto, por un lado, lasarmas son un indicador clave a la hora de estudiar las formas de simetría y asimetría enla guerra, pero por otro lado, más ampliamente, porque las armas contienen, casi, en símismas una antropología del otro en la guerra, una codificación o una tecnología delotro en guerra. Tengo esta imagen en mente. No recuerdo en cuál de las muchasmemorias que los militares publicaron tras la guerra del Chaco, hay un soldado

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paraguayo que narra el día del cese al fuego, previsto para tal hora de la tarde: durantetoda la noche y la mañana que lo precedieron los cañones de lado y lado dispararontodo lo que les quedaba, ensordecedoramente, rabiosamente, hasta que precisamentellegase la hora convenida, en la que se hizo un silencio absoluto y de algún modoconmovedor, y del otro lado de las líneas empezaron tímidamente a levantarse y amostrarse los que hasta ese momento eran sus enemigos: entonces, dice el paraguayo,por primera vez en tres años de guerra “le vi la cara a un boliviano”. En efecto, en unaguerra de ametralladoras, morteros y bombas apenas si hay ocasión de ver la cara delenemigo. Estas armas producen una relación bastante abstracta con el cuerpo del otro,que no tiene pues rostro, ni puede hablar, ni tiene mirada, etc. Esto ha vuelto a ser muydiscutido con el boom actual de los drones y formas distantes de hacer guerra: ladeshumanización de un enemigo que se transforma ahora en un punto rojo indistintosobre un monitor. Podemos también recordar toda la fuerza de ese texto en el que JeanNorton Cru (1929), a partir de centenares de cartas y testimonios de soldados de laPrimera Guerra Mundial, desarma y decontruye la guerra que cuentan los oficiales(noble, bayoneta en mano, en un cuerpo a cuerpo heroico con el enemigo) para mostrarcómo lo que allí ocurría era principalmente que la gente moría destrozada por uncañonazo, enferma en las trincheras o reventada en una carga suicida contra un murode ametralladoras, etc., pero sin nunca llegar al cuerpo a cuerpo heroico y con arma“blanca” que fabulaban sus generales.

9 Una primera pregunta va entonces dirigida a A. M. Rabinovich y a L. Capdevila, por

cuanto ese siglo XIX sobre el que ambos se concentran corresponde justamente almomento transicional en el que el arma de fuego individual y el arma de fuego arepetición se difunden y modifican sustancialmente la dinámica, la cultura y laantropología de esas guerras. No solo por el desequilibrio de fuerzas que supone (todaslas fronteras “internas” constituidas en los siglos anteriores a partir del equilibrio queintrodujo la adopción del caballo en la guerra indígena se caen en ese momento: lafrontera mapuche, la frontera mbayá o guaycuru, la frontera chiriguana...), sinotambién en el sentido en que esas armas introducen una nueva antropología y unanueva concepción del enemigo. La pregunta entonces es por cómo ven ustedes esteasunto de las armas en sus respectivos objetos de estudio y en particular sobre loproblemático que resulta este momento transicional. Respecto de las intervenciones deA. Nielsen y de D. Villar, podría formularse la misma pregunta pero en otros términos.Aquí también el expediente de las armas es crucial, no solo en el sentido en que estasconstituyen un indicio material privilegiado —a menudo el único — para comprenderlas formas de la violencia en dichas sociedades, sino también, en el mismo sentido en elque venimos hablando, porque cada arma contiene ya y en sí misma un tipo de muertedel otro (Borges discutía estas cosas con su puñal...) y entonces un tipo de concepcióndel otro. Es decir que las armas constituyen un archivo del tipo de relaciones, deinterconcepciones y de antropologías mutuas en juego. Pero hay también otro aspecto.Ya mencionamos este expediente clásico que es el de la introducción del caballo en laguerra indígena: se alargan las lanzas, desaparece el arma corta de palo, se abre estedensísimo expediente del estribo sobre el que tan bien ha trabajado H.Schindler, esdecir, correlativamente, el problema de las manos del jinete que quedan o no liberadas(el caballo guaycuru no lleva estribo, el mapuche lleva estribo de un dedo). Es decir queel caballo modifica enteramente el paisaje de las armas todo a su alrededor y porsupuesto —esto es muy importante—también el de las armas de quienes van a pie ydeben defenderse de él. Esto quiere decir que un arma no se define nunca en sí misma

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sino siempre en relación a la del otro y también que todo aquello puede cambiar conextremada rapidez: en general, las armas se difunden muy rápidamente, mucho másrápido que una lengua, unas ideas o un tipo de comida (de modo que muyfrecuentemente gente que habla distinto, piensa distinto y come distinto utiliza sinembargo unas mismas armas). La pregunta es, entonces, por un lado, por cómo seplantea el problema de las armas en estos dos espacios andino y de tierras bajas desdeeste punto de vista de la relación al otro y, por otro lado, accesoriamente, si tienenustedes ejemplos o elementos sobre momentos de cambio o redefinición en el plano delas armas que permitan imaginar este cambio correlativo en las formas de pensar yrelacionarse con el otro.

Respuesta de Diego Villar

10 Retomando el espíritu de mi conclusión, que reconozco algo escéptico, ensayo una

respuesta anticlimática que apenas añade algún matiz al cuadro de por sí policromoque compone la discusión del fenómeno bélico.

11 Una primera lectura de la Guerra del Chaco, más lineal, revela de inmediato el

panorama desgarrador que cabe esperar en semejantes circunstancias: violencia,pillaje, atropellos, epidemias, desplazamientos forzosos, colonización definitiva delterritorio indígena. Pero, a la vez, frente a una misma realidad agobiante las respuestasde los indígenas chaqueños parecen haber sido diversas, y ante la entrada en escena delos ejércitos nacionales, las adaptaciones tan variadas como heterogéneos susprotagonistas (cf. los estudios compilados en Richard 2008, Capdevila, Combès et al.2010). Primera constatación: más que cambiar su protocolo bélico los chaqueñosprocuran servirse de la guerra para encauzar, realimentar o redefinir conflictospreexistentes. Las fuentes nos muestran grupos que se repliegan para evitar lashostilidades (los wichís-guisnais del Pilcomayo), grupos que participan de formaepisódica e intermitente (chamacocos), grupos que desarrollan una suerte de sumisiónestratégica (enlhet, angaités), grupos que se enrolan de forma entusiasta (makás ynivaclés), grupos que no se inmiscuyen de forma directa pero emplean las armas ypertrechos abandonados en los campos de batalla para fogonear sus circuitos devenganzas ritualizadas (nivaclés, toba-pilagás) y también otros que aprovechan laocasión para confederarse y exterminar más eficazmente a sus enemigos tradicionales(por ej. los giday-gosóde a los totobié-gosóde). Pero incluso así podría suponerse queesta línea argumental depende todavía demasiado de un encasillamiento étnico de lassociedades chaqueñas. Porque sabemos que aun dentro de un mismo grupo —por tomarsolamente el caso maká— hubo contingentes que integraron las fuerzas paraguayas,otros que permanecieron al margen del conflicto y hasta algunos que combatieroncontra Paraguay aun sin alistarse del lado boliviano. Y si enfocamos las cosas a nivelindividual encontramos asimismo historias de vida en las cuales la guerra opera comohito prestigioso o legitimador (Pinturas, Juan, Tofaai, Chicharrón) y a la vez biografíasmás tortuosas como la de Casiano Barrientos, líder isoseño que alternó lealtades entrebolivianos y paraguayos hasta ser fusilado por alta traición por los primeros. O sea que,hilando fino, lo que se impone es una enorme variedad de trayectorias, respuestas yestrategias.

12 Por parte de las tropas bolivianas y paraguayas, hasta donde sé, las relaciones con el

factor indígena —en muchos casos ni siquiera considerado irregular— no parecen

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menos heterogéneas. Hay un abanico de actitudes, categorizaciones y expectativas queva desde la habitual ignorancia lisa y llana (los “hombres transparentes”), pasando porla indiferencia de aquellos que —cuando lo hicieron— pensaron el problema entérminos genéricos (“los indios”), sin ninguna particularidad destacable más allá de supapel auxiliar, colateral o hasta paisajístico, hasta episodios en los cuales los indígenasfueron seducidos por su propia condición étnica (p. ej. el ejército paraguayo cortejandoa los isoseños, guarayos y chiriguanos por medio del denominador común de la lenguaguaraní); o incluso algunos casos, definitivamente menos frecuentes, en los cualesfueron activamente reconocidos e integrados a la agenda castrense (los ejemplosparadigmáticos son el coronel ruso Ian Belaieff y su tropa maká del lado paraguayo, oÁngel Ayoroa y su milicia ayorea del lado boliviano).

13 Un cuadro tan variopinto, en definitiva, invita a asociar la complejidad de las

estrategias indígenas con la pregunta por la influencia social de la tecnología bélica. Sinnegar en modo alguno el impacto de un horizonte tecnológico inédito (aviones,blindados, morteros, ametralladoras), parece apresurado no obstante ligarlo de formacausal con la dinámica de la categorización antropológica. Hay que tener en cuenta, porejemplo, que un cuarto de siglo antes de la guerra, Erland Nordenskiöld (2002 [1912],pp. 9, 18) percibe en el cacique Taycolique la misma actitud que luego caracterizaría amuchos chaqueños durante el conflicto: el anciano toba tiene conciencia cabal de lasinnovaciones técnicas y cambia sus viejos fusiles Remington por armas de repetición, locual inclina a su favor la tradicional enemistad con los nivaclés, que llegan a implorarleal propio sueco que forme “una tropa auxiliar equipada con mis armas de fuego: meilustraron con elocuentes palabras cómo íbamos a escalpar a los hombres, tomar presosa mujeres y niños, y a robar gran cantidad de caballos”. Los testimonios podríanmultiplicarse. Hay adaptación a las nuevas condiciones (actores, escenarios, armas,códigos, tácticas, magnitudes), sí, pero más que un cambio nítido de paradigma lo quenos revelan las fuentes es una gradación de irregularidades, heterodoxias pidgin yformas mixtas, transicionales, ambiguas, plenas de disonancias y opacidades.

14 Atractiva como es entonces la idea de que cada estrato marcial corresponda a una

concepción colectiva de sí mismo y del otro, tampoco me parece aplicable sin más alllamado complejo ecuestre. Más allá de las ventajas logísticas, prácticas y estratégicasque indudablemente otorgó a los guaycurúes, no sostendría que el caballo de por sí (nilos lazos, las boleadoras o los fusiles de retrocarga) los haya vuelto guerreros —comotampoco hizo serviles a los terenas, guanás, tomaráhos, etc. Sospecho que el caballomás bien facilitó que los indios cavalheiros hicieran más eficazmente lo que ya veníanhaciendo: asaltar, robar ganado, huir, traficar esclavos, subyugar grupos agricultores,explotar su demografía, tejer alianzas, intercambiar lealtades, estratificarse en rangos,jerarquías y estirpes guerreras. Seguramente la adopción de una tecnología bélica seaun hecho social total que en cada momento histórico supone determinados efectosculturales, técnicos, económicos, políticos, etc. Pero no parece posible asociarla de unaforma tan clara y evidente con las concepciones relacionales de la identidad y laalteridad; o, al menos, no me atrevo a proponer una correlación más significativa quecualquiera de las que podría establecerse también con las técnicas de producción,transporte, subsistencia, etc. Estoy plenamente de acuerdo con que un régimenguerrero (un procedimiento constructivo, una técnica de cultivo, un grafismo) haceposibles determinadas asociaciones y otras no —se ha dicho, así, que el estribo entrañauna nueva simbiosis hombre-caballo, que entraña a su vez nuevas armas y nuevosinstrumentos, etc. Pero también con que una sociedad, más que por sus herramientas,

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se define por sus alianzas y enemistades; o, lo que es lo mismo, por la apertura yclausura de sus redes de sociabilidad. Al fin y al cabo “la desgracia del guerrero salvaje”no es estar condenado a la guerra: es no poder ser salvaje.

Respuesta de Axel Nielsen

15 A. M. Rabinovich y N. Richard nos proponen profundizar la discusión en relación a la

simetría relativa entre las partes en guerra y respecto a las armas utilizadas, dos temasque están estrechamente relacionados.

16 Todo parece indicar que las guerras pre-incaicas tuvieron un carácter

fundamentalmente simétrico, aunque resulta difícil acercarnos desde el registroarqueológico a la dinámica de estos conflictos, a los detalles de cómo se combatía o a lapercepción que pudieron tener de estos acontecimientos sus protagonistas. Ladistribución y cronología de las formas defensivas de asentamiento indican que fueronalrededor de 200 años de inseguridad (siglos XIII y XIV) que afectaronfundamentalmente a poblaciones que practicaban la agricultura (generalmentecombinada con el pastoreo y la caza), desde la sierra central del Perú hasta el noroesteargentino y el norte de Chile. Aunque el tamaño y grado de integración política de estascomunidades variara en un espacio tan dilatado, en cada región, las escalas de losgrupos enfrentados eran comparables y en ningún caso parecen haberse producidoconquistas territoriales significativas. Antes bien, se trataría de un prolongado “estadode belicosidad” entre pares, que debió atravesar ciclos de mayor o menor hostilidad,con alianzas cambiantes y períodos de paz e intercambios, en un marco de relacionesrelativamente equilibradas, que trajo aparejada una consolidación de las identidadesétnicas entre los colectivos regionales en pugna. En este sentido, cabe pensar que laguerra fue un factor importante en la constitución y reproducción de estascomunidades y de la trama de relaciones políticas que las definía como tales.

17 Las normas de enfrentamiento, las tácticas y las armas fueron aparentemente similares.

Se trataba de asaltos sorpresivos sobre asentamientos residenciales destinados a herir ydestruir, robar ganado o algún otro bien de fácil transporte, tal vez acompañados de lacaptura de prisioneros. No existían ejércitos profesionales, por lo que es probable que laguerra tuviera lugar solo en la estación seca, de modo de permitir el desarrollo de laslabores productivas durante la época de lluvias. El arco y la flecha junto con la hondafueron las principales armas arrojadizas, mientras que palos, piedras, mazas, manoplasy tal vez lanzas se emplearon en la lucha cuerpo a cuerpo; los elementos de protecciónfueron cascos y corazas de cuero, lana, caña y fibra vegetal. Es probable que algunasarmas hayan sido emblemáticas de ciertos grupos, como sucede con el arco y flecha enlos valles orientales o la honda en el Altiplano, pero esto no conlleva diferenciassignificativas en la eficacia de los instrumentos ni de las formas de combate utilizadas.Las evidencias óseas de traumas indican que en algunas regiones hasta el 15% de losadultos de ambos sexos sufrieron violencia corporal, aunque la discriminación entre losefectos de la guerra y otras formas de violencia interpersonal es todavía materia dediscusión entre los bio-antropólogos. En varias regiones del sur andino fueron comuneslos trofeos de cráneos y también existen evidencias de scalping, aunque faltan estudiosdetallados que permitan entender los detalles de estas prácticas y su similitud relativacon las documentadas etnográficamente entre grupos de tierras bajas.

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18 Las guerras de conquista que acompañaron a la formación del Tawantinsuyu durante el

siglo XV indudablemente suponen una relación asimétrica entre los incas y lasformaciones políticas locales. Respecto a la guerra propiamente dicha, esta asimetría nose revela en las armas, que fueron básicamente las mismas, sino ante todo en lapresencia de un ejército permanentemente movilizado y apoyado por unainfraestructura logística desconocida hasta entonces. Esta nueva forma de combatir,posibilitada por la presencia de un Estado y eventualmente apuntalada por una vastainfraestructura vial (el Qhapaqñan), con puntos de abastecimiento asociados (tambos) yun sistema tributario, tornó obsoletas las antiguas formas de enfrentamiento. Carentesde guerreros especializados o de reductos defensivos capaces de sostener un sitio, lamayoría de los grupos debieron sucumbir frente a la ofensiva incaica sin ofrecer unaresistencia armada significativa. La rebelión de los qollas en la cuenca del lago Titicacay la resistencia de los chichas en los valles del sur de la actual Bolivia seguramente eranrecordadas en el siglo XVI precisamente por su carácter excepcional.

19 La sumisión frente al poder militar del inca no fue obstáculo para que muchos grupos

del sur andino sufrieran otras formas de violencia al momento de la conquista. Ladestrucción de espacios públicos, el abandono súbito de grandes poblados y el trasladode comunidades enteras para servir al Estado en diversos contextos, son fenómenos queno debieron estar exentos de violencia y que revelan la asimetría de aquel encuentro. Adiferencia de las guerras simétricas del período anterior, que fortalecieron la cohesiónde los colectivos regionales, su memoria y su territorialidad, la conquista inca trajoaparejada una reformulación drástica de las representaciones locales que daban cuentade los derechos ancestrales de estos grupos sobre sus recursos, como lo revela ladestrucción sistemática de los monumentos a los antepasados (chullpas, sepulcrossobreelevados) y la imposición del culto solar oficial, que incluía entre sus prácticas laconstrucción de santuarios en la cumbre de los principales cerros que hasta entoncesactuaban como deidades protectoras de las comunidades locales.

20 La conquista española involucró nuevas asimetrías, como las derivadas de la

superioridad de las armas de fuego, del uso del hierro o de la caballería. Debemosrecordar, sin embargo, que la cantidad de caballos, armas y soldados europeos queintervinieron en la guerra de conquista fue mínima. Las fuerzas que derrotaron a losejércitos incaicos estaban conformadas fundamentalmente por andinos, grupossometidos por el Tawantinsuyu o facciones desplazadas, quienes vieron en la invasiónhispana una oportunidad de saldar sus propias cuentas, recuperar su autonomía, oasegurar posiciones en el nuevo orden político. Desde este punto de vista, la conquistade los Andes fue en gran medida una guerra entre indígenas que —cabe suponer, puestoque las fuentes no abundan en detalles sobre el particular— combatieron con armas yde acuerdo a lógicas que no debieron ser muy diferentes a las que prevalecierondurante los períodos anteriores. Donde no pudieron aprovechar estas rivalidades entrepueblos locales, la superioridad de las armas o las destrezas militares no bastaron parasuperar la resistencia indígena, como lo ejemplifican los casos Omaguaca y Calchaquí,que mantuvieron control sobre sus territorios durante décadas luego del primerencuentro con los invasores.

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Respuesta de Luc Capdevila

21 Quisiera asociar las preguntas de Nicolas Richard sobre la noción de guerra transicional

y la reflexión desarrollada por Alejandro M. Rabinovich sobre la dualidad asimetría/simetría según los conflictos. La guerra de la Triple Alianza es un observatorioprivilegiado para este análisis en razón de la escala del acontecimiento. No obstante, esuna observación valedera para la mayoría de los conflictos de alta intensidad. Paraabordar esta cuestión, uno de los mejores ángulos de observación es el análisis de laviolencia en el campo de batalla y sobre todo la relación que establecen con estaviolencia los distintos protagonistas, ya sean beligerantes, víctimas u observadores.Sobre este punto, la historia de las imágenes de la guerra ofrece una grillaparticularmente eficaz (Díaz Duhalde 2015, Musée d’histoire contemporaine 2001).

22 En efecto, el principal elemento que resulta del análisis de la violencia en la guerra de la

Triple Alianza es su ausencia de homogeneidad, ya sea en sus formas, en su uso o en suintensidad. La violencia varía según el tipo de beligerantes. Primero, sobre el planoestructural que constituyen los combates que oponen grupos indígenas aliados oauxiliares de los ejércitos regulares y que se caracterizan por masacres sistemáticas yrecíprocas, torturas, mutilaciones y matanza de caballos. Pero varía también según losmomentos de la guerra. La masacre de prisioneros paraguayos —y la reutilización de losque sobrevivieron en los ejércitos argentino y uruguayo— que sigue a la batalla de Yataíen agosto de 1865, parece corresponder sobre todo a la inercia de actitudes propias a lasguerras civiles. De lo que López acusa a Mitre en una carta fechada el 20 de noviembrede 1865, en la que denuncia las infamias perpetradas en las guerras intestinas quehabían deshonrado al Río de la Plata ante el mundo. López estigmatiza en este caso laguerra Gaucha relatada por Sarmiento en Civilización y Barbarie (1967 [1851]), en la que,según él, no se toman prisioneros, los gauchos matan a cuchillo como carniceros y lasfacciones pueden reabsorber grupos enemigos enteros dispuestos a seguir al caudillodominante en cada momento. Del lado paraguayo, las masacres de prisioneros son amenudo ejecutadas por niños soldados. Estos asesinatos son ordenados por la jerarquíatras los éxodos que se producen por la caída de la fortaleza de Humaitá en agosto 1868,cuando la Triple Alianza toma posición en territorio paraguayo, es decir en unmomento de desesperación, de huida y de paranoia de los dirigentes paraguayos. Lamasacre de Tupí-Hú perpetrada por los brasileros en mayo 1869,¿no sería acaso laconsecuencia de este proceso de “brutalización” guerrera? La tropa estaba agotada porel acoso de la guerrilla paraguaya y por una guerra que no acababa nunca.

23 De hecho, es difícil dar una coherencia de conjunto a todas estos excesos. Poner el

acento en las fallas de la cadena de mando, como lo hacía el mariscal López cuandodebía referirse a los crímenes cometidos por sus propios hombres, no es suficiente. Amenudo estas ejecuciones se realizaban no solo ante una autoridad jerárquica, sinodirectamente por orden suya. La explicación a partir de un proceso de brutalizacióntampoco parece eficaz, puesto que este no es lineal ni homogéneo entre losprotagonistas. Así, por ejemplo, las fuerzas brasileñas se inscriben más bien en unmarco convencional durante la primera fase del conflicto, pero en el de una guerraabsoluta hacia el final, tal y como lo observaba Clausewitz a propósito de las guerrasnapoleónicas. Mientras que del lado argentino se observa más bien el proceso inverso,con comportamientos muy violentos asumidos por la jerarquía al principio delconflicto, pero con muestras de haber sufrido un traumatismo colectivo a partir de la

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batalla de Curupaytí, el 22 de septiembre de 1866, en donde un gran número de hijos denotables argentinos perdieron su vida. Se observa desde ese momento un relativodesapego de Argentina en la guerra —es cierto que Buenos Aires enfrenta entoncesmovimientos de oposición internos— y aparecen manifestaciones de repulsión frente ala violencia, observables por ejemplo en la negativa del general Mitre de entrar aAsunción en enero de 1869, para no verse implicado en el saqueo de la ciudad por partede las fuerzas brasileras, que había anticipado. De suerte que la cuestión del “derechode guerra” resulta plenamente presente en el corpus cultural de los beligerantes, o almenos de sus élites, desde el principio hasta el fin del conflicto.

24 Dicho de otro modo, es difícil analizar el hecho guerra como un todo homogéneo y

coherente. Cada guerra conjuga un marco convencional (inscrito en una cultura de laguerra) y contextos no convencionales que varían según las escalas, los individuos, losmomentos y las dinámicas propias al conflicto. La guerra de la Triple Alianza en estesentido es extremadamente compleja en razón de su carácter híbrido, por un ladoguerra internacional, y por otro, guerra civil endógena y exógena, que se inscribeademás en un marco convencional y en un contexto simultáneamente colonial yposcolonial.

25 La problemática de la transición interroga al mismo tiempo la cuestión de las armas. El

conflicto de la Triple Alianza participa de una nueva generación de guerras de lasegunda mitad del siglo XIX (Guerra de Crimea, Guerra de Secesión, Guerra franco-prusiana de 1870) en donde los Estados están ya capacitados para desplegar unapotencia de destrucción enorme gracias a sus recursos industriales y nuevastecnologías. Estas juegan un rol importante en la guerra del Paraguay. Marcaron a lostestigos directos y luego a los historiadores: los barcos a vapor, la artillería y laobligación consecuente de cavar trincheras, las mortíferas balas ‘minié’, los globos deobservación inflados con hidrógeno, la prensa, la fotografía, el telégrafo…Evidentemente, el conflicto de la Triple Alianza marca un giro en la modernidadguerrera del cono sur, como se verificará más tarde en otros escenarios de la región. Sinembargo, los estudios sobre las causas de la hiper-mortalidad del lado paraguayomuestran que la gran mayoría de las muertes fue el resultado de los desórdenesproducidos por el conflicto: hambruna, epidemias y diversas exacciones, pero no lamuerte directa en el campo de batalla, es decir tal y como en los conflictos másantiguos. Como lo subraya Michael Howard, antes de 1870 las enfermedades matabanmás hombres que las balas enemigas, proporción que se invierte enteramente hacia1918 (1976, p. 127).En este mismo sentido, el estudio de los dossiers de veteranosparaguayos que recibieron pensión de invalidez en los años 1900 (conservados en elMinisterio de Defensa en Asunción), muestra que la parte de las heridas por armasblancas en el campo de batalla, lanza o sable, es todavía muy importante en esteconflicto. Lo que permite comprender la ambivalencia de las representaciones de lostestigos directos del campo de batalla, en el que se mezclan la fuerte inercia de unimaginario heroico y un sentimiento de culpabilidad que anuncia los futurostestimonios de excombatientes del siglo XX víctimas del Post-traumatic stress disorder

(Fassin y Rechtman 2007).

26 Transición, ambivalencia, hibridación, guerra en la guerra o encastramiento de escalas

son palabras claves para interrogar estos conflictos de alta intensidad.

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NOTES

1. Un ejemplo de esta tendencia lo constituyen los trabajos de Miguel Ángel Centeno. A partir de

una definición del fenómeno guerra demasiado restrictiva, por estatista (a substantial armed

conflict between the organized military forces of independent political units) y cuantitativa (para

que haya guerra debe haber mil muertos por año, sin tomar en cuenta el tamaño de la población

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de la que se trata) llega a la insólita conclusión de que el siglo XIX latinoamericano vivió pocas

guerras y que existió un bajo nivel de militarización.

2. Kelley, con su crítica a los trabajos clásicos de Wright y Turney-High, es quien más claramente

plantea la ilegitimidad de todo razonamiento que defina la guerra en términos occidentales para

luego concluir que no existe guerra en otro contexto social.

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ConclusionesAlejandro M. Rabinovich

1 Concluye aquí —por ahora— esta primera “conversación” dedicada al problema de la

guerra en el espacio americano. Conversación que en un inicio parecía bastanteimprobable dada la variedad de disciplinas —y sobre todo de enfoques— desplegadaspor los participantes, pero que fue hallando su terreno de encuentro y de intercambiohasta volverse inmensamente productiva. Nos queda a todos la satisfacción de habernosasomado por encima de las altas murallas disciplinarias para espiar un poco lo quehacen los colegas de al lado. Y el resultado, por previsible, no deja de ser muy positivo:queda claro que las respectivas líneas de abordaje, lejos de ser mutuamente excluyentesson perfectamente comunicables y hasta complementarias. Un fenómeno total como elde la guerra tolera mal toda perspectiva que no sea multidisciplinaria.

2 En el texto introductorio que sirvió de disparador para esta discusión, N. Richard nos

propuso superar la matriz colonial de la conflictividad americana (colonial desde laperspectiva delas potencias europeas centrales, pero también desde la de las nuevasrepúblicas americanas independientes o incluso del imperio inca en expansión) paradesactivar el efecto invisibilizante que la “colonialidad” tiene sobre el fenómeno de laguerra; pues en efecto, para el Estado que combate en los márgenes de la “civilización”nunca hay guerras propiamente dichas sino ocupaciones, pacificaciones y conquistas dedesiertos que no hacían más que esperar a sus descubridores estatales.

3 Se respondió a este desafío inicial con las herramientas de la arqueología, la

antropología y la historia social de la guerra, y el resultado inmediato fue unaproliferación incontrolable de matices, multiplicidades y variaciones del fenómenoguerrero americano. Al incorporar la mirada de las distintas parcialidades indígenas ala explicación de los grandes conflictos bélicos de la época, se produce un efectoverdaderamente caleidoscópico, que hace estallar en fragmentos multicolores a lasmonolíticas interpretaciones tradicionales. De repente, la Guerra del Chaco, que fuesiempre vista como un típico conflicto limítrofe entre dos Estados-nación en vías deconsolidación (guerra que por su escaso nivel técnico y por la pobreza de loscontrincantes hace bostezar a muchos historiadores militares europeos), se transformaen un fascinante laboratorio antropológico donde las más diversas culturas de la guerrase afrontan siguiendo lógicas divergentes. En la introducción del dossier N. Richard

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preguntaba por la perspectiva guerrera de al menos doce grupos de la zona chaqueñameridional (ishir, nivaclé, ayoreo, macá, enlhet, maj’hui, wichi, pilagás, tomarahas,mascoy,chanés y chiriguanos) que habría que agregar a las de paraguayos y bolivianosque participaron en el conflicto. Diego Villar le respondió con un inventario no de doce,sino de trece estrategias diferentes desplegadas por las parcialidades indígenas en laGuerra del Chaco (las de los wichís-guisnais, chamacocos, enlhet, angaités, nivaclés,toba-pilagás, giday-gosóde,totobié-gosóde, makás, isoseños, guarayos, chiriguanos yayoreos), y Axel Nielsen nos ofrece un panorama no menos variopinto para la regiónandina en la época preincaica. Pero la incorporación de la perspectiva indígena no hacemás que dar un primer paso en la deconstrucción de las guerras regulares, homogéneasy civilizadas que nos legaron las historiografías vernáculas. Como señala Luc Capdevilapara las guerras del Chaco y de la Triple Alianza, y como indico en mi intervención parael espacio rioplatense posrevolucionario, los mismos ejércitos “nacionales” del períodotienen que ser desarticulados en sus componentes de base para comprender hasta quépunto toda homogeneidad y regularidad era en ellos ilusoria. Los batallones de líneaestaban aquí siempre en desventaja numérica y táctica respecto de la enorme variedadde partidas sueltas, unidades voluntarias y mercenarias extranjeras o americanas,milicias regladas y urbanas, pasivas o activas, guardias nacionales ymontoneras de todotipo, por no hablar de las escuadras europeas que incidieron siempre en la región.

4 Recuperar la cultura de la guerra de cada uno de estos actores no solo es deseable sino

que es posible, y a lo largo del dossier hemos visto varios ejemplos de la productividadde este tipo de análisis. Pero una vez que se dinamitan esos grandes bloques históricosque son las “guerras internacionales”, ¿cómo gestionar la fructificación imparable delfenómeno guerra de modo de no caer en una pura fragmentación de trozosincomunicables? Porque ciertamente existe un riesgo. Diego Villar lo menciona cuandose pone a “hilar fino”, y de las estrategias guerreras de los grupos indígenas pasamos ala de los individuos con nombre y apellido. Es decir, la caracterización de las prácticas yactitudes guerreras puede ser especificada y diferenciada hasta el nivel de los másmínimos componentes del fenómeno guerra (cada unidad de combate e incluso, en ellímite, de cada combatiente individual), pero es indudable que lo que ganamos entoncesen complejidad y en detalle corremos el riesgo de perderlo en términos de capacidadexplicativa del fenómeno en su conjunto. Es necesario poder recoger los trozos yrealizar con ellos un mosaico, que desde ya no sea totalizante ni reduccionista, pero quesí permita ligar en un mismo plano las experiencias de guerra del combatientechamacoco, del soldado paraguayo, del coronel boliviano y del lord británico que losfinancia a todos, porque en definitiva la guerra (tal como la entiende cada uno de ellos)es justamente lo que los ha puesto en contacto; el combate es la arena en que todos loslenguajes de la guerra (desde el flechazo envenenado hasta el caza-bombarderosupersónico) logran conversar a pesar de la diferencia original de idioma. Es decir quecada uno de los actores de la guerra tiene una visión propia del conflicto, pero entretodos generan algo nuevo que los engloba al tiempo que los distancia.

5 En la segunda parte de este dossier ensayamos dos vías posibles para una

reorganización del conjunto, a partir del eje simetría/asimetría y a partir de la lógicadel uso de las armas. Ambas perspectivas se mostraron, en una primera instancia,fructíferas. Porque las tácticas asimétricas no son más que un modo de relacionarse conun otro irreductible, mientras que las armas son el instrumento a través del cual esarelación se entabla. Y si bien los pueblos americanos hacen gala de una enormevariedad tanto táctica como armamentística, son evidentes también ciertas

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continuidades (la predilección compartida por tácticas indirectas de raid, malón oguerra de guerrillas), ciertos mestizajes (la fácil apropiación del caballo y de las armasde fuego portátiles por parte de los indígenas, la adopción de las boleadoras y de laslanzas por parte de la caballería criolla) y ciertas adaptaciones generales a la manera decombatir del contrario. Pero las dos vías ensayadas mostraron también sus límites paraexplicar, por sí solas, el comportamiento de los actores combatientes. Es que la guerra,las sociedades la hacen con todo su ser, no solo con sus tácticas y con sus armas. Si unoquiere llevar el análisis hasta sus últimas consecuencias, está claro que no alcanza conla faceta “militar” de la guerra sino que se hace necesario considerar lo que implica elestado de guerra para la sociedad en su conjunto, indagando cómo esta afecta a sufuncionamiento económico, cultural, sexual y hasta demográfico. En este sentido, peseal camino recorrido, es mucho lo que resta por hacer.

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Tesis

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Deslizándose en las fisuras de lautopía: los Toba en las fronteras delEstado Nación argentinoEn se glissant dans les fissures de l’utopie : Les Tobas aux frontières de l’Etat

Nation argentin

Slipping into the cracks of utopia : the Toba on the borders of the Argentinean

nation state

Carlos Salamanca

EDITOR'S NOTE

TESISTA: Carlos Arturo Salamanca VillamizarDIRECTOR: Marc Augé y Michel AgierGRADO: Doctor en antropología social y etnología INSTITUCION: École des Hautes Etudes en Sciences Sociales. EHESS.FECHA DE DEFENSA: 27/06/2006CIUDAD: París

Breve comentario de introducción a la tesis

1 Pensada, elaborada, sentida y escrita entre el 2000 y el 2006, esta tesis refleja las que

entonces eran mis reflexiones, inquietudes y búsquedas.

2 Cuando fui invitado por Diego Escolar a enviar la tesis para su publicación en la revista

Corpus, me resistí a la tentación de editarla, recortarla o revisarla. De abrir la puerta,algunos apartes los hubiera escrito de otro modo, algunas conclusiones las hubieramatizado, de otros hilos y otras hipótesis hubiera tirado un poco más. Pero lo escrito,

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escrito está, y opté por considerar esta tesis, no como el final de un camino, sino comoparte de un proceso en el que aun me encuentro.

3 Hoy, a casi a diez años de haber finalizado dicha etapa mantengo una intensa relación

con el Chaco; intensa, paradójica y contradictoria, llena de ausencias, amistadesinquebrantables, rabias, tristezas, alegrías. Intuyo que es ésta intensidad la que me haimpedido volver sobre estas líneas para darles el destino que merecen; tal vez estapublicación constituya el impulso necesario.

4 De cualquier forma, quiero agradecer a Rosario Espina quien me impulsó a retomar la

tesis y me confrontó con la necesidad de ponerla a circular. A su vez, quiero agradecer aDiego Escolar y al comité editorial de Corpus por haberla aceptado para su publicación.

5 Buenos Aires, 30 de junio de 2015.

ABSTRACTS

Done in the Argentinean Chaco, this thesis analyzed the relationship between space, social

relations and political action. For this, we focus on the relationship between toba people and the

Argentine nation-state. The space has been addressed in this thesis recognizing its

heterogeneous condition, formed from the synchronous existence of multiple societies and

different spaces. Unveiling the strength of utopian thinking in the consolidation of the nation

state and the foundation of all relationships it has established with the natives, we analyze the

process of constitution of the Argentinean Nation Argentina in Chaco and its characteristics

universalist utopia. The analysis of the construction of the nation state and the historical

development of the toba has been made going beyond the idea of the existence of an a-historical

status of indigenous peoples and those studies focusing on the discipline/transgression, natural

space as/socially built space and hegemony/resistance oppositions. Focusing on their forms of

political action, we argue that the toba reveal the cracks in the nationalist utopia. We hold the

view that in its relations with the Nation, Toba 'mariscan' [gather shellfish] in the areas of

political action and proceed to the manufacture their collective identities by subjectivizing

universalisms. Such universalisms are inherent to citizenship, indigenism, evangelism and socio-

political movements called together from the social class, all of these being 'relational political

devices' in which toba people put at stake contemporary political action.

Realizada en el Chaco argentino, en esta tesis analizamos las relaciones entre espacio, relaciones

sociales y acción política. Para esto nos centramos en la relación entre los toba y el Estado-Nación

argentino. El espacio ha sido abordado en esta tesis reconociendo su condición heterogénea,

constituida a partir de la existencia sincrónica de múltiples sociedades y espacios diferentes.

Develando la fuerza del pensamiento utópico en la consolidación del Estado-nación y en los

fundamentos de todas las relaciones que éste ha establecido con los indígenas, analizamos el

proceso de constitución de la Nación argentina en el Chaco y sus características de utopía de

carácter universalista. El análisis de la construcción del Estado Nación y del devenir histórico de

los toba ha sido realizado sobrepasando la idea de la existencia de un estado a-histórico de los

indígenas y los estudios centrados en la oposiciones disciplina/trasgresión, espacio natural dado/

espacio social construido y hegemonía/resistencia. Centrándonos en sus formas de acción

política, argumentamos que los toba develan las fisuras de la utopía nacionalista. Sostenemos la

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tesis de que en sus relaciones con la Nación los toba ‘mariscan’ en los espacios de acción política y

proceden a la fabricación de sus identidades colectivas a través de la subjetivación de los

universalismos. Tales universalismos son inherentes a la ciudadanía, el indigenismo, el

evangelismo, y los movimientos político-sociales convocados a partir de la clase social, siendo

todos estos ‘dispositivos políticos relacionales’ en los que los toba se juegan la acción política

contemporánea.

INDEX

Palabras claves: toba-qom, Chaco, espacio, política, historia

Keywords: toba-qom people, Chaco, space, politics, history

AUTHOR

CARLOS SALAMANCA

Programa Espacios, Políticas y Sociedades, Centro de Estudios Interdisciplinarios, Universidad

Nacional de Rosario- Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET),

Argentina.

Correo electrónico: [email protected]

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Reseñas

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Reseña de Tratados de paz en laspampas: los ranqueles y su devenirpolítico, 1850-1880, de GracianaPérez Zavala. Ciudad Autónoma deBuenos Aires: Aspha, 2014. 218 p.ISBN 978-987-45321-6-9Aldana Calderón Archina

1 ¿Por qué los ranqueles se fueron desmembrando como grupo político territorial y

quedaron sometidos a las autoridades argentinas? ¿De qué manera? ¿Por qué en ladécada de 1870 el Estado argentino logró direccionar los movimientos políticos de losranqueles? ¿Por qué la “paz” incidió en el desmembramiento de la nación ranquel?

2 Tratado de Paz en las Pampas invita a sumergirse en los avatares políticos, sociales y

económicos que envolvieron a los ranqueles durante la segunda mitad del siglo XIX.Contribuye a explorar las relaciones entre indígenas y “cristianos” en la llamadaFrontera Sur, por entonces extendida desde el suroeste de la provincia de Buenos Aireshasta el sur de Mendoza. Las encrucijadas que debieron afrontar a lo largo de esteperiodo estuvieron entramadas en las políticas del Estado-nación argentino para conlos indígenas. En tal sentido, se pone especial énfasis en los tratados de paz, contraídosentre indígenas y autoridades nacionales en los años 1865, 1870, 1872 y 1878.

3 El libro, producto de la Tesis de Maestría en Antropología de Pérez Zavala (docente e

investigadora de la Universidad Nacional de Río Cuarto y de la Universidad Nacional deVilla María), nos permite comprender cómo se fueron entrelazando las causas que,paulatinamente, condujeron al desmembramiento de los ranqueles como nación. A lavez, nos permite entender cómo el Estado argentino logró posicionarse como el únicointerlocutor válido con el que los indígenas podían negociar, hacia la década de 1870.

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4 La autora parte de la premisa de considerar a la política como constitutiva de las

relaciones interétnicas y, desde allí, derribar aquellos supuestos de la historiografíatradicional que solo consideran como política de frontera a los proyectos por parte delEstado nacional e ignoran la capacidad de acción de los indígenas. En esta dirección, seponen de manifiesto las repercusiones que los tratados de paz causaron en lasrelaciones entre los propios ranqueles, debido a los disímiles posicionamientos que seadoptaron frente a los tratados de paz. Estos enfrentamientos produjeronmodificaciones en la organización social y política indígena, al punto que, durante ladécada del ´70, pueden identificarse tres bandos entre los ranqueles: los “aliados” a lasautoridades nacionales, los capitanejos e indios “rebeldes” que organizaban los malonesy los indígenas “reducidos” en la frontera.

5 Si bien, el ojo está puesto en los tratados de paz como vehículo de los lazos de

dependencia ranquel hacia el gobierno nacional, considerándolos una “forma deconquista”, la política diplomática debe ser comprendida como parte de unatriangulación entre la política bélica (campañas punitivas y avances territoriales) yreduccionista (traslado de ranqueles a la frontera). A más de ello, se tienen en cuentalos intereses económicos puestos en juego en estos tratados, argumentando quecontribuyeron a crear una dependencia económica para con el Estado. Como asítambién, se enfatiza en la heterogeneidad territorial, social, política y económica de lasociedad ranquelina a mediados del siglo XIX.

6 Otro de los propósitos del libro, es aportar al conocimiento de los ranqueles en los

momentos en que eran una nación soberana, dado que durante casi un siglo actuaroncomo tal, lo cual es reflejado en los tratados de paz contraídos desde la época colonialen 1796 hasta los del siglo XIX, en donde son reconocidos por los cristianos como ungrupo político-territorial y diferenciado de otros grupos indígenas.

7 En cuanto a las fuentes utilizadas, estas fueron éditas e inéditas. En cuanto a las

primeras, se manejaron relatos de cautivos y misioneros, obras de coroneles, cartas demisioneros, militares, civiles e indígenas. Mientras que las fuentes inéditas contemplanlas bases, actas o preliminares de tratados consultados en el Archivo HistóricoMunicipal de Río Cuarto (AHMRC), Archivo Histórico de la provincia de Córdoba (AHPC)y Servicios Históricos del Ejercito (SHE), entre otros. Asimismo, el texto estáacompañado de notas al pie que detallan la fuente que está siendo referenciada, lo quele otorga mayor solidez argumental.

8 La autora se posiciona teóricamente dentro del campo de la historia de la cultura y la

etnohistoria. Respecto del primero, destaca la perspectiva cultural como aquella quepermite acercarse a los códigos culturales de un conjunto de grupos sociales en undeterminado periodo, pero complementándolo con una “mirada política”, con laintención de así poder dar cuenta sobre cómo se conforman las relaciones de alianza yoposición, de autoridad y de subordinación entre actores. En relación al segundo,recupera algunos aportes de los trabajos etnohistóricos argentinos que hacen hincapiéen la interacción entre grupos indígenas y Estado hegemónico.

9 A lo largo de la obra, se percibe una complementariedad entre disciplinas que lleva a

una mixtura justa entre la metodología histórica y el enfoque etnográfico, una sutilcombinación entre ambas que refleja lo que la antropología le puede aportar alhistoriador y viceversa. En este sentido, el libro está estructurado en tres partes, cadauna de ellas consta de dos capítulos, y completan la obra, cuatro mapas con el propósito

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de ubicar al lector los lugares mencionados y de ilustrar las modificaciones en lasterritorialidades ranquelinas.

10 En la primera parte, compuesta por los capítulos 1 y 2, se detalla la metodología

utilizada y se analizan las producciones bibliográficas argentinas, referidas a losindígenas que habitaron en Pampa y Norpatagonia durante el siglo XIX. Dentro delcapítulo 1, cabe destacarse el uso que se le brinda a la noción de “relacionesinterétnicas”, la cual será nodal para comprender el hilo grueso del texto. Asimismo,esta debe ser comprendida en dos dimensiones. Por un lado, vinculada a lo temporal,dado que si bien la Conquista del Desierto en Pampa y Patagonia, modificóestructuralmente la condición de los indígenas, estos continuaron actuando ante elEstado, lo que sirve de vehículo para comprender la legitimidad histórica de susreclamos étnicos, políticos y territoriales. Y, por el otro, haciendo hincapié en lasrelaciones interétnicas en sí, lo que posibilita profundizar en las transformacionessuscitadas entre las sociedades interactuantes. Más aun para el caso aquí tratado, yaque se presume que al momento de consolidación del Estado nación debieronsuprimirse las nacionalidades indígenas.

11 El eje del segundo capítulo está puesto en los alcances y límites de los trabajos

historiográficos y el lugar que ocuparon en estos los ranqueles. A tales fines se realizaun vasto análisis bibliográfico, que incluye desde relatos de misioneros hasta trabajosrecientemente publicados. A partir de los postulados centrales de estos, se puededilucidar que, en reiterados casos, los ranqueles quedaron relegados a un segundoplano. No obstante, en su conjunto, dichas producciones brindan las piezas delrompecabezas que nos permiten definir, a la luz de la historiografía, quiénes habríansido los ranqueles. Entre los puntos que la autora enfatiza, es oportuno mencionar losemplazamientos y desplazamientos territoriales, los procesos de fusión y fisión; laconformación de los linajes ranquelinos y su estructura política en general; comotambién, los vínculos con otras agrupaciones indígenas y con la política “cristiana”.

12 En la segunda parte del libro, se caracterizan las relaciones interétnicas en la Frontera

Sur durante el periodo de 1850-1880, teniendo en cuenta los cambios y continuidadesen la política cristiana y en la política indígena. De acuerdo a ello, el capítulo 3 estácentrado en la conformación del Estado-nación y su política para con los indígenas. Entanto que en el capítulo 4, se caracterizan las políticas indígenas en el área pampeana.

13 Durante el proceso de conformación de un nuevo tipo Estado en la Argentina, se

incrementó la restricción de dominio político y territorial de los indígenas de Pampa yPatagonia, impactando directamente sobre las territorialidades ranquelinas. Por talesmotivos, en el tercer capítulo se analizan las materialidades que le dieron sustento a losproyectos de organización estatal en la segunda mitad del siglo XIX. Por un lado, setiene en cuenta la construcción de fuertes y fortines, ya que si bien esta estrategia seerigió en tiempos coloniales, durante el periodo analizado se consolidaron nuevasfortificaciones que, acompañadas de expediciones punitivas, permitieron poblar lasregiones de avanzada y limitar el accionar indígena. Fue entonces que, tras un planintegral ideado por el coronel Mansilla, la Frontera Sur fue desplazada en su totalidad(Mendoza, San Luis y Córdoba, y los ríos Diamante y Quinto se constituyeron en línea deavanzada). Por el otro, se ponen en relieve las estrategias jurídicas que dieron elamparo legal a estas políticas. Con tal propósito, se analizan los debates legislativos, lasleyes sancionadas y las posturas de los caciques ranqueles ante estas.

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14 A la luz de las discusiones plasmadas en los debates legislativos de tal periodo, se puede

desentrañar dos posturas que primaron entre las autoridades del gobierno nacional, lasde aquellos que velaban por una incorporación voluntaria y los que buscaban sudominio bajo la fuerza. Consecuentemente, esto se evidencia en la frontera, en dondeconvivieron ambos proyectos; por una parte, las políticas punitivas, como lasexpediciones de “ablandamiento” en las tolderías de la Pampa y Norpatagonia (1878 y1879) y, por la otra, los tratados de paz.

15 En relación a los tratados de la década de 1870, analizados en el capítulo 4, estos

habrían sido los que motivaron los conflictos de Tierra Adentro (tolderías principales eindios ubicados en el acceso y salida, denominados indios de la “orilla”). Hasta ladécada de 1850, durante los conflictos de la Confederación Argentina con Buenos Aires,los ranqueles tuvieron un amplio marco de acción, por lo que se sostiene que hasta esemomento las relaciones habrían sido simétricas. El panorama cambió a fines de los ´60,cuando los enfrentamientos comenzaron a agravarse tras la avanzada militar, y enrepudio de esta los “enemigos” efectuaron malones y montoneras. Ante este escenario,el gobierno nacional mandó las misivas de paz. Empero, a diferencia de los tratadosanteriores (1854 y 1865), los “aliados” quedaron obligados a colaborar con el gobiernonacional, no siendo retribuidos equitativamente. Mientras que, por su parte, losindígenas reducidos sufrieron un proceso de militarización. En suma, todo ellocontribuyó a acrecentar las asimetrías, tanto entre las relaciones interétnicas comointraétnicas.

16 En la tercera parte del libro, se pone el acento en la sociedad ranquelina y en los

cambios que habrían ocasionado los tratados de paz. Se profundiza en el impacto quetuvieron los tratados en su economía y en cómo afectaron las relaciones entre losranqueles de las tolderías de Lebucó y Potiague con los de la “orilla” y con los de lafrontera del río Quinto.

17 Al ahondar en los aspectos económicos de la vida en las tolderías, se devela la

complejidad de su sistema económico, compuesto por el comercio de ganado y decautivos y, en menor medida, por las actividades agrícolas. De manera que estacaracterización permite derribar aquellas visiones simplistas que consideran a losranqueles como “cazadores”.

18 Paralelamente, el deslindar la relación entre la política interétnica de los ranqueles y

sus motivaciones económicas, pone en relieve las necesidades económicas del puebloranquel y cómo estas se fueron acrecentando, lo que propició que los dirigentesranqueles concertaran los tratados de paz. Es decir, se argumenta que al no rendircomo esperaban los malones, el sistema de racionamiento propuesto en los tratados fueconsiderado una salida a tal situación, ya que les brindaría un ingreso constante. Noobstante, las raciones no fueron entregadas a término, lo que generó disputas entreranqueles y denotó la incapacidad de estos al momento de imponerse en lasnegociaciones.

19 Por último, se termina de demostrar cómo la combinación de políticas ofensivas,

políticas colonizadoras y políticas diplomáticas, en particular el avance militar sobre lafrontera entre las décadas del ´60 y ´70 —legitimado y consolidado por la diplomacia—,posibilitó al Estado argentino el arrinconamiento territorial y político definitivo de losranqueles, acentuando en las estrategias disímiles que adoptaron los ranqueles frente atal escenario, dado que las diferencias en su accionar condujeron al quebramiento de la

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estructura social y política ranquelina y propiciaron que el Estado argentino seposicionase como el único interlocutor válido.

20 Para finalizar esta reseña, quisiera destacar que el libro demuestra un trabajo íntegro

que permite comprender la complejidad de la vida social y política en la Frontera Sur,apareciendo esta como un espacio atravesado por múltiples tensiones. A la vez que,conduce a entender cómo fue posible el sometimiento de la nación ranquel, alejándosede visiones unidireccionales, como así también de aquellas que se limitan a comprenderel binomio Estado/pueblo indígena, como uno en donde el segundo queda reducido a lavoluntad del primero y se opacan los matices que se producen en su interacción. Por elcontrario, los análisis de Pérez Zavala no se agotan en la perspectiva estatal, sino quedan cuenta de las articulaciones y desarticulaciones constantes dentro de las relacionesinterétnicas e intraétnicas. Así también se debe resaltar que la riqueza de la obrapresentada no se restringe al ámbito académico sino que, a través de esta, lascomunidades ranqueles pueden hallar un sostén para sus políticas contemporáneas.

AUTHOR

ALDANA CALDERÓN ARCHINA

Universidad Nacional de Córdoba y becaria del Consejo Interuniversitario Nacional,ArgentinaCorreo electrónico: [email protected]

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Reseña de Los militares y el desarrollosocial: frontera sur de Córdoba:1869-1885, de Ernesto Olmedo.Buenos Aires: Aspha, 2014. 236páginas, ISBN 978-987-45321-2-1Margarita Gascón

1 Sobre la base de la historiografía referida tanto a la Argentina del último tercio del siglo

XIX como a la frontera en el Río Cuarto, este libro se concentra en los poco más dequince años que van desde 1869 a 1885. El periodo es importante. La década de 1870avanzó con tratados de paz con los ranqueles, continuando de este modo con una de laspolíticas coloniales para las relaciones interétnicas que consistía en celebrarparlamentos y pactos con las diferentes tribus. En esa misma década de 1870, lamovilización de soldados desde la frontera para combatir en la Guerra de la TripleAlianza dejó desprotegidas las zonas fronterizas, abriendo una tentadora oportunidadpara el robo y la violencia. Asimismo, la inestabilidad política llevóa que conflictosinternos —los más serios: la sucesión presidencial de Avellaneda y la rebelión deTejedor—se resolvieran por las armas, recurriendo a la movilización de los soldados dela frontera. Hacia 1880, la amenaza de ocupación de la Patagonia por parte de Chileaportó otro ingrediente a la preocupación sobre lo que sucedía con los nativos ante laposibilidad de alianzas entre las tribus de ambas vertientes de los Andes para apoyar alos chilenos. De la propuesta de este libro se desprende que, para el periodoconsiderado, el término “frontera” incluía varias preocupaciones interrelacionadas: elindio, los límites, la soberanía y el rol de lo que todavía no podríamos llamar fuerzasarmadas pero que constituían hombres armados que podían movilizarse desde lasprovincias para la resolución de las disputas políticas. El doctor Ernesto Olmedo es unhistoriador que ejerce en la Universidad Nacional de Río Cuarto, siendo también unactivo miembro del Taller de Etnohistoria de la Frontera Sur (Tefros), coninvestigaciones sobre el pasado de la frontera del Río Cuarto.

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2 Según nos refiere el doctor Olmedo, desde mucho antes de la década de 1870, el indio

era presentado como un “problema”y daba razón y justificación para una guerraofensiva que, además, proponía llevar a la frontera interétnica desde el borde de lasPampas a la Patagonia norte. Algunas propuestas tenían antecedentes en el marqués deSobremonte y otros funcionarios borbónicos, y en la campaña de Juan Manuel de Rosasen 1833. También en esos casos, el denominado “problema del indio” había surgido dela encrucijada de variables económicas, políticas y estratégicas. En el periodoconsiderado por Ernesto Olmedo, el sostenimiento de los ejércitos en una fronteraextensísima, desde Mendoza a Buenos Aires, comenzaba por las limitaciones enconseguir soldados (reclutamientos forzosos), seguía por los gastos del erario públicoen recursos (algunos muy caros como los caballos) y concluía en el pago por losservicios mediante la cesión de tierras públicas. Desde la perspectiva del libro, lamirada sobre el ejército ahora consistía en hacerlo instrumento para la“territorialización” de un espacio a ser colonizado y convertido en productivo. Laagenda de semejante desarrollo tenía tres elementos distintivos. Primero estaba elavance sobre territorios desconocidos y en poder de los nativos. Segundo venía laextensión del ferrocarril y el telégrafo, junto con la conversión de los puestos defrontera en colonias agrícolas. Tercero, el otrora “desierto” sería un “territorio”, estoes, un espacio poblado en forma permanente y crecientemente productivo bajo lasoberanía del Estado argentino.

3 En el primer capítulo, Olmedo analiza las definiciones de territorio y región junto con

las ideas de desarrollo económico. El autor sigue una conocida línea argumental dehistoriadores como Alberto Cortés Conde, Mario Rapoport, Ricardo Ortiz, Oscar Oszlaky Tulio Halperín Donghi. Lo que describen es cómo el capitalismo internacional condujoa la transformación de la economía del Río de la Plata para su integración en elmercado internacional como un proveedor de materias primas, convirtiendo al Estadonacional, que se encontraba todavía en vías de consolidación, en el promotor y garantede ese proceso. El capítulo dos se centra en el surgimiento del Estado nacional y en laconsolidación de sus estructuras para garantizar soberanía. Ernesto Olmedo tambiénconvoca a los principales referentes de la historiografía en estos temas. Entre otros, haycitas de Waldo Ansaldi, Oscar Oszlak, David Viñas, Natalio Botana y David Rock. A ellose suman las consideraciones para la Patagonia en particular hechas por SusanaBandieri, Pedro Navarro Floria y Marta Bechis. Estos dos capítulos iniciales, entonces,subrayan las principales conclusiones de una asentada historiografía cuya vertienteeconómica ha evaluado el impacto de las inversiones británicas (telégrafo y ferrocarril,sobre todo) y ha caracterizado a las acciones desplegadas por el Estado nacional para lamonopolización de la fuerza.

4 Según Olmedo, a partir de la década de 1870 se registraron cambios en la zona de

Córdoba y del Río Cuarto que dan cuenta de las consecuencias locales de las accionesnacionales en lo que respecta a la economía y la política que han sido señaladas por losautores citados arriba. En 1860-70 llegó a Córdoba el ramal del ferrocarril que la uníacon Tucumán. En 1870, la Constitución pasó el poder político de los comandantes defrontera a las autoridades civiles. Entre 1870 y 1878 se firmaron tratados de paz con losranqueles, con un avance de la línea de frontera hacia el río Quinto. Paralelamente,hubo una tímida colonización y surgimiento de estancias dedicadas a la cría de ganadoque llevaron a la población del Río Cuarto a unos 15 mil habitantes (1879). Para el autor,la transformación del espacio fronterizo involucró al ejército y siguió los designios de la

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élite económica que favorecía el establecimiento de latifundios para actividadespecuarias.

5 El argumento central del libro sigue una firme línea de la historiografía argentina: el

ejército permitió la territorialización al suprimir la frontera interétnica y posibilitó elestablecimiento de estancias con ganado y colonias —militares primero, aunque fallidas—, fortaleciendo así la presencia del Estado nacional. Algunos datos aportados por elpropio autor, sin embargo, ilustran un proceso menos diáfano y hasta ocasionalmentecontradictorio. En 1869, por ejemplo, cuando la línea militar avanzó desde el río Cuartoal río Quinto, la tierra que se puso a disposición para su colonización terminó compradapor acaudalados porteños y algunos locales. Pero la causa no fue que esta élite habíapropiciado este avance de la frontera sobre territorios de nativos con la intención decomprar las tierras y consolidar el latifundio pecuario. Ocurrió que la tierra fue puestaen remate para recaudar fondos con los que paliar el crónico déficit del erario público.Sin sorpresas, compraron esas tierras disponibles quienes tenían el dinero suficientecomo para hacerlo. Y, a falta de la mano de obra que reclama el trabajo agrícola, losflamantes propietarios pusieron ganado ya que se trata de una actividad que no esmano de obra intensiva y que dejaba excedentes con los que comercializar en elmercado interno y externo.

6 En este punto, los datos que aporta Ernesto Olmedo permiten examinar dos asuntos

diferentes analíticamente. Por una parte está la causa del fortalecimiento del latifundiopecuario en el sur de Córdoba y, por la otra parte, está la intención de la élite en cuantoa la expansión de la frontera. En el marco de una economía capitalista, las accionesprocuran asegurar la máxima rentabilidad que, en este caso, estaría dada por lasinversiones en bienes inmuebles que iban estando disponibles. Analíticamente,entonces, al menos en el sur de Córdoba y según los datos del libro que reseñamos, lacausa de la concentración de la tierra en manos de unos pocos fue que finalmentesalieron a remate en Buenos Aires ante la necesidad de fondos del Estado. Esta fue lacausa, ¿podemos concluir en que había sido la intención? Para quienes suscriben a laafirmación de que causa e intención fueron lo mismo, Julio A. Roca representócabalmente los intereses de esa élite latifundista y, en consecuencia, su campaña de1879 materializó las intenciones de facilitar el acceso a tierras fértiles. Pero si Rocarepresentaba ese afán basado en el pensamiento de que las tierras en poder del indioeran fértiles, entonces, sus acciones terminaron siendo inconsistentes. En efecto, Rocaavanzó sobre territorios que él mismo veía, en 1872 (el año del reclutamientoobligatorio), como infértiles y carentes de —o con escasos— recursos estratégicos: agua,leña y pastos. Para Roca, lo que había hacia el sur de Córdoba era un “inmenso desierto,casi sin agua y muy alejado de los mercados”. En esa misma carta acusaba por suingenuidad a “mucha gente entusiasta [que] cree que puede brotar por encanto” unapoblación en semejantes tierras (p.212). Y en 1873 fue el ministro de guerra MartínGainza quien presentó al Congreso el relevamiento de los recursos de la zona paraevaluar la factibilidad de que las tropas se pudiesen abastecer de esos tres recursosvitales si se llevaba una línea de frontera más hacia el sur. Las condiciones ambientalesmarcaban así límites a las acciones. Y a las expectativas también. Hacia el suroeste delas pampas, la fertilidad de los suelos disminuye a medida que se ingresa en la pampaseca; algo que los locales sabían bien y que explica que la venta de las tierras se hicieraen el mercado de capitales de Buenos Aires pues “la burguesía local [de Córdoba] no sesentía atraída por una inversión en tierras carentes, entonces, de toda perspectivarentable inmediata” (p.170). Incluso, cuando se extendieron los ramales ferroviarios,

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“no se alteró mayormente el sistema productivo porque ya no había tierras públicaspara nuevas poblaciones” (p.171). Estos datos señalan que, hacia el suroeste de Córdoba,no existía el mismo atractivo que hacia el sur de Buenos Aires y de Santa Fe en cuanto aque estos eran ambientes apetecidos por la disponibilidad de agua y por tener suelosaptos para la agricultura. Esos recursos naturales de la pampa bonaerense despertaríanla codicia de la élite para incrementar su patrimonio y poder. En ese escenario, seentiende que impulsaran y apoyaran todo lo tendiente a la expansión de la fronteraagraria a través de la expulsión de los nativos y procurasen la anexión de más tierras asu patrimonio, como señala la historiografía rioplatense.

7 Otro tema importante que se examina en el libro es la primera ola de la colonización,

que se proponía que fuese con colonias militares. Esa propuesta se podía remontar a losorígenes de varias ciudades europeas, con los campamentos del ejército romano amedida que se iban volviendo poblados permanentes. La idea de base de las coloniasmilitares era que fueran logrando un asentamiento permanente, donde los mismossoldados produjeran una buena parte de sus alimentos, ahorrándole una sustancialsuma de dinero al Estado. En particular, Roca había pedido relevamientos previos de laszonas cercanas al río Negro para su potencial uso agrícola. En una segunda vuelta, esatierra ya productiva aumentaría de valor y funcionaría como un imán para la llegada deotros pobladores. De esta manera, el ejército contribuía a la territorialización con elavance de la línea de frontera y la posterior estabilización a través de coloniasagrícolas. El obstáculo para la ejecución del programa de territorialización con elejército estaba en el primer eslabón de la cadena colonizadora. Los involucrados en laprimera ronda, en su mayoría, eran soldados de levas forzosas, sin interés en sersoldados primero para luego volverse agricultores. Tampoco mejoró el asentamiento encolonias militares con la Ley 1628 de 1885 que entregaba tierras como pago porservicios. En un repaso sobre las situaciones en otras partes del país, el resultado fue,en todas ellas, el fracaso de la colonización militar.

8 Este libro de Ernesto Olmedo sobre el caso de Río Cuarto es una prueba de los beneficios

que aportan a la comprensión de los procesos nacionales los análisis de cómo fueronesos procesos a nivel local. Dada la abundancia y la relevancia que tiene lahistoriografía centrada en Buenos Aires y el Río de la Plata, las conclusiones ypropuestas interpretativas para las pampas bonarenses suelen ser rápidamentegeneralizadas a otras zonas del país. De este modo, las investigaciones regionales suelentomar como punto de referencia los procesos registrados en Buenos donde lascondiciones locales (ambientes, recursos, demografía) eran diferentes a las que existíanen otras zonas de la frontera sur, como es el caso del Río Cuarto, San Luis o Mendoza.Por eso, este libro es un ejemplo a la vez que una invitación a investigar sobre lasparticularidades de los procesos en los diferentes segmentos de la extensa frontera sur.

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MARGARITA GASCÓN

Instituto de Cs. Humanas, Soc. y Ambientales (INCIHUSA) del Centro Científico Tecnológico-

Mendoza del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Argentina.

Correo electrónico: [email protected]

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