Libro proporcionado por el equipodescargar.lelibros.online/Sylvia Day/Amame (211)/Amame - Sylvia...

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  • Amelia Benbridge y el conde de Ware son la pareja ms esperada de laTemporada. Lord Ware es atractivo, rico y comprensivo, y acepta que elcorazn de su prometida siempre pertenezca a Colin, su amor de juventud.Cuando ste muri, Amelia pens que jams volvera a estremecerse deplacer, hasta que un misterioso desconocido la aborda en un baile demscaras para tentarla a la luz de la luna con un nico y sensual beso.Obsesionada por averiguar su identidad, Amelia no se dar por vencida y seembarcar en una ardiente bsqueda hasta que descubra todos los secretosde su admirador. Sin embargo, el engao yace en el corazn de su amoresperando para separarlos de nuevo.

  • Sylvia Daymame

    Georgian - 3

  • A mis queridas amigas, Shelley Bradleyy Annette McCleave.

    Gracias por brindarme vuestra amistad,apoyo e ideas mientras escriba este libro.

    Vuestro cario no tiene precio y lo valoro muchsimo.

  • 1

    Londres, 1780

    El hombre del antifaz blanco la estaba siguiendo.Amelia Benbridge no estaba segura de cunto tiempo llevaba observndola a

    escondidas, pero saba que la segua.Rode el saln de baile de los Langston con cautela, acompasando sentidos y

    movimientos, y volviendo la cabeza con fingido inters para poder observar aldesconocido con ms detenimiento.

    Cada mirada que le robaba con disimulo la dejaba sin aliento.Entre tanta gente, a cualquier otra mujer le habra pasado desapercibido el

    vido inters que l demostraba. Era demasiado fcil dejarse abrumar por lasimgenes, los sonidos y los aromas del baile de mscaras: la deslumbrantediversidad de telas brillantes y vaporosos encajes, la multitud de voces quetrataban de hacerse or por encima de la esforzada orquesta, la mezcla deperfumes y el olor a cera derretida procedente de las enormes lmparas dearaa

    Pero Amelia no era como las dems mujeres. Ella haba pasado los primerosdiecisis aos de su vida bajo vigilancia, sometida a un anlisis constante de susmovimientos. Y la sensacin de ser observada con tal detenimiento era nica.Jams podra confundirla con otra cosa.

    Y, sin embargo, poda afirmar con bastante seguridad que nunca la habaestudiado tan de cerca un hombre tan irresistible.

    Porque a pesar de la distancia que haba entre ellos y de que l llevara ocultala mitad superior del rostro, no caba duda de que era un hombre irresistible. Sumera figura y a bastaba para cautivar su atencin. Era alto y estaba muy bienproporcionado, y su elegante ropa se ajustaba a la perfeccin a sus muslosmusculados y a sus anchos hombros.

    Cuando Amelia lleg a la esquina, volvi la cabeza para determinar susrespectivas posiciones. Se detuvo all un momento y aprovech la oportunidadpara llevarse el antifaz a los ojos. Al hacerlo, las cintas de colores que adornabanel mango se descolgaron por encima del guante que le ocultaba el brazo. Fingiobservar a los bailarines, pero en realidad lo miraba a l, lo evaluaba. Le parecijusto. Si aquel hombre poda espiarla, ella tambin tena el mismo derecho.

    Iba completamente vestido de negro, a excepcin de las blanqusimasmedias, el pauelo del cuello y la camisa. Y el antifaz. Una mscara muysencilla. Sin adornos de ninguna clase, ni colores, ni plumas. Lo llevaba sujeto ala cabeza con una cinta de satn negro. Mientras que los dems caballerospresentes en la sala iban vestidos con una infinita variedad de colores para atraerla atencin de las damas, la rigurosa austeridad del atuendo de aquel hombre

  • pareca destinada a hacer que se fundiera con las sombras, pretenda convertirloen un hombre corriente, cosa que era imposible. Su pelo negro brillaba confuerza a la luz de las numerosas velas que iluminaban el saln y pareca suplicarlas caricias de unos dedos de mujer.

    Y entonces vio su boca.Amelia inspir hondo cuando se fij en ella. La boca de ese hombre era puro

    pecado. Sus labios, como esculpidos por una mano experta, tenan el tamaoperfecto, ni muy gruesos ni muy finos, y eran firmes y vergonzosamentesensuales. Estaban enmarcados por un mentn firme, una mandbula angulosa yuna piel morena. Era muy posible que fuera extranjero. Amelia no podaimaginar el aspecto de su rostro, pero sospechaba que impresionara a cualquiermujer.

    Sin embargo, lo que la intrigaba se encontraba ms all de su fsico. Su formade moverse, como un depredador, sus andares decididos pero seductores, suforma de concentrar la atencin en su objetivo Ese hombre no cometa erroresni dejaba que lo afectara la aburrida fachada de la alta sociedad. Saba lo quequera y careca de la paciencia necesaria para fingir lo contrario.

    Y en ese momento pareca que lo que deseaba era seguirla. Observaba aAmelia con una mirada tan ardiente que ella la senta resbalar por todo sucuerpo, acariciar los mechones de su pelo sin empolvar y rozar su nucadescubierta. Not cmo se deslizaba por sus hombros desnudos y bajaba por suespalda. Ella perciba su deseo.

    Amelia no saba cmo haba atrado su atencin. Era consciente de suatractivo, pero no era ms hermosa que la mayora de las mujeres que haba esanoche en el baile. Su vestido, aunque bonito, con su sobrefalda hecha deelaborado encaje plateado y delicadas flores confeccionadas con cintas rosas yverdes, no era el ms llamativo de la fiesta. Y, por otra parte, los hombres quebuscaban una aventura siempre la descartaban, porque asuman que su largaamistad con el popular conde de Ware acabara en matrimonio. Por muydespacio que se desarrollara la relacin.

    Entonces qu quera de ella ese hombre? Por qu no se acercaba?Amelia se volvi hacia l y se apart el antifaz de delante de los ojos. Luego

    lo mir directamente para que no le quedara ninguna duda de que lo estabaobservando. Se lo demostr claramente esperando que sus largas piernasretomaran su camino y lo llevaran hasta ella. Quera conocer todos los detalles:el sonido de su voz, el olor de su colonia y el impacto que le provocara laproximidad de su poderosa figura.

    Tambin deseaba saber qu quera. Amelia haba pasado toda su infancia sinel cario de una madre. Durante la niez no dejaron de trasladarla en secreto deun lugar a otro, y cambiaban a la institutriz a menudo para que no pudieradesarrollar ningn vnculo emocional con nadie. La haban alejado de su

  • hermana y de cualquiera que pudiera preocuparse por ella. Por eso desconfiabade lo desconocido. Y el inters de ese hombre era una anomala que precisabaaclaracin.

    El silencioso desafo de Amelia provoc en l una repentina y evidentetensin, y se qued quieto. El desconocido le devolvi la mirada y ella vio cmobrillaban sus ojos entre las sombras del antifaz. Pas un buen rato, pero ellaapenas lo advirti: estaba demasiado concentrada valorando la reaccin delhombre. Los invitados pasaban por delante de l y le entorpecanmomentneamente la visin a Amelia, pero luego l volva a aparecer. Habaapretado los puos y la mandbula, y ella poda ver cmo se le elevaba el pechocon cada nueva y profunda bocanada de aire.

    Y entonces alguien le dio un golpe por detrs.Disculpe, seorita Benbridge.Amelia se volvi sobresaltada y se encontr cara a cara con un hombre con

    peluca, vestido de satn morado. Ella esboz una leve sonrisa y murmur unasrpidas palabras para quitarle importancia al tropiezo y luego se dio la vuelta atoda prisa para devolver su atencin al hombre enmascarado.

    Pero haba desaparecido.Parpade con celeridad. Se haba ido! Se puso de puntillas y escudri el

    mar de gente. El desconocido era alto, tena una impresionante anchura dehombros y no llevaba peluca, cosa que debera ay udarla a identificarlo, pero fueincapaz de encontrarlo.

    Adnde habr ido?Amelia.El grave y refinado tono que oy por encima del hombro le era muy familiar

    y le lanz una rpida y distrada mirada al atractivo hombre que tena a laespalda.

    S, milord?A quin ests buscando?El conde de Ware se puso tambin de puntillas y estir el cuello. Cualquier

    otro hombre habra tenido un aspecto ridculo, pero Ware no. Era imposible quealguien como l no estuviera siempre perfecto, desde la peluca hasta los taconescon diamantes incrustados que asomaban un metro ochenta ms abajo.

    Sera muy ingenuo por mi parte esperar que estuvieras buscndome a m?Amelia esboz una avergonzada sonrisa, abandon su caza visual y entrelaz

    el brazo con el suyo.Estaba buscando un fantasma.Un fantasma?Los ojos azules del conde sonrieron a travs de los agujeros de su antifaz de

    colores. Ware tena dos expresiones: una de peligroso aburrimiento y otra declida diversin. Y ella era la nica persona capaz de inspirar esa ltima.

  • Y se trataba de un espectro espantoso o de algo ms interesante?No estoy segura. Me estaba siguiendo.Todos los hombres te persiguen, querida dijo l, esbozando una leve

    sonrisa. Como mnimo con la mirada, y eso cuando no lo hacen tambin conlos pies.

    Amelia le estrech el brazo como amable admonicin.No me tomes el pelo.En absoluto. Arque una ceja con arrogancia. A menudo pareces

    perdida en tu propio mundo. Y, para un hombre, es tremendamente atractivo vera una mujer cmoda consigo misma. Nos morimos de ganas de deslizarnos en suinterior para formar parte de ese mundo.

    A Amelia no se le pas por alto el ntimo tono que percibi en la voz de Warey lo mir con los ojos entrecerrados.

    Eres un diablo.l se rio y los invitados que tenan alrededor se lo quedaron mirando. Ella

    tambin lo hizo. La alegra transformaba al conde. Cuando se rea, dejaba de serla personificacin del aristcrata afligido por el tedio para convertirse en unhombre de vibrante atractivo.

    Ware ech a andar y la fue guiando expertamente. Amelia lo conoci cuandol tena dieciocho aos y de eso haca ya seis. Haba visto cmo se converta enel hombre que era en la actualidad, haba sido testigo de sus primeros pasos ensus aventuras amorosas y de cmo esas relaciones lo haban cambiado, aunqueninguna de sus enamoradas haba mantenido su inters durante demasiadotiempo. Las mujeres slo vean lo exterior y el marquesado que heredaracuando falleciera su padre. Y era muy posible que l hubiese aprendido a vivirsolo con esos superficiales intereses si no la hubiera conocido. Pero se conocierony se convirtieron en amigos ntimos. Y ahora a Ware le desagradaba cualquierrelacin que fuera menos que la que mantena con Amelia. El conde tenaamantes que lo ay udaban a aliviar sus necesidades fsicas, pero le gustaba tenerlaa ella cerca para saciar sus necesidades emocionales.

    Los dos saban que se casaran. Era una verdad tcita, pero de la que amboseran muy conscientes. Ware slo esperaba que llegara el da en que ella por finse sintiera preparada para dar los pasos que la llevaran de su amistad hasta sucama. Y, aunque no estaba enamorada de l, Amelia lo quera por mostrarse tanpaciente. Quera corresponder sus sentimientos, lo deseaba cada da. Pero ellaamaba a otro hombre y, aunque la muerte se lo haba robado haca y a algunosaos, su corazn le segua siendo fiel.

    En qu ests pensando? le pregunt Ware, inclinando la cabeza parasaludar a otro invitado.

    En ti.Ah, eso es estupendo ronrone, mirndola complacido. Cuntamelo

  • todo.Estaba pensando que creo que me gustara estar casada contigo.Es una proposicin?No estoy segura.Hum, bueno, nos vamos acercando. De momento me conformar con eso.Ella lo mir con detenimiento.Acaso te ests impacientando?Puedo esperar.La respuesta era imprecisa y Amelia frunci el cejo.No te preocupes le dijo Ware con suavidad, mientras la guiaba a travs

    de un par de puertas francesas hacia una terraza llena de gente. De momentoestoy bien, siempre que t tambin lo ests.

    La fra brisa de la noche le acarici la piel y Amelia inspir hondo.No ests siendo completamente sincero.Se detuvo frente a la amplia balaustrada de mrmol y lo mir. Haba varias

    parejas cerca de ellos, charlando, pero todos lanzaban miradas de curiosidad ensu direccin. A pesar de las sombras que proy ectaba la luna velada por las nubes,la casaca y los calzones color crema de Ware brillaban como el marfil y atraanmiradas de admiracin.

    ste no es el lugar ms adecuado para hablar de algo tan delicado comonuestro futuro dijo l, llevndose la mano a la cabeza para desatarse el antifaz.Cuando se lo quit, dej al descubierto un perfil tan noble que bien podra adornaruna moneda.

    Ya sabes que a m eso me da igual.Y t sabes que por eso me gustas tanto la provoc, esbozando una lenta

    sonrisa. Mi vida est perfectamente ordenada y compartimentada. Todo estdonde debe estar. Soy consciente del lugar que ocupo en el mundo y cumplo lasexpectativas de la alta sociedad escrupulosamente.

    Excepto cuando me cortejas.Excepto cuando te cortejo convino l. La mano enguantada del conde

    busc la suya y se la cogi. Se cambi de postura para esconder el escandalosocontacto de los ojos curiosos. T eres mi hermosa princesa, rescatada de sutorre por un tristemente clebre pirata. La hija de un vizconde ahorcado portraicin y la hermana de una verdadera femme fatale, una mujer de la que seafirma que ha asesinado a dos maridos antes de casarse con uno demasiadopeligroso como para poder matarlo. T eres mi locura, mi aberracin, mipequeo pecado.

    Le roz la palma de la mano con el pulgar y Amelia se estremeci.Y, sin embargo, en tu vida yo cumplo el propsito contrario. Soy tu ancla.

    Te aferras a m porque soy seguro y cmodo. Ware levant la vista paraobservar a las dems personas que compartan la terraza con ellos. Luego se

  • acerc ms a ella y murmur: Pero a veces recuerdo a la jovencita que searm de valor para pedirme que le diera su primer beso y deseara haberreaccionado de otra forma.

    Ah, s?l asinti.Tanto he cambiado desde entonces?De repente, el conde se dio media vuelta con el antifaz colgado de la mueca

    y la mano de Amelia cogida con la otra, y baj junto a ella por un tramo deescaleras que conducan al jardn. Un camino de grava bordeaba los pequeossetos de tejo, que a su vez rodeaban un exuberante prado central en el que habauna fuente impresionante.

    El tiempo nos acaba cambiando a todos le dijo. Pero creo que lo quems te cambi a ti fue la muerte de tu querido Colin.

    Or ese nombre afect profundamente a Amelia, que de repente sinti unagran tristeza y aoranza. Colin haba sido su mejor amigo y despus se habaconvertido en el amor de su vida. Era sobrino de su cochero y de una gitana, peroen el mundo imaginario de Amelia eran iguales. De pequeos eran compaerosde juegos y ms adelante se fueron dando cuenta de que el inters que sentan eluno por el otro haba cambiado. Su relacin se convirti en algo ms profundo yabandon su inocencia.

    Colin se convirti en un joven cuya extica belleza y tranquila fortaleza laafectaban de formas para las que no estaba preparada. No consegua dejar depensar en l en todo el da y por las noches la atormentaban sueos de besosrobados. Pero l fue ms listo y enseguida comprendi que la hija de un noble yun mozo de cuadra jams podran estar juntos. La alej de su vida, fingi nosentir nada por ella y rompi su corazn adolescente.

    Pero al final acab muriendo por ella.Amelia dej escapar un suspiro tembloroso. A veces, justo antes de irse a

    dormir, se permita pensar en l. Abra su corazn y dejaba salir todos losrecuerdos: besos robados en el bosque, la apasionada melancola y el deseoincipiente. Nunca haba vuelto a sentir nada igual de profundo y saba que jamspodra experimentarlo de nuevo. Con el tiempo, acabaron por desvanecersemuchos de sus caprichos infantiles, pero el amor que senta por Colin se asentsobre una base muy slida y nunca la abandon. Ya no era un fuego que ardacon furia, pero segua siendo una suave calidez que anidaba en su corazn. Laadoracin que senta por l creci tras su sacrificio. Amelia estaba atrapada entrelos hombres de su padre y los agentes de la Corona; si Colin no la hubierasalvado, ella habra muerto. Por amor, llev a cabo una accin temeraria quesalv a Amelia a costa de su preciosa vida.

    Ests pensando otra vez en l murmur Ware.Tan transparente soy ?

  • Cristalina.Le estrech la mano y ella le sonri con cario.Quiz creas que mis reticencias tienen algo que ver con el afecto que sigo

    sintiendo por Colin, pero en realidad es el afecto que siento por ti lo que me frena.Ah, s?Amelia se dio cuenta de que lo haba sorprendido. Se volvieron en direccin a

    la mansin, siguiendo el sutil reclamo de sta. El brillo de la luz de las velas y losgloriosos acordes procedentes de los instrumentos de msica escapaban por lasmuchas puertas abiertas de la casa, animando a los invitados que haban salido apasear a regresar de nuevo a las festividades. Adems de Ware y Amelia, otrasmuchas parejas paseaban por los jardines traseros, pero nadie se alejabademasiado.

    S, milord. Me preocupa evitar que puedas conocer al gran amor de tu vida.l se rio con suavidad.Qu imaginativa eres. Sonri. Estaba tan guapo que Amelia se lo qued

    mirando, disfrutando de su belleza. Admito que siento curiosidad cuando veoesa mirada perdida en tus ojos, pero se es todo el inters que yo tengo en losasuntos del corazn.

    No tienes ni idea de lo que te ests perdiendo.Disclpame por ser insensible, pero si lo que me estoy perdiendo es esa

    melancola en la que t ests atrapada, te aseguro que no me interesa. En ti esciertamente atractiva y te confiere un aire misterioso que me resulta irresistible,pero creo que a m no me sentara igual de bien. Intuyo que yo parecera muydesgraciado, y no queremos eso.

    El conde de Ware desgraciado?l fingi un escalofro.Eso es imposible, claro.Claro.Lo ves? Eres perfecta para m, Amelia. Disfruto mucho de tu compaa.

    Aprecio tu sinceridad y tu capacidad para hablar con libertad de casi todo. Entrenosotros no existe la incertidumbre ni el miedo a la represalia por algn actodescuidado. T no puedes hacerme dao y yo tampoco a ti, porque ninguno delos dos atribuimos intencionalidad a sentimientos que no existen. Si y o memuestro irreflexivo no es porque est intentando lastimarte, y lo sabes muy bien.Estoy seguro de que valorar y apreciar nuestra relacin hasta el da en que memuera.

    Ware se detuvo cuando llegaron al ltimo peldao de la escalinata que losllevaba de nuevo a la terraza. Su breve momento de privacidad estaba a punto determinar. A Amelia le gustaba pasar tiempo a solas con l y eso era un buenmotivo para pensar en matrimonio. Lo nico a lo que se resista era a lasrelaciones sexuales en las que culminaran sus noches.

  • Segua persiguindola el recuerdo de los febriles besos que comparti conColin y no quera arriesgarse a sufrir decepciones con Ware. La aterrorizaba laposibilidad de que empezaran a sentirse incmodos el uno con el otro. El condeera atractivo, encantador y perfecto. Qu aspecto tendra cuando estuvieraacalorado y despeinado? Qu clase de sonidos hara en la cama? Cmo semovera? Qu esperara de ella?

    Pero la fuente de esas reflexiones era la aprensin y no la expectativa.Y qu me dices del sexo? pregunt ella.Ware volvi la cabeza y se qued inmvil con el pie sobre el escaln,

    mirndola. La diversin brillaba en las profundidades de sus ojos azules. Le dio laespalda a la escalinata y se puso frente a ella.

    Qu pasa con el sexo?No te preocupa que pueda ser? Amelia se esforz por encontrar la

    palabra adecuada.No.Su negacin rebosaba seguridad.No?Cuando pienso en practicar sexo contigo nunca me viene ninguna

    preocupacin a la cabeza. Impaciencia s, pero no ansiedad. El conde salv lapequea distancia que haba entre los dos, se inclin sobre ella y le dijo con unntimo susurro: No quiero que dudes por eso. Somos jvenes. Podemoscasarnos y esperar, o podemos esperar y luego casarnos. Incluso aunque llevesmi anillo en el dedo, quiero que sepas que y o nunca te pedira que hicieras algoque no desearas hacer. An no. Esboz una mueca. Aunque quiz dentro deunos aos no me muestre tan comprensivo. S que querr descendencia y t meresultas muy atractiva.

    Amelia lade la cabeza con aire reflexivo. Luego asinti.Eso est mejor dijo Ware con evidente satisfaccin. El progreso, por

    pequeo que sea, siempre es positivo.Quiz hay a llegado la hora de anunciarlo.Por Dios, eso es un gran paso! grit l con un mpetu exagerado. Creo

    que nos estamos acercando a algo slido.Ella se rio y le gui un ojo con picarda.Seremos muy felices juntos le asegur Ware.Lo s.l volvi a ponerse el antifaz y Amelia mir a su alrededor mientras

    esperaba. Sigui el borde de la barandilla de mrmol con la vista, hasta unafrondosa mata de hiedra que trepaba por la pared de ladrillo exterior. Ese caminovisual la llev a otra terraza que estaba un poco ms abajo. Era evidente que nola haban iluminado para evitar que los invitados se alejaran demasiado del salnde baile. No obstante, pareca que esas medidas disuasorias haban sido

  • demasiado sutiles para dos de los caballeros asistentes, o quiz no haban queridoprestarles atencin. En cualquier caso, el motivo por el que estaban all no fue loque llam la atencin de Amelia, que estaba ms interesada en saber quineseran.

    A pesar de las densas sombras que cubran la terraza, enseguida reconoci alfantasma que la haba estado siguiendo, gracias al llamativo color blanco de sumscara y a la forma en que su ropa y su pelo se fundan con la noche que lorodeaba.

    Milord murmur, alargando el brazo para agarrar el brazo de Ware.Ves a esos caballeros de ah abajo?

    l mir en la direccin que ella le indicaba.S.El hombre que va vestido de negro es el mismo que pareca estar tan

    interesado en m hace slo un rato.El conde la mir con seriedad.Antes has bromeado sobre el tema, pero ahora estoy preocupado. Te

    estaba molestando ese hombre?No.Amelia entorn los ojos cuando vio que los caballeros se separaban y se

    marchaban en direcciones opuestas: el fantasma se alej de ella y el otro ech aandar en su direccin.

    Y, sin embargo, hay algo en l que te inquieta. Ware cubri con la suy ala mano que Amelia haba posado sobre su brazo. Y su presencia en la fiestano deja de ser curiosa.

    S, estoy de acuerdo.A pesar de los aos que han pasado desde que te liberaste de tu padre, me

    parece sensato seguir siendo cuidadosos. Cuando uno est relacionado tanestrechamente con un clebre criminal, cualquier desconocido es sospechoso. Nopodemos dejar que te vaya siguiendo ningn extrao. Ware la llevrpidamente escaleras arriba. Quiz sea mejor que te quedes junto a mdurante el resto de la noche.

    No tengo ningn motivo para tenerle miedo contest Amelia, sindemostrar temor. Creo que lo que ms me sorprende es mi propia reaccin alinters que ha demostrado.

    Has reaccionado ante ese hombre? Ware se detuvo al lado de la puertay la atrajo hacia s, fuera del paso de quienes entraban y salan del saln. Quclase de reaccin has tenido?

    Amelia se llev el antifaz a la cara. Cmo poda explicar que habaadmirado la poderosa figura y la presencia de aquel hombre sin darle al asuntoms importancia de la que mereca?

    Me he sentido intrigada. Quera que se acercara a m y se diera a conocer.

  • Debera preocuparme que otro hombre haya conseguido llamar tuatencin con tanta rapidez?

    La perezosa voz del conde estaba teida de diversin.No sonri ella. La complicidad de su amistad no tena precio para

    Amelia. Igual que yo tampoco me preocupo cuando t te interesas por otrasmujeres.

    Lord Ware.Ambos se volvieron hacia el caballero que se les haba acercado. Su baja y

    corpulenta figura delataba su identidad a pesar del antifaz: se trataba de sirHarold Bingham, un magistrado de Bow Street.

    Sir Harold le devolvi Ware el saludo.Buenas noches, seorita Benbridge dijo el magistrado, sonriendo con su

    simpata habitual. Era un hombre conocido por su firmeza, pero todo el mundo loconsideraba justo y muy sabio.

    A Amelia le caa bastante bien y le dej bien claros sus sentimientos alrespecto devolvindole el saludo con calidez.

    Ware se le acerc y baj la voz para que slo ella lo pudiera or:Me excusas un momento? Me gustara hablarle de tu admirador. Quiz

    podamos averiguar su identidad.Claro, milord.Los dos caballeros se alejaron un poco y Amelia pase la vista por el saln de

    baile en busca de alguna cara que le resultara familiar. Enseguida vio un pequeogrupo de conocidos y ech a andar hacia ellos.

    Pero cuando haba dado unos pocos pasos, se detuvo y frunci el cejo.Quera saber quin se ocultaba detrs de aquella mscara blanca. La

    curiosidad se la estaba comiendo, araaba los confines de su mente y la tenamuy intranquila. Aquel hombre la haba mirado con tanta intensidad que tenaclavado en su pensamiento el momento preciso en que sus ojos se habanencontrado.

    Amelia se dio media vuelta y volvi a salir al jardn trasero. Haba muchosms invitados paseando por all, todos buscando cierto alivio de la multitud. Enlugar de ir directamente hacia el camino que haba recorrido con Ware o dedirigirse a la terraza oculta por las sombras, fue hacia la izquierda. Pocos metrosms adelante, encontr una reproduccin de la diosa Venus en mrmol, queadornaba un espacio semicircular, donde haba un banco en forma de medialuna. Estaba rodeado por los mismos setos de tejo tan bien podados que cercabanel prado y la fuente, y en ese momento estaba vaco.

    Amelia se detuvo cerca de la estatua y empez a silbar una inconfundiblemeloda que sacara de su escondite a los hombres de su cuado. Segua siendomuy cautelosa, y supona que nunca dejara de serlo. Era la consecuenciainevitable de ser la cuada de un conocido pirata y contrabandista como

  • Christopher St. John.En ocasiones lamentaba la inevitable falta de privacidad que supona estar

    vigilada a todas horas. En esos momentos, deseaba que su vida fuera mucho mssencilla y que todas esas precauciones no fueran necesarias. Pero en otrasocasiones, como por ejemplo esa noche, se senta aliviada al saber que contabacon aquella proteccin invisible. Amelia nunca estaba indefensa, cosa que lepermita ver a su fantasma desde una perspectiva muy distinta. El hecho decontar con la cercana de los hombres de St. John tambin le brindaba laoportunidad de satisfacer su curiosidad sin correr riesgos.

    Pate la grava con impaciencia mientras esperaba. Por eso no oy al hombrecuando ste se le acerc. Pero s lo sinti. La conciencia de su proximidad leeriz el vello de la nuca y Amelia se volvi rpidamente, dejando escapar unsuave jadeo de sorpresa.

    l estaba justo a la entrada del recinto circular: una figura alta y oscura, quedesprenda una potente energa que pareca estar reprimiendo. A la plida luz dela luna, sus negros rizos brillaban como el ala de cuervo y sus ojos centelleabancon la misma intensidad que la haba empujado a salir a buscarlo. Llevaba unacapa de satn gris larga hasta los pies y ese color ms claro proporcionaba unsorprendente teln de fondo para su ropa negra, que le permiti a Ameliaapreciar en su justa medida el poder de su figura.

    Lo estaba buscando dijo ella en voz baja, levantando la barbilla.Lo s.

  • 2

    La voz de su fantasma era grave y profunda, y tena un acento muymarcado. Era extranjero, cosa que explicaba su tez morena.

    No tenga miedo le dijo. Quiero pedirle disculpas por mi falta demodales.

    No estoy asustada respondi Amelia, buscando con la mirada a losdems invitados que se vean desde all.

    l dio un paso a un lado y le hizo una reverencia, al tiempo que dibujaba unelegante gesto con el brazo como para indicarle que saliera.

    Eso es todo lo que ha venido a decirme? le pregunt ella, cuando se diocuenta de que pretenda despedirse.

    Una leve sonrisa asom a sus bonitos labios.Debera decir algo ms?YoAmelia frunci el cejo y apart la vista un momento, mientras trataba de

    ordenar sus pensamientos para ser capaz de formar frases coherentes. Leresultaba muy difcil pensar con aquel hombre tan cerca. Lo que le habaresultado atractivo a cierta distancia, de repente se le antojaba abrumador. l eratan serio Ella no esperaba eso.

    No quiero entretenerla murmur l en tono tranquilizador.Falta de modales? repiti Amelia.S. La estaba mirando fijamente.Ya me he dado cuenta replic con sequedad.Disclpeme.No tengo por qu. No estoy enfadada.Esper que el hombre hiciera algo. Cuando sali del pequeo crculo y volvi

    a hacerle un gesto en direccin a la zona principal del jardn trasero, Amelianeg con la cabeza. Luego sonri ante la evidente prisa que l estabademostrando por deshacerse de ella.

    Soy la seorita Amelia Benbridge.Se qued inmvil al orla. El nico movimiento que se perciba en l era la

    forma en que suba y bajaba su pecho agitado. Despus de vacilar un momento,le hizo una pequea reverencia y dijo:

    Es un placer, seorita Benbridge. Yo soy el conde Reynaldo Montoy a.Montoy a susurr ella, dejando que el nombre se deslizase por su lengua

    . Espaol. Pero su acento es francs.l levant la cabeza y la observ con ms atencin, recorrindola con la vista

    desde su elaborado peinado hasta la punta de los zapatos.Su apellido es ingls y, sin embargo, sus rasgos denotan cierto aire

    extranjero seal luego.

  • Mi madre era espaola.Y usted es encantadora.Amelia inspir hondo, sorprendida de lo mucho que la haba afectado ese

    sencillo cumplido. Estaba acostumbrada a or cosas como sa a diario y siemprehaba tenido la sensacin de que tenan tanto contenido como un comentariosobre el tiempo. Pero el piropo de Montoy a haba alterado el valor de laspalabras, revistindolas de sentimiento y de una oculta urgencia.

    Me parece que tengo que volver a disculparme dijo el conde, esbozandouna sonrisa irnica. Por favor, deje que la acompae de vuelta antes de queme siga poniendo en evidencia.

    Amelia alarg la mano en su direccin, pero entonces se contuvo y sujet lavarilla de su antifaz con las dos manos.

    Lleva puesta la capa Ya se va?l asinti y la tensin que haba entre los dos aument. No haba ningn

    motivo que lo hiciera demorarse y, sin embargo, Amelia tena la sensacin deque ambos lo deseaban.

    Haba algo que lo retena.Por qu? le pregunt ella con suavidad. An no me ha pedido que

    baile con usted, ni ha flirteado conmigo, ni ha dejado escapar algn comentariocasual sobre su futuro paradero para que nos podamos volver a encontrar.

    Montoy a entr de nuevo en el pequeo crculo de grava.Es usted demasiado atrevida, seorita Benbridge la reprendi con

    brusquedad.Y usted es un cobarde.l se acerc hasta quedar a pocos centmetros de ella.Una fra rfaga de brisa nocturna se desliz por los hombros de Amelia,

    agitando uno de los largos mechones que caan sueltos a su espalda. Los ojos delconde se posaron en l y a continuacin resiguieron las curvas de sus pechos.

    Me mira como si fuera su amante.Ah, s?Su voz sonaba ms grave y suave, y su acento pareca ms marcado. El tono

    era propio de un amante o de un seductor. Amelia sinti cmo sus palabrasrecorran su piel como una caricia y disfrut de la experiencia. Era como salir deuna casa calentita un da de mucho fro. Esa repentina sensacin la asombr y ladej sin aliento.

    Y cmo sabe usted cmo es esa mirada, seorita Benbridge?Yo s muchas cosas. Sin embargo, y dado que ha decidido que no quiere

    conocerme, nunca sabr cules son.l se cruz de brazos. Era una postura desafiante, pero Amelia sonri al

    entrever su intencin de quedarse. Por lo menos durante un rato ms.Y qu pasa con lord Ware? pregunt el conde.

  • Qu pasa con l?Creo que estn prometidos.As es. Se dio cuenta de que l apretaba los dientes. Tiene algn

    problema con lord Ware?Montoya no respondi.Ella empez a dar golpecitos con el pie en el suelo otra vez.Estamos experimentando reacciones viscerales el uno por el otro, conde

    Montoya. Teniendo en cuenta lo atractivo que es, me imagino que estaracostumbrado a atraer el inters de las mujeres. Yo, por mi parte, puedo afirmarcon absoluta certeza que nunca me haba encontrado en una situacin parecida.Los hombres imponentes no van siguindome por

    Me recuerda a alguien que conoca la interrumpi l. Alguien a quienquera mucho.

    Oh.Por mucho que se esforz, Amelia no consigui esconder su decepcin. La

    haba confundido con otra persona. No estaba interesado en ella, sino en unamujer que se pareca a ella.

    Entonces se dio media vuelta y se sent en el banco de piedra, acomodndosela falda despacio para ganar tiempo. Luego mantuvo las manos ocupadasdndole vueltas al antifaz con sus dedos enguantados.

    Ahora soy yo quien debe disculparse dijo finalmente, echando la cabezahacia atrs para poder mirarlo a los ojos. Lo he puesto en una situacinincmoda y lo he forzado a quedarse cuando usted se quera marchar.

    La reflexiva inclinacin de su cabeza hizo que Amelia deseara ver los rasgosque se escondan bajo la blanca mscara. A pesar de carecer de una imagencompleta de l, lo encontraba muy atractivo: el ronroneo de su voz, la exquisitaforma de sus labios, la firmeza de su comportamiento

    Aunque no era tan firme como pareca. Ella lo estaba afectando demasiadopara ser una desconocida. Y l la estaba afectando de la misma forma.

    Eso no era lo que esperaba escuchar apunt l, acercndose un pocoms.

    Ella clav la vista en sus botas y las observ mientras la capa flotaba a sualrededor. Vestido de aquella manera tena una imagen imponente, pero no ledaba miedo.

    Entonces Amelia hizo un gesto con la mano para quitarle importancia alasunto, aunque sin saber qu decir. l tena razn: era demasiado atrevida. Perono lo bastante descarada como para admitir lo mucho que le haba gustadopensar que estaba interesado en ella.

    Espero que encuentre a la mujer que est buscando le dijo.Me temo que eso es imposible.Ah, s?

  • La perd hace muchos aos.Amelia reconoci la melancola que desprenda su voz y sinti una inmediata

    empata.Lamento mucho su prdida. Yo tambin perd a alguien a quien quera

    mucho y s lo que se siente.Montoy a se sent a su lado. El banco era pequeo y su forma los obligaba a

    estar tan cerca el uno del otro que la falda de Amelia rozaba su capa. Eracompletamente inadecuado que se sentaran as y, sin embargo, ella no protest.Al contrario, aprovech para inspirar hondo: al hacerlo, descubri que el condeola a sndalo y ctricos. Un aroma fresco, terrenal y muy viril. Como el hombredel que proceda.

    Usted es demasiado joven para haber pasado por lo mismo que y o murmur l.

    Est subestimando a la muerte. No tiene escrpulos y no respeta la edad delas personas a las que se lleva.

    Las cintas que rodeaban la varilla de su antifaz flotaron suavemente movidaspor la brisa y se posaron sobre la mano enguantada del conde. El contraste delsatn lavanda, rosa y azul plido sobre el intenso negro del guante llamaron laatencin de Amelia.

    Qu imagen estaran dando a los ojos de los dems invitados? Su voluminosovestido de encaje plateado con sus alegres flores multicolores chocaba con laabsoluta falta de color del atuendo de l.

    No debera estar sola aqu fuera dijo, dejando resbalar las cintas entresus dedos pulgar e ndice. El hecho de que no pudiera sentirlas a travs de losguantes potenciaba la sensualidad del gesto, porque pareca que no pudieraresistirse a tocar algo que perteneca a Amelia.

    Estoy acostumbrada a la soledad.Y le gusta?Me resulta familiar.Eso no es una respuesta.Ella lo mir y advirti detalles que slo se pueden apreciar cuando se est

    muy cerca de otra persona. Montoya tena unas pestaas largas y espesas querodeaban unos ojos almendrados. Eran muy bonitos. Exticos. Astutos.Acentuados por las sombras que procedan tanto del interior como del exterior dela mscara.

    Cmo era? pregunt Amelia. La mujer que crea que era y o.l reprimi una sonrisa y evit la aparicin de sus hoyuelos.Yo he preguntado primero dijo.Ella dej escapar un dramtico suspiro con el nico objetivo de ver asomar

    aquella provocativa curva de sus labios. Aquel hombre nunca sonrea del todo.Amelia se pregunt el motivo y cmo podra conseguir que lo hiciera.

  • Est bien, conde Montoya, en respuesta a su pregunta, s, me gusta estarsola.

    Hay mucha gente que detesta la soledad.Eso es porque no tienen imaginacin. Yo tengo demasiada.Ah, s? l lade el cuerpo hacia ella. La postura hizo que sus calzones de

    ante se cieran a los poderosos msculos de sus muslos. Gracias a la capa desatn gris que se extenda por debajo de su cuerpo, contrastando con su ropanegra, Amelia poda apreciar cada matiz y cada nervio. Y qu imagina?

    Ella trag saliva con fuerza y se dio cuenta de que no poda apartar los ojosdel hombre. Lo estaba mirando con lascivia, con un inters completamentecarnal.

    Mmm Se esforz por apartar la vista. Estaba asombrada de ladireccin que haban tomado sus pensamientos. Historias. Cuentos de hadas ycosas as.

    Como la mscara ocultaba el rostro de l, Amelia no poda estar segura, perotuvo la sensacin de que haba arqueado una ceja.

    Y las escribe?A veces s.Y qu hace luego con ellas?Ya ha hecho demasiadas preguntas sin responder ni una sola.Los ojos oscuros de Montoya brillaron con clida diversin.Acaso lleva la cuenta?Ha empezado usted le record. Yo slo estoy siguiendo las reglas que

    ha marcado.Ah estaba! Un hoy uelo. Amelia lo vio perfectamente.Aquella chica era muy atrevida murmur. Como usted.Ella se sonroj y apart la vista, embelesada por las minsculas muescas que

    haba descubierto en su rostro.Y eso le gustaba?Era lo que ms me gustaba de ella.La intimidad que desprenda su voz la hizo estremecer.Entonces l se levant y le tendi la mano.Veo que est pasando fro, seorita Benbridge. Debera volver adentro.Ella lo mir.Entrar conmigo?El conde neg con la cabeza.Amelia alarg el brazo, pos los dedos en su palma y permiti que la ay udara

    a ponerse en pie. Tena una mano grande y clida y la agarr con fuerza yseguridad. No quera soltarlo y se alegr mucho al advertir que l pareca sentirlo mismo. Se quedaron all de pie un buen rato, tocndose, con el nico sonido desus respectivas respiraciones, hasta que los suaves y cautivadores acordes de un

  • minueto empezaron a sonar en la brisa nocturna.Montoya la agarr con ms fuerza y se le entrecort la respiracin. Amelia

    saba que los pensamientos del hombre iban en la misma direccin que los suyos.Entonces se llev el antifaz a la cara y le hizo una pequea reverencia.

    Un baile lo provoc con suavidad, al ver que l no se mova. Baileconmigo como si y o fuera esa mujer a la que tanto aora.

    No. Vacil un instante y luego se inclin sobre su mano. Prefierobailar con usted.

    Eso conmovi a Amelia, cuya garganta se cerr y no pudo responder. Sloconsigui ponerse bien derecha y empezar a dar los pasos que la acercaban y laalejaban de l al comps de la msica. Gir muy despacio sobre s misma yluego lo rode. El cruj ido de la grava bajo sus pies mitigaba el sonido de lamsica, pero oa la pieza en su cabeza y se puso a tararear las notas. l se uni aella. Su voz grave encajaba perfectamente con la de ella y Amelia se dej llevarpor la meloda resultante.

    Las nubes se abrieron en el cielo y permitieron que un resplandeciente ray ode luna iluminara el pequeo espacio donde estaban. Convirti los setos en murosplateados y la mscara del conde en una perla brillante. El lazo de satn negrocon que se haba recogido el pelo se funda con sus rizos azabache, y el brillo y elcolor eran tan parecidos que apenas se adverta la diferencia. La falda de Ameliaroz su capa y la colonia de l se mezcl con su perfume; ambos estabanabsortos en ese momento nico. Amelia se senta atrapada, prisionera, y por unbreve momento dese no volver a ser libre nunca ms.

    Entonces, un inconfundible gorjeo penetr en el capullo de intimidad quehaban creado entre los dos.

    Una advertencia de los hombres de St. John.Amelia dio un traspi y Montoya la estrech contra su cuerpo. Ella dej caer

    el brazo, apartando el antifaz de su cara. Not el aliento del conde, clido y conolor a brandy, en sus labios. La diferencia de altura entre ellos hizo que los pechosde ella quedaran contra la parte superior del abdomen de l. Si quera besarlatendra que agacharse y se sorprendi esperando que lo hiciera: se mora porsentir aquellos preciosos labios sobre los suy os.

    Lord Ware la est buscando le susurr, sin apartar los ojos de los suyos.Amelia asinti, pero no hizo ademn de separarse de l, sino que sigui

    mirndolo a los ojos. Observando. Esperando.Y justo cuando ya estaba convencida de que no lo hara, el conde acept su

    silenciosa invitacin y pos la boca sobre la suya. Sus labios encajaron y l rugi.El antifaz resbal entre los insensibles dedos de Amelia y cay contra la grava.

    Adis, Amelia.La ay ud a estabilizarse y luego, rpidamente, se desvaneci con un destello

    negro saltando por encima del bajo muro de setos y fundindose con las

  • sombras. No se dirigi a la parte trasera de la mansin, sino hacia la puertaprincipal, y desapareci en un santiamn. Amelia, aturdida por la repentinadespedida, volvi la cabeza hacia el jardn muy despacio y vio que Ware seestaba acercando a ella con rpidas zancadas, seguido de varios caballeros.

    Qu ests haciendo aqu? le pregunt con brusquedad, mirando agitadoa su alrededor. Me he vuelto loco buscndote.

    Lo siento.Fue incapaz de decir nada ms. No dejaba de pensar en Montoya, que

    evidentemente haba reconocido el silbido de aviso.Por un momento todo haba sido real, pero ya no lo era. Igual que el

    fantasma que ella haba imaginado, el conde era escurridizo.Y muy misterioso.

    Te importara explicarme lo que pas anoche?Amelia suspir por dentro, pero por fuera esboz una alegre sonrisa.Explicar qu?Christopher St. John pirata, asesino y extraordinario contrabandista le

    devolvi la sonrisa, pero sus ojos de zafiro la observaban con astucia y expresininquisitiva.

    Sabes muy bien a lo que me refiero. Neg con la cabeza. A veces tepareces tanto a tu hermana que resulta alarmante.

    Lo alarmante era lo guapo que era St. John a pesar de las muchas maldadesque poda maquinar su cerebro. Amelia y a llevaba algunos aos viviendo en sucasa, pero cada vez que lo vea, volva a asombrarse de su atractivo.

    Oh, eso que has dicho es muy bonito dijo ella con total sinceridad.Gracias.

    Descarada. Desembucha ya.A cualquier otro hombre le costara mucho sonsacarle informacin que ella

    no estuviera dispuesta a darle, pero cuando la spera voz del pirata sonaba as deseductora, era incapaz de resistirse. St. John tena el pelo y la piel dorados, unoslabios finos y carnosos a un tiempo y unos iris azules intensos y brillantes. AAmelia le recordaba a un ngel; estaba convencida de que slo un ser celestialpoda ser tan perfecto de pies a cabeza.

    La nica seal visible de su condicin de mortal eran las arrugas que lerodeaban la boca y los labios, vestigios de una vida llena de peligros. Desde quese cas con su hermana, esos surcos haban disminuido un poco, pero nuncallegaran a desaparecer del todo.

    Descubr que haba un hombre que mostraba un inters fuera de lo comnpor m. l se dio cuenta de que y o lo haba advertido y se acerc para explicarse.

    Christopher se reclin en su silln de cuero negro y frunci los labios. Detrs

  • de l haba un enorme ventanal con vistas a los jardines traseros, o a lo que seranlos jardines traseros si los tuvieran. En lugar de jardn, lo que haba era unaexplanada llena de malas hierbas, que haca imposible que nadie pudieraacercarse a la mansin a hurtadillas. Cuando una persona tena tantos enemigoscomo St. John, nunca poda bajar la guardia, y menos an por frvolos motivosestticos.

    Me dijo que le recordaba a un antiguo amor.l hizo un sonido parecido a un bufido.Un inteligente y sentimental ardid que casi avergenza a Ware y provoca

    un terrible escndalo. No me puedo creer que cay eras en esa trampa.Amelia se sonroj con renovada culpabilidad y protest:Era sincero!Era incapaz de creer que alguien pudiera fingir tan bien la melancola. Eso no

    significaba que no considerara que haba algo que no encajaba, pero s que secrea la explicacin de Montoya.

    Mis hombres lo siguieron.Amelia asinti. Ya se lo imaginaba.Y?Y lo perdieron.Cmo es posible?St. John sonri al ver su sorpresa.Es posible cuando uno se da cuenta de que lo estn siguiendo y est

    entrenado para evitarlo. Su sonrisa desapareci. Ese hombre no es uninocente con mal de amores, Amelia.

    Ella se levant con el cejo fruncido, cosa que oblig a St. John a ponersetambin de pie. La falda de flores se meci contra sus piernas cuando se volvihacia el otro extremo del despacho, perdida en sus pensamientos. Las aparienciaspueden ser engaosas. Aquella estancia y el criminal de su dueo eran buenosejemplos de ello. El despacho estaba decorado en tonos rojos, crema y doradosy podra pertenecer a cualquier noble del reino, as como la mansin de la queformaba parte. No haba nada all que delatara su principal funcin: servir comocuartel general de una enorme e ilegal organizacin contrabandista.

    Qu querra de m? pregunt luego, recordando lo que haba ocurrido lanoche anterior con absoluta claridad.

    An poda oler la extica fragancia de su piel y or el ligero acento con quepronunciaba las palabras, hacindola estremecer. An senta el ligero hormigueoque le haba provocado en los labios al presionar su boca sobre ellos y, alrecordar la firmeza de su abdomen, la sensacin se desplazaba enseguida a suspechos.

    Desde mandarme una sencilla advertencia hasta algo ms siniestro.Como por ejemplo?

  • Amelia lo mir a los ojos y se dio cuenta de que la estaba observando concomplicidad.

    Como seducirte y dejarte inservible para Ware. O seducirte y alejarte dem para utilizarte en mi contra.

    La palabra seducir relacionada con el misterioso y enmascaradoMontoya le provoc sensaciones muy extraas. Tendra que haberse asustado,pero no fue as.

    T sabes tan bien como yo lo afortunado que es el hecho de que conocierasa Ware mientras estabas cautiva de tu padre y la suerte que tienes de que elconde est dispuesto a ignorar tu escandaloso pasado y tus relaciones familiares.Tamborile con los dedos sobre el escritorio casi sin hacer ruido. Tu hijoser marqus y tu descendencia disfrutar de todas las ventajas imaginables.Todo cuanto pueda poner en peligro tu futuro es motivo de preocupacin.

    Amelia asinti y volvi a apartar la vista, con la esperanza de esconder cmose senta al orlo reducir su relacin con Ware a los beneficios materiales. Ellasaba que sera la que ms saliera ganando de esa unin. Como amiga de Wareslo quera lo mejor para l. Pero el matrimonio era algo completamentedistinto.

    Y qu quieres que haga yo?No salgas sola. Si ese hombre se vuelve a acercar a ti, no dejes que se

    aproxime en exceso. La severidad de sus rasgos se relaj. Vesta de azulcerleo, un color que combinaba tanto con su tez morena como con el chalecobordado que se cea a su firme pecho. No pretendo fastidiarte. Slo quieromantenerte con vida.

    Lo s. Pero Amelia haba pasado toda su vida encerrada. No saba siapreciar la seguridad que eso le proporcionaba o lamentar las restricciones queimplicaba. Intentaba comportarse, trataba de ceirse a las reglas que leimponan, pero a veces le resultaba muy difcil conformarse. Sospechaba que elproblema era que por sus venas corra la sangre de su padre. Y eso era lo quems deseaba cambiar de s misma. Puedo retirarme? Ware llegar muypronto para llevarme a dar un paseo por el parque y debera cambiarme.

    Por supuesto. Psalo bien.Christopher observ cmo Amelia abandonaba la habitacin y volvi a su

    silln, pero se puso en pie enseguida cuando su esposa entr, balanceando suabultada falda rosa. Como de costumbre, en cuanto la vio se le aceler el corazny lo asalt una mezcla de atraccin y pura alegra.

    Hoy ests preciosa dijo, rodeando el escritorio para abrazarla.Tal como haca desde la primera vez que se vieron, Maria se fundi contra l

    y Christopher sinti el peso del delicioso cuerpo que tanto adoraba.Cada da me dices lo mismo murmur ella, pero su sonrisa rebosaba

    placer.

  • Porque cada da es cierto.Christopher le pos una mano en la espalda y estrech la figura de su mujer

    contra su fibroso cuerpo. A pesar de la diferencia de altura, encajaban como dospiezas de un rompecabezas.

    Maria tena la misma melena negra y brillante que su hermana pequea,pero se era el nico rasgo fsico que compartan. Amelia se pareca ms a supadre, el vizconde Welton. Haba heredado sus mismos ojos color esmeralda y sucomplexin alta y estilizada. Maria, que por suerte tena un padre distinto, separeca a su madre espaola y tena los ojos oscuros y una figura menuda y bientorneada.

    St. John y su esposa formaban una pareja sorprendente; sus aparienciasantagnicas se complementaban de tal forma que la gente sola comentarlo amenudo. Pero en realidad el principal motivo por el que llamaban la atencin delos dems era por sus respectivas reputaciones. La anterior lady Winter seguasiendo conocida como La viuda de hielo , porque se rumoreaba que habaasesinado a sus dos anteriores maridos. Christopher era su tercer y ltimo esposo,el dueo de su corazn, y a menudo lo felicitaban por seguir con vida.

    Has sobrevivido otra noche en la cama de tu esposa , bromeaba la gente.l siempre sonrea sin decir nada. En realidad lo que decan era cierto, pero

    no pensaba desmentir el malentendido. Pocos comprenderan que l mora cadanoche entre sus brazos y que luego volva a nacer.

    He odo el final de tu conversacin con Amelia le dijo Maria. Y creoque ests enfocando la situacin con una perspectiva equivocada.

    Ah, s? Ah era donde radicaban sus verdaderas similitudes. A pesar delo distintos que eran por fuera, por dentro eran alarmantemente parecidos: los dostenan una mente criminal y eran muy astutos. Qu me he perdido?

    Slo ests viendo el inters que puede tener ese hombre enmascarado porAmelia. Pero qu hay del inters que puede sentir ella? Eso es lo que mepreocupa a m.

    l frunci el cejo mientras admiraba con aire distrado la hermosa cabelleraque le caa sobre los hombros y sobre sus generosos pechos, que se hinchabanprovocativos por debajo de su amplio escote.

    Amelia siempre ha sido muy curiosa. As fue como conoci a Ware.S, pero dej que ese hombre la besara. Un completo desconocido. Por

    qu? Amelia lleva muchos aos lamentando la prdida de su amor gitano ymanteniendo a Ware a raya. Qu la puede haber fascinado tanto de ese hombrecomo para reaccionar de esa forma?

    Mmmm l inclin la cabeza y se apropi de su boca para darle unlargo beso. Si muriera, t me lloraras con la misma devocin? le pregunt,mientras le acariciaba los labios con los suyos.

    No.

  • Maria sonri con el misterio que tanto lo fascinaba.No?Nada ni nadie podra separarte de m, cario. Pas sus pequeas manos

    por encima de su pecho. Yo morira contigo. se es el nico supuesto en quepermitira que te separaras de m.

    El corazn de Christopher se hinch con el amor que senta, tan intenso que aveces llegaba a abrumarlo.

    As que nuestra joven Amelia se ha sentido atrada por ese hombre de unaforma que jams haba experimentado con ningn otro. Y qu sugieres quehagamos al respecto?

    Tenemos que vigilarla ms de cerca y encontrar a ese hombre. Quierosaber quin es y cules son sus intenciones.

    Hecho. Sonri. Tienes planes para el resto de la tarde?S. Estoy bastante ocupada.Christopher trat de disimular su decepcin. A pesar de tener una buena lista

    de cosas que hacer, no le hubiera importado disfrutar de la compaa de suesposa durante una o dos horas. La posibilidad de hacer el amor en pleno da, conlas cortinas abiertas para dejar que entraran los rayos del sol en el dormitorio, leresultaba deliciosa. En especial cuando era ella quien se colocaba encima y secontoneaba sobre su cuerpo, baada por la luz.

    Christopher dej escapar un dramtico suspiro y la solt.Psalo bien, amor.Eso depende de ti. Los ojos negros de Maria brillaron con malicia.

    Vers, resulta que en mi agenda pone que tengo que hacer el amor de dos acuatro y voy a necesitar tu ayuda para completar esa tarea.

    Christopher se excit de inmediato.Estoy a tu servicio, seora.Ella dio un paso atrs y baj la vista hasta la parte delantera de sus calzones.S, ya lo veo. Nos retiramos?Me encantara ronrone l con la sangre caliente.Entonces oy eron cmo alguien llamaba en la puerta abierta y los dos se

    volvieron a la vez.Hola, Tim dijo Maria, sonrindole al gigante que agachaba su enorme

    cabeza para pasar por debajo del dintel.l hizo una reverencia a modo de saludo y murmur:An quieres hablar conmigo?S.Tim era uno de los lugartenientes en los que Christopher ms confiaba.

    Tambin era un hombre con una paciencia infinita y mucha mano para lasmujeres. Les tena gran aprecio y eso se notaba. Ellas enseguida lo perciban yse mostraban mucho ms abiertas con l que con los dems hombres. Lo

  • escuchaban y confiaban en l, cosa que en esa ocasin los ay udara a manejar aAmelia.

    Christopher mir a Maria a los ojos.No te desnudes le susurr al odo. Quiero hacerlo yo.Como si fuera un regalo brome ella.Y lo eres. Mi posesin ms preciada. Le dio un beso en la punta de la

    nariz y se alej de ella. Voy a hablar con Tim sobre su nueva misin, que no esotra que vigilar a Amelia.

    Maria le respondi esbozando una sonrisa digna de verse.Eres muy listo, siempre te anticipas a mis preocupaciones. En realidad,

    nunca necesitas mi ayuda.Claro que s replic l. Y adems valoro mucho tus opiniones.

    Entonces baj la voz: Enseguida te demostrar cunto.Maria le acarici la palma de la mano con la yema de los dedos mientras se

    alejaba de l y sus manos se separaban.Nos vemos en la cena, Tim dijo ella pasando por su lado, cuando el

    gigante entr en la habitacin.S, seora.Tim mir a Christopher con una sonrisa irnica en los labios.Conozco bien esa mirada. Esto ir rpido, verdad?S, mucho. Quiero que te conviertas en la sombra de la seorita Benbridge.Ya he odo lo que ocurri anoche. No te preocupes. Conmigo estar en

    buenas manos.No te lo pedira si no estuviera convencido de ello. Christopher le dio una

    palmadita en el hombro mientras se diriga hacia la puerta. Nos vemos en lacena.

    Bastardo afortunado solt Tim detrs de l.Christopher sonri y corri escaleras arriba.

  • 3

    Francia. Un mes antes

    Bueno dijo Simon, soltando el tenedor, ha llegado la hora.As es.Y segn las estimaciones de Colin Mitchell, no se haba adelantado ni un solo

    da. Llevaba aos esperando ese momento. Y ahora que por fin haba llegado,casi le resultaba imposible sentarse a la mesa para cenar. En cuestin de horas seembarcara camino de Inglaterra, en direccin al amor de su vida. Ya estabadeseando estar all. Con ella.

    A su alrededor la gente se diverta entregada a una gran fiesta. A pesar dehaber sido criado en un bullicioso campamento gitano, Colin prefera las nochestranquilas. Era Quinn quien buscaba esos ambientes tan ruidosos. Afirmaba queel jaleo imposibilitaba que nadie pudiera escuchar lo que decan y confirmaba suestudiada actitud de hasto y despreocupacin, pero Colin sospechaba que suinclinacin tena motivos completamente diferentes. Quinn no era un hombrefeliz y le resultaba ms sencillo fingir alegra cuando estaba rodeado deanimacin.

    Aun as, Colin toleraba mejor que la mayora esa clase de ambiente. El localestaba limpio y bien iluminado, y la comida era deliciosa. De las vigas demadera pendan tres enormes lmparas de araa y en el aire flotaba el aroma dedistintos apetecibles platos, mezclados con los perfumes de las numerosas ysensuales camareras del local. Las risas estridentes y la gran cantidad deconversaciones luchaban por hacerse or por encima de la orquesta, que tocabafrenticamente en la esquina ms alejada, cosa que a ellos les proporcionaba unaprivacidad relativa entre el estruendo: slo eran dos hombres elegantes,disfrutando de una cena.

    Pensaba que y a habas superado los sentimientos que albergabas porAmelia coment Quinn con cierto acento irlands. Se llev el vaso de vino alos labios y observ cuidadosamente a Colin por encima del borde del mismo.Has cambiado mucho. Ya no tienes nada que ver con el joven que llegpreguntando por ella hace ya tantos aos.

    Eso es cierto.Colin saba que Quinn no quera que se marchara. Era un miembro

    demasiado valioso de su equipo. Se poda transformar en cualquiera dondequisiera. Los hombres confiaban en l y las mujeres lo encontraban irresistible.Como perceptivas criaturas que eran, todas se daban cuenta enseguida de que sucorazn tena duea, y eso las empujaba a luchar por l con ms intensidad.

    Pero sa es la nica parte de m que no ha cambiado.Quiz ella s haya cambiado. Cuando la dejaste slo era una nia.

  • Cambi mientras an la trataba. Se encogi de hombros. Y slo sirvipara que la quisiera ms si cabe.

    Cmo poda explicarle todas las facetas que haba visto en Amelia duranteaquellos aos?

    Qu clase de encanto posee esa chica que te tiene tan esclavizado? Lacondesa te adora y, sin embargo, para ti no es ms que una diversin.

    Colin sonri cuando le vino a la cabeza la imagen de la encantadoraFrancesca.

    Igual que yo para ella. La condesa disfruta del juego. Le gusta no saberquin aparecer en su puerta o bajo qu disfraz me ocultar. Yo satisfago susinclinaciones temerarias, pero slo se limitan al dormitorio. Es demasiadoorgullosa como para aceptar que un hombre con mis orgenes pudiera tener unpapel distinto al que desempeo en su vida.

    En una ocasin, mientras estaba investigando para Quinn en un baile, alguienpersigui a Colin, que se ocult en la primera habitacin abierta que encontr.Dentro hall a Francesca, que se estaba retocando y dndose un respiro de lamultitud. l le hizo una reverencia, sonri y empez a quitarse la peluca y la ropapara darle la vuelta. A la condesa le result muy entretenido presenciar cmodejaba de ser un hombre de pelo blanco vestido de negro para convertirse en unsinvergenza moreno y sin peluca, ataviado en tonos marfileos. La dama aceptformar parte de su artimaa y sali al pasillo cogida de su brazo, cosa queconsigui confundir de un modo muy eficaz a los dos hombres que se tropezaroncon ellos mientras lo buscaban.

    Francesca se lo llev a su cama aquella misma noche y haba conseguidoretenerlo all durante los ltimos dos aos. Nunca se preocupaba cuando sutrabajo lo alejaba de ella durante semanas o incluso meses. La suya era unaaventura de conveniencia y acuerdo mutuo.

    A veces envidio a la mujer que te rob el corazn , le dijo en una ocasin.Colin enseguida se oblig a pensar en otra cosa. No poda soportar pensar en

    Amelia cuando estaba con otra mujer. Senta que la estaba traicionando y sabapor experiencia que Amelia se sentira muy herida.

    Amelia tiene para m el mismo encanto que su hermana tiene para ti dijo Colin, mirando a los ojos a un sorprendido Quinn. Quiz si consiguierasexplicarme lo que an sientes por Maria, eso ayudara a responder tus preguntasacerca de mis sentimientos por Amelia.

    El irlands esboz una sonrisa irnica.T ganas. Irs a su encuentro como Colin Mitchell o utilizars alguno de

    tus otros alias?Colin suspir y observ a los dems comensales del saln y a las simpticas

    camareras que los servan. Para Amelia, l formaba parte del pasado, para serexactos era una parte muerta de su pasado. Era un amigo de la infancia que se

  • haba convertido en un joven que la amaba con cada fibra de su ser. Ella lo amde la misma forma, con la misma salvaje, absoluta y descontrolada pasinadolescente. l intent mantener las distancias, se esforz por alejarla yconvencerse de que los dos acabaran superando aquellas aspiracionesimposibles. Colin era un gitano que trabajaba como mozo de cuadra para supadre, no haba ninguna posibilidad de que pudieran tener un futuro juntos.

    Pero al final fue incapaz de mantenerse lejos de ella. El padre de Amelia, elvizconde Welton, result ser la peor clase de monstruo. Utiliz la seguridad deAmelia para coaccionar a la hermana de la chica, la increblemente bella Maria,y lograr que sta contrajera matrimonio con nobles con deseos de casarse, a losque despus el vizconde asesinaba para poder hacerse con los bienes de su hijaviuda. Y cuando las maquinaciones de Welton pusieron en peligro a Amelia,Colin trat de rescatarla mediante una maniobra arriesgada durante la querecibi un disparo. Lo dieron por muerto.

    Cmo conseguira regresar de la tumba? Y cuando lo lograra, cmo sabaque ella lo aceptara de nuevo en su vida y le dejara ocupar el lugar de amanteesposo al que aspiraba?

    Si consigo que me acepte, se convertir en la condesa Montoy a dijo,refirindose al ttulo que haba inventado especialmente para Amelia.

    Durante todos aquellos aos Colin haba construido y fortalecido las races desu fachada aristocrtica; haba comprado propiedades y se haba enriquecido conese disfraz. No pensaba permitir que Amelia se casara con el ordinario ColinMitchell. Ella se mereca algo mejor.

    Aunque quiz sea esa conexin que tiene con Colin lo que me ayude aganar su corazn.

    Te voy a echar de menos confes Quinn, mirndolo pensativo con susojos azules. Si tengo que ser sincero, an no s cmo me las voy a arreglar sinti.

    Quinn haba sido reclutado por los agentes de la Corona de Inglaterra paramanejar asuntos tan delicados que otros agentes no estaban dispuestos aaceptarlos. No tena reconocimiento oficial, igual que Colin, cosa que los liberabade las restricciones con las que trabajaban otros agentes. Y, como recompensapor sus esfuerzos annimos, tenan permiso para quedarse con gran parte de losbotines, cosa que los haba convertido en hombres excepcionalmente ricos.

    Seguro que encuentras la forma de salir a flote dijo Colin sonriendo.Siempre lo haces. An tienes a Cartland. En muchos sentidos, es ms hbil quey o. Puede rastrear mejor que un sabueso. Si se pierde algo, l es el ms indicadopara encontrarlo.

    Cartland me preocupa.Quinn apoy los codos sobre los labrados reposabrazos de su silla y entrelaz

    los dedos.

  • Ah, s? Nunca me lo habas dicho.Porque trabajabas para m. Ahora puedo hablarte como a un amigo con el

    que comparto un pasado comn.La lgica de esa afirmacin le result a Colin un tanto extraa, pero le sigui

    el juego.Y qu es lo que te preocupa?Tengo la sensacin de que muere mucha gente a su alrededor.Pensaba que eso formaba parte del trato.Ocasionalmente admiti Quinn. Pero ese hombre carece del

    remordimiento que muchos otros demuestran despus de quitar una vida.Te refieres a los que siento yo replic Colin con irona.Quinn sonri y eso llam la atencin de una mujer que estaba sentada a la

    mesa de al lado. Su sonrisa dej de ser divertida para tornarse seductora. Colinvolvi la cara para ocultar una carcajada. Lo sorprenda mucho que un hombretan atractivo pudiera esconder tan bien su modo de vida.

    T nunca disfrutaste de esa parte del trabajo prosigui Quinn.Colin levant su copa parodiando un brindis y luego se bebi el vino de un solo

    trago.Me daba miedo que las vidas que me llevaba se quedaran pegadas a m de

    alguna forma, como si crey era que pudieran contaminarme y estropearme paraAmelia.

    Qu romntico se burl Quinn sin malevolencia. Una de las cualidadesque ms admiraba en Maria era su capacidad para vivir en los bajos fondos. Yono podra vivir con una mujer finolis. Me cansara muy rpido del peso de esafachada.

    Ests asumiendo que el hombre que est sentado ante ti en este momentoes el Colin real y que el hombre que se muere por Amelia es la fachada. Quiz loverdadero sea lo contrario.

    Quinn entorn los ojos.Entonces ser mejor que mantengas el ardid un poco ms.Colin se puso tenso, dej la copa vaca en la mesa y escuch con atencin.Qu quieres?Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por Quinn, pero la repentina

    aparicin del peligro lo puso en alerta. Tena las maletas hechas y lo esperabanen el barco. En cuestin de horas se hara a la mar y comenzara su verdaderavida, la que haba interrumpido haca seis aos para convertirse en un hombrerico. Un hombre con un ttulo, prestigio y dinero. Un hombre digno de AmeliaBenbridge.

    Me han informado de que Cartland se rene a menudo con confidentes dela agencia Talley rand-Prigord.

    Colin dej escapar un silbido.

  • Cartland es uno de los hombres ms despiadados que he conocido nunca.Por eso me preocupa que se relacione con una agencia igual de desalmada

    que l. Quiero registrar sus aposentos esta misma noche explic Quinn.Tengo que hacerlo mientras t sigues aqu, para as garantizar mi seguridad. Slonecesito que lo entretengas si ves que tiene intenciones de retirarse pronto.

    Teniendo en cuenta que l sabe que me marcho al alba, creo que leresultara un poco sospechoso que tratase de entretenerlo.

    S discreto. Lo ms probable es que no te plantee ningn problema. No esun hombre conocido por pasar las noches en casa.

    Colin asinti y repas mentalmente la situacin expuesta por Quinn, pero noconsigui encontrar nada susceptible de interferir con su intencin de abandonarFrancia aquella misma noche. Al cabo de muy pocas horas, podra aliviar susentimiento de culpa por abandonar a su amigo. Cartland permaneca ms horasdespierto de noche que de da. Lo ms probable era que Colin se pasara un buenrato vigilando la puerta de algn establecimiento y luego pudiera irsedirectamente al muelle.

    Claro que te ayudar accedi.Excelente. Quinn le hizo gestos a otra camarera para que les trajera ms

    vino. Estoy en deuda contigo.Tonteras. Colin le quit importancia. Nunca podr pagarte lo que has

    hecho por m.Espero que me invites a la boda.No lo dudes.Quinn alz su copa para proponer un brindis.Por la hermosa seorita Benbridge.Colin bebi por ella, abrumado por las expectativas de futuro.

    Qu te propones? murmur Colin para s mismo algunas horas mstarde, mientras se ocultaba entre las sombras de un callejn y segua a Cartland auna discreta distancia.

    El hombre haba abandonado la casa de su amante haca una hora y desdeentonces no haba dejado de pasear, en apariencia sin rumbo fijo. Ahora parecadirigirse hacia sus aposentos y Colin no poda dejar que regresara mientras Quinnsiguiera all.

    Haca una noche muy agradable y, a excepcin de alguna que otra nubepasajera, el cielo estaba despejado. Haba luna llena y eso proporcionaba unabuena iluminacin cuando no la bloqueaba algn edificio. Aun as, Colin habrapreferido estar en su camarote y dormir durante las horas que le quedaban hastaque pudiera situarse en la proa del barco e inspirar con fuerza la vigorizante brisamarina.

  • Cartland dobl una esquina y l cont en silencio hasta que pas el lapso detiempo apropiado para proseguir con su persecucin.

    Cuando por fin dobl l tambin la esquina, se detuvo sorprendido alencontrarse con un patio privado. Cartland estaba all, enzarzado en una discusincon otro hombre que pareca estar esperndolo. En la entrada haba dos pilaresde ladrillo con lmparas de aceite, que marcaban la entrada al recinto. Lo nicoque haba en el patio era una pequea fuente y una minscula parcela de cspedmuy bien cuidado.

    Colin esper, envolvindose en la capa para esconder mejor su figura en laoscuridad. No tena un cuerpo fcil de ocultar: meda un poco ms de metroochenta y pesaba ms de noventa kilos. Pero haba aprendido bien el arte de laocultacin y lo practicaba con gran maestra.

    Aunque l poda atribuir su tamao al pasado obrero de sus padres,extraamente Cartland tambin era un hombre bastante grande, y eso que suorigen era mucho ms refinado. l slo trabajaba porque su padre los haballevado a la bancarrota y siempre le haca saber a todo el mundo que estaba porencima de ciertas tareas. Sin embargo, asesinar no era una de ellas. sa era unalabor de la que disfrutaba demasiado para el gusto de Colin, motivo por el queslo trabajaban juntos cuando era completamente necesario.

    Colin se desliz pegado al hmedo muro de piedra y se acerc a los doshombres con la esperanza de poder or algo que explicara lo que Cartland estabahaciendo.

    pues puedes decirle a la agencia ya puedes ir olvidndote de eso! T no eres me encargar de ello, Leroux, siempre que se me compenseLa discusin empez a calentarse. Cartland agitaba una mano con

    agresividad, y el hombre con el que hablaba comenz a caminar de un lado aotro. El sonido de sus intranquilos pasos sobre los adoquines ayud a esconder elsigiloso acercamiento de Colin. Cartland se cubra con una capa corta sujeta conun broche que brillaba a la luz de las lmparas. El otro hombre no llevabasombrero ni abrigo y era bastante ms bajo que l. Tambin estaba muyalterado.

    No has cumplido con tu parte del trato! lo acus el tal Leroux. Cmote atreves a pedirme ms dinero cuando an no has acabado el trabajo para elque se te pag?

    No me pagaste lo suficiente replic Cartland con los rasgos escondidosbajo el ala de su tricornio.

    Pienso informar a la agencia de tus absurdas peticiones y les solicitar quebusquen a alguien ms digno de confianza con quien trabajar.

    Ah, s?Colin percibi una petulancia en el tono de Cartland que lo alarm, pero antes

  • de que pudiera reaccionar, y a era demasiado tarde. La luz de la luna se reflejsobre la hoja del cuchillo que luego desapareci en el vientre de Leroux.

    Se oy un jadeo de dolor y luego un espeso gorgoteo.Puedes decirles otra cosa de mi parte le espet Cartland mientras sacaba

    la daga y se la volva a clavar. Yo no soy un lacayo al que se pueda despedircuando ya no sirve.

    De repente, apareci una silueta oscura de entre las sombras que derrib aCartland. Se le cay el sombrero y el cuchillo, que reson contra los adoquines.Leroux se desplom sobre las rodillas y se llev las manos al vientre, intentandoparar la sangre que brotaba de su cuerpo.

    Sin dejar de rodar y retorcerse por el suelo, el aspirante a salvador peleabacon todas sus fuerzas con Cartland y le propinaba golpes que resonaban en losedificios que los rodeaban. Pero el otro se hizo con la ventaja y se oy el sonidode la tela al desgarrarse y un intercambio de palabras envenenadas. Luegoconsigui inmovilizar a su asaltante contra el suelo y alarg el brazo en busca delcuchillo, que estaba a escasos centmetros de l.

    Cartland!Colin abandon su escondite y corri hacia los dos hombres, echndose la

    capa por encima del hombro para dejar al descubierto la empuadura de suespadn.

    Cartland se incorpor con expresin de sorpresa, el rostro vido de sangre yuna glida mirada en sus ojos oscuros. El hombre que estaba debajo de laprovech la oportunidad y le lanz un rpido puetazo en la sien que lo lanzhacia un lado.

    Colin corri entre los postes que marcaban la entrada al recinto y desenvainla espada.

    Tienes mucho de que responder!No ser ante ti! grit Cartland, lanzndole una patada.l esquiv el ataque y dio una estocada que alcanz el hombro de su

    compaero. ste rugi como un animal herido y encendido de rabia.Colin se dio media vuelta y mir en direccin al desafortunado Leroux. Sus

    ojos abiertos y ciegos revelaban su fallecimiento.Era demasiado tarde. El enviado de Talley rand-Prigord estaba muerto.Colin tuvo un mal presentimiento.Se distrajo y no vio venir el golpe que impact en la parte posterior de su

    rodilla y que lo tir al suelo. Rod hacia un lado por instinto y evit as un nuevoasalto de Cartland, pero choc contra el cadver de Leroux y se le empap laropa en el charco de sangre que se estaba formando a su alrededor.

    Su compaero corri en busca del cuchillo que se le haba cado, pero eldesconocido que lo haba atacado lleg antes que l y le dio una buena patada alarma, que la desplaz varios metros por el suelo de adoquines. Colin estaba

  • tratando de ponerse en pie cuando oy gritos de alarma que procedan de lacalle. Los tres volvieron la cabeza.

    Estaban a punto de descubrirlos.Es una trampa! sise Cartland ponindose de pie. Luego se tambale

    hasta el pequeo muro de piedra y se lanz por encima de l.Colin ya se haba puesto en movimiento y corra por el patio.Detngase! oy gritar a alguien desde el callejn.Ms rpido! conmin el hombre que haba tratado de salvar a Leroux,

    pasando a toda prisa junto a l.Juntos tomaron un callejn distinto al que haba recorrido Colin para llegar

    hasta all, ahora lleno de guardias que los perseguan con sus lmparas.Detnganse!Cuando llegaron a la calle principal, Colin corri hacia la izquierda, en

    direccin al punto donde lo esperaba su carruaje, y el otro hombre se dirigihacia la derecha. Tras el estallido de actividad que se haba desatado en elpequeo patio, la relativa calma de la noche se le antoj antinatural y susrtmicos pasos resonaban con mucha fuerza.

    Colin serpente entre algunos edificios y calles, internndose por loscallejones siempre que poda, para reducir las posibilidades de que lo cogieran.

    Por fin regres a la casa de la amante de Cartland y llam la atencin de sucochero, que se enderez y se prepar para soltar el freno.

    A casa de Quinn le orden Colin, mientras se meta en el carruaje. Elvehculo se puso en marcha y l se ech hacia adelante para quitarse la capaempapada de sangre y tirarla al suelo. Maldita sea!

    Cmo poda haberse descontrolado tanto una tarea tan sencilla? Evita que Cartland regrese a su casa demasiado pronto . Una tarea muy

    simple que no tena por qu implicar que presenciara un asesinato y acabaradesenvainando la espada.

    En cuanto su carruaje se detuvo delante de la puerta de Quinn, Colin salt delvehculo. Golpe la puerta con el puo, maldiciendo por tener que esperar tantopara que le abrieran.

    Lo recibi un mayordomo despeinado, con una vela en la mano.Quiero ver a Quinn. Ahora.La urgencia de su voz era clara e innegable. El sirviente dio un paso atrs

    para dejarlo entrar y lo acompa hasta el saln de la planta baja. Lo dej solo.Poco despus apareci Quinn, sofocado y con una colorida bata de seda.

    Hace horas que te he mandado buscar. Cuando me han dicho que no abrashe supuesto que estaras ya en el barco.

    Si tienes una mujer ah arriba rugi Colin, creo que te voy a matar.Quinn lo mir de pies a cabeza.Qu ha pasado?

  • l empez a pasear por delante de la chimenea todava encendida y le conttodo lo que haba ocurrido.

    Maldita sea. Quinn se pas la mano por los negros rizos. Debe de estarhuy endo desesperado, tanto de nosotros como de ellos.

    Ya no hay ningn nosotros le espet Colin. Seal el reloj de pie quehaba en una esquina del saln. Mi barco sale dentro de unas horas. Slo hevenido a contrtelo y desearte buena suerte. Si me hubieran cogido esta noche,mi viaje se habra retrasado semanas o incluso meses mientras se solucionabatodo este desastre.

    Alguien llam a la puerta y los dos se quedaron inmviles, sin apenasatreverse a respirar.

    El may ordomo entr corriendo.Una docena de hombres armados anunci. Han registrado el carruaje

    y se han llevado algo de su interior.Mi capa dijo Colin con pesar. Empapada con la sangre de Leroux.El hecho de que hay an venido a buscarte aqu sugiere que Cartland te ha

    delatado rugi Quinn mientras se oa a alguien gritar rdenes fuera.Contstales le orden al sirviente. Intenta entretenerlos todo lo que puedas.

    S, seor.El may ordomo se march y cerr la puerta.Lo siento mucho, amigo murmur Quinn, acercndose al reloj y

    apartndolo a un lado para revelar el panel que haba detrs. Este pasadizo tellevar a los establos. Quiz te encuentres con algn problema en los muelles,pero si puedes subir a tu barco, hazlo. Yo me encargar de arreglar las cosas aquy de limpiar tu nombre.

    Cmo? Colin se abalanz hacia el pasadizo secreto. Est claro queCartland estaba trabajando para los franceses. Seguro que de algn modo confanen l.

    Yo encontrar la manera, no te preocupes. Le pos una mano en elhombro mientras se seguan oy endo voces procedentes del vestbulo. Buenviaje.

    Entonces Colin cruz la puerta a toda prisa y Quinn la cerr en cuantodesapareci. Percibi algunos ruidos cuando su amigo volvi a colocar el reloj ensu posicin original y despus ya no oy nada ms. Empez a avanzar a ciegaspor aquel tnel tan oscuro, apoyando las manos en las paredes de ambos ladospara orientarse.

    Tena el corazn acelerado y la respiracin entrecortada, pero luch contra sucreciente pnico. Su miedo no se deba al hecho de que pudieran capturarlo, sinoa la certeza de que nunca haba estado tan cerca de recuperar a Amelia. Lepareca que la tena al alcance de la mano y, sin embargo, estaba convencido deque si no consegua subir a aquel barco la volvera a perder. Le cost mucho

  • sobrevivir la primera vez que se separ de ella. Dudaba que pudiera lograrlo unasegunda vez.

    El tnel se convirti en un espacio fro y hmedo, de olor muy desagradable.Colin lleg a lo que pareca un callejn sin salida y maldijo con ferocidad.Entonces oy el sonido de los caballos inquietos y mir hacia arriba, donde vio latenue silueta de una trampilla por encima de su cabeza. Tante con el pie a sualrededor hasta que encontr un pequeo taburete, lo acerc y se subi a l.

    Tan silencioso como un ratn, levant la portezuela lo justo para poder mirarpor entre la paja que la recubra. El establo estaba tranquilo, aunque las sensiblesbestias se movan inquietas en respuesta a su propia agitacin. Abri la trampilladel todo y volvi a cerrarla. Una vez fuera, cogi la brida del caballo mscercano y abri las puertas del establo.

    Sali con el animal, con los ojos y los odos bien alerta, buscando a loshombres que lo perseguan.

    Eh, t, detente! grit una voz procedente de la izquierda.Colin se agarr a la sedosa crin del caballo y mont en l.Arre! le grit, al tiempo que le golpeaba los costados con los talones.La brisa de la maana le alborot el pelo, recogido en una cola. Se agach

    sobre el cuello del caballo y galop a toda prisa por las calles, acompasando surespiracin a la del animal. Tena el estmago encogido. Si consegua llegar albarco sin incidentes sera un milagro. Estaba tan cerca de dejar atrs aquellavida Tan cerca

    Se aproxim al muelle todo lo que se atrevi y luego desmont. Dej alcaballo y cruz la distancia restante a pie, serpenteando entre las muchas cajas ybarriles que fue encontrando a su paso. A pesar de la brisa del ocano y de queno llevaba capa, tena la piel cubierta de sudor.

    Estaba muy cerca.Ms tarde no recordara haber cruzado la plancha de desembarco ni haber

    llegado a su camarote desde la cubierta. Sin embargo, nunca olvidara lo queencontr en su interior.

    Cuando abri la puerta y entr, dej escapar un jadeo al ver lo que loesperaba.

    Ah, por fin est aqu dijo la voz de un completo desconocido.Colin se qued en el umbral, mirando fijamente al hombre alto y delgado que

    sostena un cuchillo ante el cuello de su asistente. Era uno de los lacayos deCartland, o quiz uno de los hombres que trabajaban para los franceses.

    En cualquier caso, lo haban cogido.Su asistente lo miraba completamente horrorizado, con los ojos abiertos como

    platos por encima del pauelo con que lo haban amordazado. Estaba atado a unasilla. No dejaba de temblar y el olor a orn dejaba bien claro lo asustado queestaba.

  • Qu quieres? pregunt Colin, levantando ambas manos para demostrarque estaba dispuesto a cooperar.

    Tienes que venir conmigo.Se le cay el alma a los pies. Amelia. En su mente la imagen de la chica

    retroceda. Se desvaneca.Colin asinti.Claro.Excelente.Antes de que pudiera siquiera parpadear, el hombre ech la cabeza de su

    asistente hacia atrs y lo degoll.No! Colin se abalanz hacia l, pero ya era demasiado tarde. Cielo

    santo, por qu?! grit, con un repentino escozor en los ojos provocado por lasdesesperadas lgrimas.

    Y por qu no? contest el hombre, encogindose de hombros. Tena losojos pequeos, de un azul tan plido como el hielo. La piel morena y la cortabarba que le cubra la mandbula le daban un aspecto sucio a pesar de que susropas sencillas parecan estar limpias. Despus de ti.

    Colin se tambale hacia la puerta del camarote, convencido de que moriraaquella noche. La profunda tristeza que senta no se deba tanto a la prdida de suvida como a la vida que no haba podido disfrutar junto a Amelia.

    Cuando se agarr al pasamanos de la escalerilla que conduca a la cubierta letemblaban las manos. Entonces oy un golpe nauseabundo y un rugido detrs del y se volvi tan rpido que tropez y aterriz sentado en el segundo escaln.

    A sus pies, yaca su captor, boca abajo y con un chichn que empezaba asobresalir de la parte posterior de su cabeza.

    Junto al cuerpo inconsciente estaba el hombre que haba luchado con Cartlandhaca slo un rato. Era de baja estatura y fornido, muy musculado y con unatuendo indescriptible en distintas tonalidades de gris. Tena una expresin franca,pese a que sus ojos oscuros se vean marchitos y cansados.

    Me has salvado la vida dijo el hombre. Estaba en deuda contigo.Quin eres? le pregunt Colin.Jacques.Slo un nombre. Nada ms que eso.Gracias, Jacques. Cmo me has encontrado?He seguido a este tipo. Pate el cuerpo con la punta de la bota. No

    deberas quedarte en Francia, monsieur.Lo s.El hombre le hizo una reverencia.Si tienes algo de valor, te sugerira que se lo ofrecieras al capitn como

    aliciente para que arre velas inmediatamente. Yo me ocupar de los cuerpos.Colin solt un cansado suspiro mientras batallaba contra la emergente

  • esperanza que intentaba despertarse en su interior. Las posibilidades de queconsiguiera llegar a suelo ingls eran mnimas.

    Vamos lo presion Jacques. Yo te ayudar aadi, mirndolo a losojos. Me quedar contigo hasta que ests a salvo y se resuelva el asunto de lamuerte de mi seor.

    Por qu? se limit a preguntar Colin, demasiado cansado para discutir.De momento encrgate de que podamos partir cuanto antes dijo el

    francs. Tendremos mucho tiempo para hablar durante el viaje.Increblemente, en slo una hora ya se haban hecho a la mar. Pero el Colin

    Mitchell que vea cmo se alejaban del muelle, envuelto en la niebla en lacubierta, ya no era el mismo que haba compartido aquella cena de despedidacon Quinn.

    El nuevo Colin tena un precio, y eso le poda costar la vida.

  • 4

    La valla quedaba justo delante. Amelia corri hacia ella despus de asegurarsede que el guarda estaba lo bastante lejos como para no verla. Pero no se percatdel hombre que estaba escondido detrs de un enorme rbol. Cuando la agarrcon su brazo de acero y le tap la boca con la mano, la joven grit aterrorizada,pero sus gritos no consiguieron atravesar la clida palma de su captor.

    Silencio susurr Colin, empotrndola contra el rbol con su duro cuerpo.Amelia lo golpe con los puos. Tena el corazn acelerado y estaba muy

    enfadada con l por haberla asustado.Estate quieta le orden l, separndola del rbol para sacudirla mientras

    la miraba fijamente con sus ojos oscuros. Siento haberte asustado, pero no mehas dejado otra alternativa. No quieres verme, no quieres hablar conmigo

    Ella dej de resistirse cuando Colin la abraz con fuerza, y sinti la poderosapresencia de un cuerpo que le era completamente desconocido.

    Voy a retirar la mano. Guarda silencio o llamars la atencin de losvigilantes.

    La solt y se apart muy rpido, como si de repente oliera mal o hubiera vistoen ella algo desagradable. Pero Amelia enseguida extra el olor a caballo y elcuerpo de Colin.

    La luz del sol se reflejaba en su pelo negro y sus atractivos rasgos. Odiaba quese le encogiera el estmago cada vez que lo vea y que le doliera el corazn hastaque por fin consegua que le volviera a latir. Llevaba un jersey de color crudo ycalzones marrones y tena un aspecto muy varonil. Peligrosamente varonil.

    Quiero pedirte perdn.Tena la voz ronca y spera.Ella lo fulmin con la mirada.Colin suspir con fuerza y se pas ambas manos por el pelo.Esa chica no significa nada para m.Entonces Amelia se dio cuenta de que no se estaba disculpando por haberla

    asustado.Qu bonito contest, incapaz de esconder su amargura. Me siento

    aliviada de saber que lo que me rompi el corazn no significa nada para ti.l esboz una mueca de dolor y le mostr sus manos castigadas por el trabajo.Amelia, t no lo entiendes. Eres demasiado joven y demasiado inocente.S, bueno, ya has encontrado a otra ms mayor y menos inocente para

    comprenderte. Pas caminando junto a l. Yo he encontrado alguien mayorque me comprende a m. Ahora ya estamos todos contentos, as que

    Qu?Se asust al or el grave tono de su voz y se le escap un grito cuando la

    agarr con brusquedad.

  • Quin? Tena el rostro tan tenso que Amelia se asust de nuevo. Esese chico que vive junto al arroyo? Benny?

    A ti qu te importa? le espet. T la tienes a ella.Por eso te has vestido as? Su acalorada mirada le recorri el cuerpo de

    arriba abajo. Por eso llevas el pelo recogido? Para l?Amelia haba considerado que la ocasin lo mereca y se haba puesto una de

    sus mejores prendas: un vestido azul marino estampado con flores rojas bordadas.S! l no me ve como a una nia.Porque l es un nio! Lo has besado? Te ha tocado?nicamente tiene un ao menos que t. Levant la barbilla. Y es conde.

    Un caballero. A l nadie lo sorprendera hacindole el amor a una chica detrs deuna tienda de mala muerte.

    No estbamos haciendo el amor replic Colin, furioso, agarrndola de losbrazos.

    Pues a m me lo ha parecido.Porque no sabes nada.Los dedos de Colin se pasearon por su piel con inquietud, como si no pudiera

    soportar tocarla, pero tampoco pudiera resistirse a hacerlo.Y se supone que t s?l apret los dientes en respuesta a sus burlas.Oh, cmo le doli aquello! Saber que Colin amaba a otra mujer. Su Colin.Por qu estamos hablando de esto? Amelia intent soltarse, pero no pudo.

    l la agarraba con mucha fuerza. Pero ella necesitaba alejarse. No poda respirarcuando la tocaba, a duras penas consegua pensar. Slo el dolor y una profundapena conseguan atravesar sus abrumados sentidos. Ya me he olvidado de ti,Colin. Me he apartado de tu camino. Por qu tienes que venir a molestarme otravez?

    l le pas una mano por debajo del pelo, sobre la nuca, y la atrajo un pocoms hacia s. Tena el torso pegado a ella y le suba y bajaba con agitacin. Elcontacto le provoc unas sensaciones muy extraas en los pechos, que se lehincharon y empezaron a dolerle. Dej de forcejear; le preocupaban las posiblesreacciones de su cuerpo si segua por ese camino.

    Te vi la cara le dijo Colin con brusquedad. Te hice dao. No pretendalastimarte.

    Las lgrimas asomaron a los ojos de ella, que parpade deprisa, decidida aevitar que resbalaran por sus mejillas.

    Amelia. Pos la mejilla contra la suya y le habl con voz apesadumbrada: No llores. No puedo soportarlo.

    Pues entonces sultame y aljate de m. Trag con fuerza. Mejor an,quiz puedas encontrar algn empleo mejor en otro sitio. Eres buen trabajador

    Colin le rode la cintura con la otra mano.

  • Me echaras?S susurr, agarrndolo del jersey. S, lo hara.Hara cualquier cosa para evitar verlo con otra chica.l frot la cara contra la suya con fuerza.Un conde Tiene que ser lord Ware. Maldito sea.Es bueno conmigo. Hablamos mucho y sonre cuando me ve. Hoy me va a

    dar mi primer beso. Y yoNo! Colin se apart de ella. Sus iris haban desaparecido tragados por las

    pupilas, lo que los convirti en negras lagunas atormentadas. Es posible que lconsiga todo lo que yo no tendr nunca, incluida t. Pero por Dios que no piensodejar que me arrebate tambin eso.

    Qu?Entonces Colin se apoder de su boca. La sorprendi tanto que ni siquiera se

    pudo mover. Amelia era incapaz de comprender lo que estaba ocurriendo. Nosaba por qu se estaba comportando de esa forma, por qu se acercaba a ella enese momento, precisamente ese da, y tampoco entenda que la besara como si semuriera por descubrir su sabor.

    Colin lade la cabeza para que sus labios encajaran mejor, mientras lepresionaba la mandbula suavemente con los pulgares y la animaba a abrir laboca. Ella se estremeci con violencia, ahogndose en aquella acalorada mareade deseo; tena miedo de estar soando o de haber perdido la cabeza. Abri laboca y se le escap un gemido cuando la lengua de Colin, suave como elterciopelo, se col en su interior.

    Entonces dej de respirar. Estaba asustada. Y l empez a musitar, su queridoColin le susurraba mientras le acariciaba las mejillas con suavidad.

    Djame le murmur. Confa en m.Amelia se puso de puntillas y desliz los dedos por sus sedosos rizos. No tena

    experiencia y lo nico que poda hacer era seguir su ejemplo, mientras dejaba quele devorara la boca con delicadeza y ella le rozaba la lengua con indecisin.

    Colin gimi y de sus labios sali un sonido cargado de apetito y de necesidad.Luego la cogi por detrs de la cabeza y se la lade para profundizar el beso. Laconexin era cad